Amigos de Béjar y sus historias

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11/26/2008

Fotografías de la Ruta de las Fabricas



Si no habéis recorrido esta maravillosa ruta, flanqueada por las augustas ruinas de nuestras fábricas y por el Río Cuerpo de Hombre, todavía estáis a tiempo. Es un paseo hermoso, que a mi me da cierta sensación de melancolía, de un mirar hacia atrás que nos hace darnos cuenta de lo perdido. Aún se mezcla el olor de la lana con el de la flora que nace a la vera del río. Los edificios en ruinas, vacíos, como esqueletos gigantes en piedra, aún mantienen su orgullo, semejándose quizás a ancianos venerables con la sabiduría de siglos o a los molinos de Don Quijote.

Nuestra tradición textil proviene de siglos atrás, pues ya se conocía esta actividad en el siglo XV en nuestra ciudad, teniendo su máximo impulso a partir del siglo XVII cuando el duque de Béjar trajo a maestros flamencos para que trabajaran en los pequeños talleres bejaranos. Su buen hacer cuajó y, pronto, los bejaranos aprendimos a mejorar la producción de paños que pasaron a ser de mejor calidad (paños finos) y a tintar, proceso complejo que requería de mano de obra cualificada.

Futuro Museo de la Industria Textil


El siglo XVIII en Béjar se caracterizó por los cambios: la mayoría de personas que pudieron pagarse un telar,

11/19/2008

Pinceladas costumbristas



Autora: Mª del Carmen Cascón Matas

Publicado: Béjar en Madrid,  4482. Feb. de 2008.


Desde la distancia los bejaranos de hoy solo disponemos de algunos vagos retazos sueltos, lamentablemente escasos, de las experiencias cotidianas de los hombres y mujeres que ocuparon nuestro espacio en el pasado. Ellos vieron la misma sierra que contemplan nuestros ojos, pasearon por algunos edificios que todavía permanecen en pie, pronunciaron nombres de lugares y calles fácilmente reconocibles por nosotros,... pero nos cuesta imaginar, “ponernos en el lugar de”, reconstruir aunque sea una hora de sus existencias. El pasado desdibuja vivencias, recuerdos, nombres... y es labor de todos intentar (aunque sea sólo eso, intentar) que no se pierda para siempre, que el tiempo no borre del todo a otros seres que nos precedieron.

Vamos a intentarlo con los bejaranos del siglo XVIII. En este caso poseemos testimonios curiosos insertos en los libros de fábrica de la iglesia de El Salvador. En ellos cada mayordomo, elegido cada dos años por votación, anotaba los gastos e ingresos bianuales de la parroquia (por ejemplo, cuentas y contratos de obras, ingresos procedentes de las rentas de la tierra, los diezmos y capellanías, ...), pero también las crónicas de las visitas que los obispos placentinos, o en su defecto, sus representantes, solían realizar a cada una de ellas. La función de estas visitas consistía en vigilar el correcto funcionamiento de las parroquias, desde la trasparencia en la gestión de los bienes y en la anotación de las partidas sacramentales, hasta la limpieza de las iglesias, el orden y la decencia en los ornamentos y la correcta administración de los sacramentos. Todo ello se traducía en mandatos, es decir, órdenes de obligado cumplimiento por el Cura Rector, quien debía remediar la falta antes de la siguiente visita.



Dejando al margen los mandatos que se refieren a la arquitectura y el adorno de la iglesia vamos a fijarnos en los que hacen alusión a prácticas habituales de los bejaranos de la época, actitudes que son reprobadas por las autoridades placentinas. En 1712 se anota: (...) las mujeres se asientan en el coro bajo entre los hombres que alli se suelen sentar, lo cual es indeçente y mas cuando la entra alli la clereçía a cantar y ofiçiar las misas, en cuyo caso ni aún los hombres deven estar en dicho coro (...) como tambien el sentarse como se sientan dichas mujeres en las tarimas de los altares (...) (fol. 21.). Los coros y coros bajos de las iglesias bejaranas son especialmente espaciosos, pues en ellos solían sentarse los miembros del Cabildo Eclesiástico en las ceremonias establecidas en su regla, en sillerías de madera labrada (hoy perdidas), lugar cómodo elegido por algunas mujeres de entonces para escuchar la misa. Hay que tener en cuenta que en aquel entonces se establecía una estricta separación entre hombres y mujeres, aplicable a diversos ámbitos, en este caso el religioso.

11/14/2008

La esclava de doña Teresa de Zúñiga II




Autora: Mª del Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid nºs 4473 y 4474, Dic. de 2007.

Una vez alcanzada la libertad, no está claro si Cecilia abandonó Béjar y la corte de los duques, o siguió ejerciendo de criada palaciega, acompañándoles en sus traslados continuos entre Béjar y Madrid. Es apasionante imaginar lo que vio y vivió esta mujer en su humilde condición de sirvienta, habitando en el Madrid de los Austrias o en la Sevilla mirando a las Indias, o en cualquier lugar de la España fascinante de la Edad Moderna.

Lo que sí es claro es que en 1571, el día 26 de enero, otorga testamento en Béjar, estando como esta mi cuerpo agravado de enfermedad, como ella misma declara. El que otorgue testamento es signo inequívoco de posesión de bienes, pues con este documento se ratificaría el reparto o legado de los mismos a personas o instituciones. El interés radica en que, en él, se lleva a cabo una enumeración de los bienes de Cecilia, que no son pocos, y de sus mandas pías. Así nos podemos hacer una idea de la situación de benignidad de que disfrutaban los sirvientes de los duques de Béjar en aquella época.

 Escudo de la Casa Ducal de Zúñiga

Dice “que mi cuerpo ssea sepultado en la yglesia de Sennora Sancta Maria deesta villa de bexar en la sepultura que elijiere e señalare Melchor Lopez, clerigo cura de Sr. San Pedro” Es enterrada en Santa María, pues no olvidemos que hasta la apertura del cementerio de San Miguel en el siglo XIX se enterraban los cadáveres en las iglesias o en los pequeños cementerios adyacentes, y es en esta parroquia porque a ella estaba vinculado el palacio ducal.

11/10/2008

La esclava de doña Teresa de Zúñiga I


Autora: Mª del Carmen Cascón Matas

Publicado: Béjar en Madrid nºs 4473 y 4474, Diciembre de 2007.

El título de este artículo sorprenderá, sin duda, a unos lectores que se preguntarán: ¿esclavos en plena Edad Moderna? Pues sí. La mayoría de nosotros, cuando oímos la palabra esclavitud en sentido histórico, la encuadramos en la Edad Antigua, en la Historia de Roma, por ejemplo, o en la América colonial, los esclavos negros llevados a las plantaciones de algodón, café o caña de azúcar. Pero lo que se ignora es que en la España Imperial de Cervantes, de Velázquez o de Santa Teresa, junto a hidalgos, pícaros y clérigos, uno se podía encontrar por la calle con nobles acompañados por sus esclavos. Símbolo de lujo en la época, su número era escaso, reservándose preferentemente a trabajos domésticos. Procedían de África, Europa del Este, América o de la propia España (se podía llegar a la esclavitud por deudas), existiendo importantes mercados en lugares como Valencia, Lisboa o Sevilla.


Es, por tanto, admisible suponer, por todo lo dicho, que el Duque de Béjar poseería algunos o muchos esclavos, dada su calidad de Grande de España y su residencia en la Corte. Cecilia de Castro era una de ellas. 

Propiedad de Doña Teresa de Zúñiga, hija de el Duque Don Francisco II y de su primera esposa Doña Guiomar López de Mendoza y Aragón (luego casaría con el duque de Arcos), sabemos por la documentación que manejamos, que Cecilia era blanca y que se dedicaba a la atención doméstica. Seguramente el trato continuo entre ambas, llevaría a Doña Teresa a manumitirla. Así consta en el documento que comentaremos.