24 de enero de 2009

Historia de la iglesia de El Salvador (2ª Parte)


Autores: Oscar González Hoya
Carmen Cascón Matas

Roberto Domínguez Blanca


Publicado: Béjar en Madrid, nº 4.419.

Terminadas las obras del coro bajo y sus dependencias se acometen las del nuevo campanario que se empiezan a pagar a Pedro Hernández de Cogollos sobre 1628-29. Este presenta cuatro frentes de parejas de arcos de medio punto, enlazados por una sencilla imposta plana que sirve de base al arranque de los mismos. Sobre la cornisa y en sus vértices cargan cuatro bolas sobre peanas de escaso desarrollo. Hoy la torre muestra una cubierta baja a cuatro aguas con su bola y su cruz de remate, pero la documentación atestigua que, una vez concluido el campanario, se realizó un chapitel de madera y pizarra emplomada, acorde con las modas clasicistas derivadas de lo escurialense, cuya traza se encargó en Madrid (1630-31). Las obras duraron por lo menos hasta 1636, supervisadas por Hernández de Cogollos, cuya viuda seguía en 1639 cobrando pagos del trabajo de su marido.

Entre 1654 y 1655 se concerta la escritura para hacer la nueva sacristía con Domingo Álvarez. Se trata de una estancia de planta rectangular iluminada por dos vanos en arco trilobulado, cuyos lóbulos se alinean, siendo el central conopial. Se trata de un tipo de arco muy frecuente en la comarca de Béjar. Este diseño de vano y sus derivados son empleados como recercado de puertas y ventanas, tal y como puede verse en las iglesias de Sorihuela, Baños de Montemayor, Montemayor del Río o la iglesia de San Juan en Béjar. La cubierta de dicha sacristía se cierra con una cúpula oval.





Sobre 1700-01 se abrió sobre la puerta principal un óculo para iluminar mejor la nave. Una vez que se culminan los trabajos de los ámbitos arquitectónicos principales, se procede durante el siglo XVIII a renovar y embellecer la iglesia al gusto barroco. Ahora el mecenazgo, más que de la casa ducal, pasa a ser ejercido por una incipiente burguesía que descollará en el siglo XIX. En 1715 el veronés Ventura Lirios pintor de cámara del duque, decoró con frescos no conservados la bóveda de la sacristía. Entre 1744 y 1745 se contrata el desaparecido retablo del altar mayor por el ensamblador Francisco Montero y el tallista Miguel Martínez, que intervino en la decoración de la fachada del Ayuntamiento de Salamanca. Sobre la predela se levantaba un único cuerpo de tres calles, integrando la principal un gran sagrario en forma de templete y las laterales hornacinas para santos de bulto redondo. El ático, de enormes dimensiones, acogía el relieve de la Transfiguración. En 1762 se dora el retablo.

A partir de 1774 se enriquece aún más el entorno del retablo, cubriendo completamente la capilla mayor, presbiterio y arco triunfal con tallas, yeserías y pinturas, volviendo a participar en estos trabajos Miguel Martínez. Este retablo sustituyó a uno anterior barroco clasicista en 1612 de Esteban Fernández. Sobre 1764-65 se encarga a Jerónimo García de Quiñones, maestro arquitecto salmantino, la obras del enlosado de la iglesia. Entre 1780-81 se contrata la traza de las gradas de acceso a la puerta principal a Lesmes Gavilán Sierra, con la aportación económica de la duquesa de Béjar.


 
Retablo de la Dolorosa


Durante los siglos XIX y principios del XX se hacen obras menores.

En la década de los 30 comienza un nuevo régimen político: la Segunda República, un periodo de gran agitación social y política, que originó la formación de dos bandos irreconciliables. En el caso de nuestra ciudad, toda esta situación se plasmó con especial virulencia por el carácter industrial de Béjar. La victoria del Frente Popular generó una situación de gran crispación entre los dos bandos. Una de las consecuencias fue la quema de este templo, en la noche del 19 al 20 de febrero de 1936. Este hecho tan lamentable se hizo bajo la complicidad del gobernador civil, aprovechándose del vacío de poder existente en el consistorio. Tras el incendio se abrió una suscripción cuyo principal objetivo fue la reconstrucción de la iglesia, que alteró de manera notable el aspecto original de la misma. Toda la imaginería y el mobiliario litúrgico fue pasto de las llamas. En el resultado de la reconstrucción, dirigida por el arquitecto bejarano Tomás Rodríguez, primó la funcionalidad, y habida cuenta de la difícil situación histórica del momento, es preciso reconocer su mérito.


Retablo de la Virgen de la Salud


De la rehabilitación de la iglesia resultó una nueva concepción espacial al acentuar la compartimentación, tanto en planta como en alzado, fundamentalmente para asegurar la estabilidad de la construcción; aunque paradójicamente el ambiente creado se aproxima al de los templos románicos, coincidiendo con la revalorización de la cabecera medieval. La diversidad de espacios y de gradaciones de su tenue luminosidad (reducida aún más por el filtro de las vidrieras de colores), incitan al silencio, a la oración y a la meditación personal del fiel.

(Continuará)

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