Si no habéis recorrido esta maravillosa ruta, flanqueada por las augustas ruinas de nuestras fábricas y por el Río Cuerpo de Hombre, todavía estáis a tiempo. Es un paseo hermoso, que a mi me da cierta sensación de melancolía, de un mirar hacia atrás que nos hace darnos cuenta de lo perdido. Aún se mezcla el olor de la lana con el de la flora que nace a la vera del río. Los edificios en ruinas, vacíos, como esqueletos gigantes en piedra, aún mantienen su orgullo, semejándose quizás a ancianos venerables con la sabiduría de siglos o a los molinos de Don Quijote.
Nuestra tradición textil proviene de siglos atrás, pues ya se conocía esta actividad en el siglo XV en nuestra ciudad, teniendo su máximo impulso a partir del siglo XVII cuando el duque de Béjar trajo a maestros flamencos para que trabajaran en los pequeños talleres bejaranos. Su buen hacer cuajó y, pronto, los bejaranos aprendimos a mejorar la producción de paños que pasaron a ser de mejor calidad (paños finos) y a tintar, proceso complejo que requería de mano de obra cualificada.
Futuro Museo de la Industria Textil
El siglo XVIII en Béjar se caracterizó por los cambios: la mayoría de personas que pudieron pagarse un telar,


