Autora: Carmen Cascón Matas
Como comentamos en el artículo anterior, un sermón pronunciado en 1683[1] recogía un enfrentamiento entre las tropas del primer señor de Béjar, Diego López de Zúñiga, y los judíos y musulmanes. El levantamiento ocurrió a causa de la procesión del Corpus de 1397 por las calles de Béjar, un hecho que fue tomado como una afrenta. Este relato había sido tomado por los investigadores como una historia construida por la Casa para justificar el patronato de los Zúñiga sobre la procesión o incluso una invención posterior sin visos de verosimilitud. Sin embargo, el investigador Miguel Ángel Martín Mas cree que la historia podría tener una base histórica si tenemos en cuenta el contexto general. Insistimos que el trueque de Frías (hasta entonces de los Zúñiga) y Béjar (tierra de realengo) entre López de Zúñiga y el rey Enrique III tiene lugar solo un año antes de este suceso.
Béjar estaría adaptándose a los imperativos de una nueva forma de jurisdicción al pasar de manos reales a un poder señorial. Desde los tiempos de la repoblación Béjar había pertenecido a un miembro de la familia real, retornando a la muerte de su poseedor de nuevo al monarca. Solo en una ocasión estuvo en manos de un caballero externo al linaje real, cuando Enrique II entregó la villa y tierra a Pedro López Pacheco, de origen portugués. A su muerte volvió a los dominios reales[2] para ser después permutada por Enrique III con Zúñiga. Por primera vez acabaría perteneciendo a un noble que conseguiría el privilegio de mantenerla para su linaje de manera hereditaria.
Solo un año después de la permuta se produce la orden de López de Zúñiga de realizar la procesión del Corpus en Béjar, una presencia religiosa en las calles que provocó el levantamiento de judíos y musulmanes frente a las milicias del nuevo señor. El suceso se saldó con la victoria de las armas cristianas. Esta historia, que podría ser un relato construido con posterioridad, tiene un componente histórico: unos años antes, en 1391, se produce una revuelta antijudía, un progrom iniciado en junio en Sevilla y que se extendió por los reinos peninsulares. Es curioso que comience el 6 de junio, en una fecha que bien pudo coincidir perfectamente con el Corpus sevillano.
La persecución de los cristianos contra los judíos fue de extrema violencia, documentándose saqueos, muertes, robos y expropiación de bienes en las juderías a aquellos que no se convirtieran al cristianismo. Las causas de los progroms se relacionan con la crisis del siglo XIV: la peste negra, la llegada de una nueva dinastía al poder en Castilla, la influencia de la reina inglesa Catalina de Lancaster y la política inglesa de lucha frente a los judíos, el potencial económico sefardí y la reconfiguración de las estrategias de poder en un momento en el que se había producido la muerte de Juan I y había ascendido al trono un niño, Enrique III. Según la documentación solo en Sevilla murieron tres mil judíos en esas persecuciones que buscaban su conversión masiva y el sometimiento a la monarquía.
Uno de los nobles favorecidos por este progrom fue Diego López de Zúñiga, a quien el rey le había encomendado la represión judía en Sevilla. En compensación por sus servicios, Enrique III entregó a Zúñiga y a Juan Hurtado de Mendoza los bienes confiscados a los judíos en la ciudad por real cédula de 9 de enero de 1396, el mismo año en que le concede el señorío de Béjar. Su estrella en la corte estaba en ascenso con una dinastía real que necesitaba asentarse sobre una nobleza nueva alejada de los antiguos linajes. Zúñiga había sido camarero mayor y consejero de Juan I y éste le había entregado numerosos señoríos. En 1390 se había mudado a Sevilla (¿trajo el Corpus a Béjar imitando al sevillano?) y, a raíz de la persecución contra los judíos, había construido en la antigua judería un fastuoso palacio para su linaje. En 1393 el nuevo rey Enrique III le nombra justicia mayor de Castilla y le otorga poderes extraordinarios, que le confieren administrar justicia sin apelación.
El investigador Miguel Ángel Martín Mas ve en este enfrentamiento con los judíos bejaranos de 1397 un eco de los progromos ocurridos en los reinos peninsulares unos años antes[3]. De hecho, apunta a que en nuestra villa pudieron refugiarse parte de los sefardíes huidos de tierras sevillanas, una posibilidad que confirman Hervás y Casquero[4]. Según este último, durante el señorío de López de Zúñiga, aumentó la presencia de judíos en Béjar. Sin embargo, a pesar de favorecer en cierta medida su asentamiento, hubo de someterlos a la justicia señorial y obligarlos a la conversión como bien había ocurrido en Sevilla y en otras poblaciones peninsulares, dando lugar a conflictos. Esta política se extiende a lo largo del siglo XV en tierras bejaranas y de la Sierra de Francia.
El melón está abierto y sin duda hay mucho más que indagar. Solo dejo estos apuntes para quien pueda seguir desarrollando estas interesantes propuestas de Martín Mas sobre un documento que aparentemente parecía solo una construcción interesada posterior.
[1] Carmen Cascón Matas. Sangre y leyenda en los orígenes de la procesión del Corpus de Béjar. Béjar en Madrid, 4.849 (19/06/2020), p. 4. Archivo Histórico de la Nobleza (AHNOB). Osuna, C.243, D. 53-54. «Documentos referentes a la celebración de las fiestas del Corpus Christi en la villa de Béjar y otras cuestiones».
[2] Gonzalo J. Escudero Manzano. La fundación de la villa de Béjar y su proceso de señorialización durante la Edad Media (siglos XIII-XV). CEB y Fundación Tomás Olleros Izard, 2025, pp. 37-53.
[3] Miguel Ángel Martín Mas. La peste, la Virgen, la reina, los perros de Dios y la conversión de los judíos. En su blog https://salamancamedieval.blogspot.com/2026/04/la-virgen-la-reina-los-perros-de-dios-y_27.html
[4] Manuel Antonio Marcos Casquero. Historia, lingüística y geografía en el estudio del topónimo Béjar, CEB, 2019, p. 159 y 160. Marciano de Hervás. Los judíos de Candelario. Hervás, Gráficas Hervás, 1998, p. 6.




Del trueque entre el Rey y los Zúñiga de Frías por Béjar me pareció algo extraño ya que en Frías también había asentamiento Judío. Pero siendo el Zúñiga unos de los represores de la revuelta sevillana y que judíos sevillanos vinieron a estas tierras sumado a la posible coincidencias de celebraciones algo hay que puede hacer esta historia en real.
ResponderEliminarSaludos.
Al fin he sacado un rato para comentar tu interesante artículo, Carmen. Ahí van mis consideraciones:
ResponderEliminar1. Aunque las palabras "pogrom", o mejor "pogromo" y su plural "pogromos" (que no "progrom" o "progroms") se aceptan a la hora de referirse a los asaltos y linchamientos antijudíos en España, y en concreto a los de Sevilla de 1391, se trata de un vocablo de origen ruso asociado a la sangrienta historia de ese país contra el pueblo judío, en aquel caso asquenazíes y no sefardíes. Los historiadores del judaísmo y del antijudaísmo hispano suelen referirse a los hechos de 1391, iniciados por el incendiario arcediano de Écija, como asaltos, expolios, represión, masacres, etc.
2. La interpretación de Martín Mas es coherente con los hechos y sienta las bases para nuevos estudios sobre el tema. La relación entre lo ocurrido en Sevilla, el protagonismo del linaje Estúñiga, la coincidencia temporal y la guinda de la celebración eucarística apuntan a ello, desde luego.
3. Cinco años después de los sucesos, Diego López de Estúñiga compró a Juan Hurtado de Mendoza su parte de los bienes confiscados en la judería hispalense, así que al final se hizo con todo. Como curiosidad, el palacio de los Estúñiga en Sevilla, más conocido como palacio de Altamira (sede de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en la actualidad), se formó a partir de las casas de varios importantes judíos y conversos sevillanos: Ferrán López de Chillas y Yuçaf Pichón, adquiridas por Juan Sánchez de Sevilla, conocido como Samuel Abravanel antes de su conversión al cristianismo antes de 1391, y revendidas a Diego López de Estúñiga. Pichón y Abravanel fueron contadores mayores de Enrique II y Juan I, pero también de Enrique III, el mismo rey niño que tanto favoreció al linaje Estúñiga. Diego López mantuvo buena relación con Samuel Abravanel (mejor Juan Sánchez de Sevilla), y quizá tenga algo que ver con ello el hecho de que se estableciera en Salamanca, donde se conservan restos de su palacio en el convento dominico de las Dueñas (cedido por su viuda para fundarlo), o el vínculo entre ambos linajes en el condado de Plasencia, donde los Abravanel fueron arrendadores de impuestos del hijo de Diego López, Pedro de Estúñiga, y sucesores (recordemos que los condes y duques de Plasencia eran a la vez señores y después duques de Béjar).
4. A pesar de todo ello, me chirrían algunos detalles no menores: la población mudéjar y judía asentada en Béjar entre la repoblación castellana y el principio de la etapa señorial (ca. 1186-1391) debió ser muy exigua, insuficiente para constituir un colectivo capaz de mostrar ningún desacato violento del que, por otra parte, no hay rastro documental, de modo que el suceso esgrimido por el autor del sermón sería completamente ficticio e interesado. Pero tampoco coincide con lo ocurrido en Sevilla, pues Diego López de Estúñiga y Juan Hurtado de Mendoza no acudieron a esta ciudad, por orden real, para reprimir al vecindario judío, sino para lograr la pacificación en la judería tras los asaltos de fanáticos cristianos. De otro modo sería incomprensible que se produjera una migración judía desde Sevilla hacia Béjar: ¿para acabar en manos del mismo supuesto represor?
5. Yo diría que la migración judeo-sevillana hacia Béjar tuvo una motivación muy distinta, más bien por intereses mutuos de amparo, repoblación y servicio, como se demuestra en el caso de Cartaya (Huelva) en los primeros años del siglo XV y con Pedro de Estúñiga como promotor.
Y perdón por extenderme tanto.
José Muñoz Domínguez
«Mucho se ha escrito y mucho se podrá escribir sobre el Corpus que se viene celebrando desde 1397, el año siguiente al trueque de la Villa de Béjar por la de Frías, si nos fiamos de lo escrito por el contador y archivero Tapia y Osorio[1]:
ResponderEliminar“… el origen de las fiestas el día y el octavario de Corpus, si creemos lo que predicó (en) el 1683, el P. Fr. Alonso Fernández Sánchez,…/…, tuvo principio su celebración en esta Villa con solemnidad el año de 1397. Para toda la Católica Iglesia se instituyó el año de 1294 por el señor Urbano 4º, pero en Béjar, con la abundancia de Judíos y Moros que infestan el Pueblo y la mayor parte de España, no se atrevieron en esta Villa a dar este debido culto al Señor Sacramentado en público y con solemnidad por todas las calles, temiendo algún desacato o irreverencia de aquella vil canalla…”.
Más adelante, el propio Tapia Osorio expresa su opinión sobre la abundancia de judíos y moros:
“Sin embargo, parece demasiado el número de gente sarracena y hebrea que propone, se juntó y se resistió de los cristianos sin preparación de más tiempo”.
Efectivamente, no hay que tomar al pie de la letra lo relativo a la abundancia de judíos y moros en la villa en sus primeros tiempos, sino más bien como una muestra de la pluralidad de origen de la población del caserío primigenio al amparo del Fuero de Béjar (otorgado por Alfonso VIII en 1211), con el fin de atraer el asentamiento de «colonos» y asegurarse así el dominio castellano. Como bien han expresado otros historiadores, el Fuero de Béjar es casi una copia textual del Fuero de Cuenca, el cual le sirvió de modelo, y, en esa ciudad tanto los judíos como los moros sí debieron ser más numerosos, por lo que fue necesario ordenar su coexistencia con los cristianos[2].
Tanto la losa judaica con inscripción hebrea encontrada durante unas obras en el Palacio Ducal en septiembre de 1877[3] (después de su compra por el Ayuntamiento al duque de Osuna), como el ábside mudéjar de la iglesia de Santa María la Mayor, a falta de restos más numerosos y contundentes, no presuponen la abundancia de judíos y moros que se indica en el texto. Era normal que las cuadrillas de alarifes de origen morisco o mudéjar recorrieran las villas cristianas edificando iglesias y monasterios en el estilo mudéjar que se había puesto de moda; y la losa sepulcral, como único resto judaico, bien pudo ser expoliada de otro lugar donde los judíos sí fuesen más numerosos para ser reutilizada como relleno en la conversión del castillo en palacio ducal en el siglo XVI. Lo mismo pasa con la lápida romana supuestamente hallada en la antigua ermita de Santa María de las Huertas, que sirve para justificar un muy dudoso asentamiento de origen romano y que, muy posiblemente, proceda de la antigua ciudad romana de Cáparra, por ser la más importante en las cercanías e históricamente expoliada en sus restos[4]; vaya usted a saber cómo y por qué acabó en la antigua ermita huertana, de la que no queda ni rastro ni memoria de su ubicación exacta».
(Fragmento de mi trabajo inédito sobre el Corpus Christi bejarano titulado “LA MEMORIA IMAGINADA”, pendiente de publicación).
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[1]AHNOB: OSUNA,C.243,D.53-54, “Documentos referentes a la celebración de las fiestas del Corpus Christi en la villa de Béjar y otras cuestiones” De 1763, pág. 2 y 3.
[2]“FUERO DE BÉJAR”, José M. Ruiz Asencio, Irene Ruiz Albi y Mauricio Herrero Jiménez: Estudio y Edición. Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y Diputación de Salamanca. 2019, págs. 17 y siguientes.
[3] “NOTICIA DE LA LÁPIDA SEPULCRAL ENCONTRADA EN BÉJAR” de Nicolás Díaz y Pérez, publicada en “CONTRIBUCIÓN AL ESTUDIO DE LA HISTORIA DE BÉJAR”. La Victoria en 1919, págs. 8 y siguientes.