Amigos de Béjar y sus historias

PROPIEDAD INTELECTUAL

El contenido de este blog, texto y fotografías, tienen derechos de autor. Si deseas utilizarlos cita siempre la fuente de la que proceden.
Mostrando entradas con la etiqueta Béjar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Béjar. Mostrar todas las entradas

28 agosto 2026

El acueducto de Béjar y el Arca de la Corredera (1574-1597). Nuevas aportaciones (3ª Parte y final)

Autor: José Muñoz Domínguez 

 

3. Juan de Flandes y el tramo aéreo sobre arcos (1592-1597) 

Los problemas de conservación y mantenimiento del sifón, sometido a una presión hidrostática e hidrodinámica excesiva, además de soportar esfuerzos de tracción axial y de cizalladura en el mencionado punto crítico, obligaron al Concejo bejarano a emprender mejoras de mayor envergadura y coste, aliviando dicha presión mediante un tramo aéreo con arcos entre la pendiente del monte y la Puerta de la Corredera, de forma que el ángulo obtuso entre ambas rasantes lo fuera aún más, tendente al ángulo llano, mediante una arquería con suficiente elevación, tal como lo exponían sus ediles por escrito, en agosto de 1597, para solicitar ayuda económica al duque Francisco III:

Justicia y Regimiento de la villa de Bejar besa a Vuestra Exçelençia las manos, a quien suplica sea servido saver cómo los caños por do viene el agua a la dicha villa y fortaleza de Vuestra Exçelençia por ser viejos y muy antiguos y venir por grandes balles y questas están tan quebrados y destruydos que aunque en ellos se haze algún reparo es de poco momento, porque luego quiebran por otra parte; y es más la costa que el probecho; y viene a estar la villa en vezes mucha parte del año sin sustento de agua de que todos los veçinos reçiven gran daño y perjuyzio mayormente los pobres; y aunque muchas vezes este Ayuntamiento a procurado poner remedio a esta [sic, por este] daño con alguna perpetuydad y sobre ello hecho algunos acuerdos y tomado paresçeres con algunas personas expertas, se halla que no ay otro [remedio] si no es traer por arcos ­el agua por todo el valle de la Corredera hasta la entrar por la [puerta de la] villa (1).

 Fig. 1. Vista general del acueducto de Plasencia a su paso por el paraje de San Antón (Google Streetview, noviembre de 2024).

La medida no suponía suprimir o sustituir el sifón de 1574-1575, sino tan solo elevar sus atanores a la altura conveniente para aliviar la presión en el ángulo crítico de rotura, una decisión que resultó acertada y satisfactoria durante más de doscientos cincuenta años hasta que, a mediados del siglo XIX, se decidió renovar el sistema al completo por otro de tubos de hierro con presión a partir del proyecto del arquitecto y académico Simón de Ochandategui y Arechavaleta y del ingeniero francés Edouard Frossey (2).

21 agosto 2026

El acueducto de Béjar y el Arca de la Corredera (1574-1597). Nuevas aportaciones (2ª Parte)

2. Pedro de Marquina y el Arca de la Corredera. 

La atribución del Arca de la Corredera al maestro Pedro de Marquina la expuse en una charla reciente, el sábado 25 de julio de 2026, fundamentada en una serie de argumentos que ahora reitero y amplío: 

 Figs. 1 y 2. Autógrafo de Pedro de Marquina en un recibo de pago por obras realizadas para el duque de Béjar, firmado en 12 de mayo de 1569 (AHN, Nobleza, Osuna, C. 225, D. 15) y tres de las intervenciones de Pedro de Marquina para el duque de Béjar entre 1567 y 1569: corredores del patio, escalera de honor y Fuente de la Venera (foto de José Muñoz Domínguez, mayo de 2026).

 

1. Concordancia temporal. La relación profesional del cacereño Marquina con nuestra ciudad se verifica desde octubre de 1567, con las obras encargadas por el duque de Béjar para su palacio urbano (figs. 1 y 2), y alcanza hasta finales de agosto de 1570, según se documenta en su visita para reunirse con el obispo de Plasencia, que veraneaba en Béjar, y entregarle la tasación de las obras ejecutadas en la iglesia de Logrosán por el maestro Pedro de Ibarra, recién fallecido. Esta cronología podría haber comenzado un año antes, en 1566, y terminado por causa del fallecimiento de Marquina, entre mayo y junio de 1575, si también fue el autor del proyecto de la villa de recreo El Bosque de Béjar y directamente de algunas de sus mejores piezas (la Fuente de los Ocho Caños en particular, fig. 3), como propusimos Enríquez Martín y yo mismo (1). Las obras de renovación de la cañería bejarana se documentan desde mayo de 1574 y las del arca desde junio del mismo año, cuando los ediles encargados de supervisar la ejecución de los caños ya disponían del proyecto general («la obligación y postura que dello ay») y esperaban conocer las nuevas trazas para la Arquilla del Monte o de la Corredera, aunque su prosecución fue encomendada a dos nuevos maestros un año después, antes del 8 de junio de 1575 y, por tanto, justo en el lapso de tiempo en el que se habría producido la muerte del cantero cacereño (2). 

14 agosto 2026

El acueducto de Béjar y el Arca de la Corredera (1574-1597). Nuevas aportaciones (1ª Parte)

Autor: José Muñoz Domínguez 

Con este artículo pretendo actualizar datos e interpretaciones sobre autoría ofrecidos en estudios anteriores en torno al tema del abastecimiento de agua en nuestra ciudad, publicados hace años primero por mí y después en colaboración con Juan Félix Sánchez Sancho. También quisiera facilitar el acceso a esos trabajos mediante enlace y en formato PDF descargable, dado el interés que me han transmitido varias personas, recientemente, al preguntar por la existencia de un acueducto en Béjar, una obra desaparecida en la segunda mitad del siglo XIX de la que todavía se conservan restos reconocibles.

 

Las explicaciones detalladas sobre esta cañería pública se pueden leer en tres artículos de 1996, 2001 y 2015. El primero, de carácter más general, apareció en la revista Estudios Bejaranos que edita el CEB; el segundo en el semanario local Béjar información en dos entregas del mes de junio; y el tercero y más completo fue presentado como ponencia al IX Congreso Internacional Hispanoamericano de Historia de la Construcción, celebrado precisamente en Segovia, la ciudad del Acueducto por antonomasia, donde Juan Félix y yo tuvimos el honor de aportar el estudio sobre una obra hidráulica desconocida para los especialistas: el histórico acueducto o sistema de abastecimiento de agua de Béjar (1). 

Fig. 1. El acueducto de Béjar en su tramo de la Corredera tal como lo representó Ventura Lirios en la segunda década del siglo XVIII (fragmento de la Vista de Béjar, 1726-1727, colección duques de Béjar). 

 

Fig. 2. Recreación en alzado parcial del tramo aéreo sobre arcos del acueducto de Béjar (José Muñoz Domínguez, 2001).

Conviene aclarar que un acueducto (del latín aquaeductus) no es más que una conducción de agua –en este caso potable y para consumo humano, pero no para riego– que generalmente se resuelve mediante caños de cerámica, piedra o metal, sin que el término implique la presencia de arcos de fábrica (arcuatio o arquería) que sustenten dicha conducción, aunque en el caso de Béjar los tuviera. De hecho, la mayor parte del trazado del más conocido de los acueductos hispanos, el ya citado de Segovia, discurre bajo tierra a lo largo de más de 15 kilómetros desde su zona de captación y derivación en el arroyo de la Acebeda, y sólo se muestra en su espectacular tramo aéreo sobre 167 arcos de sólido granito y más de 28 metros de altura máxima en sus últimos 959 metros, antes de traspasar la muralla medieval de la ciudad, a corta distancia del castellum aquae (arca o depósito de distribución) que estuvo situado en la parte más elevada intramuros, para volver a soterrarse en su tramo urbano entre dicho castellum y el viejo Alcázar, en su origen un fortín de época romana. 

07 agosto 2026

Recuerdos sobre el veraneo bejarano de hace cien años

Autor: Iván Parro Fernández

           Verano, calor, vacaciones, descanso, playa, montaña, aire acondicionado y otras tantas palabras relacionadas con esta estación del año. Y en esta ocasión queremos compartir y recordar una serie de reflexiones y de ideas sobre el veraneo bejarano de hace un siglo, y más concretamente la que con el mismo título (“El veraneo”) aparece en el semanario bejarano La Victoria dentro del número 1672, de 14 de agosto de 1926.

       Comienza hablando el texto, que por cierto no está firmado por nadie ni contiene tampoco iniciales, sobre la llegada de los veraneantes a la ciudad buscando la benevolencia climática de la que todavía aún seguimos disfrutando a día de hoy: “(…) puede decirse, sin temor a equivocarse, que tenemos ya entre nosotros a cuantos habían pensado venir a disfrutar de la bondad de nuestro clima y del oxígeno de nuestras montañas”.

 

Villa Florencia. Foto de aquí

 

       Comenta a continuación que los veraneantes son muchos, pues han ocupado todas las casas del campo e incluso algunas alquiladas más dentro de la ciudad, lo que constataba el hecho de que Béjar se estaba convirtiendo en un lugar de referencia vacacional en la provincia e incluso más allá. Pasa a renglón siguiente a detallar el nombre de los propietarios y los lugares donde se están construyendo nuevos hoteles o casas de campo, comenzando por los señores de Vizoso en Santa Ana (que años más tarde promovieron la construcción del emblemático Hotel Colón hoy cerrado); el doctor Cañizo en su finca del Castañar, detrás de la plaza de toros; don Mateo Rodríguez en su finca de Las Cuadrillas, al lado del camino que une el Castañar con la carretera de Candelario; la señora viuda de don Luis Izard, doña Ángela Muñoz, en su mata del monte, que dice que está construyendo un camino para que puedan circular los automóviles, o la de don Jesús Castrillón que ha levantado un piso en uno de los edificios de su Colonia, lo que vuelve a repetir que el veraneo en Béjar era cada vez mayor, aunque no solo para los forasteros sino para algunas familias bejaranas, que dice el semanario “convencidas de las condiciones inapreciables que reúne nuestro monte para pasar el verano, en lugar de ir a algún puerto de mar, se han subido a las alturas para respirar el salutífero aire oxigenado de que, en ellas, está impregnado el ambiente”.

31 julio 2026

Aportación y aclaración sobre la procedencia de los hijos naturales del II duque de Béjar, nacidos de sus relaciones con Ana Dorantes e Inés Díaz

 Autores: Fco. José Orantes Bermejo y Agustín Rodríguez Nogueras

 

A modo de presentación, ya que es mi primera intervención en este blog de historia de Béjar, comentaré que llevo casi treinta años dedicándole tiempo al estudio de mi familia, generando una ingente documentación con la transcripción de muchos documentos de libros sacramentales, protocolos notariales, etc, y un árbol genealógico que quizás supere ya las 30.000 personas entre mi rama y ramas laterales con los apellidos de la familia (Orantes, Dorantes, Arias, Lozano, Esturillo, Manzano, Bermejo, Zúñiga, Trejo, etc). Espero algún día poner orden en todo y publicar un libro dedicado a mis antepasados. Ya que para muchos personajes se desvelan historias tremendamente interesantes y curiosas.

 

Plaza Mayor de Béjar

 

La rama de mi familia está asentada en Granada al menos desde 1509 procedente de Béjar, de los hijos del matrimonio formado por el Bachiller Alonso Arias y Catalina Dorantes (Diego Arias, Pedro Dorantes, Juan Dorantes y Hernán Arias). La familia parece proceder de Galicia, diseminándose posteriormente por Berlanga (León), Cuéllar (Segovia), Sigüenza (Guadalajara) y Burgos. Hasta recaer nuestra línea en Béjar.

25 julio 2026

Juan de Iriarte, preceptor del XII duque de Béjar

 Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

              Se trata de la relación del helenista, latinista, bibliógrafo, lexicógrafo y poeta español de la Ilustración, Juan de Iriarte y Cisneros, con los dos últimos titulares del linaje ducal de Béjar original, Juan Manuel de Zúñiga y su hijo y sucesor Joaquín de Zúñiga. Nacido en 1702 en Canarias, de padre navarro, Juan de Iriarte se radicó en Madrid después de educarse en Francia e Inglaterra, y protegió e impulsó las carreras de sus sobrinos Tomás, fabulista, y Bernardo y Domingo de Iriarte, diplomáticos.   

 

Retrato alegórico de Juan de Iriarte. Museo Lázaro Galdiano, Madrid. Mismuseos.net

 

       En Obras sueltas de D. Juan de Iriarte, publicadas después de la muerte del autor por Bernardo de Iriarte y sufragadas por notables entre los que se contaba el duque de Béjar, se lee que en 1724 había don Juan acudido a Madrid para estudiar jurisprudencia, y en ese afán frecuentaba la Biblioteca Real, donde cobró fama de erudito:

17 julio 2026

Algunas batallas de la Reconquista y los señores de Béjar

 Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

       Los papas Urbano II y Pascual II recomendaron al belicoso arzobispo de Toledo, Bernardo de Séridac (era francés), emplear las fuerzas en casa en lugar de organizar una cruzada contra los musulmanes de oriente; e Inocencio III fue el primer pontífice que promulgó una bula de santa cruzada para apoyar económicamente a los reyes cristianos peninsulares que se unieron en Las Navas de Tolosa (hubo también caballeros franceses).     

       Entre los caballeros navarros que con Sancho VII saltaron sobre la guardia de An-Nasir, dando la victoria a los cristianos, se encontraban su primo (eran parientes por línea materna y ambos descendían de los primeros señores y reyes de Pamplona) Íñigo Ortiz (nombre de pila) de Stúnica, II conde de Marañón, señor de Stúnica, Mendavia y otras villas, y su hijo Diego. Al volver a Navarra, Íñigo agregó a su escudo -banda de oro sobre campo de gules, colores de la realeza navarra- una cadena de ocho eslabones de oro en memoria del hecho.   

 

Sancho VII y los caballeros navarros saltan sobre la Guardia Negra en Las Navas de Tolosa. Óleo de Marceliano Santa María, c. 1930. Museo Marceliano Santa María, Burgos. Pinterest.es

10 julio 2026

Excursiones a la Sierra de Béjar por Andrés Pérez-Cardenal (3ª parte y final)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto


        Hemos recordado en esta serie de artículos las referencias a la Sierra de Béjar realizadas a principios del siglo XX por el periodista salmantino Andrés Pérez-Cardenal, recogidas en su conocida publicación Alpinismo Castellano. Guía y crónicas de excusiones por la Sierra de Gredos, Béjar y Francia. Tal y como ya hemos relatado no se limitó a cumplir con las ascensiones a la montaña sino que buscó en los pueblos y en su paisanaje todo tipo de curiosidades y particularidades dignas de quedar impresas, y así mismo nos dejó una interesante recopilación fotográfica que nos permite conocer la realidad visual de aquellos Béjar y Candelario de hace ya cien años.  El acercamiento a la montaña, como ya hemos advertido, se hace con el romántico apasionamiento de quien se sabe descubridor de un ámbito aún inhóspito. Quizá esa ingenuidad y capacidad de admiración es la que hoy, con nuestras montañas sobradamente conquistadas, se echa de menos. 

Las Agujas. Foto de aquí

 

        Retomemos la compañía de Pérez-Cardenal y sus amigos camino de las cumbres más conocidas de nuestra sierra. Estamos en el 30 de septiembre de 1913 y, como ya anunciábamos en el anterior artículo, la nieve ha hecho su presencia tal y como había advertido desde la capital salmantina nuestro protagonista. Una vez más se hace acompañar por el candelariense José María Vallejera, no solo por su conocimiento exhaustivo del terreno sino también por “su amena y chispeante conversación”. El objetivo es ascender al Torreón, una de las cumbres más emblemáticas de esta montaña. Relata primero cómo realizan la subida por los Llanos y la Susana (espacio por encima del pueblo de Candelario, hoy ocupado por una conocida fábrica de jamones) apreciando un “amarillo que entonaba el paisaje con bella y delicadísima gama otoñal” llegando a los 2.000 metros de altura (sic)[1] por un terreno diáfano hasta toparse, algo más arriba, con la nieve.  

03 julio 2026

Excursiones a la Sierra de Béjar por Andrés Pérez-Cardenal (2ª Parte)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

        Habíamos dejado a nuestro protagonista velando armas en alguna de las populares fondas de la zona antes de emprender la subida a la sierra de Béjar. Es el 24 de junio de 1912 y, según nos relata, acompañado de dos buenos amigos, Saturnino Rodríguez y Vicente Pérez[1] junto con un guía candelariense, y a lomos de mulas, comienzan la subida desde el lugar de Cinco Castaños. La primera de las jornadas la pasaron en el ascenso hasta la fuente de los Neveros, más conocida hoy como del Travieso, en el deleite de las vistas y del estómago, en tomar el aguardiente y tomar el taco. Unas gotas de coñac y un cigarro sirven para engañar al cansancio y, picando espuelas, seguir montaña arriba. La segunda de las jornadas la ocuparon en la llegada hasta la célebre fuente de la Goterita que, según nos dice, estaba oculta bajo la nieve a varios metros de profundidad. El guía corito, apodado “Castañita”, sentenció “señoritos: aquí hay que dejar las caballerías porque como ustedes ven esta gran conturbación de nieve no permite caminar más arriba a las bestias”.[2] Y así “pedibus andandus” se dispusieron a realizar lo que llamaron “una caminata polar” en pleno mes de junio. 

Andrés Pérez-Cardenal

       

        El texto de Pérez Cardenal se caracteriza, como en otros autores de aquellos años, por esa hermosa retórica que no escatima adjetivaciones ante el asombro de lo contemplado mezclando arcaísmos y cultismos con expresiones propias de la nueva ciencia y de la modernidad. No hacía demasiado tiempo que las montañas habían pasado de ser el trasfondo de la naturaleza con escaso rendimiento práctico, a convertirse en objeto de análisis científico y aun de recreación humana. Albergaban ya los pioneros del montañismo un afán de superación física, de conquista de lo desconocido, antesala del actual espíritu de competición deportiva. El alpinismo, que en su origen francés había sido asunto aristocrático, congregaba a las clases medias y altas de la sociedad, también en Béjar, donde unas pocas familias protagonizaban el ocio montañero y el primer desarrollo de los deportes de la nieve.[3]  

26 junio 2026

Excursiones a la Sierra de Béjar por Andrés Pérez-Cardenal (1ª Parte)

 Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

            La lectura de viejas crónicas montañeras nos suele permitir analizar  las particulares maneras de percibir la realidad natural que nuestros antepasados tenían y de la que hemos heredado parte de nuestro actual modo de enfrentarnos emocionalmente al paisaje. Una mezcla de ingenuidad, de romanticismo aún decimonónico y de cientificismo es la que se manifiesta  en las apasionadas descripciones que de la montaña hacen los antiguos cronistas de principios del siglo XX español que, contagiados todavía del casticismo imperante, atendían a todo lo que de peculiar y pintoresco se manifestase en los pueblos y en sus habitantes. A ellos debemos la recopilación de una toponimia a punto de desaparecer, la descripción de un mundo de diligencias, caballerías, ventas, posadas y humeantes ferrocarriles; las acémilas cargando provisiones sierra arriba y llevando sobre sus lomos a alpinistas con pantalones bombachos y sombreros de ala ancha.

 

Rincón de la Sierra de Béjar, óleo del autor

 

          Nos vamos a detener en los textos que sobre la sierra de Béjar y sus pueblos dejó escritos Andrés Pérez-Cardenal en su libro Alpinismo Castellano, editado en el año 1914[1]. Pérez-Cardenal era un escritor y periodista nacido en Zamora pero salmantino de adopción. En la capital charra ocupó diversos cargos de prestigio como el de presidente de la Cámara de Comercio entre 1918 y 1922, llegando a ser delegado de la Comisaría Regia de Turismo, entidad estatal promovida por Alfonso XIII para la promoción del patrimonio cultural español. Era amigo entrañable de Miguel de Unamuno quien le llamaba “apóstol del alpinismo castellano” y, como él, asiduo de las montañas del sur de Castilla  adonde, en palabras del Rector, iba “a curar mis murrias ciudadanas y acaso mis aprensiones[2]. El pensamiento de ambos respecto a estos  paisajes se puede enmarcar dentro de la desmitificación de la Castilla plana y yerma a la que buscaban contraponer  otras castillas alternativas, alpinas y montañosas, que tan evidentes se hacen a la vista en los paisajes de Béjar y Gredos. Al mismo tiempo sus textos en ese sentido suponen el inicio de la promoción turística de la zona aprovechando el auge de la demanda de montaña, paisajes recónditos y aire puro que, paralelamente al nacimiento de la modernidad,  se vive en esos momentos en Europa.

19 junio 2026

Reflexiones en torno a la línea Palazuelo-Astorga

         Autor: Álvaro González Cascón

        Publicado: El Correo de Zamora, 16 de noviembre de 2014 

La felicidad y la libertad de movimiento van unidas a la esencia misma del ser humano, puesto que para poder realizar nuestros más nobles deseos, y cumplir los objetivos que nos marca el destino, es necesario llegar a tiempo y forma. Nada mejor, para ello, que un transporte ferroviario a la altura de las circunstancias de cada época, capaz de satisfacer las necesidades de los ciudadanos.


 

Si las rutas ferroviarias transversales se pensaron y construyeron para acortar distancias, parece una contradicción que fueran las últimas en inaugurarse y las primeras en cerrarse. La mayoría de ellas atravesaban zonas con poca densidad de población, carentes de grandes ciudades. Eso nos ha perjudicado a todos, puesto que cada paso que se da, para concentrar el tráfico por las rutas más concurridas y mundanas, obliga a dar rodeos para llegar de extremo a extremo; a la larga los resultados son peores.

En 1864 los ingenieros ocupados en la redacción del Plan General de Ferrocarriles veían en la construcción del tramo entre Zamora y Astorga la posibilidad de acortar algo el viaje entre Madrid y Galicia. Si un tren procedente de Madrid con destino a Galicia, en Medina del Campo se dirigiese a Zamora y desde allí a Astorga, la reducción de tiempo podría llegar a dos horas.

12 junio 2026

Los sucesos de Béjar de 1397 y su relación con el origen del Corpus Christi (2ª Parte y final)

Autora: Carmen Cascón Matas

          Como comentamos en el artículo anterior, un sermón pronunciado en 1683[1] recogía un enfrentamiento entre las tropas del primer señor de Béjar, Diego López de Zúñiga, y los judíos y musulmanes. El levantamiento ocurrió a causa de la procesión del Corpus de 1397 por las calles de Béjar, un hecho que fue tomado como una afrenta. Este relato había sido tomado por los investigadores como una historia construida por la Casa para justificar el patronato de los Zúñiga sobre la procesión o incluso una invención posterior sin visos de verosimilitud. Sin embargo, el investigador Miguel Ángel Martín Mas cree que la historia podría tener una base histórica si tenemos en cuenta el contexto general. Insistimos que el trueque de Frías (hasta entonces de los Zúñiga) y Béjar (tierra de realengo) entre López de Zúñiga y el rey Enrique III tiene lugar solo un año antes de este suceso.


 

          Béjar estaría adaptándose a los imperativos de una nueva forma de jurisdicción al pasar de manos reales a un poder señorial. Desde los tiempos de la repoblación Béjar había pertenecido a un miembro de la familia real, retornando a la muerte de su poseedor de nuevo al monarca. Solo en una ocasión estuvo en manos de un caballero externo al linaje real, cuando Enrique II entregó la villa y tierra a Pedro López Pacheco, de origen portugués. A su muerte volvió a los dominios reales[2] para ser después permutada por Enrique III con Zúñiga. Por primera vez acabaría perteneciendo a un noble que conseguiría el privilegio de mantenerla para su linaje de manera hereditaria.

05 junio 2026

Los sucesos de Béjar de 1397 y su relación con el origen del Corpus Christi (1ª Parte)

             Autora: Carmen Cascón Matas

        En 2020 publicaba un artículo, "Sangre y leyenda en el Corpus de otro tiempo", analizando un texto conocido por los investigadores en torno al origen de la procesión del Corpus Christi de Béjar. El documento se custodia en el Archivo Histórico Nacional Osuna y había sido recogido por Alejandro López Álvarez en su fantástico libro sobre el Corpus y el patronato señorial[1]. Es interesante porque, en la carpetilla que contiene otros documentos relacionados con la fiesta, un archivero ducal hacía referencia a un sermón predicado en 1683 por el padre fray Alonso Fernández Sánchez[2].

 

 

 

29 mayo 2026

Un Corpus Christi para una joven duquesa. El recibimiento de María Alberta de Castro y el Corpus de 1679

  Autora: Carmen Cascón Matas

En 1679 una jovencísima María Alberta de Castro y Portugal hacía su entrada triunfal en la capital de los estados de su esposo, Béjar[1]. El X duque, Manuel de Zúñiga y Guzmán, a quien todos conocemos con el apelativo de Buen Duque con que le bautizó Emilio Muñoz García, había desposado con una hija del fallecido X duque de Lemos en septiembre de 1677 en Madrid. Por entonces su jovencísima mujer apenas contaba con 12 años, una edad demasiado temprana para consumar el matrimonio, mientras que él contaba con 20. Pasados dos años, su marido decidió agasajar a su esposa en su joya de la corona, el lugar en el que había crecido bajo la tutela de su madre y sus dos tíos solteros, a la sombra de los castaños del monte, a la vera del río Cuerpo de Hombre, con el reflejo de las aguas del estanque de El Bosque. Y esta fiesta no iba a tener lugar en una fecha cualquiera, sino en la fiesta más grande y de más arraigo de la Villa, sobre la que la Casa Ducal ejercía su patronato desde el siglo XVI: el Corpus Christi



La duquesa María Alberta de niña en un cuadro titulado "Patrocinio de la Inmaculada sobre los hijos del conde de Lemos", de escuela peruana. El padre de María Alberta fue virrey del Perú y murió allí cuando ella era apenas una niña. 

La maquinaria del espléndido recibimiento se puso en marcha en abril de ese año de 1679. El pleno consistorial aprueba el dispendio necesario para recibir a su señora, con una función de seis toros, la compra de ocho arrobas de dulces y fuegos artificiales. Como las arcas municipales solían estar vacías, el titular del ducado concedió cien doblones para que estos festejos pudieran salir adelante. Y el 27 de mayo hacía su entrada en Béjar una duquesa de 14 años en una fiesta barroca sin parangón, cuya reseña fue recogida por el cronista y capellán del convento de la Anunciación Tomás de Lemos. La crónica fue escrita por encargo de la Casa con el fin de hacer saber a la ausente duquesa de Lemos, madre de María Alberta, todos los detalles de aquellos regocijos dedicados a su querida hija. 

22 mayo 2026

Ilustres bejaranos en verso: Mateo Hernández

         Autor: Iván Parro Fernández

Nuestra ciudad de Béjar ha dado al mundo numerosas personalidades de distintos campos y ramas del saber cuya vida y obras plasmaron en forma de verso algunos escritores. Este texto tiene como objeto compartir la visión poética de algunos de estos bejaranos ilustres, cuyo legado aún recordamos, estudiamos y disfrutamos tanto en algunos rincones de la ciudad como fuera de ella.

En esta primera entrega queremos a una de las figuras del arte de la escultura como es Mateo Hernández, que fue versado por artistas como Arsenio Barco, José Luis Majada Neila o Cándido Pinilla entre otros.


Sobre nuestro escultor más universal hay una gran variedad de poemas dedicados a su vida y obras, pues realmente es muy inspirador. Aquí vamos a basarnos en las composiciones de los autores ya citados y cuyos poemas tienen como títulos “La vocación de la piedra”, “14 de febrero de 1974” y “Mateo Hernández”.

En el primer poema, de título “La vocación de la piedra”, compuesto por Arsenio Barco, el hilo conductor como se indica en el propio título es la piedra, su conocimiento, su acercamiento a ella, el trabajo preciso y delicado de la misma, el genio y la creatividad que desde muy joven acompañaron a Mateo, ese legado enorme de esculturas que podemos disfrutar y el significado que tuvo el artista en el mundo.

15 mayo 2026

«Mucho espíritu en poca materia». Semblanza del médico forense Juan Magdalena Godínez

Autora: Carmen Cascón Matas

Publicado: Béjar en Madrid, n.º 4.967 (6/06/2025), p. 6.


A mi bisabuelo Bernabé, juez y amigo del doctor Magdalena. 

Ambos tendrían que acudir a escenarios criminales insólitos. 

 

        Una generación antes de que Ramiro Arroyo o José González Castro, Crotontilo, adquiriesen fama afrontando la mortífera gripe de 1918[1], otro colega ejercía en el Béjar del Sexenio Democrático y la Restauración. El doctor Juan Magdalena Godínez era «una verdadera institución en su profesión[2]». Había nacido en Villasbuenas de Gata (o en Hoyos, cerca de la localidad anterior), Cáceres, hijo de José Magdalena y Antonia Godínez de Paz[3]. En 1861 estaba estudiando en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid[4] y un año más tarde acababa sus estudios de Medicina en Valladolid con nota de sobresaliente[5]. Poco después de licenciarse trabaja en Ledesma con los enfermos de cólera y de manera interina en Candelario en 1869, atendiendo tanto a enfermos de viruela como coléricos. A finales de 1870 se presenta a las plazas de médico en Béjar publicadas en la revista El Siglo Médico y al año siguiente[6] le tenemos ejerciendo en la ciudad textil. 

 Enrique Simonet. La autopsia, 1890. Museo de Málaga. 

 

            La noticia más antigua que he hallado en la prensa sobre su labor médica y forense, siempre ligada esta última con casos judiciales sonados, procede de 1874 cuando se publica un informe suyo relativo a un herido en la cabeza. El juez de instrucción había ordenado a Magdalena que le hiciese una operación de trépano, esto es, abrir una sutura en el cráneo para que expulsara el derrame causado por la contusión[7]. Un año más tarde interviene con éxito a una chica de 15 años de La Hoya con bala alojada en el cráneo producida por un revólver de doce milímetros[8], que al final muere poco días más tarde. También declara como forense por la muerte de un vecino de Béjar por una puñalada en el vientre[9] y en la de un industrial que se suicidó disparándose en el rostro[10]. O atiende a un obrero del ferrocarril: un accidente en una trinchera (el deslizamiento de una gran lancha de piedra) le hizo perder una pierna, que no la vida, gracias a la atenciones de Magdalena[11]

08 mayo 2026

«Un çepo para el pesqueço». Inventario de bienes de la Cárcel Real de Béjar en 1686

Autora: Carmen Cascón Matas

Publicado: Béjar en Madrid, 4.981 (9/01/2026), p. 4.

       Tiempos recios, de horca y cuchillo, de justicia señorial, de cepos y grilletes. La Cárcel Real de Béjar en 1686 se situaba en el antiguo edificio consistorial, el mismo en que se encuentra hoy día. En los bajos del mismo los calabozos esperaban con sus fauces abiertas a encerrar en sus oscuras tripas a los malhechores. La justicia de la Edad Moderna era implacable y no dudaba el corregidor, el representante de la justicia ducal en la villa de Béjar, en imponer penas de galeras[1] o pecuniarias a quien fuera amigo de lo ajeno o hubiera arrebatado la vida a un semejante, pues en sus manos se encontraba la justicia civil y criminal. Para los asuntos judiciales la villa dependía de una instancia superior, la Real Chancillería de Valladolid, a quien el sentenciado podía apelar en última instancia[2]

 Calvario. Sala de Concejales del Ayuntamiento de Béjar. Foto Julián Mateos

 

            El funcionario a quien estaba encomendado el día a día de los presos era el alguacil, nombrado por el consistorio tras imponer un aval económico que demostrara su solvencia económica. El alguacil mayor acompañaba con sus corchetes al corregidor en sus salidas a la calle para la administración de justicia[3]. Había además otros alguaciles ordinarios o menores en número variable. Conocemos el nombre de algunos bejaranos que ostentaron tal cargo, como es el caso de Jacinto de Herrera, quien acabó con sus huesos en la cárcel en 1653 al fugarse tres presos peligrosos, salteadores de caminos, condenados a galeras, de la cárcel bejarana[4]. Para poder salir de ella tuvo que pagar una fianza de doscientos ducados de plata, que reunió al cabo de nueve meses de encontrarse entre rejas. Un siglo después, en 1762, el padre del que sería más tarde organista de la Capilla Real, Francisco Javier Lidón, que realizaba este oficio en la iglesia de Santa María, acabaría en la misma cárcel por inmiscuirse en un alboroto originado por el nombramiento ilegal, según los vecinos, del médico titular de la villa[5].

01 mayo 2026

Béjar, diciembre de 1947. Una instantánea en el pasado (3ª Parte)

 Autor: Agustín García Gómez

*Continuamos con el análisis de un folleto editado por el Ayuntamiento de Béjar en diciembre de 1947 sobre la situación de Béjar, sus problemas y soluciones. 

Por último, el alcalde Higinio Cascón Núñez firma un resumen de la labor realizada por el Ayuntamiento en los años 1946 y 1947, que se sintetiza así:

 

 Como gestión realizada:

·         La construcción de 500 viviendas protegidas (en marcha), la pavimentación y riego asfáltico de calles, y la reforma de distintas plazas.

·         Intervenciones diversas en el Matadero Municipal, restauración de la Torre de San Gil y reformas en el Ayuntamiento, en el colegio de la Antigua, en la Plaza del Comendador y en el Palacio Ducal.

·         La nueva entrada al Parque Municipal, con una biblioteca y el busto de Cervantes.

·         Reparación del camino de Los Rodeos al Castañar con nuevos bancos, y la repoblación con distintos árboles de diversos espacios municipales.

En trámite de gestión están:

·         La solicitud de construcción de las Escuelas Nacionales en Valdesangil y el Castañar.

·         Muy adelantadas las gestiones de los créditos para la construcción de la Plaza de Mercado de Abastos de la calle Mansilla, la reforma de la central eléctrica municipal y la unificación de la deuda municipal.

·         Se ha recabado la concesión necesaria para la construcción del pantano de Navamuño y se ha encargado al arquitecto municipal el proyecto para una nueva casa para el Ayuntamiento en el mismo lugar. 

24 abril 2026

Béjar, diciembre de 1947. Una instantánea en el pasado (2ª Parte)

 Autor: Agustín García Gómez

*Continuamos con el análisis de un folleto editado por el Ayuntamiento de Béjar en diciembre de 1947 sobre la situación de Béjar, sus problemas y soluciones. 

EL GRAVE PROBLEMA DE LA VIVIENDA: ocasionado por la fuerte inmigración obrera de origen rural próximo en los últimos años –proporcional al incremento de la actividad textil–, es el que más preocupa a la práctica totalidad de los prestigiosos encuestados, y diecisiete así lo manifiestan (el 80,95%). Son conscientes de las pésimas calidades de las viviendas donde se ven obligados a vivir los obreros (la clase más baja y mayoritaria). Añaden que a su “escasez alarmante” –que hace que muchos “productores” tengan que realizar “recorridos diarios de hasta 20 kilómetros o más desde su pueblo para ganar su sustento” en las fábricas por no encontrar vivienda en Béjar–, hay que sumar su condición paupérrima, que obliga a vivir a la mayoría de los obreros en ”condiciones infrahumanas afectando al orden social y moral”, mientras que otros no dudan en calificarlo como “pavoroso”, “alarmante”, “deplorable”, “hacinamiento”, “casuchas”, “insalubres”, “antihigiénicas” y hasta de “inmoralidad”. Los descalificativos a la calidad de esas viviendas resultan muy fuertes, pero, sin duda alguna, muy realistas. Señalan como las calles más urgentes de actuación las del barrio de la Antigua, Barrioneila, Barrionuevo, Libertad (citada con su nombre histórico), Nogalera y otras.


Hotel Colón

Los más progresistas manifiestan su responsabilidad moral y social de “imperativo de justicia social y de caridad cristiana” como clase alta dirigente, en la búsqueda de una solución de esta “vergonzosa acusación” y al gravísimo problema de los más pobres (el 80% de la población). Reclaman un plan de vivienda barata urgente que mejore esta grave situación y piden la pavimentación de las calles, el alumbrado, el agua corriente y los servicios higiénicos en las casas, el alcantarillado, la policía, la limpieza, etc. También reclaman el adecentamiento de fachadas y el embellecimiento de las calles, como corresponde a la importancia industrial de la ciudad, mediante un plan de ordenación urbana.

17 abril 2026

Béjar, diciembre de 1947. Una instantánea en el pasado (1ª Parte)

 Autor: Agustín García Gómez

      Hace nada menos que unos cincuenta años cayó en mis manos un curioso librito o folleto de 101 páginas que editó el Ayuntamiento de Béjar –entonces presidido por Higinio Cascón Núñez– en diciembre de 1947, en la imprenta S. Sánchez de Béjar.


     Como uno es de natural curioso y le gusta recoger «todo lo que no sirve para nada, pero puede servir para algo» (anónimo), decidí guardarlo junto con algún otro del mismo estilo y, así, salvarlos de las incultas llamas destructoras a las que estaban destinados como papel viejo. Resulta curioso que este librito llevara casi treinta años editado en el momento de su salvación (hacia 1976) y que, sin embargo, haya sido necesario el paso de nada menos que otros cincuenta años para entrar en el detalle de su lectura (… ¡el que guarda, halla!). Este autor desconoce la difusión que pudo tener en 1947 y el conocimiento que de él se tenga en el presente 2026; pero, como parece estar al hilo del motivo central de este trabajo, vamos a darle un poco de divulgación.