Autor: Agustín García Gómez
Hoy nos parece claro y evidente –y también demasiado fácil pensarlo y decirlo ahora– que en la larga época de prosperidad textil de la inmediata posguerra y posterior (la de máximo apogeo histórico de nuestra fabricación textil), nuestras autoridades municipales no la aprovecharon convenientemente ni lo suficiente para promover la necesaria diversificación industrial y la renovación del parque de viviendas y comercios. Como si aquella bonanza nos fuera a durar toda la vida, prefirieron fomentar la expansión y creación de nuevos barrios y nuevas calles para atender las necesidades del incremento de población inmigrante y la falta de viviendas dignas, hecho que nos lleva, en esta época de desindustrialización, a la lamentable situación actual de envejecimiento urbano y poblacional que en nada favorece el incierto futuro bejarano.
Y hay quienes a esto lo llaman por ahí la «Béjar envejecida».
Es una realidad bien visible a los ojos observadores que hoy existen dos Béjar totalmente contrapuestos y a la vez yuxtapuestos; dos realidades diferentes, convivientes y contradictorias, pero necesitadas y necesarias entre sí. Una es ese antiguo semifenecido (¿o semivivo?) de calles vacías, casi deshabitado, y locales comerciales inactivos que estamos bosquejando, y que, agonizante, suspira por el cambio (¿pero por qué no llega?) para recuperar la alegría y el bullicio de tiempos pasados.



