Amigos de Béjar y sus historias

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2/06/2026

El día en que Fleming fue homenajeado en Béjar

Autora: Carmen Cascón Matas

Publicado: Béjar en Madrid,  números 4.977 (7/11/2025) y 4.978 (21/11/12025), p. 4.

*Esta historia me animó a descubrirla y publicarla el bejarano Tomás Olleros Izard.

            Era el 25 de septiembre de 1960 y la plaza de Calvo Sotelo de Béjar (hoy de la Piedad) estaba a rebosar de público. En lugar preferente, las “fuerzas vivas” de la ciudad, invitadas por el alcalde Ramón Olleros Gregorio, habían acudido puntualmente a las 13 horas. Y es que la ocasión lo merecía porque a la cita iban a corresponder las autoridades locales, provinciales y hasta el embajador en funciones de Gran Bretaña, Mr. Hoppe. Así que, como siempre en tales ocasiones, abundaban los impecables trajes de paño bejarano, las corbatas sencillas, los pañuelos blancos en el bolsillo y los zapatos bien lustrados. Cualquier visita de personalidades externas, y más ésta, era buena para proclamar las bonanzas de la industria textil propia. Como el sol todavía picaba, y más en aquellas horas centrales del día, los tejidos eran ligeros y de tonos suaves. Las mujeres vestían a la moda con trajes de chaqueta confeccionados por las mejores modistas locales, salmantinas o madrileñas, dependiendo de la capacidad económica de cada una de sus portadoras. La plaza se había adornado con enseñas y colgaduras en los balcones, tal y como el alcalde había pedido en los medios de comunicación locales. Un paño anunciaba la Imprenta Hontiveros.

Alexander Fleming

            Desde unas décadas antes, en muchas partes del mundo se honraba la figura del doctor Alexander Fleming por su descubrimiento de la penicilina[1], un hallazgo que había permitido arrancar de las garras de la muerte a miles de personas. El remedio cortaba de raíz, y en pocos días, las tremendas infecciones derivadas de heridas e infecciones. El 9 de febrero de 1944 El Adelanto de Salamanca daba noticia de ello en un artículo de curioso título: «Churchill curó su última pulmonía con el penicellín, la maravilla del siglo XX. Un formidable remedio terapéutico descubierto por el profesor Alejandro Fleming». 

11/29/2024

La casa de Juan Sánchez-Cerrudo Bueno. Sus primeros moradores y detalles de sus vivencias

 Autora: Carmen Cascón Matas

Publicado: Béjar en Madrid, n. º 4.953 (1/11/2024), p. 6.

En agosto de este año 2024 el Centro de Estudios Bejaranos organizó una exposición, “Casas de Tinta”, que conjugaba Arte (18 ilustraciones de Paula Almonacid Olleros basadas en fachadas de edificios de Béjar y otras localidades), Historia (cada una ha sido acompañada por un texto explicativo) y Literatura (los edificios han inspirado a distintos escritores) en el Casino Obrero. Textos y acuarelas han sido reunidos en un catálogo descargable de manera gratuita en la página web del CEB. Hemos tenido la suerte de escribir en él brevemente sobre la Casa de Juan Sánchez-Cerrudo, un edificio envuelto en el olvido, por lo que intentaré descubrir su historia y la de sus primeros moradores con mayor detenimiento en estas páginas. 

 

Casa de Juan Sánchez-Cerrudo Bueno

 

Esta vivienda, situada en la calle Miguel de Unamuno, sobresale por su empaque y distinción entre las que las rodean. Reproduzco aquí la ficha de mi autoría publicada en el catálogo:

1/26/2015

Juan Eduardo Zúñiga, "maestro de la literatura" (2ª Parte y final)



Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid, 15/08/2014, nº 4.710, p. 4.

A juzgar por las alusiones a la infancia que nuestro protagonista, el escritor Juan Eduardo Zúñiga, ha hecho en diversas entrevistas, siempre refiriéndose a ella como un periodo triste y de intensa soledad, la relación que pudo tener con su progenitor (don Toribio Zúñiga) debió quedar marcada por las distancias que entre ellos puso el modo distinto, e ideológico, de entender la vida y, más concretamente, los problemas de España

 El escritor madrileño Juan Eduardo Zúñiga


 Su padre, el bejarano Toribio Zúñiga Sánchez-Cerrudo 


El caballero monárquico, religioso y conservador que fue don Toribio chocó con la disposición más abierta y el punto de vista social de su hijo Juan Eduardo, que en todo caso también se mostró crítico con todo proceder violento e injusto, viniera de donde viniera. Ese carácter quedaría definido a partir de la vivencia determinante de la Guerra Civil y de los primeros años de la posguerra, cuando apenas era un niño de diez o doce años;  no solo en la percepción de las injusticias bélicas, sino también en la configuración del tema central de su obra literaria. Los temas no los eliges sino que te eligen, y a veces de manera traumática. 

1/19/2015

Juan Eduardo Zúñiga, "maestro de la literatura" (1ª Parte)



Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid, 1/08/2014, nº 4.709, p. 14.

Permítanme que defina al personaje que nos ocupa con el contundente calificativo con el que lo suele saludar el novelista Antonio Muñoz Molina: el de “maestro”. Y es que la veteranía en las letras y la intensidad literaria, unidas a la honestidad de su obra, hacen a nuestro protagonista acreedor de tan incontestable sobrenombre. ¿Por qué dedicar una  entrada en este blog a la figura enjuta, casi quijotesca, de un octogenario escritor madrileño que redacta sus textos a mano frente a la frondosidad del Retiro, llamado Juan Eduardo Zúñiga? Quizá su apellido, de tantas reminiscencias aristocráticas y tan unido atávicamente a la historia de Béjar, pueda darnos pistas. Incluso a través de él logremos vislumbrar las razones genéticas de una vieja tradición familiar alrededor de la literatura que ha fraguado en Juan Eduardo Zúñiga como su último vástago.

 Toribio Zúñiga Sánchez- Cerrudo, según Antonio Solís Ávila

 Hablemos, antes que nada, de su progenitor. El padre de nuestro protagonista no era otro que Toribio Zúñiga Sánchez-Cerrudo, creador de la moderna farmacología española; y a mi juicio el más ilustre de los bejaranos del siglo XX, sobre todo si tal honor se definiera por méritos académicos[1]. No habría espacio suficiente en estas páginas para relacionar de modo completo los valores profesionales, títulos, honores y condecoraciones que jalonan la biografía de don Toribio. Como doctor en farmacia ayudó  en la fundación de su Real Academia, de la que fue presidente y secretario perpetuo, ejerciendo de farmacéutico del Rey Alfonso XIII desde 1925 hasta la renuncia de este último como Jefe de Estado en 1931. Al mismo tiempo son innumerables los trabajos de corte científico que publicó, destacando su póstuma “Historia de la Real Academia de Farmacia”[2]