Amigos de Béjar y sus historias

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2/13/2026

Mayorazgos y capellanías de los Muñoz de Aguilar en Béjar (1ª Parte)

 Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

        Cuando en 1726 falleció María Leocadia de Moreta, todos sus deudos y allegados sabían que en ella habían convergido un número indeterminado de mayorazgos: el que fundó en el siglo XVI el alférez mayor de Béjar Juan Muñoz y los que sus descendientes fueron sumando a lo largo de los años y de las generaciones. A saber, los instituidos por el canónigo de Coria Juan Muñoz de Cepeda, por Francisco de Moreta Salazar, por el canónigo de la catedral de León Juan Muñoz, por Teresa de León, por el vicario y comisario del Santo Oficio de Béjar Antonio Muñoz de Sotomayor, por su hermana Esperanza Aguilar, por Diego Muñoz de Aguilar, por la tía de estos Catalina Muñoz de Villaseca, por su hijo Pedro de Moreta, por las hermanas Catalina e Inés Muñoz de Tórtoles, por las hermanas Catalina y María del Vado, por los hermanos Pedro y Alonso del Vado, por Diego de Moreta y, en fin, por otros tantos que sería prolijo enumerar enteramente. Era de dominio público asimismo que María Leocadia, tras su óbito, no dejaba más descendencia que un único hijo Enrique Pamo de Contreras, y que este estaba «enfermo insanable de locura»[1]

 Escudo de los Muñoz de Aguilar Sotomayor de la iglesia de San Juan de Béjar

Foto sacada de aquí 

        Dado que en las escrituras de fundación de todos aquellos mayorazgos se señalaba para la sucesión la «expresa exclusión de dementes y locos», una prima segunda del citado Enrique, llamada Ignacia Teresa de Salvatierra y Moreta, consorte del vizconde de Huerta, hizo valer sus opciones y derechos para acaparar todos aquellos viejos privilegios[2]. Remover antiguos legajos para inquietar la tradicional bonhomía y abulia de las familias hidalgas, enfrentando intereses entre familiares cercanos, no podía tener más objetivo que hacerse con el suculento botín de rentas que solían llevar aparejados los mayorazgos. Para ello se esgrimirían tales exigencias y censuras en la sucesión de vínculos. Pongamos por ejemplo esta cláusula extractada de la fundación del mayorazgo de Diego Muñoz de Aguilar, bisnieto del primer fundador, redactada en Béjar en 1622:

2/06/2026

El día en que Fleming fue homenajeado en Béjar

Autora: Carmen Cascón Matas

Publicado: Béjar en Madrid,  números 4.977 (7/11/2025) y 4.978 (21/11/12025), p. 4.

*Esta historia me animó a descubrirla y publicarla el bejarano Tomás Olleros Izard.

            Era el 25 de septiembre de 1960 y la plaza de Calvo Sotelo de Béjar (hoy de la Piedad) estaba a rebosar de público. En lugar preferente, las “fuerzas vivas” de la ciudad, invitadas por el alcalde Ramón Olleros Gregorio, habían acudido puntualmente a las 13 horas. Y es que la ocasión lo merecía porque a la cita iban a corresponder las autoridades locales, provinciales y hasta el embajador en funciones de Gran Bretaña, Mr. Hoppe. Así que, como siempre en tales ocasiones, abundaban los impecables trajes de paño bejarano, las corbatas sencillas, los pañuelos blancos en el bolsillo y los zapatos bien lustrados. Cualquier visita de personalidades externas, y más ésta, era buena para proclamar las bonanzas de la industria textil propia. Como el sol todavía picaba, y más en aquellas horas centrales del día, los tejidos eran ligeros y de tonos suaves. Las mujeres vestían a la moda con trajes de chaqueta confeccionados por las mejores modistas locales, salmantinas o madrileñas, dependiendo de la capacidad económica de cada una de sus portadoras. La plaza se había adornado con enseñas y colgaduras en los balcones, tal y como el alcalde había pedido en los medios de comunicación locales. Un paño anunciaba la Imprenta Hontiveros.

Alexander Fleming

            Desde unas décadas antes, en muchas partes del mundo se honraba la figura del doctor Alexander Fleming por su descubrimiento de la penicilina[1], un hallazgo que había permitido arrancar de las garras de la muerte a miles de personas. El remedio cortaba de raíz, y en pocos días, las tremendas infecciones derivadas de heridas e infecciones. El 9 de febrero de 1944 El Adelanto de Salamanca daba noticia de ello en un artículo de curioso título: «Churchill curó su última pulmonía con el penicellín, la maravilla del siglo XX. Un formidable remedio terapéutico descubierto por el profesor Alejandro Fleming». 

1/30/2026

El duque y la madrastra. Un caso de damnatio memoriae en Béjar a finales del siglo XVI (2ª Parte y final)

 Autor: José Muñoz Domínguez

2. La damatio memoriae de Francisco III contra Brianda Sarmiento de la Cerda  

Me he ocupado de este caso de damnatio memoriae desde 2008, si bien entonces desconocía el documento clave para atribuirlo específicamente al duque Francisco III, un aspecto ya corregido en trabajos posteriores (nota 1). El documento fue localizado por Juan Félix Sánchez Sancho y se trata de un inventario de mediados de 1592, relacionado con un pleito por los bienes en herencia, que se realizó meses después del fallecimiento del duque Francisco II, ocurrida en septiembre del año anterior. 

Figs. 1 y 2. Localización de los escudos estudiados en la coronación heráldica de las ventanas del palacete de recreo de El Bosque (fotos de José Muñoz Domínguez, 2025 y 1996, respectivamente).

 Hasta conocer ese inventario, la ausencia de la heráldica de la segunda esposa del duque difunto y la reiterada memoria de la primera –Guiomar de Mendoza y Aragón, fallecida en 1548–, carecían de explicación lógica en edificios tan representativos como el palacete de recreo de El Bosque, renovado en 1566-1567 (figs. 1 y 2), o el Palacio Ducal urbano, con sus reformas sustanciales fechadas en el período 1567-1569 (figs. 3 y 4), un lapso temporal alejado en más de dos décadas del fallecimiento de la primera esposa y coincidente con los tres primeros años de matrimonio con la segunda. Todavía más: ¿cómo era posible que Francisco II ordenara inscribir el nombre de Guiomar en todas las cartelas que coronaban los vanos del palacete –y en origen fueron 28–, precisamente en el primer año de su segundo casamiento? Un acto tan despreciativo y extemporáneo contra la reciente esposa, impropio de la convivencia marital y de la mentalidad aristocrática, sólo podría haber sido realizado tras la muerte del IV duque y por alguien con suficiente autoridad y poder ejecutivo: obviamente su heredero y V duque, hijo de Francisco y Guiomar, que mantuvo un serio enfrentamiento con su madrastra Brianda, motivado por la herencia de su padre y posiblemente por una pésima relación previa. 

1/23/2026

El duque y la madrastra. Un caso de damnatio memoriae en Béjar a finales del siglo XVI (1ª Parte)

 Autor: José Muñoz Domínguez

En la mentalidad aristocrática del Antiguo Régimen, la trascendencia del linaje estaba por encima de los intereses individuales, un estatus hereditario basado en tres pilares irrenunciables frente a la muerte y el olvido: la transmisión del legado genético a través de la descendencia –preferiblemente por vía legítima–, la transmisión de la herencia material a través de la institución del mayorazgo –con la consecuente preservación o acrecentamiento de los bienes raíces, inmuebles, muebles y semovientes, también de los privilegios, acumulados en la figura del primogénito–, y el honor y buena fama de cada miembro de la misma progenie desde sus ancestros, reforzada o significada mediante la creación de lugares para la memoria en capillas funerarias, fundaciones religiosas o asistenciales, palacios y quintas de placer. 

 

 Portada de la disertación jurídica de Christoph Schreiter, Damnatione memoriae..., de 1689 (imagen tomada de https://www.digitale-sammlungen.de/de/view/bsb10648131?page=,1).

La representación más evidente o pregnante de esa triple herencia radicaba en la heráldica, ese conjunto de formas codificadas que desde tiempos medievales permitía y permite identificar a las distintas casas nobiliarias europeas con la misma eficacia que, en nuestros días, consigue el diseño de un logotipo respecto de una marca o empresa. En el caso del linaje Zúñiga, basta observar un escudo de plata con banda de sable, orlado de cadena de oro con ocho eslabones y timbrado por corona ducal –o su versión labrada en piedra, generalmente acromática– para reconocerlo como símbolo inequívoco del patrimonio de esa familia de origen navarro, duques de Béjar desde 1485. Y, del mismo modo que una alianza empresarial obliga a la coexistencia o a la fusión de los logotipos de cada socio en la nueva imagen corporativa, tras cada alianza matrimonial entre dos linajes se cuidaba la exhibición de sus correspondientes signos heráldicos con el debido orden de prioridad. 

1/16/2026

Compra de materiales para el Tinte del Duque en 1707

 Autor: Anselmo Rosales Montero

El documento que da pie a este escrito se encuentra archivado como “Cuentas de gastos en materiales”, dentro de “Documentos y correspondencia referentes a la muerte y entierro del flamenco Rumbault, fabricante de paños; y correspondencia con los duques de Béjar sobre diferentes asuntos administrativos: diezmos, pleitos, compraventas y otros”, fechado el 19 de agosto de 1707[1]. Se trata de una relación de componentes que, aunque no se indica, eran los necesarios para fabricar tintes.

 Cochinilla

El texto transcrito dice:

            Cochinilla 18 libras a 96 reales la libra                              1728

            Cristal. 18 libras a 12 reales y medio                                  0225

Salitre. 30 libras a 5 reales y medio la libra                       0165

Gengibre. Dos libras                                                             0029

Rasuras. Una arroba                                                            0090

Estaño. Media arroba a seis reales la libra                       0099

Importa todo                                                                         2276 reales

                        En 19 de agosto de 1707