Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Habíamos dejado a nuestro protagonista velando armas en alguna de las populares fondas de la zona antes de emprender la subida a la sierra de Béjar. Es el 24 de junio de 1912 y, según nos relata, acompañado de dos buenos amigos, Saturnino Rodríguez y Vicente Pérez[1] junto con un guía candelariense, y a lomos de mulas, comienzan la subida desde el lugar de Cinco Castaños. La primera de las jornadas la pasaron en el ascenso hasta la fuente de los Neveros, más conocida hoy como del Travieso, en el deleite de las vistas y del estómago, en tomar el aguardiente y tomar el taco. Unas gotas de coñac y un cigarro sirven para engañar al cansancio y, picando espuelas, seguir montaña arriba. La segunda de las jornadas la ocuparon en la llegada hasta la célebre fuente de la Goterita que, según nos dice, estaba oculta bajo la nieve a varios metros de profundidad. El guía corito, apodado “Castañita”, sentenció “señoritos: aquí hay que dejar las caballerías porque como ustedes ven esta gran conturbación de nieve no permite caminar más arriba a las bestias”.[2] Y así “pedibus andandus” se dispusieron a realizar lo que llamaron “una caminata polar” en pleno mes de junio.
Andrés Pérez-Cardenal
El texto de Pérez Cardenal se caracteriza, como en otros autores de aquellos años, por esa hermosa retórica que no escatima adjetivaciones ante el asombro de lo contemplado mezclando arcaísmos y cultismos con expresiones propias de la nueva ciencia y de la modernidad. No hacía demasiado tiempo que las montañas habían pasado de ser el trasfondo de la naturaleza con escaso rendimiento práctico, a convertirse en objeto de análisis científico y aun de recreación humana. Albergaban ya los pioneros del montañismo un afán de superación física, de conquista de lo desconocido, antesala del actual espíritu de competición deportiva. El alpinismo, que en su origen francés había sido asunto aristocrático, congregaba a las clases medias y altas de la sociedad, también en Béjar, donde unas pocas familias protagonizaban el ocio montañero y el primer desarrollo de los deportes de la nieve.[3]

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