Amigos de Béjar y sus historias

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7/03/2026

Excursiones a la Sierra de Béjar por Andrés Pérez-Cardenal (2ª Parte)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

        Habíamos dejado a nuestro protagonista velando armas en alguna de las populares fondas de la zona antes de emprender la subida a la sierra de Béjar. Es el 24 de junio de 1912 y, según nos relata, acompañado de dos buenos amigos, Saturnino Rodríguez y Vicente Pérez[1] junto con un guía candelariense, y a lomos de mulas, comienzan la subida desde el lugar de Cinco Castaños. La primera de las jornadas la pasaron en el ascenso hasta la fuente de los Neveros, más conocida hoy como del Travieso, en el deleite de las vistas y del estómago, en tomar el aguardiente y tomar el taco. Unas gotas de coñac y un cigarro sirven para engañar al cansancio y, picando espuelas, seguir montaña arriba. La segunda de las jornadas la ocuparon en la llegada hasta la célebre fuente de la Goterita que, según nos dice, estaba oculta bajo la nieve a varios metros de profundidad. El guía corito, apodado “Castañita”, sentenció “señoritos: aquí hay que dejar las caballerías porque como ustedes ven esta gran conturbación de nieve no permite caminar más arriba a las bestias”.[2] Y así “pedibus andandus” se dispusieron a realizar lo que llamaron “una caminata polar” en pleno mes de junio. 

Andrés Pérez-Cardenal

       

        El texto de Pérez Cardenal se caracteriza, como en otros autores de aquellos años, por esa hermosa retórica que no escatima adjetivaciones ante el asombro de lo contemplado mezclando arcaísmos y cultismos con expresiones propias de la nueva ciencia y de la modernidad. No hacía demasiado tiempo que las montañas habían pasado de ser el trasfondo de la naturaleza con escaso rendimiento práctico, a convertirse en objeto de análisis científico y aun de recreación humana. Albergaban ya los pioneros del montañismo un afán de superación física, de conquista de lo desconocido, antesala del actual espíritu de competición deportiva. El alpinismo, que en su origen francés había sido asunto aristocrático, congregaba a las clases medias y altas de la sociedad, también en Béjar, donde unas pocas familias protagonizaban el ocio montañero y el primer desarrollo de los deportes de la nieve.[3]  

6/26/2026

Excursiones a la Sierra de Béjar por Andrés Pérez-Cardenal (1ª Parte)

 Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

            La lectura de viejas crónicas montañeras nos suele permitir analizar  las particulares maneras de percibir la realidad natural que nuestros antepasados tenían y de la que hemos heredado parte de nuestro actual modo de enfrentarnos emocionalmente al paisaje. Una mezcla de ingenuidad, de romanticismo aún decimonónico y de cientificismo es la que se manifiesta  en las apasionadas descripciones que de la montaña hacen los antiguos cronistas de principios del siglo XX español que, contagiados todavía del casticismo imperante, atendían a todo lo que de peculiar y pintoresco se manifestase en los pueblos y en sus habitantes. A ellos debemos la recopilación de una toponimia a punto de desaparecer, la descripción de un mundo de diligencias, caballerías, ventas, posadas y humeantes ferrocarriles; las acémilas cargando provisiones sierra arriba y llevando sobre sus lomos a alpinistas con pantalones bombachos y sombreros de ala ancha.

 

Rincón de la Sierra de Béjar, óleo del autor

 

          Nos vamos a detener en los textos que sobre la sierra de Béjar y sus pueblos dejó escritos Andrés Pérez-Cardenal en su libro Alpinismo Castellano, editado en el año 1914[1]. Pérez-Cardenal era un escritor y periodista nacido en Zamora pero salmantino de adopción. En la capital charra ocupó diversos cargos de prestigio como el de presidente de la Cámara de Comercio entre 1918 y 1922, llegando a ser delegado de la Comisaría Regia de Turismo, entidad estatal promovida por Alfonso XIII para la promoción del patrimonio cultural español. Era amigo entrañable de Miguel de Unamuno quien le llamaba “apóstol del alpinismo castellano” y, como él, asiduo de las montañas del sur de Castilla  adonde, en palabras del Rector, iba “a curar mis murrias ciudadanas y acaso mis aprensiones[2]. El pensamiento de ambos respecto a estos  paisajes se puede enmarcar dentro de la desmitificación de la Castilla plana y yerma a la que buscaban contraponer  otras castillas alternativas, alpinas y montañosas, que tan evidentes se hacen a la vista en los paisajes de Béjar y Gredos. Al mismo tiempo sus textos en ese sentido suponen el inicio de la promoción turística de la zona aprovechando el auge de la demanda de montaña, paisajes recónditos y aire puro que, paralelamente al nacimiento de la modernidad,  se vive en esos momentos en Europa.

6/19/2026

Reflexiones en torno a la línea Palazuelo-Astorga

         Autor: Álvaro González Cascón

        Publicado: El Correo de Zamora, 16 de noviembre de 2014 

La felicidad y la libertad de movimiento van unidas a la esencia misma del ser humano, puesto que para poder realizar nuestros más nobles deseos, y cumplir los objetivos que nos marca el destino, es necesario llegar a tiempo y forma. Nada mejor, para ello, que un transporte ferroviario a la altura de las circunstancias de cada época, capaz de satisfacer las necesidades de los ciudadanos.


 

Si las rutas ferroviarias transversales se pensaron y construyeron para acortar distancias, parece una contradicción que fueran las últimas en inaugurarse y las primeras en cerrarse. La mayoría de ellas atravesaban zonas con poca densidad de población, carentes de grandes ciudades. Eso nos ha perjudicado a todos, puesto que cada paso que se da, para concentrar el tráfico por las rutas más concurridas y mundanas, obliga a dar rodeos para llegar de extremo a extremo; a la larga los resultados son peores.

En 1864 los ingenieros ocupados en la redacción del Plan General de Ferrocarriles veían en la construcción del tramo entre Zamora y Astorga la posibilidad de acortar algo el viaje entre Madrid y Galicia. Si un tren procedente de Madrid con destino a Galicia, en Medina del Campo se dirigiese a Zamora y desde allí a Astorga, la reducción de tiempo podría llegar a dos horas.

6/12/2026

Los sucesos de Béjar de 1397 y su relación con el origen del Corpus Christi (2ª Parte y final)

Autora: Carmen Cascón Matas

          Como comentamos en el artículo anterior, un sermón pronunciado en 1683[1] recogía un enfrentamiento entre las tropas del primer señor de Béjar, Diego López de Zúñiga, y los judíos y musulmanes. El levantamiento ocurrió a causa de la procesión del Corpus de 1397 por las calles de Béjar, un hecho que fue tomado como una afrenta. Este relato había sido tomado por los investigadores como una historia construida por la Casa para justificar el patronato de los Zúñiga sobre la procesión o incluso una invención posterior sin visos de verosimilitud. Sin embargo, el investigador Miguel Ángel Martín Mas cree que la historia podría tener una base histórica si tenemos en cuenta el contexto general. Insistimos que el trueque de Frías (hasta entonces de los Zúñiga) y Béjar (tierra de realengo) entre López de Zúñiga y el rey Enrique III tiene lugar solo un año antes de este suceso.


 

          Béjar estaría adaptándose a los imperativos de una nueva forma de jurisdicción al pasar de manos reales a un poder señorial. Desde los tiempos de la repoblación Béjar había pertenecido a un miembro de la familia real, retornando a la muerte de su poseedor de nuevo al monarca. Solo en una ocasión estuvo en manos de un caballero externo al linaje real, cuando Enrique II entregó la villa y tierra a Pedro López Pacheco, de origen portugués. A su muerte volvió a los dominios reales[2] para ser después permutada por Enrique III con Zúñiga. Por primera vez acabaría perteneciendo a un noble que conseguiría el privilegio de mantenerla para su linaje de manera hereditaria.

6/05/2026

Los sucesos de Béjar de 1397 y su relación con el origen del Corpus Christi (1ª Parte)

             Autora: Carmen Cascón Matas

        En 2020 publicaba un artículo, "Sangre y leyenda en el Corpus de otro tiempo", analizando un texto conocido por los investigadores en torno al origen de la procesión del Corpus Christi de Béjar. El documento se custodia en el Archivo Histórico Nacional Osuna y había sido recogido por Alejandro López Álvarez en su fantástico libro sobre el Corpus y el patronato señorial[1]. Es interesante porque, en la carpetilla que contiene otros documentos relacionados con la fiesta, un archivero ducal hacía referencia a un sermón predicado en 1683 por el padre fray Alonso Fernández Sánchez[2].