Autor: Iván Parro Fernández
Verano, calor, vacaciones, descanso, playa, montaña, aire acondicionado y otras tantas palabras relacionadas con esta estación del año. Y en esta ocasión queremos compartir y recordar una serie de reflexiones y de ideas sobre el veraneo bejarano de hace un siglo, y más concretamente la que con el mismo título (“El veraneo”) aparece en el semanario bejarano La Victoria dentro del número 1672, de 14 de agosto de 1926.
Comienza hablando el texto, que por cierto no está firmado por nadie ni contiene tampoco iniciales, sobre la llegada de los veraneantes a la ciudad buscando la benevolencia climática de la que todavía aún seguimos disfrutando a día de hoy: “(…) puede decirse, sin temor a equivocarse, que tenemos ya entre nosotros a cuantos habían pensado venir a disfrutar de la bondad de nuestro clima y del oxígeno de nuestras montañas”.
Villa Florencia. Foto de aquí
Comenta a continuación que los veraneantes son muchos, pues han ocupado todas las casas del campo e incluso algunas alquiladas más dentro de la ciudad, lo que constataba el hecho de que Béjar se estaba convirtiendo en un lugar de referencia vacacional en la provincia e incluso más allá. Pasa a renglón siguiente a detallar el nombre de los propietarios y los lugares donde se están construyendo nuevos hoteles o casas de campo, comenzando por los señores de Vizoso en Santa Ana (que años más tarde promovieron la construcción del emblemático Hotel Colón hoy cerrado); el doctor Cañizo en su finca del Castañar, detrás de la plaza de toros; don Mateo Rodríguez en su finca de Las Cuadrillas, al lado del camino que une el Castañar con la carretera de Candelario; la señora viuda de don Luis Izard, doña Ángela Muñoz, en su mata del monte, que dice que está construyendo un camino para que puedan circular los automóviles, o la de don Jesús Castrillón que ha levantado un piso en uno de los edificios de su Colonia, lo que vuelve a repetir que el veraneo en Béjar era cada vez mayor, aunque no solo para los forasteros sino para algunas familias bejaranas, que dice el semanario “convencidas de las condiciones inapreciables que reúne nuestro monte para pasar el verano, en lugar de ir a algún puerto de mar, se han subido a las alturas para respirar el salutífero aire oxigenado de que, en ellas, está impregnado el ambiente”.





