Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Hemos recordado en esta serie de artículos las referencias a la Sierra de Béjar realizadas a principios del siglo XX por el periodista salmantino Andrés Pérez-Cardenal, recogidas en su conocida publicación Alpinismo Castellano. Guía y crónicas de excusiones por la Sierra de Gredos, Béjar y Francia. Tal y como ya hemos relatado no se limitó a cumplir con las ascensiones a la montaña sino que buscó en los pueblos y en su paisanaje todo tipo de curiosidades y particularidades dignas de quedar impresas, y así mismo nos dejó una interesante recopilación fotográfica que nos permite conocer la realidad visual de aquellos Béjar y Candelario de hace ya cien años. El acercamiento a la montaña, como ya hemos advertido, se hace con el romántico apasionamiento de quien se sabe descubridor de un ámbito aún inhóspito. Quizá esa ingenuidad y capacidad de admiración es la que hoy, con nuestras montañas sobradamente conquistadas, se echa de menos.
Retomemos la compañía de Pérez-Cardenal y sus amigos camino de las cumbres más conocidas de nuestra sierra. Estamos en el 30 de septiembre de 1913 y, como ya anunciábamos en el anterior artículo, la nieve ha hecho su presencia tal y como había advertido desde la capital salmantina nuestro protagonista. Una vez más se hace acompañar por el candelariense José María Vallejera, no solo por su conocimiento exhaustivo del terreno sino también por “su amena y chispeante conversación”. El objetivo es ascender al Torreón, una de las cumbres más emblemáticas de esta montaña. Relata primero cómo realizan la subida por los Llanos y la Susana (espacio por encima del pueblo de Candelario, hoy ocupado por una conocida fábrica de jamones) apreciando un “amarillo que entonaba el paisaje con bella y delicadísima gama otoñal” llegando a los 2.000 metros de altura (sic)[1] por un terreno diáfano hasta toparse, algo más arriba, con la nieve.


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