Amigos de Béjar y sus historias

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3/06/2026

Mayorazgos y capellanías de los Muñoz de Aguilar en Béjar (4ª Parte y final)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto.

De Catalina Muñoz de Villaseca a los vizcondes de Huerta

        Tras agotarse las ramas de los dos primeros bisnietos del fundador, al mayorazgo de los Muñoz de Aguilar acceden los miembros de la rama femenina, la que había comenzado en Catalina Muñoz de Villaseca. En su relación de descendientes y consortes comprobamos la incorporación de individuos de muy variados orígenes geográficos pero siempre con el componente noble y religioso exigido —aunque fuera de manera tácita— en las escrituras fundacionales. Así, durante cuatro generaciones, todos los varones de esta nueva rama van a ser regidores en Barco de Ávila o en Salamanca, y caballeros de la Orden de Santiago. Incluso una de las consortes, Estefanía del Vado, lucía el hábito santiaguista y se la conocía como la Comendadora del Barco.  El patrimonio se vería enriquecido por bienes provenientes de los distintos lugares de origen: Barco de Ávila, Rágama, Salvatierra y la ciudad de Salamanca. Tras el enlace de Catalina con Diego López de Moreta el apellido de él se convertiría en prioritario, incluso cuando el bisnieto de ellos reivindicara y consiguiera el mayorazgo de los Aguilar. Era el año 1671 y él mismo se intitulaba así en una carta dirigida al duque de Béjar:

 

Capilla de los Aguilar en la iglesia de San Juan Bautista de Béjar

 

Creo es mi obligación el participar a V.ex. que he sucedido en la casa de los Muñoz de Béjar, y porque hallándome su descendiente me había dado el título honroso de menor criado de V.ex. con más razón de no estimarlo hoy, y así suplico a V.ex. que habiéndolos de esta casa y ella misma recibido tan particularmente honra de V.ex., sea servido continuarlas en mí, y espero merecerlas de V.ex. suplicando a Nuestro Señor guarde a V.ex. largos y felices años.

Salamanca a 2 de septiembre de 1671.

Menor criado de V.ex. que besa sus pies

Don Diego de Moreta Muñoz de Aguilar[1].

 

2/27/2026

Mayorazgos y capellanías de los Muñoz de Aguilar en Béjar (3ª Parte)

        Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

        A punto de finalizar el siglo XVI, el día dos de octubre de 1598, Francisco Muñoz de Aguilar redactaba en su casa de Béjar el testamento bajo cuya ordenación moriría. Indicaba en primer lugar el deseo de «que mi cuerpo sea sepultado en la iglesia del monasterio de San Francisco en la capilla que fundó y dotó Juan Muñoz alférez, mi bisabuelo, que Dios tiene, junto a la sepultura donde está Juan Muñoz de Aguilar, mi padre»[1] y declaraba como heredera universal de todos sus bienes, vínculos y mayorazgos, a su hija Catalina Muñoz de Aguilar, tenida con su esposa María Maldonado. 

 Calleja del Balconcillo de la Médica

        En Catalina —obligada a casarse con su primo Pedro de Cepeda como indicamos en el artículo anterior— convergería un patrimonio derivado de distintas herencias, tanto de ascendientes como de descendientes, y entre el que destacaba el mencionado pozo de nieve de Piornal y las casas en Béjar. En su matrimonio concebiría tres hijos, Juan, Francisco y Catalina, que irían alternándose en la sucesión de los mayorazgos hasta que la línea se quedó sin descendencia. Esa línea de primogenitura se había mantenido en la titularidad del vínculo desde su fundación, pero a partir de esa fecha tendría que retroceder a la de Diego de Aguilar, otro de los nietos de Juan Muñoz alférez (ver árbol genealógico). El nombre de Diego se repetiría en tres generaciones seguidas de esta rama cuyos protagonistas habían seguido acaparando patrimonio propio y fundado nuevos mayorazgos. El segundo de ellos, conocido como el licenciado Diego Muñoz de Aguilar, en aras de la no dispersión de sus bienes, conminaría a tres de sus hijos —Juan, Martín y Francisco— a renunciar a toda su herencia en beneficio del hijo mayor, llamado, cómo no, Diego. Los tres hermanos obedecieron. En la escritura redactada en 1622 se explicita el espíritu que regía la fundación de estos mayorazgos:

2/20/2026

Mayorazgos y capellanías de los Muñoz de Aguilar en Béjar (2ª parte)

 Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Juan Muñoz alférez[1], el fundador

        En una fecha tan temprana como el 12 de octubre de 1519[2] el alférez mayor de Béjar Juan Muñoz redactó su testamento, falleciendo presumiblemente poco tiempo después. Su condición de noble quedó puesta de manifiesto al declarar el deseo de ser enterrado en la capilla que él mismo edificó junto al altar de la iglesia del convento de San Francisco, espacio reservado a familias muy selectas de la villa. Este era el lugar de enterramiento más habitual de los miembros del linaje antes de la construcción de la nueva capilla en la actual sacristía de San Juan un siglo después. Por suerte la lápida de Muñoz alférez se ha conservado y hoy podemos verla muy cerca de su emplazamiento original, en el claustro del ahora exconvento. Aunque durante años estuvo colocada como enlosado de una calle bejarana perdiéndose con ello parte del relieve grabado, logramos aún vislumbrar en ella la forma de su escudo, especialmente en los cuarteles superiores donde aparecen la cruz propia del apellido Muñoz y el águila de Aguilar. Esto vendría a demostrar que aunque no consta que lo usara ese era su segundo apellido. Rodeando el escudo se percibe un texto con caligrafía gótica de privilegios donde a duras penas puede leerse el nombre de su protagonista.

 Lápida sepulcral de Juan Muñoz alférez

 

        En el testamento Juan Muñoz alférez estableció su vínculo y mayorazgo siguiendo la tradicional fórmula de sucesión en esta institución castellana, es decir priorizando a varones y a primogénitos:

 

es mi voluntad que a Francisco Muñoz, mi hijo, se le mejore, y por la parte que sea mejorado, en el tercio y quinto de todos mis bienes muebles, raíces y semovientes, derechos y haciendas, señaladamente en la heredad de Santibáñez y en la mi casa, que es mía […] como vínculo. Y después del dicho Francisco Muñoz, mi hijo, [suceda] el hijo mayor de él de legítimo matrimonio. Y si muriere sin dejar hijos varones la mejora vaya a favor de su hija legítima, y faltando la línea de la hija mayor vaya a la segunda…[3].

 

        Vamos a trazar una hipótesis de localización de esta primera casa mencionada, sobre la que según el testamento se funda el mayorazgo. Con importantes transformaciones y a pesar del tiempo transcurrido el inmueble se ha podido conservar hasta hoy. En su libro Los judíos de Plasencia y de Béjar y la casa de los Zúñiga Marciano Martín Manuel presenta una colección diplomática en cuyo documento 33, fechado en 1496, se puede leer la concesión en merced a Juan Muñoz alférez y sus hijos de una casa «que fue de Rabí Samuel»[4] y que en su momento localizamos en la todavía hoy conocida como casa de Pizarro[5] en la plaza de la Piedad de Béjar. Al demostrarse que aquella donación ducal había sido fraudulenta el inmueble debió de devolverse y cambiar de manos pese a las reclamaciones de dos bisnietos del alférez, Diego y Antonio[6]. Lo cierto es que años después volvería a entrar en el mayorazgo de los Aguilar debido a que uno de sus receptores tras el fraude pudo ser Fernando de San Juan Maldonado, ascendiente de María Maldonado. Ésta terminaría casándose con otro bisnieto del fundador llevando consigo como dote la susodicha casa. Catalina de Cepeda, hija de ese matrimonio acabaría desvinculándola al venderla a Juan de Capilla en 1649. Para esta enajenación  Catalina tuvo que formular petición al rey Felipe IV tal y como era preceptivo en los casos de venta de bienes vinculados[7]. Las ganancias de ello las invertiría en la mejora de otras casas de su mayorazgo, en otro tramo de la calle Mayor bejarana, de las que hablaremos en su momento.

2/13/2026

Mayorazgos y capellanías de los Muñoz de Aguilar en Béjar (1ª Parte)

 Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

        Cuando en 1726 falleció María Leocadia de Moreta, todos sus deudos y allegados sabían que en ella habían convergido un número indeterminado de mayorazgos: el que fundó en el siglo XVI el alférez mayor de Béjar Juan Muñoz y los que sus descendientes fueron sumando a lo largo de los años y de las generaciones. A saber, los instituidos por el canónigo de Coria Juan Muñoz de Cepeda, por Francisco de Moreta Salazar, por el canónigo de la catedral de León Juan Muñoz, por Teresa de León, por el vicario y comisario del Santo Oficio de Béjar Antonio Muñoz de Sotomayor, por su hermana Esperanza Aguilar, por Diego Muñoz de Aguilar, por la tía de estos Catalina Muñoz de Villaseca, por su hijo Pedro de Moreta, por las hermanas Catalina e Inés Muñoz de Tórtoles, por las hermanas Catalina y María del Vado, por los hermanos Pedro y Alonso del Vado, por Diego de Moreta y, en fin, por otros tantos que sería prolijo enumerar enteramente. Era de dominio público asimismo que María Leocadia, tras su óbito, no dejaba más descendencia que un único hijo Enrique Pamo de Contreras, y que este estaba «enfermo insanable de locura»[1]

 Escudo de los Muñoz de Aguilar Sotomayor de la iglesia de San Juan de Béjar

Foto sacada de aquí 

        Dado que en las escrituras de fundación de todos aquellos mayorazgos se señalaba para la sucesión la «expresa exclusión de dementes y locos», una prima segunda del citado Enrique, llamada Ignacia Teresa de Salvatierra y Moreta, consorte del vizconde de Huerta, hizo valer sus opciones y derechos para acaparar todos aquellos viejos privilegios[2]. Remover antiguos legajos para inquietar la tradicional bonhomía y abulia de las familias hidalgas, enfrentando intereses entre familiares cercanos, no podía tener más objetivo que hacerse con el suculento botín de rentas que solían llevar aparejados los mayorazgos. Para ello se esgrimirían tales exigencias y censuras en la sucesión de vínculos. Pongamos por ejemplo esta cláusula extractada de la fundación del mayorazgo de Diego Muñoz de Aguilar, bisnieto del primer fundador, redactada en Béjar en 1622:

1/09/2026

Las siete casas de don Francés de Zúñiga (3ª Parte y final)

 Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

       La relación de los bienes de mayorazgo que don Francés dejó al tiempo de su muerte y que fueron incluidos en la descripción que de ellos hace su hijo Álvaro es muy precisa en el detalle de las tierras y casas que eran de su propiedad, pero no hay datos concretos sobre los bienes muebles y capitales. Tan solo se cita que deja a la iglesia de Santa María "una ropa morisca de oro y seda que yo tengo para que de ella se haga una capa procesional".[1]  

Paraje de Navarredonda

 

        De la hacienda dineraria del escritor no nos especifica  cantidades aunque refiere que con su capital rápidamente se compren más terrenos para seguir engordando el mayorazgo, y es que a inicios del siglo XVI el prestigio de un caballero se demostraba con la posesión de tierras por lo que el dinero tendía a invertirse en fincas. Sin duda la más vinculada a la historia de don Francés de Zúñiga (aunque quizá no la más grande) ha sido la llamada “heredad de Navarredonda”, una pequeña villa situada a cuatro kilómetros de las murallas de Béjar, junto al río Cuerpo de Hombre y por debajo del Tranco del Diablo. Leyendo textualmente era "una huerta e casa e linares e dos molinos e una viña e tierras de pan llevar que linda por una parte con el río Cuerpo de Hombre e con el camino real de la plata e por otra parte con el camino viejo de los romanos que va a la Calzada e con prado de la fuente del Aliso e con viñas de Juan Muñoz zapatero e con la cerrada de las matas e con camino que va de los molinos a Béjar".[2]  

12/19/2025

Las siete casas de don Francés de Zúñiga (1ª Parte)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Publicado: Béjar en Madrid.  

 

         La figura del escritor don Francés de Zúñiga ha despertando un renovado interés en los últimos años debido en gran medida a la profundización que de su faceta literaria continúa realizando nuestro paisano y amigo José Antonio Sánchez Paso, a quien muchos debemos el conocimiento de la existencia de este personaje. Sus indagaciones sirvieron en su momento para localizar en Béjar, casi con total seguridad, el lugar de nacimiento del escritor burlesco, y para reconocer la importancia de su obra literaria. De su ajetreada vida nos han llegado retazos inconexos, a menudo velados o tergiversados por el humor y la leyenda tras los que el propio don Francés quiso esconderse. 

 

Calle Veintinueve de Agosto. Béjar. 

 

        El conocimiento del patrimonio en bienes inmuebles que a lo largo de su vida acaparó el escritor bejarano puede servir para aportar nuevos aspectos y definir las dimensiones del personaje. La detallada descripción que de parte de ese patrimonio realiza en febrero de 1532 (diez años después de que le fuera concedido el privilegio de convertirlo en mayorazgo) con ocasión de peligrar su vida tras haber sido acuchillado, nos servirá de base para localizar los bienes de don Francés en Béjar y en concreto las siete casas con las que contaba. Dejaremos para otra ocasión el análisis de los bienes rústicos que el personaje tenía en otras zonas de la tierra de Béjar: La Calzada, Valverde, Valdelacasa, Peromingo, Fuentes de Béjar y Berrocal de Salvatierra; así como, sobre todo,  en tierras de las provincias de Ávila y Valladolid, Medina del Campo, Fontiveros, Arévalo, etc. cuya extensión, más de doscientas parcelas de terrenos cerealistas y dehesas, requerirá de un futuro estudio más dilatado.[1]

12/05/2025

Una necrológica de Mariano Miguel de Reinoso y su relación con Béjar

 Autor: Anselmo Rosales Montero

Mariano Miguel de Reynoso y Abril (Valladolid, 8 de mayo de 1799 – Valladolid, 29 de abril de 1863) fue un político del partido moderado, ministro de Fomento entre 1851 y 1852.

En el diario La España de 1863, del partido moderado, aparece una necrológica que hoy resulta excesivamente “melosa” y altisonante, en la que se repasa la extensa biografía de este “distinguido patricio, laborioso ciudadano y honrado y cumplido caballero”. Con dieciocho años desempeñó una cátedra de Matemáticas, pero 

Fotografía de Miguel Mariano de Reinoso. Sacada de aquí


“resonando en sus oidos el belicoso estruendo de las armas, y el mágico poder de los gritos de patria y libertad, decidieron á Reinoso á cambiar el severo trage del hombre de letras por el airoso uniforme militar”.

Siendo traductor de un diccionario de Física y otro de vascuence, diestrísimo tocador de guitarra y autor, según B. Saldoni, de la melodía conocida como El Himno de Espartero

“casó el señor Reinoso con la virtuosa y respetabilísima señora doña Dolores Salgado y Viana, hija única de una noble casa de Galicia, y educada "con singular esmero en el convento de las Salesas reales”.

9/05/2025

Felipe Rodríguez de Ledesma (Béjar, 1676- México, 1728), letras y mitras entre Perú y Méjico

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Publicado: Béjar en Madrid.  


       A veces la investigación en archivos históricos depara sorpresas que terminan por hacernos olvidar la materia de estudio primera alejándonos de ella. Esto me sucedió hace unos meses al encontrar de modo casual una referencia a un bejarano desconocido, al menos para mí, pero cuyos apellidos no me resultaron en absoluto inéditos.  Una vez estirado el hilo de sus, en principio, escasos datos biográficos, comprobé que no se trataba de un individuo sin mayor trascendencia sino, quizá, uno de los bejaranos más ilustres entre los siglos XVII y XVIII en que vivió. La llamada de atención se desveló al recitar la ristra de apellidos con que se presentaba: Felipe Rodríguez de Ledesma Núñez de Prado y Zúñiga, a partir de los cuales, deduje, no sería ajeno familiarmente a la familia Núñez de Prado, bejarana, y vinculada durante varios siglos a la llamada casa Clavijo, desde donde ahora, precisamente, redacto estas líneas. Como sabemos, aquella prolífica estirpe de hidalgos estuvo formada por individuos destacables dentro del organigrama del poder local: tesoreros de la casa ducal, regidores del estado noble, abogados del Santo Oficio, alféreces mayores, etc.

Ciudad de México en el siglo XVII 

       Ahora, como veremos, le tocaba el turno a la religión. Pero vayamos por partes: los datos sobre este tal Felipe Rodríguez de Ledesma aparecieron en un memorial genealógico sobre su persona que él mismo mandó redactar y que fue reproducido por la imprenta “Viuda de Ortega”, de Puebla de los Ángeles[1], en Méjico, en 1714. En él, y tras el inevitable despliegue heráldico, su protagonista nos desvela, primero, que es nacido en Béjar, territorio de Salamanca y obispado de Plasencia, que es canónigo y licenciado, y después los motivos por los que ha investigado su ascendencia y ha hecho redactar ese memorial, y que no eran otros que agradecer al rey Carlos II los nombramientos que en su persona habían tenido lugar: primero como tesorero de la catedral de Arequipa, en Perú, y después como canónigo de la Puebla de los Ángeles, en Méjico. Esto es, que le venía a decir algo así como: “Majestad, no se ha equivocado usted al elegirme a mí, pues mire quiénes son mis antepasados…”.

8/01/2025

El Concilio de Trento, el emperador Carlos V y el linaje de los duques de Béjar

 Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

        Celebrado entre 1545 y 1563, el Concilio de Trento fue una serie de reuniones de la alta jerarquía eclesiástica católica que, en respuesta a la reforma protestante, definió la posición teológica y administrativa de la Iglesia proyectándola por espacio de cuatro siglos hasta el Concilio Vaticano II.

 

Sesión del Concilio de Trento por Tiziano. Es.wikipedia.org

 

        Su principal impulsor fue el emperador Carlos V por la necesidad estratégica de mantener la unidad religiosa y política del imperio amenazado por los turcos, y en su realización tuvieron parte importante clérigos, diplomáticos y funcionarios españoles.

         Sobrino de Álvaro de Zúñiga, I duque de Béjar, Luis de Ávila y Zúñiga, marqués de Mirabel, acompañó al emperador en sus campañas, y en su Comentario de la guerra de Alemania justifica así el inicio de las hostilidades contra los protestantes: Estaban ya las cosas en Alemania en tales términos, que había venido a ser tan grande el poder de los que protestaban la nueva religión, que se veía claramente cuan necesario era que Dios pusiese su remedio en ellas… Y si por fuerza se quisiera llevar era cosa dificilísima, porque la confederación y liga que entre sí tenían era tan grande, que ninguna parte había en Alemania donde los luteranos no fuesen los más poderosos…  

7/25/2025

Semblanza política de Nicolás Rodríguez Vidal (3ª Parte y final)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Publicado: Béjar en Madrid 

       A mediados del siglo XIX la clase fabricante bejarana parecía decantada políticamente por el liberalismo pero indefinida en cuanto a las distintas tendencias que esta corriente planteaba. La apertura comercial y empresarial que el liberalismo propiciaba resultaba idónea para las aspiraciones de expansión de los industriales textiles. Años antes, alguno de los bejaranos ligados a la actividad fabril había sufrido la cruenta represión que contra los liberales más significados organizaron los gobiernos de Fernando VII tras el regreso al absolutismo. Entre ellos no faltaron personas vinculadas familiarmente a Nicolás Rodríguez Vidal como es el caso de Joaquín Martín Caballero, Diego López y Juan Sánchez de Adrián, tenidos algunos de ellos como «constitucionales», «exaltados» o «esparcidores de malas ideas»[1]

     Pero ya a partir de 1833 con la regencia de María Cristina y el reinado de Isabel II el liberalismo termina por institucionalizarse lo que supone un espaldarazo para las aspiraciones de los industriales. Nuestro protagonista parece situarse al comienzo de esta etapa como liberal moderado, es decir dentro de las tendencias dominantes, al igual que hizo la mayor parte de la burguesía nacional. Tal filiación se entiende, en primer lugar, porque el régimen liberal le había permitido acceder, entre otras, a la propiedad de  bienes que habían sido de la Iglesia, lo que de otro modo hubiera resultado imposible[2]. A nivel político ese posicionamiento intentaba compatibilizar las rémoras del antiguo régimen, adaptándolas al momento que ya se vivía, con el impulso parlamentario. El objetivo era doble: lograr colocar bajo llave a la propiedad privada, todo un símbolo del empuje burgués, y evitar levantamientos de carácter radical o netamente revolucionarios. 

 Isabel II

         Nicolás Rodríguez Vidal fue evolucionando hacia posicionamientos del liberalismo progresista. Ello parece deducirse ya en 1854 cuando ayudó a sufragar los gastos del monumento que Madrid dedicó en marzo de ese mismo año a los políticos Argüelles, Calatrava y Mendizábal, referencias nacionales del progresismo y aun de las relaciones con la masonería[3]

7/18/2025

Semblanza política de Nicolás Rodríguez Vidal (2ª Parte)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Publicado: Béjar en Madrid 

        Los antecedentes en la industria textil de Nicolás Rodríguez Vidal procedían tanto de su familia paterna como materna. Sirva como ejemplo que una de sus abuelas, María Antonia de Lucio Sánchez-Masedo descendía directamente de uno de los grandes fabricantes del siglo XVIII, Gerónimo de Lucio, y este a su vez tenía como tío-abuelo al célebre Gerónimo González de Lucio, párroco del Salvador y Comisario del Santo Oficio en el siglo XVII.[1] Tampoco podemos olvidarnos entre los familiares más cercanos de don Nicolás a su tía Antonia Rodríguez de Lucio, hermana de su padre, acaudalada anciana que alcanzó los 101 años de edad, algo casi inédito en aquella época (nació en 1773 y murió en 1884). Gracias a la foto que de ella conservan los hermanos Huebra en su archivo de Salamanca, el rostro de la venerable viuda nos sigue mirando desde el pasado.[2]

 

 Foto de la fábrica de García y Cascón, en el predio de La Illana o La Noriega, en el siglo XIX propiedad de Nicolás Rodríguez Vidal. 

 

         Política e industria caminaron a la par en las dedicaciones de nuestro protagonista, al menos al principio en lo que se refiere a la política municipal, lanzadera para más altas ambiciones. Solo a partir de 1856, cuando contaban ya con 47 años, es cuando Nicolás Rodríguez emprende su carrera como empresario y fabricante. Lo haría junto con su hermano Bonifacio (eran, ni más ni menos, que catorce hermanos) con el que en octubre del año indicado lograba la autorización para construir una fábrica de paños en la orilla izquierda del río Cuerpo de Hombre, aguas abajo del puente de San Albín, figurando ya como fabricante al siguiente año. Ambos fundaron la razón social denominada “Nicolás Rodríguez y hermanos” que después pasaría a tener otros nombres. 

7/11/2025

Semblanza política de Nicolás Rodríguez Vidal (1ª Parte)

 Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Publicado: Béjar en Madrid,  

        El complejo entramado político e ideológico que se despliega a lo largo del siglo XIX en España, fundamentalmente a partir de las Cortes de Cádiz, tiene en algunos de los políticos bejaranos del momento ejemplos muy representativos. La figura de Nicolás Rodríguez Vidal a la que dedicaremos este artículo, como patriarca de uno de los linajes familiares más importes de la época, nos parece singular para entender la evolución social del Béjar de aquel siglo enlazándola con la del resto de la nación. Su carrera como jurista primero y su acceso a la representación política nacional después, al tiempo que se desarrolla como fabricante en su ciudad natal, nos servirá para intentar definir la ideología en la que se movieron los hombres destacados del selecto grupo industrial de Béjar en aquellos años, algo que terminaría por influir en los vaivenes de la actividad textil y por extensión a todos los sectores que en nuestra ciudad estaban implicados en ella.    


 Foto de Nicolás Rodríguez Vidal. Web del Senado. 

        Nicolás Rodríguez Vidal nació en Béjar en 1809, era hijo de Alfonso Antonio Rodríguez,[1] regidor del Ayuntamiento de Béjar en los tiempos de la Guerra de Independencia, y de Josefa Vidal. Por parte paterna sus bisabuelos eran oriundos de Casatejada, pequeña población cacereña cercana a Navalmoral de la Mata, y por parte materna estaba enraizado en los más rancios abolengos de Béjar remontables hasta el siglo XVI

6/29/2025

El héroe de Buda

Autor: Francisco Javier Suárez de Vega. 

Publicado: ABC Artes Letras Castilla y León. Sección Hijos del olvido LIX (30/04/2025)

          El de hoy es un hijo grande como pocos. Don Manuel de Zúñiga y Guzmán, X duque de Béjar, con grandeza de España de primera clase, caballero de la orden del Toisón de Oro y descendiente de reyes. Aunque su fama alcanzó hasta el último rincón de la Cristiandad, el paso del tiempo evaporó su recuerdo. El casual redescubrimiento de su tumba a finales del siglo XIX, algunos trabajos biográficos y, en especial, la publicación por el Centro de Estudios Bejaranos de la magnífica investigación de Emiliano Zarza Sánchez, han contribuido a rescatar una figura histórica apasionante.

 

Imagen extraída de este artículo 


Cuando tenía cuatro años murió su padre y heredó un ducado casi en la bancarrota.  Pronto destacaría por su carácter caritativo y una indudable inclinación por la carrera de las armas. Su ‘cursus honorum’ comenzará bien alto al ser nombrado en 1681 mariscal de campo. Al frente de un tercio de veteranos en Flandes, demostraría su valor en la defensa de Oudenaarde, asediada por el ejército francés. Con un arrojo temerario, en medio del fuego contrario, se abalanzó hacia unas barricas a punto de explotar y quitó con sus propias manos los rescoldos que las cubrían. El enemigo fracasó en su objetivo de volar el polvorín, al día siguiente levantó el cerco y fue perseguido por el duque. Así comenzaba a forjarse su leyenda. 

5/09/2025

El obispo bejarano Miguel Sánchez Cerrudo, «prelado de gran sabiduría y acrisoladas virtudes» (Béjar, 1757- Santa Marta, Colombia, 1810)

Autora: Carmen Cascón Matas

Publicado: Béjar en Madrid, n.º 4.965 (2/05/2025), p. 6.

Si son dos los beatos oriundos de Béjar declarados como tales por la Iglesia Católica (los sacerdotes Nicolás de la Torre Merino y Balbino Pérez Díaz) y una única persona Venerable (esto es, Aurora Calvo Hernández-Agero), exiguo es el número de obispos nacidos en nuestra ciudad, reducidos a uno: el mítico don Domingo I, que lo fue de Plasencia allá por el siglo XIII. No añadimos a esta nómina a Toribio López, obispo de Miranda do Douro, por ser natural de Candelario (Candelario, 1480?-Miranda do Douro, 1553)[1] o a Gonzalo de Zúñiga, obispo de Plasencia y de Jaén, hijo de Diego López de Zúñiga, señor de Béjar, que fue natural, aunque no se sabe con exactitud, de Valladolid o de Palencia. Si le citamos es porque recaló muchas veces en nuestra villa, oficiando misa en la iglesia de Santa María con la armadura puesta y viviendo en un palacio que se hizo construir frente a ella, en el mismo solar que ahora ocupa la Real Fábrica de Diego López*.

 Catedral de Santa Marta (Colombia)

            En esta entrada queremos desvelar la identidad de un segundo obispo bejarano: Miguel Sánchez-Cerrudo Castellano (Béjar, 1757- Santa Marta, Colombia, 1810), hasta ahora no descubierto por la historiografía local de nuestra ciudad y más reconocido allende los mares. Hace años que le persigo la pista y que incluso otro investigador local, Ignacio Coll Tellechea, me incitó a escribir sobre él, pero son tantos los temas que a veces se acumulan.

1/24/2025

Semblanza del alcalde bejarano que derribó la Puerta de la Villa: Vicente Ferrer Vidal Alonso (Béjar, 1817-1889)

Autora: Carmen Cascón Matas

Publicado: Béjar en Madrid, n. º 4.971 (1/08/2025), p. 4.  

            A raíz de una investigación sobre el derribo de la Puerta de Ávila[1], me fueron surgiendo al paso datos sobre el alcalde que regentaba los destinos de Béjar en 1876. En ese momento, la industria textil funcionaba a pleno rendimiento y la ciudad estaba sufriendo una transformación urbanística sin precedentes. El desarrollo imponía cambios en una población de calles estrechas, escasa vivienda para tanta mano de obra y deficientes medidas higiénicas y sanitarias. La tarea para el consistorio era ingente y los dineros, como siempre, escasos. La sensibilidad para la conservación del patrimonio era nula porque se imponía el progreso y la modernidad sobre cualquier criterio de valoración histórica o artística. Por entonces se derribaban murallas, conventos y palacios por doquier, ya bien fuera en Barcelona, Madrid, Salamanca o Béjar. Así ocurrió con la Puerta de Ávila o de la Villa. Los vecinos del barrio de La Corredera, esgrimiendo la peligrosidad por la estrechez de las calles en ese punto, solicitaron al consistorio un derribo que fue aprobado en el pleno de 4 de agosto de 1876[2]. Las protestas del gobierno provincial de Salamanca no impidieron su desaparición[3]

 Línea de casas frente a la iglesia de San Gil, parte de ellas pertenecientes al suegro de Vicente Ferrer, Juan Hernández Bueno


Años después M.ª Carmen Martín y Juan Carlos Aguilar investigaron sobre aquel suceso, desvelando el nombre del alcalde demoledor: Vicente Ferrer Vidal[4]. Algunos datos que he ido encontrando sobre su figura nos acercan al personaje. 

3/22/2024

Resumen biográfico del bejarano Francisco Hernández de Herrera, de soldado a encomendero en tierras chilenas (2ª Parte y final)

 Autora: Carmen Cascón Matas

Publicado: Béjar en Madrid, 2021.


            El bejarano Francisco Hernández de Herrera no alcanzó tierras chilenas hasta un tiempo después de escrita La Araucana -por lo que no aparece en los versos de Alonso de Ercilla y Zúñiga-, en la segunda fase de la guerra mapuche y se significó en la tercera de las fases de esta guerra interminable. Una de las hazañas de la que fue protagonista se recoge en Crónica del Reino de Chile de Pedro Mariño de Lobera. En su capítulo XXXIII[1] narra: 

Batalla entre mapuches y españoles en una ilustración de Gerónimo de Bibar en su Crónica y relación copiosa y verdadera de los reynos de Chile. Wikipedia

 

«De mediado el invierno salió el capitán Francisco Hernández de Herrera con algunos soldados a la escolta de hierba y leña, y topó en el camino una gran cuadrilla de indios que estaban emboscados aguardándole, y en viendo coyuntura salió un escuadrón de indios de a pie y otro de a caballo; que ya en estos tiempos hay muchos indios de guerra que manejan tan bien un caballo, y saben entrar y salir con él en cualquier oportunidad, como un caballero jerezano. Trabóse aquí una bravosa escaramuza que duró hasta que la noche sola fué parte para dispersarlos, habiéndose visto los españoles casi perdidos, de suerte que el capitán, como hombre que tenía la vida en los cuernos del toro, se arrojaba entre los indios a matar o morir peleando como un Hector y derribando hombres como un Aquiles. Cayeron en este conflicto cuatro españoles cuyas cabezas fueron cortadas por manos de los contrarios antes casi de caer en tierra. Llegó la voz de esta refriega a oídos de Juan de la Cueva que estaba cerca de aquel sitio, y como se hallase a pie y le pareciese que aguardar perentorias de aderezar el caballo sería el socorro que llaman de Escalona, o el que en nuestros tiempos van ya llamando algunos satíricos el socorro de España, cogió un caballo que halló a mano, y subió en él en cerro, y sin echarle freno sino con sola la jáquima, se fué a dar alcance a los indios, de los cuales alanceó muchos haciendo tantas bravezas que ya fuera bajarlo de quilates el traer a consecuencia los referidos arriba llamados Tideo y Aristómenes. Con esto se recogieron al fuerte de donde salió muchas veces don Alonso de Sotomayor en persona a correr la tierra, y otras sus capitanes haciendo graves castigos en los indios».

3/08/2024

Zúñiga – Pimentel. La desaparición de un panteón (2ª Parte y final)

 Autor: Jerónimo Gómez-Rodulfo Barbero

Publicado en su blog Los Abdones

Todo son especulaciones sobre el sepulcro de los primeros duques de Béjar y nadie ofrece pruebas documentadas de que lo que afirman sea cierto. Como ocurre en muchas poblaciones, hay cronistas que, con su mejor voluntad y cuando no encuentran explicación a sus investigaciones, escriben su crónica diciendo «es posible», «se supone» o «pudiera ser» y lanzan su hipótesis que luego perdura por los tiempos, porque algunos cronistas que vienen detrás lo dan por cierto y no andan molestándose en confirmarlo.

Pero hay dos publicaciones muy claras de dos personas, testigos directos de lo sucedido en este caso.

La primera es de fray Alonso Fernández que en su Historia y anales de la ciudad y obispado de Plasencia dice que cien años después de la muerte de los duques, con motivo de una remodelación, levantaron los sepulcros y solo encontraron el de su hijo don Juan de Zúñiga y que él fue testigo de ello. La siguiente es la crónica sobre el administrador de los duques y posteriormente albacea de sus testamentos, el deán don Diego de Jerez, que estuvo con ellos en vida y administró sus bienes después de su muerte. Esta crónica está magníficamente escrita por el investigador Domingo Sánchez Loro.

 Interior del Parador de Plasencia, en el convento de San Vicente Ferrer

Estos dos testigos directos aseguran que duque y duquesa fueron enterrados en la capilla mayor de la Catedral de Plasencia (la antigua). Como los Reyes Católicos en 1488 despojaron a don Álvaro II de Zúñiga, nieto y heredero del fallecido duque de Plasencia, de la ciudad y su tierra, y la incorporan a la corona real, terminan con la presencia en Plasencia de los Zúñiga que la habían gobernado durante los últimos 46 años y con su influencia. La situación se agrava además por las pendencias entre los pretendientes al Ducado que se desentienden de los enterramientos, del traslado de los restos a San Vicente Ferrer y, sobre todo, de las costas de estas tareas y los responsos necesarios para ellas. (Domingo Sánchez Loro. El parecer de un Deán).

2/23/2024

Blázquez de Pedro: el anarquista insaciable

 Autor: Ignacio Coll Tellechea

 Texto publicado originalmente el 2 de diciembre de 2017 en el desaparecido El Día de Salamanca.

 

Hay vidas que desbordan a quien las sostienen. Se escapan en cada uno de los movimientos de sus protagonistas. En lo que escriben. En cada palabra que dicen y aún en las que piensan. Hay compromisos que son condenas. Y hay personas que hacen historia aún a costa de que la suya propia se pierda en el anonimato. José María Blázquez de Pedro es una de esas personas, lo que ocurre es que hasta ahora no lo sabíamos. O lo sabíamos poco.

 

 

Perdido durante décadas en las principales fuentes documentales del anarquismo, donde se recogía su obra pero se erraba en su origen, el bejarano ha sido rescatado recientemente por dos historiadores que hasta ahora nada tenían que ver con la ciudad: Ignacio Soriano y Miguel Íñiguez, autores de la completísima biografía que se ha publicado con el título José María Blázquez de Pedro. Anarquista de Ambos Mundos (Béjar, Panamá y Cuba), editada por la Asociación Isaac Puente.

2/02/2024

Los padres del primer director de la Real Academia de la Lengua se casaron en Béjar por palabras de presente (1644)

Autor: Carmen Cascón Matas

Publicado: Béjar en Madrid, 4.913 (3/03/2023), p. 4.

            Juan Manuel Fernández de Pacheco y Zúñiga[1]. Así se llamaba el primo por sangre del X duque de Béjar, el Buen Duque Manuel de Zúñiga. No había nacido en Béjar, sin embargo, sino en la localidad navarra de Marcilla en 1650, hijo de Diego López Pacheco, virrey de Nueva España y electo de Navarra, y de Juana María de Zúñiga, hija del VII duque de Béjar, Francisco IV, y hermana de los duques de Béjar Alonso II y Juan Manuel I. Era nieto y sobrino de tres duques de Béjar y primo hermano de un cuarto. Cuando solo tenía dos años falleció su madre y un año después su padre, heredando así los títulos de marqués de Villena y duque de Escalona. Fue su tutor su tío y obispo de Cuenca Juan Francisco Pacheco, quien le inculcó el amor por las letras y los libros. Con 24 años casó con Josefa de Benavides Silva y Manrique y tuvieron tres hijos.

 

 Diego López Pacheco, VII marqués de Villena, casado en Béjar por 

palabras de presente  con Juana María de Zúñiga


            Su relación con sus primos los Béjar debía de ser estrecha, pues como ellos se significó como venturero en la toma de Buda (Hungría) en 1686[2]. La autorización del rey para partir como jóvenes defensores de la fe se obtuvo gracias a Pacheco, sin el cual probablemente no hubieran podido marchar hacia tierras húngaras[3]. El marqués luchó en los mismos lugares que el Buen Duque, compartieron quizá la misma tienda y estuvo presente en aquel asalto al muro defensivo en el que Zúñiga recibió el mosquetazo mortal[4]. De hecho, Pacheco ordenó que retiraran el cuerpo de su primo, herido de muerte, en el mismo escenario bélico y que fuera atendido en el campamento. Sin esta decisión el duque de Béjar hubiera fallecido entre decenas de muertos y malheridos, y quién sabe si su cadáver hubiera sido hallado después de la batalla. Asimismo estuvo presente en su lecho de muerte[5]. Por su valor, Carlos II compensó a Pacheco con la investidura como caballero del Toisón de Oro y el nombramiento de general de Caballería de Cataluña, al que le seguirían los virreinatos de Navarra, Aragón y Cataluña.

1/05/2024

Valeriano Salas, el padre bejarano del National Geographic español

 

Autor: Francisco Javier Suárez de Vega

Publicado: AbC Artes y Letras Castilla y León, 25 de noviembre de 2023 (Columna Hijos del olvido)

 

      A comienzos de verano, junto a un simpático joven que decía apellidarse Conde Parrado, viajamos a Béjar con toda nuestra prole de hijos del olvido. Allí, bajo el padrinazgo del Centro de Estudios Bejaranos y la hospitalidad, entre otros, de Josefa Montero, Carmen Cascón y de Tomás Olleros —descendiente de uno de los pioneros de esta sección, el conquistador de las Tawi-Tawi— pudimos presentar el libro con el que quisimos dar un cálido hogar a esta insigne cohorte de personajes. El incomparable marco fue el Convento de San Francisco, sentados ante la misma mesa desde la que —según se cuenta— el rector Unamuno inauguraba los cursos de la Escuela de Ingeniería.

 

Y como los hijos del olvido acechan por doquier, allí mismo nos topamos con uno tan cautivador como poco conocido. No en el caso de Béjar, donde se le honra con uno de los museos más curiosos de España que, por sí sólo, bien merecería una escapada a la hermosa villa ducal, repleta de otros muchos encantos. Se trata del Museo Valeriano Salas, que acoge buena parte del legado del que podría calificarse como uno de los últimos viajeros y aventureros españoles del siglo XX.