Autor: José Muñoz Domínguez
Con este artículo pretendo actualizar datos e
interpretaciones sobre autoría ofrecidos en estudios anteriores en torno al
tema del abastecimiento de agua en nuestra ciudad, publicados hace años primero
por mí y después en colaboración con Juan Félix Sánchez Sancho. También
quisiera facilitar el acceso a esos trabajos mediante enlace y en formato PDF
descargable, dado el interés que me han transmitido varias personas,
recientemente, al preguntar por la existencia de un acueducto en Béjar, una
obra desaparecida en la segunda mitad del siglo XIX de la que todavía se conservan restos reconocibles.
Las explicaciones detalladas sobre esta cañería pública se pueden
leer en tres artículos de 1996, 2001 y 2015. El primero, de carácter más general, apareció
en la revista Estudios Bejaranos que edita el CEB; el segundo en el
semanario local Béjar información en dos entregas del mes de junio; y el
tercero y más completo fue presentado como ponencia al IX Congreso Internacional Hispanoamericano
de Historia de la Construcción, celebrado precisamente en Segovia, la ciudad del Acueducto por
antonomasia, donde Juan Félix y
yo tuvimos el honor de aportar el estudio sobre una obra hidráulica desconocida
para los especialistas: el histórico acueducto o sistema de abastecimiento de
agua de Béjar (1).
Fig.
1. El acueducto de Béjar en su tramo de la Corredera tal como lo representó
Ventura Lirios en la segunda década del siglo XVIII (fragmento de la Vista
de Béjar, 1726-1727, colección duques de Béjar).
Fig.
2. Recreación en alzado parcial del tramo aéreo sobre arcos del acueducto de
Béjar (José Muñoz
Domínguez, 2001).
Conviene aclarar que un acueducto (del latín aquaeductus) no es
más que una conducción de agua –en este caso potable y para consumo humano,
pero no para riego– que generalmente se resuelve mediante caños de cerámica,
piedra o metal, sin que el término implique la presencia de arcos de fábrica (arcuatio
o arquería) que sustenten dicha conducción, aunque en el caso de Béjar los
tuviera. De hecho, la mayor parte del trazado del más conocido de los
acueductos hispanos, el ya citado de Segovia, discurre bajo tierra a lo largo
de más de 15 kilómetros desde su zona de captación y derivación en el arroyo
de la Acebeda, y sólo se muestra en su espectacular
tramo aéreo sobre 167 arcos de sólido granito
y más de 28 metros de altura máxima en sus últimos 959 metros, antes de traspasar la muralla medieval de la ciudad, a
corta distancia del castellum aquae (arca o depósito de distribución)
que estuvo situado en la parte más elevada intramuros, para volver a soterrarse
en su tramo urbano entre dicho castellum y el viejo Alcázar, en su origen un fortín de época romana.