Amigos de Béjar y sus historias

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2/27/2026

Mayorazgos y capellanías de los Muñoz de Aguilar en Béjar (3ª Parte)

        Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

        A punto de finalizar el siglo XVI, el día dos de octubre de 1598, Francisco Muñoz de Aguilar redactaba en su casa de Béjar el testamento bajo cuya ordenación moriría. Indicaba en primer lugar el deseo de «que mi cuerpo sea sepultado en la iglesia del monasterio de San Francisco en la capilla que fundó y dotó Juan Muñoz alférez, mi bisabuelo, que Dios tiene, junto a la sepultura donde está Juan Muñoz de Aguilar, mi padre»[1] y declaraba como heredera universal de todos sus bienes, vínculos y mayorazgos, a su hija Catalina Muñoz de Aguilar, tenida con su esposa María Maldonado. 

 Calleja del Balconcillo de la Médica

        En Catalina —obligada a casarse con su primo Pedro de Cepeda como indicamos en el artículo anterior— convergería un patrimonio derivado de distintas herencias, tanto de ascendientes como de descendientes, y entre el que destacaba el mencionado pozo de nieve de Piornal y las casas en Béjar. En su matrimonio concebiría tres hijos, Juan, Francisco y Catalina, que irían alternándose en la sucesión de los mayorazgos hasta que la línea se quedó sin descendencia. Esa línea de primogenitura se había mantenido en la titularidad del vínculo desde su fundación, pero a partir de esa fecha tendría que retroceder a la de Diego de Aguilar, otro de los nietos de Juan Muñoz alférez (ver árbol genealógico). El nombre de Diego se repetiría en tres generaciones seguidas de esta rama cuyos protagonistas habían seguido acaparando patrimonio propio y fundado nuevos mayorazgos. El segundo de ellos, conocido como el licenciado Diego Muñoz de Aguilar, en aras de la no dispersión de sus bienes, conminaría a tres de sus hijos —Juan, Martín y Francisco— a renunciar a toda su herencia en beneficio del hijo mayor, llamado, cómo no, Diego. Los tres hermanos obedecieron. En la escritura redactada en 1622 se explicita el espíritu que regía la fundación de estos mayorazgos:

2/20/2026

Mayorazgos y capellanías de los Muñoz de Aguilar en Béjar (2ª parte)

 Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Juan Muñoz alférez[1], el fundador

        En una fecha tan temprana como el 12 de octubre de 1519[2] el alférez mayor de Béjar Juan Muñoz redactó su testamento, falleciendo presumiblemente poco tiempo después. Su condición de noble quedó puesta de manifiesto al declarar el deseo de ser enterrado en la capilla que él mismo edificó junto al altar de la iglesia del convento de San Francisco, espacio reservado a familias muy selectas de la villa. Este era el lugar de enterramiento más habitual de los miembros del linaje antes de la construcción de la nueva capilla en la actual sacristía de San Juan un siglo después. Por suerte la lápida de Muñoz alférez se ha conservado y hoy podemos verla muy cerca de su emplazamiento original, en el claustro del ahora exconvento. Aunque durante años estuvo colocada como enlosado de una calle bejarana perdiéndose con ello parte del relieve grabado, logramos aún vislumbrar en ella la forma de su escudo, especialmente en los cuarteles superiores donde aparecen la cruz propia del apellido Muñoz y el águila de Aguilar. Esto vendría a demostrar que aunque no consta que lo usara ese era su segundo apellido. Rodeando el escudo se percibe un texto con caligrafía gótica de privilegios donde a duras penas puede leerse el nombre de su protagonista.

 Lápida sepulcral de Juan Muñoz alférez

 

        En el testamento Juan Muñoz alférez estableció su vínculo y mayorazgo siguiendo la tradicional fórmula de sucesión en esta institución castellana, es decir priorizando a varones y a primogénitos:

 

es mi voluntad que a Francisco Muñoz, mi hijo, se le mejore, y por la parte que sea mejorado, en el tercio y quinto de todos mis bienes muebles, raíces y semovientes, derechos y haciendas, señaladamente en la heredad de Santibáñez y en la mi casa, que es mía […] como vínculo. Y después del dicho Francisco Muñoz, mi hijo, [suceda] el hijo mayor de él de legítimo matrimonio. Y si muriere sin dejar hijos varones la mejora vaya a favor de su hija legítima, y faltando la línea de la hija mayor vaya a la segunda…[3].

 

        Vamos a trazar una hipótesis de localización de esta primera casa mencionada, sobre la que según el testamento se funda el mayorazgo. Con importantes transformaciones y a pesar del tiempo transcurrido el inmueble se ha podido conservar hasta hoy. En su libro Los judíos de Plasencia y de Béjar y la casa de los Zúñiga Marciano Martín Manuel presenta una colección diplomática en cuyo documento 33, fechado en 1496, se puede leer la concesión en merced a Juan Muñoz alférez y sus hijos de una casa «que fue de Rabí Samuel»[4] y que en su momento localizamos en la todavía hoy conocida como casa de Pizarro[5] en la plaza de la Piedad de Béjar. Al demostrarse que aquella donación ducal había sido fraudulenta el inmueble debió de devolverse y cambiar de manos pese a las reclamaciones de dos bisnietos del alférez, Diego y Antonio[6]. Lo cierto es que años después volvería a entrar en el mayorazgo de los Aguilar debido a que uno de sus receptores tras el fraude pudo ser Fernando de San Juan Maldonado, ascendiente de María Maldonado. Ésta terminaría casándose con otro bisnieto del fundador llevando consigo como dote la susodicha casa. Catalina de Cepeda, hija de ese matrimonio acabaría desvinculándola al venderla a Juan de Capilla en 1649. Para esta enajenación  Catalina tuvo que formular petición al rey Felipe IV tal y como era preceptivo en los casos de venta de bienes vinculados[7]. Las ganancias de ello las invertiría en la mejora de otras casas de su mayorazgo, en otro tramo de la calle Mayor bejarana, de las que hablaremos en su momento.

2/13/2026

Mayorazgos y capellanías de los Muñoz de Aguilar en Béjar (1ª Parte)

 Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

        Cuando en 1726 falleció María Leocadia de Moreta, todos sus deudos y allegados sabían que en ella habían convergido un número indeterminado de mayorazgos: el que fundó en el siglo XVI el alférez mayor de Béjar Juan Muñoz y los que sus descendientes fueron sumando a lo largo de los años y de las generaciones. A saber, los instituidos por el canónigo de Coria Juan Muñoz de Cepeda, por Francisco de Moreta Salazar, por el canónigo de la catedral de León Juan Muñoz, por Teresa de León, por el vicario y comisario del Santo Oficio de Béjar Antonio Muñoz de Sotomayor, por su hermana Esperanza Aguilar, por Diego Muñoz de Aguilar, por la tía de estos Catalina Muñoz de Villaseca, por su hijo Pedro de Moreta, por las hermanas Catalina e Inés Muñoz de Tórtoles, por las hermanas Catalina y María del Vado, por los hermanos Pedro y Alonso del Vado, por Diego de Moreta y, en fin, por otros tantos que sería prolijo enumerar enteramente. Era de dominio público asimismo que María Leocadia, tras su óbito, no dejaba más descendencia que un único hijo Enrique Pamo de Contreras, y que este estaba «enfermo insanable de locura»[1]

 Escudo de los Muñoz de Aguilar Sotomayor de la iglesia de San Juan de Béjar

Foto sacada de aquí 

        Dado que en las escrituras de fundación de todos aquellos mayorazgos se señalaba para la sucesión la «expresa exclusión de dementes y locos», una prima segunda del citado Enrique, llamada Ignacia Teresa de Salvatierra y Moreta, consorte del vizconde de Huerta, hizo valer sus opciones y derechos para acaparar todos aquellos viejos privilegios[2]. Remover antiguos legajos para inquietar la tradicional bonhomía y abulia de las familias hidalgas, enfrentando intereses entre familiares cercanos, no podía tener más objetivo que hacerse con el suculento botín de rentas que solían llevar aparejados los mayorazgos. Para ello se esgrimirían tales exigencias y censuras en la sucesión de vínculos. Pongamos por ejemplo esta cláusula extractada de la fundación del mayorazgo de Diego Muñoz de Aguilar, bisnieto del primer fundador, redactada en Béjar en 1622:

1/09/2026

Las siete casas de don Francés de Zúñiga (3ª Parte y final)

 Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

       La relación de los bienes de mayorazgo que don Francés dejó al tiempo de su muerte y que fueron incluidos en la descripción que de ellos hace su hijo Álvaro es muy precisa en el detalle de las tierras y casas que eran de su propiedad, pero no hay datos concretos sobre los bienes muebles y capitales. Tan solo se cita que deja a la iglesia de Santa María "una ropa morisca de oro y seda que yo tengo para que de ella se haga una capa procesional".[1]  

Paraje de Navarredonda

 

        De la hacienda dineraria del escritor no nos especifica  cantidades aunque refiere que con su capital rápidamente se compren más terrenos para seguir engordando el mayorazgo, y es que a inicios del siglo XVI el prestigio de un caballero se demostraba con la posesión de tierras por lo que el dinero tendía a invertirse en fincas. Sin duda la más vinculada a la historia de don Francés de Zúñiga (aunque quizá no la más grande) ha sido la llamada “heredad de Navarredonda”, una pequeña villa situada a cuatro kilómetros de las murallas de Béjar, junto al río Cuerpo de Hombre y por debajo del Tranco del Diablo. Leyendo textualmente era "una huerta e casa e linares e dos molinos e una viña e tierras de pan llevar que linda por una parte con el río Cuerpo de Hombre e con el camino real de la plata e por otra parte con el camino viejo de los romanos que va a la Calzada e con prado de la fuente del Aliso e con viñas de Juan Muñoz zapatero e con la cerrada de las matas e con camino que va de los molinos a Béjar".[2]  

1/02/2026

Las siete casas de don Francés de Zúñiga (2ª Parte)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Publicado: Semanario Béjar en Madrid, 

          La vigencia de los mayorazgos en España durante la Edad Moderna supuso el enriquecimiento de los primogénitos y el desheredamiento del resto de los hijos dentro de las familias que detentaban ese privilegio, circunstancia que permaneció inalterable hasta la primera década del siglo XIX en la que paulatinamente se van aboliendo. Este hecho fue especialmente significativo en el caso del mayorazgo de don Francés, muy cotizado por lo grueso de su patrimonio, en el que los sucesores rivalizaron y pleitearon fuertemente por su titularidad mientras que los hijos más jóvenes, especialmente las mujeres, quedaban en situación crítica y necesitados del amparo de su familia. 

 Calle Mayor de  Pardiñas de Béjar

 

         Así sucede en el caso del penúltimo de los titulares, José de Zúñiga y Trejo, que acoge a su hermana Casimira, que había quedado sin recursos, en una habitación de su casa de la plaza Mayor bejarana, es decir en el edificio junto al ábside de El Salvador al que hicimos mención en nuestro anterior artículo[1]. Distinto fue el caso de alguno de los segundones como Juan Gómez de Jérez, nieto de don Francés, que logró en la segunda mitad del siglo XVI ejercer el muy cotizado puesto de escribano. De su puño y letra salieron las primeras actas del concejo de Béjar, así como las conocidas Ordenanzas de 1577.

12/19/2025

Las siete casas de don Francés de Zúñiga (1ª Parte)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Publicado: Béjar en Madrid.  

 

         La figura del escritor don Francés de Zúñiga ha despertando un renovado interés en los últimos años debido en gran medida a la profundización que de su faceta literaria continúa realizando nuestro paisano y amigo José Antonio Sánchez Paso, a quien muchos debemos el conocimiento de la existencia de este personaje. Sus indagaciones sirvieron en su momento para localizar en Béjar, casi con total seguridad, el lugar de nacimiento del escritor burlesco, y para reconocer la importancia de su obra literaria. De su ajetreada vida nos han llegado retazos inconexos, a menudo velados o tergiversados por el humor y la leyenda tras los que el propio don Francés quiso esconderse. 

 

Calle Veintinueve de Agosto. Béjar. 

 

        El conocimiento del patrimonio en bienes inmuebles que a lo largo de su vida acaparó el escritor bejarano puede servir para aportar nuevos aspectos y definir las dimensiones del personaje. La detallada descripción que de parte de ese patrimonio realiza en febrero de 1532 (diez años después de que le fuera concedido el privilegio de convertirlo en mayorazgo) con ocasión de peligrar su vida tras haber sido acuchillado, nos servirá de base para localizar los bienes de don Francés en Béjar y en concreto las siete casas con las que contaba. Dejaremos para otra ocasión el análisis de los bienes rústicos que el personaje tenía en otras zonas de la tierra de Béjar: La Calzada, Valverde, Valdelacasa, Peromingo, Fuentes de Béjar y Berrocal de Salvatierra; así como, sobre todo,  en tierras de las provincias de Ávila y Valladolid, Medina del Campo, Fontiveros, Arévalo, etc. cuya extensión, más de doscientas parcelas de terrenos cerealistas y dehesas, requerirá de un futuro estudio más dilatado.[1]

11/07/2025

Convento de la Piedad. De maitines a vísperas (4ª Parte y final)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prito

Publicado: Béjar en Madrid.  

        El proceso de desamortización de bienes eclesiales formó parte de las medidas de política liberal llevadas a cabo durante el reinado de Isabel II. Estas supusieron el cambio de manos de un sinfín de propiedades rústicas que habían engrosado durante siglos el patrimonio de la Iglesia. El estado decidió expropiar esas tierras e inmuebles, mayormente abandonados y sin uso, y sacarlos a subasta con el objeto de lograr que los nuevos dueños los labraran y revivificaran. Por distintos razonamientos en los que no nos extenderemos los historiadores han concluido en que las pretensiones buscadas por Mendizábal, promotor de la desamortización, no solo no se lograron sino que el efecto final resultó perjudicial para la economía española. Además de las tierras entraron en los lotes de subastas, innumerables conventos, abadías, monasterios, etc. cuya decadencia se venía poniendo de manifiesto desde hacía años y la desamortización terminaría por condenar a la ruina o a su definitiva desaparición.

 


Julián Yagüe. Foto sacada del blog Los Abdones. 

         Los tres conventos de Béjar fueron abandonados por los religiosos y salieron a subasta a partir del año 1836. La naturaleza de las familias que los adquirieron difiere bastante de la de los que compraron los lotes del monte Castañar años después, en la desamortización de los llamados bienes comunes. Los adquirientes de los conventos fueron individuos cuyas actividades económicas estaban vinculadas directamente con la industria textil y guardaban entre ellos algún grado de parentesco. El de San Francisco y el de la Anunciación fueron adquiridos por Anselmo Olleros Pérez y Juan Sánchez de Adrián[1], mientras que el del Piedad lo fue por parte de Julián Yagüe[2] pasando, tras su muerte, a sus hijas. En la década de los 70 del siglo XIX figuran como titulares de este convento los cuñados Cipriano Rodríguez-Arias, Nicolás Rodríguez Vidal, Jerónimo Gómez-Rodulfo y José López del Moral, casados con cuatro de las hijas de Yagüe, Manuela, María, Ángela y Rufina respectivamente[3]. En el año 1870 los cuatro fabricantes registran su propiedad para realizar una división cuatripartita por medio de un sorteo, pasando, con el tiempo, la parte de Jerónimo a su hijo Juan Gómez-Rodulfo Yagüe. Cada uno de los propietarios quería definir con exactitud lo que le correspondía con la intención última de construir viviendas[4]

10/31/2025

El convento de la Piedad. De maitines a vísperas (3ª Parte)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Publicado: Semanario Béjar en Madrid 

       La fachada principal del convento, es decir la que miraba al conjunto de la plazuela que lleva su nombre, estaba constituida por una portada clásica compuesta de arco de medio punto enmarcado por pilastras y rematada por una hornacina superior. No diferiría demasiado en aspecto de la que se conserva en la parte más occidental de la fachada del convento de San Francisco. En el muro actual del jardín, lindero con el inicio de la calle Colón, se han conservado distintas piezas decorativas reutilizadas, que bien podrían haber formado parte de esa antigua portada. Se trata de las ménsulas que sostienen el pequeño balcón asomado a esa calle, los dos pétreos fruteros que lo rematan, más una delicada talla de rostro femenino situada sobre el ángulo que traza el muro. Los recientes trabajos de poda y limpieza en el jardín sacaron a la luz esta última pieza que por su disposición podría haber sido igualmente una ménsula.   

El convento de la Piedad se alzaba en el mismo lugar de los edificios que se ven en el centro de la foto. Vista desde el paraje de la Fuente del Lobo. 

      Además de ello la fachada norte constaba de un ventanaje simétrico más un añadido de menor altura que estrechaba el tramo inicial de la calle Colón[1]. Por la parte del mediodía fue creciendo un jardín en el espacio que había sido zona de parrales y viñas (como la denominada Moscatel) que concluía en los adarves de la propia muralla. Estos se abrían a extramuros a través de la denominada puerta de la Solana, identificada hoy por algunos historiadores con el sólido arco enladrillado bajo el que discurre la calleja Ferrer.

10/24/2025

El convento de la Piedad de Béjar. De maitines a vísperas (2ª parte)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto.

Publicado: Béjar en Madrid. 

       La rocambolesca historia del cambio y contra cambio de propiedad que sufrió, en los últimos años del siglo XVI, el inmueble destinado a ser convento comenzó mucho tiempo antes, concretamente el 14 de noviembre  de 1530. En esa fecha la duquesa doña María estampó su rúbrica en el testamento otorgado a espaldas de su marido y donde, frente a los deseos de él, estipuló toda una serie de mandas en beneficio de los criados más allegados a su persona y de sus propios píos deseos. El más llamativo, y que mayor trascendencia iba a tener no solo para sus beneficiarios sino para la historia de Béjar, iba a ser la disposición de fundación del colegio de San Guillermo de los agustinos en Salamanca[1]. De haber sabido sus consecuencias a buen seguro se hubiera pensado dos veces disponerla. El caso es que la duquesa, sin herederos directos, legó íntegramente, para financiar ese colegio, todos los bienes muebles e inmuebles que tenía fuera del mayorazgo


    El problema iba a surgir a la hora de dilucidar entre tamaña cantidad de propiedades cuáles estaban o no dentro de él, y no fue dificultad menor pues hasta 35 años después del fallecimiento de doña María no hubo una decisión en firme al respecto. Estamos ya en el año 1568, y entre la serie de inmuebles adjudicados al colegio salmantino para sostener su financiación destacan (además de varias decenas de casas en la calle Mayor de Béjar y diversas fincas entre las que estaba el mismísimo Bosque con sus jardines, fuentes y estanques) «las casas llamadas del Palacio Nuevo con sus cortinales más el cortinal de la viña perdida del duque que se dice Moscatel», es decir el edificio y terrenos contiguos que acabarían convertidos con el paso del tiempo en el convento de la Piedad[2].

10/10/2025

El convento de la Piedad de Béjar. De maitines a vísperas (1ª parte)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Publicado: Semanario Béjar en Madrid

        El recorrido vital del convento de la Piedad o de las dominicas de Béjar, con casi tres siglos de fundación pía, ha sido convenientemente ilustrado por diversos investigadores que de alguna manera han ordenado los conocimientos y el material existente sobre el tema[1]. Por eso en esta ocasión nosotros nos centraremos más en el antes y el después del establecimiento religioso, y en algunos datos que creemos inéditos sobre su desarrollo.


         Ni fue fácil el establecimiento de la institución dominica, empezando por la adquisición rocambolesca del inmueble que lo alojaría, ni sencillo su desmantelamiento en medio de un ambiente anticlerical y desamortizador. Sus años de vigencia, desde los estertores del siglo XVI hasta mediados del XIX estuvieron llenos de dificultades, incluso se puede llegar a pensar en algún momento, vencidos por el pesimismo, que se trató de un proyecto fallido. El convento de la Piedad nunca logró competir, si es que este término puede caber entre hermanas, con el de la Anunciación, el popular monasterio de las Isabeles, mucho más antiguo, mucho más cercano a la sociedad bejarana y, sobre todo, mucho menos elitista. Arrastró desde sus inicios el lastre del patrocinio ducal; y aquella cerrazón electiva de solo admitir entre sus monjas a las hijas de los criados más selectos de los duques (esos que no se descubrían ante su señor), junto con las elevadas dotes que se exigían para el ingreso de las novicias, terminaron por dificultar su perduración y condenarlo prematuramente a la decadencia. 

9/05/2025

Felipe Rodríguez de Ledesma (Béjar, 1676- México, 1728), letras y mitras entre Perú y Méjico

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Publicado: Béjar en Madrid.  


       A veces la investigación en archivos históricos depara sorpresas que terminan por hacernos olvidar la materia de estudio primera alejándonos de ella. Esto me sucedió hace unos meses al encontrar de modo casual una referencia a un bejarano desconocido, al menos para mí, pero cuyos apellidos no me resultaron en absoluto inéditos.  Una vez estirado el hilo de sus, en principio, escasos datos biográficos, comprobé que no se trataba de un individuo sin mayor trascendencia sino, quizá, uno de los bejaranos más ilustres entre los siglos XVII y XVIII en que vivió. La llamada de atención se desveló al recitar la ristra de apellidos con que se presentaba: Felipe Rodríguez de Ledesma Núñez de Prado y Zúñiga, a partir de los cuales, deduje, no sería ajeno familiarmente a la familia Núñez de Prado, bejarana, y vinculada durante varios siglos a la llamada casa Clavijo, desde donde ahora, precisamente, redacto estas líneas. Como sabemos, aquella prolífica estirpe de hidalgos estuvo formada por individuos destacables dentro del organigrama del poder local: tesoreros de la casa ducal, regidores del estado noble, abogados del Santo Oficio, alféreces mayores, etc.

Ciudad de México en el siglo XVII 

       Ahora, como veremos, le tocaba el turno a la religión. Pero vayamos por partes: los datos sobre este tal Felipe Rodríguez de Ledesma aparecieron en un memorial genealógico sobre su persona que él mismo mandó redactar y que fue reproducido por la imprenta “Viuda de Ortega”, de Puebla de los Ángeles[1], en Méjico, en 1714. En él, y tras el inevitable despliegue heráldico, su protagonista nos desvela, primero, que es nacido en Béjar, territorio de Salamanca y obispado de Plasencia, que es canónigo y licenciado, y después los motivos por los que ha investigado su ascendencia y ha hecho redactar ese memorial, y que no eran otros que agradecer al rey Carlos II los nombramientos que en su persona habían tenido lugar: primero como tesorero de la catedral de Arequipa, en Perú, y después como canónigo de la Puebla de los Ángeles, en Méjico. Esto es, que le venía a decir algo así como: “Majestad, no se ha equivocado usted al elegirme a mí, pues mire quiénes son mis antepasados…”.

7/25/2025

Semblanza política de Nicolás Rodríguez Vidal (3ª Parte y final)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Publicado: Béjar en Madrid 

       A mediados del siglo XIX la clase fabricante bejarana parecía decantada políticamente por el liberalismo pero indefinida en cuanto a las distintas tendencias que esta corriente planteaba. La apertura comercial y empresarial que el liberalismo propiciaba resultaba idónea para las aspiraciones de expansión de los industriales textiles. Años antes, alguno de los bejaranos ligados a la actividad fabril había sufrido la cruenta represión que contra los liberales más significados organizaron los gobiernos de Fernando VII tras el regreso al absolutismo. Entre ellos no faltaron personas vinculadas familiarmente a Nicolás Rodríguez Vidal como es el caso de Joaquín Martín Caballero, Diego López y Juan Sánchez de Adrián, tenidos algunos de ellos como «constitucionales», «exaltados» o «esparcidores de malas ideas»[1]

     Pero ya a partir de 1833 con la regencia de María Cristina y el reinado de Isabel II el liberalismo termina por institucionalizarse lo que supone un espaldarazo para las aspiraciones de los industriales. Nuestro protagonista parece situarse al comienzo de esta etapa como liberal moderado, es decir dentro de las tendencias dominantes, al igual que hizo la mayor parte de la burguesía nacional. Tal filiación se entiende, en primer lugar, porque el régimen liberal le había permitido acceder, entre otras, a la propiedad de  bienes que habían sido de la Iglesia, lo que de otro modo hubiera resultado imposible[2]. A nivel político ese posicionamiento intentaba compatibilizar las rémoras del antiguo régimen, adaptándolas al momento que ya se vivía, con el impulso parlamentario. El objetivo era doble: lograr colocar bajo llave a la propiedad privada, todo un símbolo del empuje burgués, y evitar levantamientos de carácter radical o netamente revolucionarios. 

 Isabel II

         Nicolás Rodríguez Vidal fue evolucionando hacia posicionamientos del liberalismo progresista. Ello parece deducirse ya en 1854 cuando ayudó a sufragar los gastos del monumento que Madrid dedicó en marzo de ese mismo año a los políticos Argüelles, Calatrava y Mendizábal, referencias nacionales del progresismo y aun de las relaciones con la masonería[3]

7/18/2025

Semblanza política de Nicolás Rodríguez Vidal (2ª Parte)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Publicado: Béjar en Madrid 

        Los antecedentes en la industria textil de Nicolás Rodríguez Vidal procedían tanto de su familia paterna como materna. Sirva como ejemplo que una de sus abuelas, María Antonia de Lucio Sánchez-Masedo descendía directamente de uno de los grandes fabricantes del siglo XVIII, Gerónimo de Lucio, y este a su vez tenía como tío-abuelo al célebre Gerónimo González de Lucio, párroco del Salvador y Comisario del Santo Oficio en el siglo XVII.[1] Tampoco podemos olvidarnos entre los familiares más cercanos de don Nicolás a su tía Antonia Rodríguez de Lucio, hermana de su padre, acaudalada anciana que alcanzó los 101 años de edad, algo casi inédito en aquella época (nació en 1773 y murió en 1884). Gracias a la foto que de ella conservan los hermanos Huebra en su archivo de Salamanca, el rostro de la venerable viuda nos sigue mirando desde el pasado.[2]

 

 Foto de la fábrica de García y Cascón, en el predio de La Illana o La Noriega, en el siglo XIX propiedad de Nicolás Rodríguez Vidal. 

 

         Política e industria caminaron a la par en las dedicaciones de nuestro protagonista, al menos al principio en lo que se refiere a la política municipal, lanzadera para más altas ambiciones. Solo a partir de 1856, cuando contaban ya con 47 años, es cuando Nicolás Rodríguez emprende su carrera como empresario y fabricante. Lo haría junto con su hermano Bonifacio (eran, ni más ni menos, que catorce hermanos) con el que en octubre del año indicado lograba la autorización para construir una fábrica de paños en la orilla izquierda del río Cuerpo de Hombre, aguas abajo del puente de San Albín, figurando ya como fabricante al siguiente año. Ambos fundaron la razón social denominada “Nicolás Rodríguez y hermanos” que después pasaría a tener otros nombres. 

7/11/2025

Semblanza política de Nicolás Rodríguez Vidal (1ª Parte)

 Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

Publicado: Béjar en Madrid,  

        El complejo entramado político e ideológico que se despliega a lo largo del siglo XIX en España, fundamentalmente a partir de las Cortes de Cádiz, tiene en algunos de los políticos bejaranos del momento ejemplos muy representativos. La figura de Nicolás Rodríguez Vidal a la que dedicaremos este artículo, como patriarca de uno de los linajes familiares más importes de la época, nos parece singular para entender la evolución social del Béjar de aquel siglo enlazándola con la del resto de la nación. Su carrera como jurista primero y su acceso a la representación política nacional después, al tiempo que se desarrolla como fabricante en su ciudad natal, nos servirá para intentar definir la ideología en la que se movieron los hombres destacados del selecto grupo industrial de Béjar en aquellos años, algo que terminaría por influir en los vaivenes de la actividad textil y por extensión a todos los sectores que en nuestra ciudad estaban implicados en ella.    


 Foto de Nicolás Rodríguez Vidal. Web del Senado. 

        Nicolás Rodríguez Vidal nació en Béjar en 1809, era hijo de Alfonso Antonio Rodríguez,[1] regidor del Ayuntamiento de Béjar en los tiempos de la Guerra de Independencia, y de Josefa Vidal. Por parte paterna sus bisabuelos eran oriundos de Casatejada, pequeña población cacereña cercana a Navalmoral de la Mata, y por parte materna estaba enraizado en los más rancios abolengos de Béjar remontables hasta el siglo XVI

3/11/2023

Fábrica y jardín: el vínculo de Juan Téllez de Meneses en Béjar

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto  

Avanzado el siglo XVIII el furor por la fundación de nuevos mayorazgos ya había pasado, y las rentas que permitían vivir y acrecentar fortunas a los hombres más acaudalados empezaban a basarse en la intensidad de las actividades empresariales y de los nuevos negocios. En la tercera década de aquella centuria Béjar comenzaba a sentir los resultados de la promoción industrial ducal, que había tenido en la llegada de los artesanos flamencos a la villa en 1692 su hito más simbólico. Quizá la figura más ejemplar de este renovado modelo de fabricante se personifique en Juan Téllez de Meneses.

Conjunto de propiedades de Juan Téllez bajo la iglesia de Santa María y con el obrador de Arias a la derecha de la imagen

 

Como en otras ocasiones, empecemos por el final.

La muerte de don Juan, afectado por la enfermedad de la gota, tuvo lugar el 9 de septiembre de 1739. Los autos judiciales que se dieron tras el hecho nos sirven para tener una visión bastante precisa del patrimonio que había acaparado a lo largo de su vida, ejemplo magnífico y paradigmático del estilo de vida de un fabricante textil dieciochesco en Béjar. La ocupación de Téllez durante su existencia se dividió entre el alto servicio al duque Juan Manuel II y la propia actividad textil

11/12/2022

Breve historia del primer conde de Malladas, el bejarano José Díaz-Agero (2ª Parte y final)

        Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

        Publicado: Béjar en Madrid.

        La calle de las Armas, como ya hemos recalcado en otras ocasiones, era desde la Edad Media la calle hidalga por excelencia; en su manzana meridional parece que se forjaron algunas de las características más particulares de la arquitectura civil bejarana con su apertura diáfana hacia el paisaje y la presencia contigua junto a cada edificio de generosos huertos y jardines. Hacia mediados del siglo XIX la calle conservaba todavía parte de ese pedigrí noble. 

 Calle de las Armas de Béjar engalanada para el Corpus. Foto i Béjar

        En su zona central vivía la familia de nuestro protagonista, el Conde de Malladas, y, pared con pared, tenía una de sus casas el conde de las Navas[1]. Desde esta calle histórica, hoy apartada del mundo, a la representación política nacional y a la adquisición de la nobleza median en José Díaz-Agero unos años de ejercicio apasionante del oportunismo comprador y de la estrategia política. Es la época del afianzamiento de una nueva clase social, la burguesía terrateniente y agraria, en la que el oficio que constaba tenían muchos de los mayores hacendados era simplemente el de “propietarios”, un grupo social pasivo y absentista que se afanaba en la búsqueda de los mayores beneficios. La política vendría luego por inercia.

11/05/2022

Breve historia del primer conde de Malladas, el bejarano José Díaz-Agero (1ª Parte)

      Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

     Pensemos en un Madrid casi galdosiano, fervoroso de convulsiones políticas y anhelos sociales, antesala de revoluciones pendientes y muestrario de provincianos y cortesanos. Imaginemos una capital castiza poblada de pensiones, palacios sin dueño, pedigüeños a la hora de misa, y organilleros poniendo sintonía a la turbamulta de linajes perdidos.

Grabado de la época del Ateneo de Madrid

        Paseemos por las calles de mediados del siglo XIX capitalino, todavía laberinto de los Austrias, para tropezarnos con la representación política  y comercial que Béjar enviaba a la Corte en esos años, emisarios industriales desarrollando su influencia en un Madrid deseado, siempre difícil de seducir. Se trataba de un grupo blindado, con fuertes nexos familiares e intereses comunes, que desarrollaba su carrera política al amparo de la poderosa personalidad de José Sánchez Ocaña, Ministro de Hacienda[1]. Los miembros de este grupo frecuentaban la corte o vivían en ella en representación de las razones sociales más lucrativas del textil bejarano. Entre ellos hay rostros, o al menos nombres, conocidos: Juan y Jerónimo Gómez Rodulfo, Cipriano Arias, Agero, Rodríguez y Hermanos, Francisco Campo, Asensio, un ya anciano Julián Yagüe[2], o José Díaz-Agero.

4/08/2022

Referencias históricas de un edificio singular: el Museo Judío "David Melul" de Béjar

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto.

Publicado: Semanario Béjar en Madrid.

          La historia más reciente del edificio que alberga el Museo Judío “David Melul” es bien conocida por todos. Tras la rehabilitación comenzada en 2003 dirigida por el arquitecto bejarano José Luis Rodríguez Antúnez el abandonado inmueble renació y desde la inauguración del museo se ha convertido en lugar de cita obligada para los amantes de la historia del judaísmo de la región y en general para todos los interesados por la historia de Béjar. No está de más recordar la interesante colección que alberga, con piezas arqueológicas de gran valor como la reproducción de la lápida hebrea de doña Fadueña, escudos de los duques de Béjar y elementos de la cultura y el rito judío.[1] Pero nos gustaría hablar ahora no del contenido sino del continente. ¿De quién fue y qué fue este edificio? 

 

 Edificio del Museo Judío "David Melul".


          Ciertamente hasta el siglo XVIII las referencias que conocemos no son muchas y todo lo que podamos decir sobre en qué fecha se construyó será deducción resultante del análisis estilístico del inmueble. La robustez de su construcción así como los detalles decorativos en dinteles con relieves conopiales o la base de las columnas adosadas de su puerta principal nos remiten, indudablemente, al gótico y por lo tanto a finales del siglo XV, época de la que datan los pocos edificios civiles que en Béjar se han conservado de ese estilo. Por lo tanto de tal fecha, escasamente concreta eso sí, suponemos su construcción.

11/19/2021

Una estatua en Béjar para don Francés y nueva odisea libresca transatlántica

  Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

    Representado no como un bufón, sino como un bejarano corriente. De pie, tal vez arrimado a una de las columnas de la que fue su casa en la plaza Mayor, o frente al Casino Obrero o en cualquier otro lugar, en fin. La razón: que es el más universal de los considerados bejaranos ilustres y hasta de los de su linaje familiar, incluido el duque de Béjar al que Cervantes dedicó la primera parte del Quijote.


 Antiguo emplazamiento de la casa de don Francés en la plaza Mayor de Béjar, con su escudo de armas familiar en las columnas. Docplayer.es

 

La idea surge al terminar de leer El mayorazgo de don Francés de Zúñiga. Historia de una estirpe bejarana, de Óscar Rivadeneyra Prieto (dibujante, pintor, diseñador, escritor, investigador y novelista histórico y de ficción), presentado el 29 de octubre de 2021 en el Casino Obrero de Béjar en el contexto del programa Béjar, Otoño entre libros. Organizó el Centro de Estudios Bejaranos y la introducción estuvo a cargo de Luis Francisco Martín, gestor de la editorial bejarana TGC Cultural, que ha tenido a su cargo tres obras anteriores de Rivadeneyra: Historia en la pared, 2018, registro de las calles de Béjar; Sucedió en Béjar (1493-1910), 2019, crónica negra de la ciudad; y la novela ambientada en Béjar Las calles tienen tu nombre, 2010, hoy agotada.

 

11/05/2021

El edificio del colegio salesiano de Béjar: del "muño maior" a doña Felisa Esteban (3ª Parte y final)

 

 Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

La historia posterior de este inmueble es un poco más conocida: fue adquirido por la comunidad religiosa de los Salesianos en 1895 contando con la ayuda benefactora de dos relevantes bejaranas de la época, Manuela Rodríguez-Arias y Felisa Esteban[1], considerándose a esta última como la fundadora del colegio. En este sentido el periódico santanderino de la Atalaya, haciendo referencia a los distintos establecimientos pedagógicos indicaba lo siguiente: 

Inscripción dedicada a Felisa Esteban a la puerta del colegio Salesiano