Amigos de Béjar y sus historias

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2/27/2026

Mayorazgos y capellanías de los Muñoz de Aguilar en Béjar (3ª Parte)

        Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto

        A punto de finalizar el siglo XVI, el día dos de octubre de 1598, Francisco Muñoz de Aguilar redactaba en su casa de Béjar el testamento bajo cuya ordenación moriría. Indicaba en primer lugar el deseo de «que mi cuerpo sea sepultado en la iglesia del monasterio de San Francisco en la capilla que fundó y dotó Juan Muñoz alférez, mi bisabuelo, que Dios tiene, junto a la sepultura donde está Juan Muñoz de Aguilar, mi padre»[1] y declaraba como heredera universal de todos sus bienes, vínculos y mayorazgos, a su hija Catalina Muñoz de Aguilar, tenida con su esposa María Maldonado. 

 Calleja del Balconcillo de la Médica

        En Catalina —obligada a casarse con su primo Pedro de Cepeda como indicamos en el artículo anterior— convergería un patrimonio derivado de distintas herencias, tanto de ascendientes como de descendientes, y entre el que destacaba el mencionado pozo de nieve de Piornal y las casas en Béjar. En su matrimonio concebiría tres hijos, Juan, Francisco y Catalina, que irían alternándose en la sucesión de los mayorazgos hasta que la línea se quedó sin descendencia. Esa línea de primogenitura se había mantenido en la titularidad del vínculo desde su fundación, pero a partir de esa fecha tendría que retroceder a la de Diego de Aguilar, otro de los nietos de Juan Muñoz alférez (ver árbol genealógico). El nombre de Diego se repetiría en tres generaciones seguidas de esta rama cuyos protagonistas habían seguido acaparando patrimonio propio y fundado nuevos mayorazgos. El segundo de ellos, conocido como el licenciado Diego Muñoz de Aguilar, en aras de la no dispersión de sus bienes, conminaría a tres de sus hijos —Juan, Martín y Francisco— a renunciar a toda su herencia en beneficio del hijo mayor, llamado, cómo no, Diego. Los tres hermanos obedecieron. En la escritura redactada en 1622 se explicita el espíritu que regía la fundación de estos mayorazgos:

5/30/2025

Pueblos sin gente / 3 (3ª parte). Las Casas del Robledo junto a San Bartolomé (ca. 1479-1667)

Autor: José Muñoz Domínguez

2. Localización del despoblado y su término 

Los datos históricos y de tradición oral acerca de las Casas del Robledo y la permanencia de algunos topónimos asociados, junto con las propuestas de Martínez Díez y González Calle, permiten establecer con certeza su localización al noroeste de San Bartolomé de Béjar, como adelanté en la primera parte (vid. figs. 1, 4 y 5). Este último investigador propuso una ubicación mixta y dispersa para el pequeño conjunto urbano, que suponía repartido en tres o cuatro barrios entre la vega del arroyo de San Bartolomé y la ladera noreste del cerro inmediato:

[El despoblado] Se halla situado a una altitud de 1110-1145 m, en un terreno de cierta pendiente en la vega del pequeño arroyo de San Bartolomé, afluente del Becedillas, con posición de umbría (orientada hacia el noreste). (1)

La hipótesis de un poblamiento disperso es compartida por Ridruejo Cabezas, quien, en un comentario reciente (2), la consideraba de interés bajo la premisa de una economía ligada a la explotación forestal del robledo de su término, tan notorio como para incluirlo en el topónimo, y teniendo en cuenta que, a diferencia de las economías agro-ganaderas, las explotaciones forestales suelen generar hábitats diseminados. Dejando abierta esta cuestión hasta disponer de nuevos datos, cabe traer aquí ejemplos de nuestra zona o poco distantes en los que el distintivo forestal asociado al topónimo del asentamiento no impidió la generación de un núcleo concentrado: en la Sierra de Francia se encuentran los casos de Miranda del Castañar y San Martín del Castañar; en el alfoz de Béjar, Santibáñez del Castañar e incluso Béjar del Castañar (3), sus apelativos entre las décadas finales del siglo XV y las primeras del XVI, antes de que ambas localidades perdieran tal complemento toponímico, como igualmente sucedió con las Casas del Robledo. Las Ordenanzas de Béjar promulgadas en 1577, pero con antecedentes bajomedievales y reformas de 1562, ofrecen una posible explicación a este fenómeno: ni los castañares ni los rebollares de la zona se explotaban exclusivamente por su valor forestal o maderero, sino, de forma complementaria, por su importancia en la alimentación de los puercos en la montanera, a base de la «castaña y lande» (glande o bellota) de aquellos árboles, entre otras utilidades auxiliares de la agricultura, como el corte de varas o támbaras (4). Posiblemente es lo que ocurrió en las Casas del Robledo. 



Fig. 1. Hipótesis gráfica ideal sobre el aspecto del conjunto urbano de las Casas del Robledo en su etapa de mayor crecimiento (elaboración propia, 2025).

5/23/2025

Pueblos sin gente / 3 (2ª parte). Las Casas del Robledo junto a San Bartolomé (ca. 1479-1667)

Autor: José Muñoz Domínguez

1. Breve historia de las Casas del Robledo entre la Baja Edad Media y la crisis del siglo XVII

Como en la mayor parte de los casos de estudio de esta serie, el origen del despoblado se pierde en los tiempos de la repoblación medieval del territorio, y en este ni siquiera podemos ir más allá de 1479, cuando el topónimo se menciona indirectamente en el nombre de un tal Juan García de las Casas, representante concejil de Santibáñez de Béjar que quizá era oriundo del lugar de las Casas del Robledo (1), dos asentamientos con términos limítrofes y núcleos distantes apenas 9,5 km en línea recta. Así lo interpreta González Calle y lo mantiene Moreno Arribas, aunque sin tener en cuenta la existencia de las Casas del Fraile, el despoblado con el que iniciábamos este trabajo e igualmente cercano a Santibáñez (unos 12,5 km), en cuyo caso sería esta la primera referencia documental casafraileña. No obstante, me inclino por la primera posibilidad, no tanto por su relativa cercanía como por el hecho de que al despoblado navacarrense nunca se le retiró el apelativo frailuno, mientras que el que ahora nos ocupa perdió muy pronto la referencia al monte de roble original.

El siguiente dato sobre las Casas del Robledo ya es directo y fehaciente, pues consta de forma expresa en el Censo de pecheros de Carlos V, de 1527-1528 (2), como entidad local independiente y con un total de 43 vecinos registrados (ca. 172 almas o habitantes, repartidos en 44 casas), mientras que en San Bartolomé se contabilizaron 81 vecinos (ca. 324 almas y 83 casas habitadas), es decir, algo menos del doble que el futuro despoblado. En el Censo de 1534 (3) las cifras se mantienen invariables, pero la proporción comenzaría a cambiar en pocas décadas, a finales del siglo XVI y durante el primer tercio del siguiente. Así, en el Censo de población de 1591 (4) se anotan ya 50 vecinos para las Casas (200 almas y 51 viviendas) frente a los 89 vecinos de San Bartolomé (356 almas,  incluido un clérigo, y 91 viviendas), hasta superar la proporción de dos tercios de la entidad menor respecto de la mayor en el Padrón local de 1632 (fig. 1 y nota 5), con nada menos que 62 vecinos en la primera (248 almas y 63-64 casas) respecto de los 90 vecinos de la segunda (360 almas y 92 casas), cifras que marcan el máximo histórico que he podido documentar para ambas localidades antes de la crisis demográfica del siglo XVII. 


Fig. 1. Padrón de vecinos de las Casas del Robledo en 1632, fol. 1v (disponible en https://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/description/5213155?nm).

 

Por su interés para conocer el nombre de los primeros «casarrobleños» documentados (excepción hecha de Juan García de las Casas), recojo el listado completo de los que constan en este padrón de vecinos, casi todos cabezas de familia, con no pocas dudas de transcripción debido a la pésima caligrafía del amanuense y su afán por las abreviaturas:

5/16/2025

Pueblos sin gente / 3 (1ª parte). Las Casas de Robledo junto a San Bartolomé (ca. 1479-1667)

Autor: José Muñoz Domínguez

El lugar de las Casas del Robledo, o sencillamente las Casas, se encontraba muy cerca de la aldea de San Bartolomé de Béjar, tanto que resultaría difícil mantener por mucho tiempo la entidad jurídica con la que se fundó. Según veremos, la atracción del núcleo mayor y un cúmulo de circunstancias adversas gravitaron sobre aquel precario sistema hasta que los habitantes de la población satélite acabaron fusionándose en la de mayor masa poblacional antes de su drástica desaparición durante la segunda mitad del siglo XVII. 

 

 Fig. 1. Esquema de localización del despoblado respecto de San Bartolomé: A) San Bartolomé de Béjar; B) arroyo de San Bartolomé; C) camino de las Casas hacia Neila de San Miguel; D) camino de San Bartolomé al que conduce de Neila a Béjar; E) localización del despoblado de las Casas del Robledo; 1) radio de 695 m; 2) radio de 834 m (elaboración propia sobre imagen satelital del PNOA, 2024).

 

Para localizar el despoblado disponemos de noticias bien acreditadas sobre la distancia entre ambos núcleos vecinos, aunque expresadas en tiros de arcabuz –dos concretamente–, un dato crucial que, a pesar de su aparente imprecisión, permite establecer el área de aquel asentamiento: basta con trazar una banda circular de entre 695 y 834 metros de radio en torno a San Bartolomé, con centro convencional en su iglesia, y determinar la intersección con el antiguo «Camino de las Casas» que mediaba entre el despoblado y la aldea de Neila de San Miguel (fig. 1).

5/02/2025

Una dama caritativa de la Edad Moderna: Juana de Carvajal

 Autora: Carmen Cascón Matas
 
*Hace unos años escribí este texto para otros menesteres que no fueron una entrada en el blog, pero que aprovecho esta semana para darlo a conocer. Advierto que no añado nada a lo que se conoce sobre doña Juana que daría para una investigación mucho más profunda como veréis por la cantidad de citas bibliográficas del final del texto, pero creo que su persona merece figurar entre los personajes ilustres relacionados con nuestra ciudad en Pinceladas.

          Dama de linaje placentino, sus padres fueron Luis Alonso de Carvajal, regidor de la villa de Béjar, e Isabel de Estrada. Sus propiedades se extendían por localidades tan dispares como Béjar, Valdesangil, Valverde, Monsegal (todas ellas de Salamanca), Granadilla (Cáceres), San Bartolomé, Bonilla de la Sierra y Becedas (Ávila). A la muerte de sus hermanos mayores Elvira y Juan,  hereda  dos  capellanías  (una  capellanía  era  una fundación pía por la cual se dejaban unos bienes determinados para pagar a un capellán que dijera misa durante una serie de días al año) en la capilla de San Lorenzo, sita en la entonces parroquia de San Gil de Béjar. Como su único hijo y heredero, Pedro de Carvajal, falleció antes que ella, decidió dictar testamento en 1515 en Aldeanueva del Camino y legar todos sus bienes para dar limosna a los pobres y fundar un hospital en las casas de su propiedad de Béjar.

Sepulcro Juana de Carvajal. Iglesia de Santiago de Béjar

     Doña  Juana  murió  el  24  de  octubre  de  1520 y fue enterrada como ella quiso en la capilla de San Lorenzo de la iglesia de San Gil, y trece años después también lo haría la duquesa María de Zúñiga, esposa del II titular de Béjar Álvaro de Zúñiga, el segundo de su nombre, dejando por escrito su deseo de fundar un hospital para atender a los pobres transeúntes. Para ello dejaba cien mil maravedíes y los réditos de varias propiedades. En su manda especificaba que debería construirse un espacio específico para tal fin. Entonces no se entendía tales establecimientos como centros sanitarios, sino que eran espacios de beneficencia donde se daba cobijo a los pobres y enfermos: alojamiento, alimento, cuidados e incluso pago de sus enterramientos.