Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Semanario Béjar en Madrid,
La vigencia de los mayorazgos en España durante la Edad Moderna supuso el enriquecimiento de los primogénitos y el desheredamiento del resto de los hijos dentro de las familias que detentaban ese privilegio, circunstancia que permaneció inalterable hasta la primera década del siglo XIX en la que paulatinamente se van aboliendo. Este hecho fue especialmente significativo en el caso del mayorazgo de don Francés, muy cotizado por lo grueso de su patrimonio, en el que los sucesores rivalizaron y pleitearon fuertemente por su titularidad mientras que los hijos más jóvenes, especialmente las mujeres, quedaban en situación crítica y necesitados del amparo de su familia.
Calle Mayor de Pardiñas de Béjar
Así sucede en el caso del penúltimo de los titulares, José de Zúñiga y Trejo, que acoge a su hermana Casimira, que había quedado sin recursos, en una habitación de su casa de la plaza Mayor bejarana, es decir en el edificio junto al ábside de El Salvador al que hicimos mención en nuestro anterior artículo[1]. Distinto fue el caso de alguno de los segundones como Juan Gómez de Jérez, nieto de don Francés, que logró en la segunda mitad del siglo XVI ejercer el muy cotizado puesto de escribano. De su puño y letra salieron las primeras actas del concejo de Béjar, así como las conocidas Ordenanzas de 1577.
Siguiendo con la lista de inmuebles de don Francés cuatro fueron las viviendas que había logrado acaparar en la calle Mayor bejarana durante los primeros años del siglo XVI y con las que configuró parte de su mayorazgo. Se situaban en el primer tramo de la actual calle Pardiñas saliendo desde la plaza Mayor, donde las parcelas en aquel tiempo eran muy estrechas debido al encarecimiento del terreno por la cercanía a la plaza, núcleo elitista e hidalgo de la Béjar del Renacimiento, compartido a partir del siglo XVIII con los primeros fabricantes.
Calle Mayor de Pardiñas n.º 1.
La primera de ellas, en la acera norte de la calle, ocupaba el espacio del hoy bar Tapenade (Pardiñas n.º 1) y según se lee en la carta de mayorazgo fue con la que “el Emperador don Carlos hizo merced a don Francés de Zúñiga”, es decir fue un obsequio personal del rey. Esta acotación no vuelve a aparecer en ninguna otra de las descripciones de sus numerosas propiedades por lo que es de suponer que el resto del patrimonio fuera conseguido por herencia familiar y en algún caso, como luego veremos, por “merced” de los duques de Béjar. Según el Catastro de la Ensenada la casa lindaba por el sur con la calle Mayor y por el oeste con la del fabricante Blas Montero, que a su vez hacía esquina con la plaza Mayor. Por el arrendamiento de esta casa pagaba la viuda de Pedro Marras 330 reales de vellón en 1734 a los herederos del mayorazgo[2].
Justo enfrente, en la misma calle, don Francés contaba con otra vivienda que ocupaba una parte de los actuales locales del bar Español (Pardiñas n.º 4) y cuya fachada tenía 7 varas (cerca de 6 metros) de largo, y de fondo 21 (unos 17 metros). En el Catastro de la Ensenada es mencionada en diversas ocasiones lindando con la casa de la familia Oliva que daba, haciendo esquina, a la calle y a la plaza Mayor. En el siglo XVI la tenía arrendada el carpintero Cebrián Monje y aparece en los inventarios de los bienes con que los duques debieron obsequiar en su momento a diversas personas de su corte. En este sentido es bien conocida la cercanía de don Francés de Zúñiga al primero de los duques de Béjar, don Álvaro, a quien tan frecuentemente menciona en su Crónica burlesca[3]; tanto es así que en 1531 ejerció de testigo de su testamento[4]. La propiedad de este inmueble pasó por los distintos descendientes hasta Pedro de Zúñiga y Trejo, el postrero titular, que en 1820, ante la liberalización de los bienes de mayorazgo, logra venderla recibiendo una cierta cantidad de plata como pago[5].
Calle de Las Armas en el Corpus
En la misma acera sur de este primer tramo de la calle Mayor se encontraba, muy pocos metros más arriba del anterior, una nueva vivienda que localizamos aproximadamente en el n.º 10 de la calle Pardiñas, que en el siglo XVI tenía arrendada Francisco López Mercader y en el XVIII Juan García Regadera. Al igual que la anterior y que muchas otras de esta calle, destacaba por la estrechez de su fachada, apenas cinco metros, frente al gran desarrollo de su fondo en dirección a la calle de Las Armas.
Y aún más arriba, sobre el n.º 18, se localizaba el último de los inmuebles “con su bodega y siete cubas que hacen cuatrocientos cántaros: en que vive en arriendo Francisco de Herrera boticario, que lindan con casas del cabildo de esta villa” según la carta de mayorazgo. La presencia de bodega en al menos dos de las viviendas de nuestro protagonista era una constante en la construcción de las casas de la época y configuraba un universo interior y subterráneo, enclaustrado en el alma misma de la villa, de tinajas, lagares, vino y uvas; un underground bejarano consecuencia del amplio desarrollo de viñedos en su entorno natural y de la querencia de sus habitantes hacia ciertas bebidas alcohólicas. Precisamente de las viñas y de otras propiedades rústicas de don Francés de Zúñiga en el término de Béjar trataremos en el próximo artículo.
Continuará
[1] Archivo Histórico Provincial de Salamanca. Prot. Notarial 808, p. 138. Testamento de José de Zúñiga. Agradezco la localización de este dato a Ramón Martín Rodrigo, historiador y miembro del Centro de Estudios Bejaranos.
[2] Catastro del Marqués de la Ensenada. Béjar 1753. Mayorazgo que fundó don Francés de Zúñiga. Sección seglar, tomo 6, F-2509.
[3] SÁNCHEZ PASO, José Antonio. Crónica Burlesca del Emperador Carlos V. Ediciones Universidad de Salamanca, 1989.
[4] OSUNA, C.219, D.31-35. Testamento de Álvaro López de Zúñiga y María de Zúñiga, duques de Béjar, en el que dejaron por heredero a Pedro de Zúñiga, hijo bastardo del duque, p. 5.
[5] AHPSa. Prot. Notarial 1102, p. 76.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo." Óscar Wilde.