Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
La relación de los bienes de mayorazgo que don Francés dejó al tiempo de su muerte y que fueron incluidos en la descripción que de ellos hace su hijo Álvaro es muy precisa en el detalle de las tierras y casas que eran de su propiedad, pero no hay datos concretos sobre los bienes muebles y capitales. Tan solo se cita que deja a la iglesia de Santa María "una ropa morisca de oro y seda que yo tengo para que de ella se haga una capa procesional".[1]
Paraje de Navarredonda
De la hacienda dineraria del escritor no nos especifica cantidades aunque refiere que con su capital rápidamente se compren más terrenos para seguir engordando el mayorazgo, y es que a inicios del siglo XVI el prestigio de un caballero se demostraba con la posesión de tierras por lo que el dinero tendía a invertirse en fincas. Sin duda la más vinculada a la historia de don Francés de Zúñiga (aunque quizá no la más grande) ha sido la llamada “heredad de Navarredonda”, una pequeña villa situada a cuatro kilómetros de las murallas de Béjar, junto al río Cuerpo de Hombre y por debajo del Tranco del Diablo. Leyendo textualmente era "una huerta e casa e linares e dos molinos e una viña e tierras de pan llevar que linda por una parte con el río Cuerpo de Hombre e con el camino real de la plata e por otra parte con el camino viejo de los romanos que va a la Calzada e con prado de la fuente del Aliso e con viñas de Juan Muñoz zapatero e con la cerrada de las matas e con camino que va de los molinos a Béjar".[2]
Otro paisaje del paraje de Navarredonda
Más adelante especifica uno de sus espacios diciendo que es "viña que tiene treinta peonadas que es la que llaman y linda con la pesquera de los molinos de Navarredonda e con viña del bachiller Juan González de Aponte e con camino que va a Béjar". Se trata, qué duda cabe, del paraje que hoy aún denominamos de los molinos o más popularmente de los “molinos de pichón” en la confluencia de la calzada de la plata con la carretera de Béjar a Aldeacipreste y Montemayor. Es de suponer que en la referida casa habitaba el escritor burlesco en las semanas más crudas del invierno y ocasionalmente en otros momentos del año, allí poseyó vasallos y desde allí firmó alguna de sus cartas más célebres como la que redactó y envió a la Emperatriz en 1529.[3]
La importancia del lugar radica en su estratégica situación controlando un paso de importancia histórica: el cruce desde Extremadura a Castilla, el paso del ganado y el desarrollo de una ruta comercial de primer orden. El terreno sigue siendo relativamente fértil pues se manifiesta entre dos amplias curvas que traza el río cuyas aguas reposan allí de su tortuoso descenso previo y de cumplir con las demandas hidráulicas del Tranco del Diablo. El mayorazgo copó las aproximadamente diez hectáreas del terreno con todos sus elementos. Los molinos llegaron a ser tres, llamados el molino de Fraile, el molino de Navarredonda y un último que se trasformó en fábrica de harinas y de papel. En el repaso que de estos bienes se hace a mediados del siglo XVIII se mencionan distintas huertas de regadío, tierras de secano, tierras de plantación de morales y un castañar, este último situado hacia el camino de las Umbrías del Tranco, así como un molino harinero con dos piedras que muelen grano y que renta cada año 600 reales de vellón[4].
Un oasis cercano a Béjar
La indivisibilidad de las propiedades de los mayorazgos así como la expresa prohibición de venderlos permitió que los herederos del afamado escritor hayan conservado propiedades en este sitio hasta casi nuestros días, así Álvaro de Zúñiga Calera, hijo del último poseedor del mayorazgo, y uno de los máximos contribuyentes de la Béjar de 1868, fue dueño de Navarredonda, y extendió sus posesiones hasta los mismos pies del Tranco del Diablo donde construyó la central eléctrica que después sería municipal.
Al no tener hijos las propiedades recayeron tras su muerte en su primo Ignacio Zúñiga Campo y en el hijo de este, el que fuera alcalde de Béjar Mariano Zúñiga Sánchez, que construyó un salto de agua con turbina en la desembocadura del regato Hontoria y junto a él, desde 1916, una fábrica de harinas, hoy en ruinas. Él mismo figura como propietario de los molinos de Navarredonda cuando solicita se le conceda permiso para fijar postes para el tendido eléctrico desde allí a otra finca suya junto a la estación del ferrocarril[5]. A principios de los años treinta se le expropiaron parte de sus viejos terrenos para la construcción de la carretera de Béjar a Aldeacipreste[6] y el resto sería heredado por uno de sus hijos Zúñiga Galindo.
La tradición ha señalado el sitio de Navarredonda como el lugar donde don Francés fue asesinado por unos desconocidos en febrero de 1532, aunque algunos autores refieren que el acuchillamiento con espada pudo tener lugar junto a la casa en la que residía que, como ya dijimos, se situaba en la acera norte de la actual calle 29 de Agosto a medio camino entre las iglesias de Santa María y Santiago.
Prolijo sería ahora, por lo extenso, estudiar el resto de propiedades que dejó don Francés en tierras de la jurisdicción de Béjar y temeraria la investigación sobre quién o quiénes mataron a nuestro protagonista para vengar así, como Menéndez Pidal deseaba, la memoria de este afamado escritor bejarano.
[1] Tampoco especifica, como era habitual en los testamentos, el lugar donde habría de enterrarse a nuestro protagonista. Es de suponer que sus huesos reposaron bajo las losas de la iglesia de Santa María como sus primeros descendientes. Así su tataranieto Gaspar de Zúñiga y Narváez fue enterrado en “una sepultura en la capilla mayor de Santa María, del lado del evangelio, arrimado a las gradas del presbiterio”. AHP, Prot. Notarial 867, pp. 187-188: Testamento de Gaspar de Zúñiga, poseedor del mayorazgo de don Francés.
[2] Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Bienes del mayorazgo creado por don Francés de Zúñiga …, Perg. Caja 83, 2.
[3] MENÉNDEZ PIDAL, Juan. Revista de Archivos, bibliotecas y museos (XX y XXI): Francesillo de Zúñiga…. Cartas inéditas. Madrid. 1/3/1909 y SÁNCHEZ PASO, José Antonio. Crónica burlesca del Emperador Carlos V. Universidad de Salamanca, 1989, pp. 33-34.
[4] Catastro del Marqués de la Ensenada. Béjar 1753. Mayorazgo que fundó don Francés de Zúñiga. Sección seglar, tomo 6, F-2509.
[5] La Victoria. 10/11/1917 y 24/11/1917.
[6] JAM BÉJAR. “Las carreteras y el camino de hierro de Béjar”. Especial Béjar en Madrid, 2010.


Creo que lo de que esas heredares quedasen por generaciones en una sola persona hace mas fácil saber la localización exacta de las mismas, ya que la denominación puede haber cambiado a lo largo de los años.
ResponderEliminarSaludos.
Muy interesante esta serie de artículos sobre las propiedades de don Francés, aunque seguro que hubiera disfrutado más de ellos si conociera los terrenos que se citan. Y aunque en Béjar he estado en dos ocasiones solo conozco la parte histórica del pueblo.
ResponderEliminarUn abrazo, amiga Carmen, y os deseo un feliz y próspero 2026.