Autor: Iván Parro Fernández
Nuestra ciudad de Béjar ha dado al mundo numerosas personalidades de distintos campos y ramas del saber cuya vida y obras plasmaron en forma de verso algunos escritores. Este texto tiene como objeto compartir la visión poética de algunos de estos bejaranos ilustres, cuyo legado aún recordamos, estudiamos y disfrutamos tanto en algunos rincones de la ciudad como fuera de ella.
En esta primera entrega queremos a una de las figuras del arte de la escultura como es Mateo Hernández, que fue versado por artistas como Arsenio Barco, José Luis Majada Neila o Cándido Pinilla entre otros.
Sobre nuestro escultor más universal hay una gran variedad de poemas dedicados a su vida y obras, pues realmente es muy inspirador. Aquí vamos a basarnos en las composiciones de los autores ya citados y cuyos poemas tienen como títulos “La vocación de la piedra”, “14 de febrero de 1974” y “Mateo Hernández”.
En el primer poema, de título “La vocación de la piedra”, compuesto por Arsenio Barco, el hilo conductor como se indica en el propio título es la piedra, su conocimiento, su acercamiento a ella, el trabajo preciso y delicado de la misma, el genio y la creatividad que desde muy joven acompañaron a Mateo, ese legado enorme de esculturas que podemos disfrutar y el significado que tuvo el artista en el mundo.
En la primera estrofa se hace una referencia al descubrimiento de la piedra por Mateo, gracias en buena parte al fabuloso y fantástico entorno natural que tienen Béjar y sus alrededores, cuyos paisajes agrestes y escarpados de la sierra ayudaron al artista al acercamiento a este producto natural. Los siguientes versos son ejemplo de ello: “Él vio nacer la piedra como nace/ en el campo la flor, a flor de tierra/ la vio brotar al pie de los senderos/ en cumbres y laderas/ vio a su ciudad alzarse cimentada/ sobre una roca inmensa/ (…) Y se extasió mirando los colosos/ altivos y escarpados de la sierra/ -hitos del Alaíz y el Calvitero/ crestas del Torreón y de la Ceja-/ (…) y ascendió hasta su altura y su silencio/ para admirar de cerca/ la agreste geología de sus riscos/ la gracia escultural de sus siluetas/ tallados por la mano prodigiosa/ de la Naturaleza”.
En la segunda estrofa Barco habla de sus inicios como cantero trabajando la piedra, con esa virtud y cualidad tan especial y característica que tenía para entenderla y para trabajarla con genialidad y mucha destreza: “Y empezó a cincelarla con sus manos/ de titán poderoso, con tal fuerza/ que la piedra se abrió como una rosa/ y se hizo crucifijo y se hizo estrella”, para a continuación referirse al legado y a la impronta universal del artista bejarano: “Las gentes le llamaba el cantero/ sin sospechar siquiera/ que aquel hombre sencillo, tan humilde/ ¡cantero de los pies a la cabeza!/ esculpiría, a martillazo limpio/ su nombre, su apellido y su grandeza/ en las cimas del Arte, para orgullo/ de aquellos que nacieron en su tierra”.
En el poema “14 de febrero de 1974”, de José Luis Majada Neila, parecen repetirse los mismos temas y aspectos vitales y profesionales de las que ya hablamos en el poema anterior, aunque situados en Francia, país donde llega Mateo Hernández para trabajar sin saber muy bien cuál iba a ser su futuro, llevando consigo pocos medios y con una carta escrita por Miguel de Unamuno para Rubén Darío, al cual realiza un busto en yeso. Y hay menciones sobre esta etapa parisina en el poema de Neila desde el principio: “Por fin llego… Meudon/ es una manga de París/ con rostro de montañas y alamedas”. Continúa recordando algunas de las cosas que Majada Neila se ha traído de Béjar: “Prepárate, Mateo, porque traigo/ una maleta llena de recuerdos de Béjar:/ traigo musgo, calvotes, los chistes de Ruperto/ un diccionario de Rufino Agero/ los pregones de Cela, saludos del Alcalde y de los viejos (…)/ Te traigo también aire, aquel aire tan tuyo/ con piel de nieve eterna”.
En la siguiente estrofa hace referencia al arte de Mateo con la piedra, aquellas obras ya acabadas, que están en proceso o en bloque macizo aún y sin tratamiento: “(Había bloques dispersos, muchas piedras encinta/ bloques de piedra férrea, todos embarazados./ Había un toro naciendo de la piedra, asomando/ su forma delineada. Había un ciervo/ no del todo nacido. Había otro ser informe/ sin semblanza, sin vida”.
A continuación menciona algunas de las obras de animales del escultor, pues recordemos que una de las facetas artísticas más reconocidas y reconocibles de Mateo Hernández son sus figuras de animales: “Sé que en las escaleras van a ladrarme perros./ Va a salir la pantera y van a volar los búhos./ Pero yo sé sus nombres y el alma franciscana de Mateo”. Inmediatamente se refiere al tiempo que pasaba el artista esculpiendo y trabajando con sus figuras: “Si trabajabas 16 horas/ al día sin destajo, frente a las piedras duras/ contra las piedras duras. Diorita, pórfido, basalto”.
Para terminar Neila recuerda orígenes artísticos del maestro de esta forma: “Fuiste un niño minero. Tenías trece años/ La piedra era lo tuyo y de su entraña/ nacieron a tu impulso las estatuas./ Gladiador de la piedra/ desafío del genio a la materia/ y al sol y a la intemperie y a la Historia del Arte./ ¡Traed musgo de Béjar para las esculturas de Mateo!”.
Y finalmente en el soneto titulado “Mateo Hernández” de Cándido Pinilla seguimos encontrando esas referencias a sus inicios como escultor y a sus obras que ya hemos comentado: “Comenzó con la infancia su carrera (…)/ La piedra labra como blanca cera/ y del bloque tal vez la más dura/ saca animada y viva la figura/ de una mujer, de un ave, de una fiera”.
Tres ejemplos en verso del genio artístico de este reconocido escultor que hoy podemos seguir disfrutando en Béjar en su museo y en otras partes del mundo, pues Mateo Hernández es un bejarano ilustre internacional que traspasó las fronteras de España para llevar su genio y su arte más allá para que hoy en día muchas personas se sigan maravillando con sus figuras de piedra realmente tan especiales.
Y en recuerdo de Mateo Hernández un haiku de composición propia:
Su mano es vida,
cuando toca la piedra
el mundo cambia.





Bien está la poesía, perfecto acercamiento sensible a la escultura por compartir ambas artes territorio estético y horizonte vital, pero tampoco es menor el interés de la primera fotografía que ilustra este artículo, una imagen de la que apenas conocíamos más que su mitad derecha desde que José Luis Majada la incluyera, sospechosamente amputada, en sus primeras publicaciones sobre nuestro escultor: ¿quiso hurtarnos el cuerpo de la modelo o más bien la certeza de que Mateo no se inspiró en el de su querida Fernande, por más que sí sea su rostro el que exhibe "La Bañista"? Tenía pendiente de redactar un artículo breve sobre ese tema, pero Iván ya publica la foto delatora y la novedad queda un tanto "afogonada". Tal vez lo escriba, de todas formas. Por si acaso, aporto datos adicionales: la identidad de la modelo es desconocida, pero la foto forma parte de un reportaje mucho más amplio del historiador William Kineton Parkes realizado en 1925, actualmente depositado en el Victoria and Albert Museum de Londres. Y por si los lectores quieren deleitarse con otras creaciones literarias inspiradas por esta obra de Mateo Hernández, nada mejor que revisitar el blog de Gabriel Cusac en la entrada de hace ya diez años que tituló: "Sobre la Bañista en granito rosa de Mateo Hernández. Un diálogo incorrecto".
ResponderEliminarJosé Muñoz Domínguez
La foto no es cosa de Iván, sino mía. Y, ¿sabes que tengo ganas de leer ese artículo que tienes preparado sobre la misteriosa modelo? Aquí tienes el blog a tu disposición para ello.
EliminarClaro, yo también tengo ganas de leerlo, pero antes lo tendría que escribir y la carpeta con artículos a punto de terminar, a medias e iniciados es bastante larga. No obstante, me comprometo aquí y ahora a escribirlo, por ahora sine die.
EliminarJosé Muñoz
Veo que que no solo fue un gran escultor, también inspiro a buenos poetas locales.
ResponderEliminarSaludos.
Me encanta el haiku.
ResponderEliminarAbrazos.
Me quedo con este verso: "Su mano es vida".
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