Autor: Ignacio Coll Tellechea
Periodista
@Ignacio_Coll
Con frecuencia los medios de
comunicación hacen públicas historias anecdóticas, relatos de actividades
singulares no necesariamente importantes. La selección de la información tiene reglas
bastante sencillas que no han cambiado ni aún hoy, cuando los ordenadores
funcionan como imprentas digitales, capaces de convertir a cualquier ciudadano
inquieto con algo que decir en un editor de noticias a nivel mundial.
Hace unos 10 años, cuando la imagen
digital había derrotado casi por completo los negativos y demás sacramentos de
la fotografía clásica, María de Miguel, viuda de Miralles, me entregó una copia
de una imagen en blanco y negro en pequeño formato, comida por las esquinas. Un
equipo de fútbol, un fantasma pretérito del Béjar Industrial en que el jugó su
marido, Francisco Miralles, y que en algún momento de los años 30 ganó un
campeonato efímero en nuestra ciudad. La imagen de once jóvenes anónimos,
excepto el propio Miralles y su compañero que ladea la cabeza en la fila de
arriba y que lleva una rodillera, en quien mi madre reconoció enseguida al
bueno de Marcelino Cascón.
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| Foto de Francisco Miralles y María de Miguel |



