jueves 12 de noviembre de 2009

Una esclava en la corte de los Duques de Béjar (2ª Parte)


Autora: Mª del Carmen Cascón Matas
Publicado: Semanario Béjar en Madrid, 4.474. Diciembre de 2007.


Una vez alcanzada la libertad, no está claro si Cecilia abandonó Béjar y la corte de los duques o siguió ejerciendo de criada palaciega, acompañándoles en sus traslados continuos entre Béjar y Madrid. Es apasionante imaginar lo que vio y vivió esta mujer en su humilde condición de sirvienta, habitando en el Madrid de los Austrias, en la Sevilla mirando a las Indias, o en cualquier lugar de la España fascinante de la Edad Moderna.

Lo que sí es claro es que en 1571, el día 26 de enero, otorga testamento en Béjar “estando como esta mi cuerpo agravado de enfermedad” como ella misma declara. El que otorgue testamento es signo inequívoco de posesión de bienes, pues con este documento se ratificaría el reparto o legado de los mismos a personas o instituciones. El interés radica en que en él se lleva a cabo una enumeración de los bienes de Cecilia, que no son pocos, y de sus mandas pías. Así nos podemos hacer una idea de la situación de benignidad de que disfrutaban los sirvientes de los duques de Béjar en aquella época.
Palacete renacentista de El Bosque.
Palacio de verano de los duques de Béjar.

Dice “que mi cuerpo ssea sepultado en la yglesia de Sennora Sancta Maria deesta villa de bexar en la sepultura que elijiere e señalare Melchor Lopez, clerigo cura de Sr. San Pedro” Es enterrada en Santa María, pues no olvidemos que hasta la apertura del cementerio de San Miguel en el siglo XIX se enterraban los cadáveres en las iglesias o en los pequeños cementerios adyacentes, y es en esta parroquia porque a ella estaba vinculado el palacio ducal.

Además especifica que a su entierro asistan todos los clérigos del Cabildo bejarano, celebrándose 6 misas, y que “me ofrenden el dia de mi enterramiento 18 tortas de a 2 libras e medio cantaro de vino e 6 velas de a cuarteron”. En todos los testamentos de la época, no sólo se deja el dinero estipulado para el pago de los clérigos asistentes a las misas, sino también se deja el pan, vino y velas o su equivalente económico necesario para la celebración.

Deja dicho que “se de una cama de ropa que se entiende, dos colchones e dos sabanas e dos almoadas e una fraçada blanca a quien el sr. Melchor lopez, clerigo, deçida que sea perssona pobre e neçesitada” y que “a Teresa Gutiérrez, enfermera, porque me a echo buena conpañía 2 Ducados y una rropa aforrada de anascote que yo tengo y el manteo verde que traigo debaxo y el mi relicario que traigo al cuello”. Esta Teresa Gutiérrez era enfermera del palacio en donde Cecilia estuvo atendida debido a su enfermedad. Así se expresa al final del documento, pues el testamento es “otorgado en la villa de Bexar en la casa de la enfermería del Duque mi señor”.


Juana de Mendoza, duquesa de Béjar,con un enano
Retrato de Alonso Sánchez Coello
Colección particular. Madrid.

Además Cecilia se acuerda de sus compañeras, sirvientas también en la corte del Duque, pues a “Juana Muñoz, criada que fue de mi señora la duquesa, que dios tiene en su gloria, que esta en Sevilla (...) mando le den una basquiña negra de las mejores que yo tengo e una camisa de lienço casero y otra de holanda”. El documento es un muestrario de la ropa y vestidos que llevaba una dama pudiente del siglo XVI, pues una “basquiña” era una saya que llevaban las mujeres desde la cintura a los pies; las camisas de holanda estaban confeccionadas en algodón, tejido considerado muy suave y reservado a las clases privilegiadas por una población que en la época vestía preferentemente de lana.

Por fin Cecilia deja estipulado en su testamento que los restantes bienes fueran subastados en una almoneda y con el dinero obtenido se celebrasen misas por su alma, fundando con ellas una capellania en la iglesia de Santa María de Béjar.

Es curioso que al final del documento, donde se cita a los testigos, se dice “yo el muño no conozco a la otorgante mas de por oidas que fue criada de la duquesa de bexar, mi señora doña Teresa, que dios tiene y después de mi señora la marquesa de Zara”. El título del marquesado de Zahara pertenecía a la dueña de Cecilia, doña Teresa de Zúñiga, hija del duque Francisco II, quien pasó por matrimonio a regentar dominios andaluces. Sea como fuere, si Cecilia marchó de Béjar, volvería para morir aquí. El muño (misterioso personaje, cuya casa aparece en el cuadro de Ventura Lirios marcada con una estrella y destacada de las demás), Francisco de Vergara, dice “recibi informacion de Alonso Gallardo y de lucas Sanchez, vecinos de esta villa de bexar y criados de los duques mis señores”. Dichos personajes actuarían de testigos.


Escudo partido en dos cuarteles con la heráldica Zúñiga /Sotomayor.

Patio del Palacio Ducal.


El día 11 de Febrero de 1571 se llevó a cabo la almoneda de los bienes de Cecilia. Vamos a enumerar algunos como curiosidad: un manteo negro, una ropa “de paño negro a manera de sotana de veintidoseno, una faldilla de paño de grana blanca” (que lo compró “Maria Muñoz, la perulera”; así llamaban a los que habían estado en América y volvían enriquecidos a la península), un sombrero aforrado de tafetán, varias sábanas, varias almohadas, tres toallas, una toca de holanda, una toca “beatilla, medias calzas coloradas, un poco de seda de colores y aguja de hilo de Toro”, varias arcas y “una redomita de vidrio”.

Es interesante la enumeración de prendas que componían el traje de una señora de la época, pero aún mas sus compradores. Las sotanas las compran clérigos (el Arcipreste Ramírez y Juan de Miranda), así como las sábanas (Juan Gutiérrez de las Huertas), la redomita y unas ¡calzas coloradas! La faldilla María Muñoz la perulera; unas almohadas Martín Gutiérrez, el pregonero. Aunque la mayoría es adquirido por la mujer de Lucas Sánchez, a la que se cita como enfermera (¿sería Teresa Gutiérrez, la enfermera que la cuidó en sus últimas horas?)

Cecilia, esclava manumitida de la Casa Ducal, llegó a ser un testigo de excepción en un momento álgido en la Historia de Béjar y de España. Ahora, que tanto se impulsa la historia de género, aquí tenemos un ejemplo muy interesante por su condición y por ser una de las pocas bejaranas de la Edad Moderna de la cual sabemos algún dato sobre su vida, excepción hecha, naturalmente, de las duquesas y de doña Juana de Carvajal.

BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES
Archivo parroquial de Santa María la Mayor. Documentación suelta.
MUÑOZ GARCÍA, J: Cronología de los Estúñigas, señores de Béjar, y de los Duques, sus sucesores. Ofrenda a la Santísima Virgen del Castañar (II), 1963.

domingo 8 de noviembre de 2009

Una esclava en la corte de los Duques de Béjar (1ª Parte)

Autora: Mª Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid, nº4.473. Diciembre de 2007.

El título de este artículo sorprenderá, sin duda, a unos lectores que se preguntarán: ¿esclavos en plena Edad Moderna? Pues sí. La mayoría de nosotros, cuando oímos la palabra esclavitud en sentido histórico, la encuadramos en la Edad Antigua, en la Historia de Roma, por ejemplo, o en la América colonial, los esclavos negros llevados a las plantaciones de algodón, café o caña de azúcar. Pero lo que se ignora es que en la España Imperial de Cervantes, de Velázquez o de Santa Teresa, junto a hidalgos, pícaros y clérigos, uno se podía encontrar por la calle con nobles acompañados por sus esclavos. Símbolo de lujo en la época, su número era escaso, reservándose preferentemente a trabajos domésticos. Procedían de África, Europa del Este, América o de la propia España (se podía llegar a la esclavitud por deudas), existiendo importantes mercados en lugares como Valencia, Lisboa o Sevilla.


Fuente de los Ocho Caños
Palacete renacentista de "El Bosque". Béjar
Construído por el duque de Béjar Francisco II

Es, por tanto, admisible suponer, por todo lo dicho, que el duque de Béjar poseería algunos o muchos esclavos, dada su calidad de Grande de España y su residencia en la Corte. Cecilia de Castro era una de ellas.

Propiedad de Doña Teresa de Zúñiga, hija del duque Francisco II y de su primera esposa Guiomar López de Mendoza y Aragón (luego casaría con el duque de Arcos), sabemos por la documentación que manejamos, que Cecilia era blanca y que se dedicaba a la atención doméstica. Seguramente el trato continuo entre ambas, llevaría a Doña Teresa a manumitirla. Así consta en el documento que comentaremos.

Empieza así: “Sepan quantos esta carta vieren como yo Doña Teresa de Çuñiga, hija lejitima del Ilustríssimo Sr. don Françisco de Çuñiga y Sotomayor, duque de Bexar, marques de Jibraleon, conde de Belálcazar, mi señor, y de la Illma. Señora doña Guiomar de Aragon y de Mendoça, duquesa de Bexar, mi señora. De mi propia libre, agradable, y spontanea boluntad sin ser apremiada, ni induçida por perssona alguna para lo que de uso desta carta sera contenido, e con liçencia e autoridad e espreso consentimiento que ante todas cossas pido e demando al dicho Illmo Sr. Duque de Bexar, mi señor y padre, para haçer e otorgar todo lo que en sta carta de libertad y manumision sera contenido, e yo el dicho duque de Bexar que presente stoy a lo que dicho es, digo que otorgo y conozco que presto autoridad y espreso consentimiento e doy liçencia a vos la dicha doña Teresa de Çuñiga, mi hija legitima, para que hagais y otorgueis esta carta de libertad (...)”. Doña Teresa era entonces, según la época menor de edad, y por ello y por ser mujer, pide el consentimiento de su padre para dictar esta carta.


Patio renacentista del Palacio Ducal. Béjar.

Construído a instancias del duque Francisco II ,

su constructor fue el maestro Pedro de Marquina

Continúa: “(...) otorgo e conosco e digo que por quanto la muy excelente señora doña Teresa de Çuñiga, duquesa de bexar, mi señora a la que la madre del dicho duque mi señor, difunta, que sta en gloria, su testamento e ultima boluntad que hiço, me mando e dejo a Cecilia, su esclava, que es blanca, entre otras mandas que me hiço, para que fuesse mi propia y me sirviese todos los dias de su vida como esclava mi e con que yo no la puediese vender, ni enajenar a persona estraña (...)”. Parece ser, según esto, que Cecilia fue uno de los legados dejados en herencia a Teresa por su abuela, la gran duquesa de Béjar Teresa de Zúñiga y Guzmán, que había muerto en 1565. En resumen, poseía la condición de regalo, un bien que había legado a Teresa su abuela. Deducimos entonces que los esclavos recibían el tratamiento de cosas, de bienes que se podían comprar y vender a antojo del propietario. No sólo esto: sabemos que los hijos de los esclavos heredaban su condición de tales si sus amos no les concedían la carta de manumisión.

“(...)e agora por serviçio de Dios Nuestro Señor e por haçer bien e merced a la dicha Cecilia, quiero y es mi boluntad de la libertar y manumitir e manumito para que sea donde e en el dia en adelante que esta carta escriba y otorgue, queda libre e esenta de toda servidumbre e cautiberio, y le doi liçencia, poder e facultad para que pueda haçer e disponer de su perssona e do aquello que quisiere (...) y que pueda goçar e goçe de todas las franquicias e inmunidades e preminencias que tiene e goçan los que son libres (...)”. Nótese que, a pesar de ser un documento de carácter jurídico, se aprecia una cierta nota de cariño de Teresa hacia Cecilia. Pensemos que seguramente fueron compañeras de juegos y crecieron juntas, en el caso de que Cecilia tuviera una edad próxima a la de la hija de los duques, o bien, su segunda madre, si la esclava se encontrara en la edad madura.

Fuente del patio del Palacio Ducal. Béjar

“(...) ansi en esta vill de bexar como en todas las otras partes e ciudades, villas e lugares destos reinos (...) como si nunca hubiera sido esclava (...) e por cuan soi mayor de 19 annos y menor de 25 para mayor corrovoracion e firmeça de esta carta (...) digo que juro a Dios Nuestro Señor e a Santa Maria, su madre, e a las palabras de los santos, cuatro evangelios y a la señal de la Cruz (...) de no ir, ni venir contra esta carta de libertad (...) A 23 dias del mes de diçiembre del año del señor de 1568 annos, testigos que fueron presentes Rodrigo de Arteaga e Gaspar Sarazo de Losada e Juan Mendez portero de Su Señoria Illma. –Firmado Doña Teresa de Çuñiga ante mi Juan Gonzalez, escribano (...)”. Es curiosa la fecha de este documento pues es el año en que ocurren tantas cosas en nuestra ciudad: la reducción parroquial, el ducado en su máximo esplendor, obras de ampliación en todas las iglesias de la ciudad (El Salvador, San Gil, San Juan, Santa María), los conventos en construcción y reforma, la edificación de la Carcel, ahora ayuntamiento...Parece que la ciudad hierve de actividad.

Y concluye así: Cecilia una vez que conoce la carta, leída por el escribano en presencia de los testigos, Doña Teresa y el duque, “se hinco de rodillas y beso las manos a los dichos Illmos. Señores Duque de Bexar y Doña Teresa de Çuñiga su hija(...)”.

(Continuará)

jueves 5 de noviembre de 2009

El precario estado de conservación del retablo de Navalmoral de Béjar



A continuación voy a mostraros una serie de fotografías de detalle del retablo de Navalmoral de Béjar con la intención de que podais observar el estado de deterioro en que se encuentra. La entrada viene a propósito de comprobar en algunos de vuestros comentarios la duda que demostrábais en cuanto a la conservación de la pieza. Evidentemente tenéis toda la razón al afirmar que aparentemente está bien. Efectivamente, sólo aparentemente, ya que si nos acercamos a él podremos verificar que una serie de patologías están haciendo mella en el retablo, algunas de bastante seriedad, a tal punto que a medio-corto plazo pueden provocar consecuencias desastrosas.



En primer lugar se pueden comprobar daños de carácter estructural, esto es, falta de cohesión de los elementos sustentantes, abarquillamiento de las tablas de madera por la humedad, desprendimientos, aparición de grietas... En algunos casos, como el que vemos en la fotografía, se ha procedido a apuntalarlo o clavar sobre la madera del retablo pequeñas piezas para evitar su desmoronamiento (muy evidente en el caso de la sustentación del sagrario sobre la mesa de altar). Curiosa es también una intervención reciente en la que se han embebido las basas de las columnas dentro de las losas con las que han recubierto el banco del retablo y la antigua mesa de altar.


En el retablo de Navalmoral de Béjar se puede apreciar una actuación que desconocemos si data de la época del asentamiento primigenio del retablo o posterior. Se trata del ocultamiento de las piezas laterales que actuarían de decoración.



También podemos comprobar la acción de los xilófagos a lo largo del tiempo que, en los casos más graves, pueden conllevar el vaciamiento interior de la pieza, dando como resultado que lo que estemos admirando sea simplemente un cascarón. Los restauradores suelen actuar ante tal situación con la aplicación de tratamientos químicos determinados y minuciosos, y el relleno del interior con materiales como resinas acrílicas u otras maderas en casos muy determinados.

Por otro lado, son habituales las pérdidas de elementos secundarios, tales como adornos vegetales, partes de las figuras decorativas e incluso secciones completas como columnas, tablas o cresterías.


A simple vista lo que más suele llamar la atención de los profanos es la falta de limpieza, la desaparición de las policromías y del dorado o repintes posteriores (últimamente se observan muchos casos de cubrimiento de la falta de dorado con la perjudicial purpurina). En tales casos se procede, durante la restauración, a limpiar las piezas e intentar llenar esos vacíos con alternativas que no supongan el repinte de la pieza, ni la aplicación de láminas de oro. Las intervenciones restauradoras , a mi modo de ver, deben suponer el menor impacto posible. En la actualidad se limitan a consolidar lo ya existente, sin completar, sin reinventar.

sábado 31 de octubre de 2009

La iglesia de Navalmoral de Béjar (2ª Parte)


Autores: Roberto Domínguez Blanca y Mª Carmen Cascón Matas

Publicado: Semanario Béjar en Madrid, nº5.533. 30 de enero de 2009

El retablo mayor es una interesantísima obra dieciochesca que se encuentra en un estado de conservación lamentable y que sin lugar a dudas merece que se le restaure convenientemente. Ocupa casi todo el muro oriental del templo, recortándose su crestería contra las bóvedas. Es de un cuerpo y tres calles. Parte de una predela actualmente envuelta en obra moderna de granito. El cuerpo principal es tetrástilo con columnas salomónicas de orden corintio (similares a las de los retablos laterales) que soportan fragmentos de entablamento con volutas en cada una de sus caras. El intercolumnio central lo ocupa un gran sagrario en forma de templete de planta poligonal y de dos cuerpos, y los laterales hornacinas con las imágenes del Sagrado Corazón y de San Bartolomé; la primera moderna y la segunda parece antigua. Se cierra el retablo con un ático semicircular en el que destaca el lienzo central con el tema de la Anunciación. Toda su estructura se decora con motivos heredados de lo churrigueresco (vegetación dinámica) a lo que se añaden otros elementos típicos del S. XVIII (telas colgantes), e incluso rocalla (asiento de los angelotes del ático), más propia de los retablos de la segunda mitad de dicha centuria.



Retablo mayor de la iglesia de Navalmoral

La historia de este retablo es compleja y vamos a tratar de esclarecerla a través de los escasos datos de que disponemos. Don Juan Muñoz afirmó, sin duda consultando documentación, que el Santuario del Castañar vendió su anterior retablo mayor a la parroquia de Navalmoral de Béjar, lo que ha hecho pensar a muchos que es el que se conserva actualmente, afirmación que no es del todo correcta. Don Juan apunta a que alrededor de 1658 los tallistas Miguel Ramos y Francisco Ciprés trabajaban en la construcción del retablo de la Virgen del Castañar, añadiendo que se desmonta en el siglo siguiente cuando se hace el actual. Efectivamente, en la mayordomía de 1740-1741 del libro de la cofradía de la Virgen aparece dicha venta: "Ytten setecientos rreales en que se vendió el retablo viejo ael Lugar y Iglesia de Navalmoral". Hecho que se corrobora en los libros de fábrica de la parroquia, cundo en el bienio 1741-1742 se anota lo siguiente: data de jornales y gasto que hizieron los maestros que binieron a asentar el Rethablo 164 reales y 28 maravedíes.


Detalle del sagrario del retablo mayor

Teniendo en cuenta el estilo puede proceder del antiguo retablo del Castañar

Con este último dato queda claro que el retablo de El Castañar se montó en la iglesia antigua del pueblo. Pero en la actual, como ya hemos dicho, su retablo mayor es del siglo XVIII y no se corresponde con el que hicieron Miguel Ramos y Francisco Ciprés. Sin embargo el retablo de Navalmoral conserva un interesante sagrario reaprovechado más antiguo, datable en la primera mitad del siglo XVII, que sí puede proceder de ese retablo de El Castañar. Este sagrario tiene un empaque semejante al de otros retablos del barroco clasicista conservados en la comarca bejarana (iglesias de Santa María de Béjar, Colmenar de Montemayor, Valdefuentes de Sangusín…).

Respecto del origen del retablo mayor dieciochesco de Navalmoral poco es lo que podemos aportar puesto que no hemos hallado dato alguno sobre su contrato y construcción. No sería raro que hubiese sido adquirido por la parroquia mucho más tarde, quizás en la primera mitad del siglo XIX a raíz del proceso desamortizador, dando lugar a una dispersión de los bienes de los conventos bejaranos, que fueron a parar a las iglesias de Béjar y de los pueblos de su entorno (Navacarros, Santa María de Béjar, San Juan de Béjar…).

Santuario de la Virgen del Castañar
y su retablo mayor de estilo rocócó salmantino

La última gran reforma del retablo y del sagrario tiene lugar en 1860, cuando, tras adquirirse la nueva custodia (perdida la anterior durante la francesada), se adorna y repara el primero, y se adecúa el segundo para acogerla.

Para finalizar, queremos agradecer las facilidades prestadas en todo momento por el párroco de Navalmoral de Béjar don José Luis Chicharro.

FUENTES DOCUMENTALES Y BIBLIOGRAFÍA

-Archivo parroquial de Navalmoral de Béjar:
Libros de Cuentas de Fábrica (1632-1769) y (1769-1891).
Libro de la Cofradía de San Bartolomé (1730-1840).
Documentación suelta.
-Archivo parroquial de San Juan de Béjar:
Libro de la Cofradía de la Virgen del Castañar (1708-1863)

MÉNDEZ HERNÁN, V.:
MUÑOZ GARCÍA, J.: “Historia de la Santísima Virgen del Castañar, excelsa patrona de Béjar y su comarca”, Ofrenda a la Santísima Virgen del Castañar, vol. 1, Prensa Española, Madrid, 1963, pp. 129-304.
SÁNCHEZ SANCHO, J. F. y DÍEZ ELCUAZ, J. I.: “El conjunto barroco de Valdesangil”, Revista del Centro de Estudios Bejaranos, nº 12, diciembre de 2008, Centro de Estudios Bejaranos y Ayto. de Béjar, pp. 9-45.

sábado 24 de octubre de 2009

La iglesia de Navalmoral de Béjar (1ª Parte)


Autores: Roberto Domínguez Blanca y Mª Carmen Cascón Matas


Publicado: Semanario Béjar en Madrid, nº5.532. 23 de enero de 2009.


La iglesia que actualmente podemos contemplar en Navalmoral de Béjar data su construcción del año 1789, momento en que, no sólo se sustituyó el templo antiguo sino que también se modificó su emplazamiento. Dos causas motivaron su traslado: por un lado su lejanía con respecto al caserío, y por otro el mal estado de conservación de su fábrica en fechas bien tempranas. Un ejemplo de las inconveniencias de lo que hemos mencionado en primer lugar se recoge en un documento de 1657 en que se dice que había “riesgo y peligro […] por estar [la iglesia] sin veçindad de casas y aber hurtado de Ella una cruz de plata y un cáliz y otras muchas cosas”. De lo arruinado que estaba el templo tenemos buena muestra en un mandato fechado en 1708:
Que por quanto la pared que cae al lado del hostigo de la capilla Maior de la dicha yglesia está amenazando rruina porque la continuación de las aguas la passa de una partte a otra de forma que se rreconoze esttar mobida y se pueden ocasionar maiores gastos; mandó su merced se compre la cal que se nezesitase para calafatearla por la parte de afuera y matizarla de cal para que con este reparo zese la dicha ruina […]” En años posteriores la iglesia continua con graves problemas de humedades, como en 1720 cuando se constata que “las paredes, expeçialmente las del cuerpo de la yglesia, están todas desmoronadas” empleándose vinagre sobre los muros antes de aplicar la cal y los revoques.





El empeoramiento del estado de la iglesia fuerza en 1783 al cabildo de Béjar a hacerse cargo de la situación enviando en este mismo año a Josef Fernández para su reconocimiento, puesto que en ese mismo año una de las paredes que daba al coro amenazaba ruina. Es curioso el dato de que en 1788 se nombre como nuevo párroco, en sustitución del antiguo cura rector don Santiago García Calles, a don Juan de Herrera, probablemente más capacitado (quizás por edad) para afrontar la construcción del nuevo templo en la mencionada fecha de 1789. Aunque hasta 1800 se siguen anotando gastos de obra en los libros parroquiales, la inauguración tiene lugar el día 24 de agosto (día de san Bartolomé, patrón del pueblo y titular de la parroquia) de 1790. En 1860 se acometen una serie de obras con el enlosado del sotocoro y de la capilla bautismal, en la que además se abre una pequeña ventana para iluminarla.


El edificio resultante es tremendamente sencillo. En el exterior únicamente llama la atención la espadaña en el imafronte del templo, con su escalera externa pegada al muro, como en la iglesia de Valdehijaderos. Al interior la iglesia es de una única nave de cuatro tramos cubierta con bóvedas barrocas de lunetos, que descansan en pilares adosados a los muros. A los pies se levanta la consabida tribuna de madera. De su patrimonio mueble destacan su retablo mayor y los dos laterales.


Retablo lateral del Cristo
Retablo del siglo XVIII, imágenes modernas

En los mandatos de la visita pastoral de 1738 se recoge la orden de hacer el retablo lateral del Santísimo Cristo y seguramente también el de la Virgen del Rosario, puesto que en 1739 se documenta un pago de 200 reales para este último. Para el retablo del Cristo, el profesor Méndez Hernán documenta su ejecución entre 1740 y 1741 y se lo adjudica al bejarano Lucas Barragán y Ortega, autor a su vez del retablo principal del santuario de Nuestra Señora del Castañar. Sin duda pensamos que este escultor también hizo el de la Virgen del Rosario. Gracias a un inventario fechado en 1742 sabemos que ya están asentados. Ambos siguen un diseño similar que bebe directamente del arte de los Churriguera: Un único cuerpo, donde se cobija la imagen, se eleva sobre una predela en la que se practica el sagrario. Enmarcan la hornacina una pareja de columnas salomónicas de orden corintio, cuyas cinco espiras se cubren con racimos y pámpanos como es norma. Remata cada conjunto áticos muy verticales cubiertos de vegetación y decorados con veneras. La principal distinción en la traza de ambos retablos viene en la configuración de las hornacinas, de medio punto en el caso de la de la Virgen y trilobulada en el caso de la del Cristo. Una vez ensamblados y construidos quedaba por ejecutar el dorado, que se solía retrasar durante décadas pues esta operación era bastante costosa. Al menos tenemos constancia de que el retablo del Cristo se dora entre 1798 y 1799.

sábado 17 de octubre de 2009

Reflexiones sobre la felicidad



Autor: Javier R. Sánchez Martín


Publicado: Béjar en Madrid, nº 4.319. 24 de diciembre de 2004.

Yo creo que todos llevamos en nuestro interior un filósofo. En mayor o en menor grado pero, al fin y al cabo, un filósofo. Incluso aunque no hayamos estudiado filosofía, porque todo en la vida está impregnado de ella. Por eso, en un paseo que di una mañana por Los Pinos, aprovechando los últimos coletazos de ese verano tardío que tuvimos ocasión de disfrutar la última quincena de septiembre pasado, me dio por pensar acerca de la felicidad y, cuando llegué a casa, probé a transcribir mis pensamientos.


Y bien sabe Dios lo difícil que es escribir sobre una cosa tan ambigua y tan etérea como es la felicidad. Pero pienso que en ocasiones es sano e incluso higiénico para la mente tratar de describir con palabras las ideas abstractas que nos asaltan, pues no por ser aparentemente imprecisas dejan de estar ahí, conviviendo con nosotros. Además, por abstracta que sea la idea de felicidad, debido a lo difícil que resulta definirla, todos sabemos sentirla. Distinguimos claramente cuando somos felices y cuando no. Quizá el sustantivo (felicidad) sea impreciso, pero no así el adjetivo (feliz).


Y como veo que empiezo a divagar, pasaré a referirles las reflexiones en que iba sumido cuando paseaba por el marco incomparable de esos parajes, con los rayos de sol penetrando a través de las ramas de los altos pinos, marcando en el sendero un irreal camino mezcla de luz y de sombras, propicio para la meditación. Vamos allá.




Antes de nada, establecer un aserto que no por intuido o por sabido es menos cierto: la felicidad es un valor subjetivo, es decir, depende de cada persona, de cómo perciba y evalúe los acontecimientos que le afectan directa o indirectamente. En definitiva, de su actitud ante la vida.

Por ello, la felicidad hay que buscarla siempre en el interior de uno mismo. Debe irradiar desde dentro hacia fuera, al menos la que es más duradera. La felicidad exclusivamente basada en los sucesos externos que afectan a nuestra vida será siempre mucho más efímera que la que puede lograrse con un estado de bienestar interior, es decir, cuando nos sentimos a gusto con nosotros mismos. Somos nosotros los que hemos de buscar en ese difícil mundo que bulle en nuestro cerebro y hacer que nuestra actitud ante la vida sea positiva.


Establecido esto, hay que añadir que la felicidad nunca es absoluta, tiene grados. Por ello hay que saber reconocer en qué grado mínimo podemos cada uno de nosotros acceder a ella. Obviamente ese grado no será igual para todos.



Otra consideración importante es que la felicidad siempre es temporal, nunca definitiva. Podemos ser felices durante un período de tiempo más o menos largo, pero sabemos que determinados hechos consiguen a veces perturbar nuestra existencia y dar al traste con nuestro estado de dicha. Por ello hay que tratar, primero, de aprovechar los períodos de bienestar, y segundo, de filtrar las emociones y tratar de sacar aspectos positivos incluso de los acontecimientos que nos puedan ser adversos. Aunque no siempre es posible esto último.


La felicidad está también muy ligada a la salud, mental y física. En cuanto a los bienes materiales, pueden ser importantes en la vida de cada uno, pero están siempre por debajo de la salud. Además, puedes tenerlo todo en la vida y ser enormemente desdichado. Porque la felicidad no consiste tampoco en tenerlo todo, sino en saber disfrutar lo que se tiene, saberle sacar el máximo partido y conformarse con lo suficiente para vivir, es decir, prescindir de lo superfluo. Hemos creado a nuestro alrededor un mundo en el que cada vez necesitamos de más objetos materiales que, si nos paramos a pensar, podríamos prescindir de ellos sin demasiado esfuerzo, y nuestra calidad de vida cambiaría muy poco. Y esto a veces nos lleva a no darnos cuenta de lo verdaderamente importante, que es estar en paz con nosotros mismos y apreciar lo que tenemos alrededor: la familia, los amigos, ...


Precisamente un amigo me decía hace tiempo refiriéndose a las personas que sólo piensan en amasar dinero pasando por encima de todo lo que haya que pasar: “son tan pobres que sólo tienen dinero”. Y que verdad es. El problema es que a veces se dan cuenta demasiado tarde.


Disfruta la vida con alegría pero con moderación, no olvidando que una de las acciones más gratificanes es ayudar a los demás, especialmente a los que tienen problemas. Piensa razonablemente en el futuro, pero no te amargues. Intenta vivir el presente, porque cada día que se va no vuelve.



Quiero acabar con un párrafo de Rabrindanath Tagore que me impresionó desde que lo leí en un libro suyo. Probablemente muchos de ustedes lo conozcan. En ese caso les ruego que lo relean. Y si no lo conocen, seguro que les gusta. Pero es más, aplíquenlo. Resume toda una filosofía de la vida. Dice, «Has escrito muchas páginas en tu libro, unas son tristes, otras alegres, unas limpias y claras y otras son borrosas y oscuras. Pero aún queda una página en blanco, la que has de escribir este día. Te falta por escribir la página de hoy. Piensa y quiere que ésta sea la página más bella, la más sincera, la más sentida. Cada mañana al despertar recuerda que has de llenar la mejor de tus páginas, la que dirá lo mejor que tú puedes dejar en el libro que estás escribiendo con tu propia vida».

Poco se puede añadir después de estas bellas palabras que encierran un hondo significado. Si comprendes que tiene que cambiar tu actitud ante la vida, ante los demás, nunca es tarde para hacerlo. Pero procura no dejarlo mucho, porque cuanto más tardes más difícil te será conseguirlo.

sábado 10 de octubre de 2009

El matrimonio del duque don Joaquín a través de las cartas enviadas al consistorio (2ª Parte)

Autora: Mª del Carmen Cascón Matas

Publicado: Béjar en Madrid, nº 4.563. 28 de agosto de 2009


Las ceremonias religiosas encargadas por el duque de Béjar don Joaquín, con la intención de elegir una buena esposa para su señorío, debió de agradarle enormemente a juzgar por la elogiosa carta que escribió el Duque a finales del año al consistorio:

“Consistorio de mi Villa de Bejar: por vuestras cartas de 16 y 23 del corriente veo la puntualidad con que haveis puesto en execucion lo que os ordenava sobre rogativa y haciendome cargo de la generosidad en pagar de vuestros haveres los Gastos de cera y sermon os aseguro he quedado muy complacido; no esperaba menos de vuestra fidelidad y buen corazon para conmigo; os doy las Gracias y en quanto pueda procurare atenderos como hasta aqui, en reconocimiento del especial favor que os he devido.
D(ios) o(s) G(uarde) m(uchos) a(ños).
Madrid y Diciembre 30 de 1757.
Quien mas os estima
El Duque de Bejar”

Retrato de la duquesa de Osuna (y también de Béjar)
Sucesora del duque don Joaquín al morir éste sin sucesión

El duque tardó en tomar su decisión a la hora de matrimoniar, pues no en vano debía elegir una dama de noble cuna, impecable honestidad y limpieza de sangre, además de, si se llegaba el caso, ser heredera de título por ser único vástago de familia aristocrática. El fracaso del anterior matrimonio con doña Leopoldina Isabel Carlota de Lorena, hija del príncipe de Pons, disuelto en 1760, le hizo meditar muy mucho entre las damas nobles en edad casadera. La causa más usual que se alegaba para obtener la anulación era la imposibilidad de engendrar herederos, tara achacable siempre a la mujer. Mucho nos tememos que el problema venía del propio don Joaquín, pues en ninguno de sus enlaces logró tener descendencia y, a su muerte en 1777, los señoríos pasaron a su famosa sobrina Mª Josefa Alfonso Pimentel Téllez Girón, duquesa de Benavente y, por su casamiento, duquesa de Osuna.


Pero en 1760 nada hacía presagiar esto y el duque comunicaba su decisión de boda a nuestro consistorio:

“Consistorio, Justicia y regimiento de mi Villa de Béjar: deseando dar a vuestra fidelidad los mejores testimonios de mi reconocimiento y teniendo presente las veras con que os interesasteis en pedir a Dios Nuestro Señor el acierto en mi estado: os participo mi determinación de contraer Matrimonio con la Exma. Sr. Dª Escolastica de los Rios y Rohan, hija de los Exmos. Sres. Condes de Fernan Nuñez para que lo celebreis a proporcion del gusto y satisfacción con que yo me hallo, sin mas demostraciones publicas por ahora, que la alegria comun que me prometo de esta noticia.
N(uestro) S(eño)r o(s) g(uarde) m(uchos) a(ños).

Madrid 12 de Septiembre de 1760.
Quien os estima
El Duque de Bejar” .

Detalle del retablo mayor de la iglesia de
Santa María la Mayor. Béjar


La nueva duquesa también quiso congraciarse con sus vasallos:
“Señores míos. Respondo gustosa a su muy estimada carta por las attentas expresiones que me hacen, y aseguro a Vuestras Mercedes tendran en mi una Protectora para con el Sr. Duque y que inclinare sienpre su innata bondad a beneficio de esos Pueblos, los quales me encontraran pronta a complacerles en quanto sea posible.
N(uestro) Sr. G(uarde) a V(uestras) M(ercedes) m(uchos) a(ños)


Madrid, 10 de octubre de 1760
Quien mas estima a V(uestras) M(ercedes)
Escolastica de los Rios”


El mismo día de la boda, celebrada en Madrid en enero de 1761, y la misma hora, a las 10 de la mañana, se ofició en la iglesia de Santa María una misa “con la mayor solemnidad” y un Te Deum a los que asistieron el Cabildo Eclesiástico en pleno, las comunidades conventuales y los vasallos y sus representantes.

Por la noche se dispuso que “con la Mayor Pompa y lucimiento para dicho dia domingo por la noche un Vitor que se fixe en estas Casas Consistoriales el qual lleve el Sr. Alferez Mayor, acompañado de todos los Sres. de este Ilustre Consistorio y demas vecinos que hayan sido capitulares, combidandoles con esquelas para que salgan a acompañarle con achas enzendidas yluminandose por los vecinos de esta Villa dicha noche sus ventanas y colgandolas lo mas luzido que se pueda, y para el Lunes se de providencia para que se hayga una Dozena de Nobillos todo en Jubilo y alegria de la Noticia recivida”.



Patio del Palacio Ducal. Béjar

Buen documento éste para apreciar el cariño, al menos aparente, de los bejaranos por sus señores los duques de Béjar. Y es entonces, cuando podemos escuchar de nuevo, paseando cualquier fría noche de enero por nuestra Calle Mayor, las voces lejanas de los bejaranos jubilosos alabando a los recién casados, mientras oscuras sombras alumbradas fantasmagóricamente por llamas llevadas por el viento caminan por debajo de los balcones adornados hacia la Plaza Mayor. Al paso, los vecinos cierran los cuarterones ajados de las ventanas y se acuestan en sus jergones, abrigados por pesadas mantas con olor aún a lana de oveja, soñando con la corrida de toros del día siguiente.


BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES DOCUMENTALES:

MUÑOZ GARCÍA, J: Cronología de los Estúñigas, señores de Béjar, y de los Duques, sus sucesores. Ofrenda a la Santísima Virgen del Castañar (II), 1963.
Archivo Municipal de Béjar: Libro de Actas de sesiones año 1757 (enero a abril). Sign. 1605. Sin foliar.
A. M. B: Libro de -A. M. B: Libro de Actas de sesiones año 1760 y 1761. Sign. 1606. Sin foliar.

sábado 3 de octubre de 2009

El matrimonio del duque don Joaquín a través de las cartas enviadas al consistorio (1ª parte)

Autora: Mª del Carmen Cascón Matas

Publicado: Béjar en Madrid, nº 4.562. 21 de agosto de 2009.


Aquella era una noche fría, una más del mes de enero. La helada posando escarcha brillante sobre las superficies mojadas, chuzos colgando de los aleros, callejones solitarios, desiertos, oscuros, sólo iluminados por la luna que se cierne sobre los tejados. Impera un silencio sepulcral en la Calle Mayor roto sólo por las leves y apresuradas pisadas de un gato que se ciñe a las fachadas, huyendo de la oleada de viento serrano que pasa ululando, agitando los cuarterones de las ventanas cerradas a cal y canto.

De repente, una puerta se abre con chirrido de goznes, un perro ladra en la lejanía, alarmado quién sabe por qué, y su lamento rebota y rebota. Sombras se acercan, caminan lentamente, bajando la calle apenas alumbrada por teas que portan en sus manos, bultos embozados con capas de pesado paño, bien calados los sombreros de ala ancha y de tres picos sobre las cabezas. A medida que se van acercando hacia nosotros, rostros se asoman a los ventanuchos de las casas, primero tímidamente, después alzando la voz y saludando a los que pasan.



"Los zancos", de Francisco de Goya


Ahora reparamos en que los vecinos han adornado balcones y ventanas con lo que han encontrado a mano (colchas, sábanas bordadas, flores secas, símbolos religiosos, todo atado y bien atado para que la ventisca no lo arranque de las fachadas). Y mientras, el grupo de embozados, curtidos los rostros por el frío viento, camina junto a nosotros, mientras a su paso varios vecinos gritan: “¡Vivan don Joaquín y doña Escolástica!” y la algarabía se desparrama a medida que llegamos a la Plaza Mayor.

Todo comenzó cuando el consistorio recibió esta carta del señor Duque:
Consistorio, Justicia y Regimiento de mi Villa de Bejar: ha llegado el caso en que deseo experimentar vuestra buena Ley y que acrediteis los ofrecimientos que tantas vezes me haveis hecho. Yo estoy en precision de tomar estado y para el acierto he considerado conveniente acudir a los señores sacerdotes de esa Villa, a quienes suplico se me haga una Rogativa por nueve dias en la Yglesia Parroquial de Santa María. El dia de fiesta que en ella deseo sea publica con misa cantada y concurrencia de todo el Pueblo, que contemplo tambien interesado; para esto dareis las providencias correspondientes enterando a todos, quan de su agrado sera la asistencia. Y me dareis quenta de como se ha ejecutado.
D(ios) o(s) G(uarde) m(uchos) a(ños).

Madrid, diciembre nueve de 1757.

Quien os estima
El Duque de Bejar"
.

Finca de El Bosque, palacio de verano de los duques de Béjar


Así informaba el duque de Béjar don Joaquín su intención de elegir esposa al consistorio bejarano, para lo cual invocaba la ayuda de Dios y el apoyo de sus vasallos. Al fin y al cabo el matrimonio de un noble tenía mucho que ver con lo político y no era un asunto meramente amoroso. Y si a este hecho sumamos el que el Duque ya había estado casado en primeras nupcias con Leopoldina Isabel Carlota de Lorena, matrimonio que se había efectuado en 1732, con resultado desastroso (se disolvió en 1760, curiosamente tres años después de la carta), es comprensible que pidiera toda la ayuda de la corte celestial. Si la anulación no se llevó a cabo hasta tres años más tarde, ¿por qué el duque comenta que va a tomar estado?. Quizás sus intenciones se adelantaron a los acontecimientos, pues su segundo matrimonio no se celebró hasta después de dicha disolución.

Diez años llevaba ya rigiendo sus extensos señoríos, pues su padre don Juan Manuel II había fallecido en 1747. Don Joaquín Diego López de Zúñiga se llamaba y era el único hijo varón del matrimonio entre su padre y doña Rafaela de Castro Portugal y Borja. Sólo le acompañó en sus juegos infantiles una hermana, Mª Josefa, que andando el tiempo casarían con el conde de Lemus.

Por aquel entonces hacía ya algunos años que los duques apenas pisaban tierras bejaranas, disfrutando de los cargos cortesanos, en el caso de don Joaquín durante los reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III. Ostentaban los títulos de ayos de los príncipes e infantes y mayordomos mayores del Príncipe de Asturias. Aunque eso no estuviese reñido con el interés que demostró siempre en impulsar el desarrollo de la manufactura de paños bejarana de la que extraía múltiples beneficios económicos. Por ejemplo, con el tintado de paños, monopolio exclusivo de su señorío y por el cual todos los fabricantes debían pagar por la utilización del Tinte Ducal.

Edificio del consistorio (Plaza Mayor) y
santuario de la Virgen del Castañar (patrona de Béjar) al fondo

Pero vayamos al año que nos ocupa y veamos qué representó esta carta para el consistorio bejarano.

El requerimiento ducal se llevó por supuesto a cabo con toda precisión, pues nada más llegar el correo (transportado a uña de caballo, es decir, una posta a toda prisa desde la Corte) el día 14 de ese mismo mes (por tanto, 5 días más tarde, lo que nos da idea de la tardanza de la correspondencia, que a veces podría resultar de vital importancia) se reunió el Consistorio.


Para esta celebración de alto copete se estableció una novena y misa cantada con la participación del párroco de Santa María (el templo propio de los Duques, por pertenecer el Palacio a su feligresía) y del Abad del Cabildo Eclesiástico. Asimismo, todas las campanas de las parroquias y comunidades religiosas debían de ser tañidas desde la víspera. De esta forma repicarían las de Santa María, El Salvador y San Juan Bautista, a las que se sumarían las de los Conventos de San Francisco, Monjas de la Piedad y de la Anunciación. Enmudecidas estaban ya por el rigor de l paso de los siglos las de San Pedro, San Andrés, Santa María de las Huertas, San Miguel, San Nicolás y Santo Domingo, todas ellas ya arruinadas por entonces, y otras que aún estaban en pie, pero que habían perdido su carácter de parroquia con la reducción de 1568 como Santiago y San Gil. Las campanas del reloj de Villa y Tierra, situadas en la torre de esta última, repicarían a las doce del mediodía durante la novena.

(Continuará)

sábado 26 de septiembre de 2009

Apuntes artísticos y arquitectónicos a la iglesia de El Pilar de Béjar

Autor: Roberto Domínguez Blanca


Publicado: Semanario Béjar en Madrid, nº4.549. 22/05/2009


El siglo XX que hemos dejado atrás también ha aportado un buen número de edificios singulares que han enriquecido el legado monumental de Béjar. Uno de los más llamativos es el de la iglesia de El Pilar, concebido para dar cobertura religiosa a la barriada Virgen del Castañar. Su construcción fue posible gracias al mecenazgo de don Emilio Muñoz García, que encargó el proyecto al arquitecto bejarano don Tomás Rodríguez Rodríguez. La ejecución del mismo se retrasó prolongándose nada menos que de 1963 a 1975, aunque por 1966 ya estaba levantado lo fundamental de la obra, pudiendo concluirse del todo gracias al empeño de la familia Muñoz Díaz. Acudiendo a las hemerotecas, encontramos en las crónicas de este mismo semanario el relato del acontecimiento social que significó la inauguración de la iglesia el 27 de septiembre de 1975, y datos tan interesantes como que su coste final multiplicó por diez lo presupuestado en un principio.


Iglesia del Pilar de Béjar (imagen superior) y San Zenón de Verona (abajo)

Cuando se ideó la iglesia para la más reciente de las parroquias bejaranas se tuvo en mente la arquitectura románica italiana de la región de Lombardía. Un tipo de arquitectura medieval que superó las fronteras regionales y las de la península Itálica gracias a maestros canteros itinerantes que difundieron su forma de hacer, por ejemplo, por Centroeuropa. También llegaron a la península Ibérica marcando el primer periodo del Románico español, aunque ciñendo sus construcciones al norte de Cataluña y Aragón. Este románico es extraño a lo castellano, pudiéndose citar tan sólo dos edificios que se amoldan a sus principios: la ermita de San Pelayo de Perazancas (Palencia) y, sobre todo, la ermita de Nuestra Señora de la Anunciada en Urueña (Valladolid).

En cuanto al modelo concreto en que se basó la traza de la iglesia bejarana, no hay duda de que se trata de la basílica de San Zenón de Verona (Véneto) como señalan las fuentes de la época, al menos para la fachada de poniente. Basta comparar las fachadas principales de ambas iglesias
para evidenciar las similitudes.

Escultura de la Virgen del Pilar

La iglesia veronesa se construyó en origen para un monasterio benedictino, nada menos que en la primera mitad del siglo XII. Las principales coincidencias se dan en el exterior de la nave de la iglesia y, como hemos dicho, especialmente en la configuración de su fachada occidental, con una portada adintelada resguardada por un estrecho pórtico en arco de medio punto que descansa sobre finas columnas. Encima se abre el gran vano circular o rosetón que ilumina el coro, con la vidriera de la Virgen del Castañar en la iglesia bejarana. Es muy singular el perfil escalonado de la fachada, que sobreeleva la calle o parte central de la misma, recorriéndose el frente del muro por unas estrechas bandas verticales en relieve que se conocen como lesenas o bandas lombardas. Estas bandas culminan en una serie de pequeños arquillos bajo las cornisas. En las calles laterales de la fachada se practican una serie de vanos de medio punto ajimezados, que en la iglesia italiana se multiplican en número por el mayor tamaño de este edificio respecto al bejarano.


Otra coincidencia es la espigada torre exenta; aunque aquí ya hay diferencias, puesto que en nuestra iglesia la relación de su volumen con el de la nave es más armónica, cambiándose de ubicación al ángulo noroeste y uniéndose al cuerpo de la nave con un pasadizo elevado. Está segmentada en altura por seis cuerpos bajo el chapitel de pizarra que corona el campanario. En todos ellos salvo en el inferior se repite el mismo módulo, con los característicos vanos ajimezados abiertos en todos los frentes. La torre bejarana sí imita a la veronesa en los perfiles agudos de su chapitel y de los cuatro pináculos piramidales que le contrarrestan.

Interior de la iglesia de El Pilar
Las tres naves que componen la planta de la basílica de San Zenón se reducen a una sola, pero espaciosa, en nuestra iglesia. Consta de siete tramos, ubicándose en el más occidental el coro sobreelevado por tres arcos carpaneles. Toda la nave se cubre con una gran bóveda de medio cañón dividida por arcos fajones muy marcados, en cuyos intervalos se abren lunetos para los consabidos vanos ajimezados. Este ritmo arco-vano del interior se traduce al exterior con la sucesión de vanos y contrafuertes. Las fachadas laterales se dividen en altura en dos cuerpos por medio de impostas que se decoran con canes muy variados. En el tramo central de la fachada meridional se abre la portada en medio punto que da al mirador. La cabecera es trilobulada, con tres ábsides semicirculares escalonados recorridos por amplios vanos de medio punto. El ábside central se corresponde con el presbiterio, sobre el que se eleva un cimborrio poligonal que sirve para dar más iluminación al espacio principal del templo. Al interior, una gran arquería de tres arcos separa el presbiterio de la nave.
En el diáfano interior otro de los logros de esta arquitectura es la consecución de una atmósfera especial, al reducir la luz natural por la coloreada de vidrieras y lámparas que a su vez se refleja en los mármoles y mosaicos de las paredes. Respecto a los mosaicos éstos fueron obra de don Isidro Roig y salidos de los talleres Padrós de Barcelona. Las lámparas de hierro, con los apliques en metal dorado que hacen juego con las puertas y otros elementos de forja en el exterior, fueron realizadas en Béjar.

Detalle de una de las vidrieras

En cuanto a la imagen de la Virgen del Pilar que se halla en altar del lado de la Epístola, es autoría del artista aragonés Francisco Rallo Lahoz y se fecha en 1965. Rallo Lahoz (que nació en Alcañiz, Teruel, en 1924 y falleció hace un par de años en Zaragoza), es considerado uno de los escultores figurativos españoles más importantes de la segunda mitad del siglo XX. En 2001 su obra fue objeto de una exposición retrospectiva juntándose 120 obras que se pudieron admirar en el zaragozano palacio de Sástago.

Además de su arquitectura y obra artística, la iglesia de Nuestra Señora del Pilar tiene otros valores añadidos como el emplazamiento y su cuidada escenografía (es el caso la gran escalinata que conduce a la fachada de poniente o la perspectiva dominante sobre el puente nuevo). Sin embargo, pese a ser uno de los edificios más llamativos del Béjar del pasado siglo y situarse en un enclave privilegiado, la degradación, la suciedad y el abandono que sufre su entorno es cada día más preocupante.

sábado 19 de septiembre de 2009

Hacia la Garganta del Oso


Autor: Javier R. Sánchez Martín


Publicado: Béjar en Madrid, 16 de abril de 2004.


Domingo por la mañana. Comienzos del mes de marzo. Amanece un día soleado y alegre que parece llegar en avanzadilla de la ya próxima primavera, aunque todavía queden muchos días de frío y lluvia. A eso de las once de la mañana decido dar un paseo que inicialmente pretendía ser sin rumbo, aunque el plan se vio pronto trastocado por la insólita propuesta de mi hijo mayor de venir conmigo. Me convence para que tomemos la ruta de la Garganta del Oso, lo que me pareció una buena idea, principalmente por el mucho tiempo que hacía que no tomaba esa agradable ruta.


Comenzamos a subir por Los Pinos. La luz del sol se filtraba entre las ramas y las agujas de estos austeros árboles de hoja perenne erguidos hacia el cielo, creando irregulares zonas de sombra y de sol y provocándonos la sensación de estar subiendo por un camino casi irreal. Cuando sobrepasamos el depósito de agua y la desviación de La Canaleja aparecen ante nosotros la gran mancha verde formada por la hierba de los prados y, un poco más allá, la soberbia vista de la Sierra de Béjar casi completamente cubierta de nieve.


Paisaje idílico en Los Pinos


Pero el paseo sigue, y el buen caminante debe disfrutar de la excursión. Ello significa observar con detalle los lugares por donde pasa, degustar lentamente con su mirada el paisaje, la luz, el color, los ruidos del campo, ..., el ambiente. Es, en definitiva, el disfrute de lo efímero, de todo lo que entra por tus sentidos en esos momentos y que eres consciente de que va quedando atrás según andas. Eres tú y nada más que tú el que lo sientes de ese modo y, sobre todo, te das cuenta de ello en los silencios que se dan en el transcurso del paseo.


Llegamos al final de Los Pinos, andamos un poco por la carretera de Candelario a Navacarros y enseguida nos desviamos por un camino de tierra que lleva hacia arriba en el monte, con los “Praos Domingos” como testigo. Llegamos al puente que cruza el Regato del Oso y seguimos su cauce hacia arriba, hasta la “Garganta del Oso”. Es este un lugar donde la naturaleza ha tallado las rocas con paciencia de siglos, dejando ver su fuerza en las cascadas y su belleza serena en las charcas. Estuvimos un rato sentados allí, oyendo el relajante sonido del agua fluir hacia abajo por el pedregoso cauce, aguzando todos nuestros sentidos para que se fundieran con esa madre naturaleza, con esa Gaia a la que, a veces, tanto maltratamos. Parece que allí el tiempo, la vida, no significaran nada y que lo único que importara fuera mirar el paisaje y oír el ruido del agua al correr. Nada más.


La Sierra desde la carretera entre Navacarros y Candelario


Pero el tiempo transcurre y no queda más remedio que regresar. Lo hacemos por el mismo camino excepto en que, ya cerca de Béjar, bajamos bordeando por otro sendero que nos deja en un mirador frente a la fábrica de los Rodríguez-Arias. Es curioso pero, cuando nieva, uno de mis paseos favoritos es llegar hasta este lugar y observar la fábrica en medio del paisaje nevado, con la Sierra a la izquierda y la ciudad a la derecha. Disfruto con esta vista.


La fábrica, enclavada en el paraje conocido como Navahonda fue fundada en 1840 por D. Cipriano Rodríguez-Arias quien, procedente de Ceclavín, había llegado a Béjar varios años antes. Lleva, por tanto, más de 160 años funcionando. Fue D. Cipriano uno de esos hombres emprendedores que, junto a D. Jerónimo Gómez-Rodulfo, D. Antonio Gosálvez, D. Anselmo Olleros y otros, pusieron en el siglo XIX las bases para que este pueblo tuviera una poderosa industria textil-lanera que creó numerosos puestos de trabajo y que dio esplendor a Béjar.


Fábrica de Navahonda


Un poco más abajo las ruinas de la THESA, la gran fábrica de hilados y tejidos de estambre. Fue fruto de la iniciativa de un almacenista madrileño, D. Francisco Vives Mirabent, que encontró rápido eco y total colaboración en las autoridades bejaranas, en sus empresarios, en la Cámara de Comercio e Industria y, por supuesto, en el pueblo de Béjar que colaboró con ilusión en la compra de las acciones que hicieron posible la construcción y puesta en marcha de la empresa, ocurrido esto último en 1935. Su estado de ruina y abandono (ya lo he dicho en otra ocasión en este medio de comunicación) es lamentable. Sobrecoge ver vacías, silenciosas, desoladas y semiderruidas (más por la mano destructora del hombre –de algunos hombres- que por ellas mismas) esas inmensas naves construidas con todos los adelantos de la época para durar y para dar trabajo a muchas personas, como así sucedió en los casi sesenta años de funcionamiento. Quedémonos con todo lo bueno que esto último representó.



Ruinas de la THESA


Pero, a pesar de este último párrafo nostálgico, ha sido un hermoso paseo en el que hemos cumplido sobradamente los objetivos de distracción y disfrute de los sentidos que pretendíamos con él. Y, además de observar, me puse a escribir y a describir para ustedes -que tienen la amabilidad y la paciencia de leerme-, aquello que vi y cómo lo vi. Posiblemente si lo narraran ustedes lo harían de forma diferente, pero ahí está precisamente la riqueza de la mente humana: cada cual vive las experiencias bajo su particular punto de vista, y yo no soy una excepción.


Aunque lo importante es que no nos limitemos a andar el camino embebidos en nuestros pensamientos y rumiando nuestros problemas. Que ya que elegimos pasar por esos lugares, que esos lugares pasen también por nosotros. Porque si no es así, posiblemente no habremos disfrutado el paseo.


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