14 de agosto de 2017

Algunas aportaciones al estudio del urbanismo y la vivienda medieval en Béjar (5ª Parte y final)

Autor: Antonio Avilés Amat
Publicado: Béjar en Madrid


5.-PERVIVENCIA DEL URBANISMO Y DE LA CASA MEDIEVAL


     Como ya se ha aludido más arriba, en determinadas zonas del conjunto histórico, apenas ha cambiado la inicial configuración urbanística impuesta por el primitivo lugar de asentamiento de la población aunque, ya a finales del XVIII y en los más próximos y recientes siglos XIX, XX y los años transcurridos del XXI, la ciudad se ha extendido considerablemente fuera del perímetro circundado por la casi desaparecida muralla, sobre todo hacia el este y menos, al mediodía. Por ello, todavía es posible encontrar en los barrios y calles del casco histórico, como La Antigua, Barrio Neila o Barrionuevo, la pervivencia ––al menos en su aspecto externo y el acceso al interior del habitáculo a través de amplios zaguanes–– de las viviendas bajomedievales en la ciudad contemporánea. Y ello con las lógicas modificaciones devenidas por el paso del tiempo, el bienestar de sus moradores o, en algunos casos, los nuevos usos asignados a las mismas. Tal es el caso, ya citado, de la casa solariega del siglo XV donde actualmente se ubica el Museo Judío “David Melul”.   

 Fachada sur del Museo Judío "David Melul"
                        

     Se halla construida ocupando un solar de casi 160 metros cuadrados y posee además de la planta baja, un primer piso y otro bajo cubierta que, en su momento, pudo estar destinado, como sobrado o desván, a almacenamiento de granos, frutos y otros productos. El aparejo es de piedra de irregular tamaño de granito local dispuesta en hiladas horizontales, en seco, sin ningún tipo de mortero; en alguna ocasión aparece, circundando algún pequeño vano, el ladrillo y, en otras, de relleno asociado al sillarejo. En el interior abundaban las maderas en vigas, balaustres, dinteles o como postigos de los vanos. 

7 de agosto de 2017

Algunas aportaciones al estudio del urbanismo y la vivienda medieval en Béjar (4ª Parte)



Autor: Antonio Avilés Amat
Publicado: Béjar en Madrid


4.-EVOLUCIÓN DE LA VIVIENDA


     Cuando, al paso del tiempo, aquel tipo elemental de vivienda evoluciona diferenciándose la de los labriegos de la de los artesanos y burgueses, aparecen nuevas zonas destinadas a la vida doméstica: hogar o cocina, cámaras, alcobas, dormitorios; laboral: huertos o parcelas de cultivo, en su parte trasera, así como cuadras para animales de labranza o domésticos y cobertizos donde guardar carros o carretas, aperos y utillaje, si se trataba de residencias de campesinos; amplios y profundos zaguanes utilizados como taller para la manufactura y posterior venta de productos, si sus moradores eran artesanos o comerciantes; lagar y bodega, en el sótano, para la elaboración y conservación del vino, y de almacenaje y previsión: sobrado o desván ––en el lugar entre la cubierta del piso y el tejado–– para el acopio de cereales, frutos, legumbres y hojas de tocino y otros productos cárnicos conservados en salazón, ahumados, embutidos y chacinas. 

      Geneviève d’ Haucourt, refiriéndose, en su caso, a un campesino francés en la época medieval, manifiesta que este tendía a ser completamente autosuficiente, produciendo su grano para el pan, su manteca de cerdo, sus conservas, sus carnes saladas o ahumadas, sus mermeladas, su miel, su aguardiente, su vino, sus ropas blancas y sus telas, hecho todo en casa de lo que había cultivado en las tierras de su propiedad [1]. Lo que, sin cambiar apenas, podría ser aplicado a los que, con la misma profesión, por entonces poblaban la villa bejarana.
 

31 de julio de 2017

Algunas aportaciones al estudio del urbanismo y la vivienda medieval en Béjar (3ª Parte)




Autor: Antonio Avilés Amat
Publicado: Béjar en Madrid

       Si desde el Neolítico y edades posteriores ––colonizaciones e invasiones púnica, romana, visigoda y musulmana–– el sitio destinado a vivienda podría ofrecer gran variedad de plantas: cuadrada, rectangular, circular o elíptica ––como nos muestran algunas excavaciones de primitivos castros celtas y poblados iberos o celtíberos[1]––, la ahora predominante será la rectangular con uno o dos pisos, según la clase social de sus moradores, con puertas de acceso y vanos adintelados aunque a veces, en construcciones más suntuosas, se emplee el arco de medio punto y, asimismo, el apuntado u ojival, ya en los siglos finales de este período. 

 Vivienda de Candelario

     Además de la mencionada pudo darse un tipo de vivienda colectiva/comunal o agrupación de varias ––similar a los populares corrales o corralas de vecinos que proliferaron en los siglos siguientes–– con un patio central en el que se situaría un pozo para dotar de agua a las familias ocupantes de la misma. Esta característica residencia, asociada a judíos y musulmanes y tradicional en algunas zonas de Castilla y Andalucía, debió tener alguna implantación local por lo que se podría deducir del estudio de la distribución de calles, parcelario y manzanas en el casco histórico. También es de interés señalar la existencia de alguna calleja cerrada como las que aparecen con alguna frecuencia en el urbanismo medieval aunque más de tipo árabe o judío que cristiano. 

24 de julio de 2017

Algunas aportaciones al estudio del urbanismo y de la vivienda medieval en Béjar (2ª Parte)

Autor: Antonio Avilés Amat
Publicado: Béjar en Madrid


3. CONFIGURACIÓN DEL ESPACIO: URBANISMO Y VIVIENDA (I)


     Tras esta introducción acerca del lugar de asentamiento y de las personas que, como pobladores estables, construirán en el mismo sus casas en función de su trabajo, familia y necesidades y, posteriormente, las habitarán, intentaré un acercamiento a la tipología y características de la vivienda en el periodo histórico bajomedieval y en aquella sociedad sólidamente estratificada como, al igual que las de su entorno, lo sería la bejarana. 

 Casa solariega del siglo XV
Museo Judío "David Melul"

         Buscar un prototipo que refleje como debió ser la generalidad de la vivienda de la época, acorde a la profusión de clases sociales y las diferencias económicas, intereses y motivaciones de cada una, sería empeño baldío ya que la diversificación se impondría sobre la homogeneidad. A este respecto y queriendo resaltar las desigualdades existentes en las propias construcciones, señala Eloy Benito Ruano[1] que no son los mismos ––nunca lo han sido–– su ubicación, sus materiales, ni sus dimensiones. Sin embargo, es posible y justificado un acercamiento a su estudio por lo que se conoce de las técnicas, progresos y soluciones aplicadas, de modo generalizado, a las diversas obras y edificaciones que, en aquel momento, se realizan en territorios musulmanes o cristianos indistintamente. O en este caso particular, referido a Béjar, a donde llegan tales referencias, como al resto de poblaciones, debido al continuo trasvase de conocimientos constructivos y de todo tipo que se expande por el centro y occidente europeo y la cuenca mediterránea. Estudio que será complementado con la observación y el conciso análisis de algunas construcciones de la época y otras tardomedievales (repetición de modelos y patrones anteriores) que, aunque sensiblemente alteradas por el transcurso del tiempo, se conservan todavía en la ciudad. Tales podían ser la casa solariega, que actualmente ocupa el Museo Judío “David Melul”, construida a mediados o finales del siglo XV con elementos góticos reconocibles en el frontispicio y en la fachada este, y otras de Barrionuevo (la mayor parte, por desgracia, demolidas), la Plaza Mayor y La Antigua, sobre las que más adelante me detendré.                                               

17 de julio de 2017

Algunas aportaciones al estudio del urbanismo y de la vivienda medieval en Béjar (1ª Parte)



Autor: Antonio Avilés Amat
Publicado: Béjar en Madrid, junio 2017.


        El tan sugerente, por su artificiosa composición y barroca originalidad, lienzo del pintor italiano —veronés por más señas— Ventura Lirios, Vista de Béjar, realizado por encargo del duque don Juan Manuel II en torno a 1726, refleja con bastante exactitud y detalle como debió ser, en el primer cuarto del denominado siglo de las luces, la vetusta villa bejarana. Esta apenas habría cambiado desde su fundación, varios siglos antes, hasta el momento en que se ejecutaba el cuadro; algo más, casi siglo y medio después, con la incorporación del barrio de la Corredera y de algunos edificios fabriles junto al río, cuando, en 1867,  Francisco Coello traza el plano de la que ya, desde 1850, poseía el título de ciudad. 

 Vista de Béjar, de Ventura Lirios.
Imagen extraída de aquí

       Y no demasiado, si lo comparamos con el tiempo presente, salvo la pérdida de la mayor parte del recinto amurallado[1] y de algunos destacados monumentos y obras públicas de abastecimiento de agua (como el evaporado acueducto del que nunca más se supo) que aparecen en la pintura al principio citada. Por lo demás, la ciudad contemporánea sigue conservando en una proporción importante, aunque se hayan transformado o alterado sustancialmente, la fisonomía de muchas de sus edificaciones y el primitivo aspecto y configuración urbanística desde el Medioevo. 

Plano de Coello