Autora: Mª Teresa López Hernández
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2011, pp. 43-46.
Tampoco eran
todo virtudes objeto de admiración, también había ciertas facetas de la personalidad de la mujer que había que corregir. Uno de los principales defectos que se le
atribuían era el gusto por el lujo y las modas, prestándose a sus tiranías e
incluso con sufrimiento, convirtiéndose en esclavas y “flores de pasión”[1].
No era una
cuestión que sólo afectara a España. En el estado de Ohio (EE.UU.) la
preocupación llegó a tal extremo que se presentó un proyecto de ley en el que
se establecían las normas que se deberían seguir respecto al vestir femenino.
En dicho proyecto se proponía declarar ilegales los cuerpos de vestidos
abiertos, se fijaba la longitud del escote permitido, se prohibían las telas
trasparentes, serían multadas las señoras o señoritas que se alzaran las faldas
en público para enseñar las medias, y habría penas de cárcel para los
comerciantes que exhibieran en los escaparates maniquíes sin vestir. La
indignación de la población femenina no se hizo esperar y acusaron al diputado
de soltero y misógino. La noticia la recogía El Noticiero el 24 de mayo de 1913
y acababa con la siguiente frase: “Algo parecido se imponía en la vieja
Europa”[2].
Rosario
Pino, actriz que actuaba en el Teatro Cervantes de Béjar
Pero en el
nuevo siglo la permanencia de un ideal clásico de mujer no fue incompatible con
las reivindicaciones que evitaran la exclusión del sexo femenino de la
actividad política y social. Una parte de la lucha feminista consistió en
conseguir el voto femenino. Se pedían los mismos derechos, ventajas,
profesiones y cargos de los que disfrutaba el sexo fuerte, puesto que ellas
también pagaban contribución y tenían cargas, deberían poder estar en el
Parlamento. La Condesa
de Pardo Bazán pensaba que era un problema de justicia y reforma social[3].
Mientras en
España no se planteó el sufragio femenino hasta los años 20 y hasta los años 30
no se crearon plataformas feministas para conseguirlo, las sufragistas inglesas,
en 1913, habían declarado la guerra al gobierno por retirar las enmiendas a la
reforma electoral. Como norma general se las ridiculizaba y se compadecía a los
hombres, ya que cuando eran llevadas a juicio aprovechaban para meterse con
todo lo que pudiera molestarles, entiéndase divorcio, bienes de las mujeres y,
por supuesto, el derecho al voto, pero sobre todo eran dignos de compasión sus
maridos porque conlleva que en cada hogar esté la lumbre sin encender, la ropa
sin repasar, las patatas sin mondar y las camas sin hacer. ¡Aviados están los
ingleses![4].
Aunque había
un rechazo del feminismo y lo que significaba, algunos articulistas
justificaban la existencia de feministas por la actitud mantenida por los hombres
a lo largo de la historia que había rebajado la condición de la mujer, sería la
respuesta a la degeneración del hombre, si éste no práctica la reciprocidad o se
afemina es normal que la mujer se masculinice[5].
Sufragistas en Londres
No sólo los
hombres rechazaban el feminismo o sus consecuencias, también existían mujeres
que defendiendo los derechos que les eran negados y la exclusión a que se las
sometía, pensaban que había que conseguirlo desde la misión histórica y natural
que las mujeres tenían que cumplir, es decir la maternidad y crear un hogar
feliz donde los hombres se sientan a gusto. Así lo expresaba Carmen de Burgos y
Seguí (Colombine)[6] en una conferencia
pronunciada en el Ateneo de Béjar, el 1 de enero de 1912, con ocasión de la
celebración del primer aniversario de su fundación. Se declaraba no feminista porque
la mujer ha nacido distinta al hombre y no puede pretender ser igual a él y le
aterraban las feministas que aborrecen a los hombres y los ven como un enemigo
y sin embargo quieren ser como ellos.
Ello no le
impedía pensar que había que educar a las mujeres para desarrollar sus
facultades intrínsecas, de manera que pudieran valerse por sí mismas, obtener
un puesto de trabajo y poder vivir sin un marido en caso de que este no llegara,
o en caso de formar una familia, ni el hogar ni los hijos les tenían que
impedir dedicarse a otros intereses laborales e intelectuales.
Carmen de Burgos (Colombine)
Pedía, así mismo, la derogación del Código Civil de 1889, que impedía la igualdad de derechos para la mujer y la subordinaba al marido en todos los aspectos de la vida social y económica. En dicho Código se contemplaba que las mujeres no podían comerciar, contratar ni disponer de sus bienes o administrar el producto de su trabajo. Primaba un concepto del honor que desprotegía a la madre soltera y consideraba la infidelidad femenina como adulterio lo que permitía al marido acabar con su vida, mientras que la infidelidad masculina era considerada falta leve. Les restringía la tutela de los hijos y limitaba los derechos sobre ellos.
Reclamaba la
no exclusión de las mujeres de cualquier cargo administrativo que exigiera
responsabilidad y puesto que no existía el divorcio no habría que castigar el
adulterio[7].
Pilar Alonso, artista que debutaba en el Cervantes
Durante el
siglo XX se propagó la idea de igualdad entre hombres y mujeres con gran
profusión de movimientos sociales y políticos encaminados a conseguirla. Se
dictaron leyes que aplicaron muchas de las reivindicaciones que se habían
empezado a esbozar en los primeros años de la centuria y se ampliaron
posteriormente. Las mujeres tuvieron derecho a voto, a la educación, a un
trabajo, pudieron disponer de sus bienes y accedieron a cargos civiles y
políticos, pero siguen perviviendo algunos de los estereotipos que determinan
su imagen y obligan a no dar el proceso por acabado y continuarlo durante el
siglo XXI.
[1]
BENAVENTE, Jacinto: “El lujo y las mujeres”. En El Noticiero, 6 de julio de 1912, p. 2. ALBRIT, León: “Flores de
pasión”. En El Noticiero, 13 de julio
de 1912, p. 1.
[2]
“Proyecto contra las modas”. En El Noticiero,
24 de mayo de 1913, p. 1.
[3] “El
Feminismo. Lo que opina la
Condesa de Pardo Bazán”. En El Noticiero, 1 de noviembre de 1913, p.1.
[4] “Si
las mujeres mandasen”. En El Noticiero,
12 de abril de 1913, p. 3; “Las sufragistas inglesas”. En El Noticiero, 19 de abril de 1913, p.2.
[5] MUÑOZ
GARCÍA, Emilio: “Por la mujer”. En Cultura
y Tolerancia, 1 de enero de 1912, p. 5; BARSANI, “Los modernos
sufragistas”. En El Noticiero, 5 de
julio de 1913, pp. 1-2.
[6]
Carmen de Burgos, que usaba el seudónimo de Colombine, nació en la provincia de
Almería en 1867. Estudió magisterio, defendía la coeducación y la mejora en
todos los aspectos de la situación de la mujer. Su feminismo evolucionó desde
posiciones más moderadas hasta su completa militancia a favor del sufragio femenino.
Murió en Madrid en 1932. Más datos en TAVERA, Susana (Coord.), Mujeres en la Historia de España.
Enciclopedia biográfica. Barcelona. Ed. Planeta, 2000, pp. 445.448
[7]
BURGOS y SEGUÍ, Carmen de, “Misión altruista de la mujer en sociedad”. En Cultura y Tolerancia, 21 de enero de
1912, pp.1-6.
BIBLIOGRAFÍA:
ORTÍZ
ALBEAR, Natividad: “Las mujeres durante la Restauración ”. En
Cuesta Bustillo, Josefina (dir.): Historia
de las Mujeres en España. Siglo XX. Instituto de la Mujer. Madrid , 2003.
PERINAT,
Adolfo; MARRADES, Mª Isabel: Mujer,
prensa y sociedad en España. 1800-1939. Centro de Investigaciones
Sociológicas. Madrid, 1980.
SÁNCHEZ
JIMÉNEZ, José: La
España
Contemporánea II
(1875-1931). Istmo. Madrid, 1995.
SANTADER,
Teresa:
Publicaciones periódicas salmantinas existentes en la Biblioteca
Universitaria (1973-1981). Salamanca. Universidad de
Salamanca, 1986.
SEOANE,
Mª Cruz y SAÍZ, Mª Dolores: Historia del
periodismo en España. El siglo XX: 1898-1936. Alianza Editorial. Madrid,
1996.
TAVERA,
Susana (Coord.), Mujeres en la Historia de España.
Enciclopedia biográfica. Barcelona. Ed. Planeta, 2000.
FUENTES:
Cultura y
Tolerancia: 5 de agosto de 1911, 5
noviembre de 1911; 1 de enero de 1912; 21 de enero de 1912; 10 de febrero de
1912; 20 de abril de 1912.
El Avance, desde 5 de febrero de 1921 hasta 16 de julio de
1921.
El Bejarano, desde 1 de enero de 1915 hasta 25 de marzo de 1916.
El Noticiero, desde 15 de junio de 1912 hasta 10 de septiembre de 1914.
Me ha encantado el post porque al leerlo salvo determinados hechos como el sufragio femenino y la moda (de la que las damas muchas siguen siendo esclavas) me parece que seguimos igual. Sobre todo reclamando igualdad:-)
ResponderEliminarBuen post. Bss
Hola Carmen:
ResponderEliminarSe ha avanzado bastante en los derechos de las mujeres, pero sin embargo, aun hay que seguir caminando. Materias como salario y verdadera igualdad de oportunidades en el trabajo todavía siguen siendo escollos a vencer.
Besos
Los roles mal distribuidos.El querer una igualdad de derechos sobre todo en la parte económica: porqué el sometimiento de la mujer siempre ha sido por no tener solvencia.Aunque seamos diferentes hay unos derechos que no se pueden saltar a la torera.Las responsabilidad es, cosa de dos, la educación de la prole es, cosa de dos, la economía doméstica es, cosa de dos .Y sobre todo el respeto en la convivencia:como un señor se atrevía a ser un energúmeno y no tenía delito y si ella cometía una falta o simplemente no era el felpudo dónde él se pudiera limpiar era una incompetente.A eso le llamo yo mano de obra barata o de sufragio.Porqué siempre ha estado mal valorado el trabajo de casa:simplemente porqué no se percibe un salario o un reconocimiento da igual quien haga esta labor:sea ella o él:porqué en estos tiempos que vamos de progres aun tenemos los mísmos roces:si la mujer trabaja y aporta una mejora económica se la carga de más trabajo y cobra menos.Si él, aporta un salario tiene derechos y se le tiene que reconocer con más retribución económica...
ResponderEliminarCon lo bien que nos iría ser más unidos y dejar a un lado estos complejos porqué en el fondo son complejos de tener unos roles asignados de por vida.Y aunque soltamos lastre y hoy la mujer esta bastante integrada pero...aun tenemos que pulir muchos hábitos.
Un abrazo feliz finde Carmen.
Habían pocas mujeres en aquellos días que estaban preparadas para dar un cambio y las que sentían en ellas los derechos que les pertenecían lo retenían muy dificil en la sociedad.
ResponderEliminarAfortunadamente que el mundo siempre va evolucionando y así estamos hoy en el progreso y todo los que nos queda delante de nosotros por conocer.
Un abrazo.
En el fondo y de forma generalizada, las críticas sirven mantener el statu quo y que nada se mueva en la sociedad, porque así lo deciden los que se han acomodado. Muy interesante como siempre.
ResponderEliminarBesos.
Todavía quedaba a la mujer española un largo camino en su avance, abortado frecuentemente por gobiernos tradicionales y dictaduras.
ResponderEliminarUn saludo.
Por aquel entonces la mayoría de las mujeres se sentían ubicadas bajo el poder de sus maridos, lamentablemente. Aún así, todavía queda camino por recorrer. Muy buen trabajo Carmen. Un fuerte abrazo y buen fin de semana. @Pepe_Lasala
ResponderEliminarY pensar que en un lugar tan sumamente europeo y supuestamente civilizado como es Suiza la mujer no consiguió el derecho al voto hasta la década de los setenta! Sin olvidar que en algunos de los lugares donde lo obtuvieron más temprano, como la precoz Nueva Zelanda, a la mujer se le permitía votar... pero no ser votada! Y en Francia, con tanta revolución para conseguir derechos y tanta historia, en realidad solo se luchó por los derechos masculinos. Ni Theroigne de Mericourt ni Claire Lacombe consiguieron ser escuchadas cuando reivindicaban la igualdad de derechos, y las francesas tuvieron que esperar a que terminara la Segunda Guerra Mundial para poder votar. Vamos, el otro día. Así que podríamos hablar también de la mujer en el resto del mundo, que anda queeeee....
ResponderEliminarFeliz fin de semana.
Bisous
Pienso que aún queda camino por andar. Buen fin de semana.
ResponderEliminarAún consiguiendo el voto y leyes justas, nunca he creído que hombres y mujeres seamos iguales. Bajo el hombre más explotado, siempre habrá una mujer que la sufra por partida doble.
ResponderEliminarEso hablando de trabajadores, claro.
Porque si nos referimos a seres con una vida cómoda, nada como una mujer burguesa con servicio. Ya quisieran esa vida sus maridos.
Y es que hasta a los más sesudos personajes de la época se les veía cojear en este asunto. Veo entre la bibliografía a don Jacinto Benavente. Pues bien, invitado en cierta ocasión a un acto promovido por mujeres, no tuvo mejor ocurrencia que declinar la invitación por falta de tiempo diciendo: Yo no tengo tiempo, no puedo dar conferencias a tontas y a locas.
ResponderEliminarY se quedó tan ancho.
Un abrazo Carmen.
Creo que cualquier persona tiene unas cualidades que otros no tienen todo ello independiente de ser hombre o mujer.
ResponderEliminarIgualdades como el salario no deberían ser motivo de lucha por parte de nadie, ya que el mismo trabajo debería ser remunerado igual indistinto del sexo del operario. En cuanto a estar en puestos de dirección los mejor cualificados debían ser los que estarían.
Ahora que tenemos elecciones a la vista los candidatos a representarnos deberían de ser los mejores sin ser listas paritarias, es decir que si en una candidatura de 4 personas por ejemplo no dos y dos bien podían ser tres mujeres y un hombre siendo este ultimo el que ocupase el ultimo lugar.
Saludos.
Me han llamado la atención algunas de las líneas argumentales de "Colombine" y creo que algunas de ellas no iban desencaminadas. Yo me pregunto en mi profunda ignorancia, ¿Por qué el feminismo es bueno y todos lo bendicen y el machismo es malo y todos lo condenan? ¿No serán igual de malos uno y otro? ¿Acáso la discriminación positiva es buena y la negativa mala? ¿No será igual de mala toda discriminación?.
ResponderEliminarClaro que no me hagan ustedes mucho caso pues, como digo, mis entendederas son cortas.
Un abrazo,
Estoy de acuerdo con Tomás, las cosas que una persona es capaz de hacer no depende de su sexo, depende de la sociedad que se lo impide. Por mi parte, tanto el feminismo como el machismo, no me gustan.
ResponderEliminarGracias por visitar y comentar en mi blog.
Besos