14 de enero de 2009

Francisco y Antonio Pizarro (2ª Parte)


Autora: Mª Carmen Cascón Matas
Publicado:Béjar en Madrid, nº 4.463. Septiembre de 2007.


A la muerte de Francisco Pizarro y Pedraza hereda sus posesiones, cargos y títulos su nieto Antonio Pizarro y Pedraza (era habitual entre las familias hidalgas de la época mantener el apellido familiar de generación en generación), hijo de Juan Vicente Pizarro (nacido en Béjar en 1679) y de María Camacho(natural de Gibraleón). Aunque Juan Vicente, hijo de Francisco, había nacido en Béjar, se trasladaría pronto a Gibraleón de donde era oriundo el apellido familiar y allí casaría y nacerían sus hijos. Suponemos que Antonio viviría allí su infancia, trasladándose a Béjar una vez que fue declarado legítimo heredero de las posesiones del abuelo. La preeminencia social de la familia se mantuvo en vida de éste: Antonio será nombrado Regidor Perpetuo del Ayuntamiento de Béjar.

A su llegada a Béjar en 1732, Antonio casó con su sobrina Ana María Pizarro, natural también de Gibraleón y de la que no tuvo hijos. El enlace consanguíneo viene a ser una muestra mas de la endogamia característica en las familias nobles de la Edad Moderna.

Portales de Pizarro (casas)


A la muerte de ésta, contraerá segundas nupcias con Rosalía Vélez Suárez, natural de Alcántara, de familia noble, pues su hermano Juan Vélez Suárez poseía el cargo de Arcediano de la Catedral de Plasencia y de la que tendrá numerosa descendencia: Antonio Manuel (Béjar, 1738) casado con Gabriela Ramírez; Joaquina (Béjar, 1739) que ingresará religiosa dominica y llegará a ser abadesa del Convento de la Piedad de Béjar; Luis Antonio (Béjar, 1741- Béjar, 1784) que casará con su prima hermana Josefa Pizarro; Susana (Béjar, 1742), monja también en el Convento de Piedrahita; Agustina (Béjar, 1743), casada con José Fadrique Maldonado Bracamonte y Sabansa Caballero Veinticuatro de la Real Cárcel de Salamanca en 1764; Petronila (Béjar, 1747), casada con Juan Ramírez; María Antonia que permaneció soltera (Béjar, 1737- Béjar, 1763) e Ignacio, del cual ignoramos su fecha de nacimiento, aunque en las fuentes consultadas se le cita como fraile.

Rosalía Vélez murió según la partida de defunción por accidente en 1763 y tres años después Antonio Pizarro volverá nuevamente a contraer matrimonio en terceras nupcias con otro miembro de la poderosa familia Ramírez Josefa Gabriela Ramírez (Béjar, 1724- Béjar, 1802), hija de Joseph Antonio Ramírez Escobar y Pacheco, Alcaide del Palacio y Casa Fuerte del Duque de Béjar y de Ana Chacón, natural de Puebla de Alcocer, otro de los dominios del Duque. Además hemos de tener en cuenta que Josefa era hermana de Juan Manuel Ramírez, marido de Petronila Pizarro, hija de Antonio. En resumen: casan dos hermanos con padre e hija. La novia tenía entonces 42 años, lo que nos hace suponer, por lo habituales que eran los casamientos a edades tempranas, que Antonio sería mayor.

Parroquia de los Pizarro. Iglesia de El Salvador

Antonio Pizarro murió en Béjar, en su propio palacio, en 1788 y fue enterrado en la capilla mayor de la iglesia de El Salvador de la que era feligrés, dejando dispuesto en su testamento que se rezaran 800 misas por su alma y por herederos de su mayorazgo a sus hijos Luis Antonio Pizarro, Petronila Pizarro y Fray Ignacio Pizarro.

La presencia de los Pizarro en el Béjar de la época es constante: ejercen de padrinos de hijos de la alta nobleza bejarana, poseen numerosas propiedades, molinos, tierras y rentas. Pero sin duda se les puede englobar en la lista de la nobleza tradicional, mas dedicada a vivir del trabajo que obtienen de sus tierras a partir de los jornaleros o de las rentas que obtiene de sus molinos, que a la inversión en las manufacturas textiles. Esta actividad, desarrollada desde la Edad Media en Béjar, viene a eclosionar en este momento gracias al patrocinio del Duque de Béjar. Es entonces cuando numerosas familias bejaranas, enriquecidas un poco mas que el resto por la posesión de tierras, deciden a imitación del duque invertir sus escasos ahorros o limitadas ganancias en la compra de uno o dos telares. Las ganancias que les reporten serán sólo un complemento para sus pequeñas economías familiares. Estos precarios comienzos significarán el empuje económico definitivo de nuestra ciudad, apoyados desde sus inicios por la monarquía borbónica, deseosa de adquirir los tejidos para los uniformes de sus tropas fuera de Cataluña, aliada en la Guerra de Sucesión con la Corona Austriaca.

En el caso de los Pizarro, no será así: seguían manteniendo los ideales y privilegios de la nobleza castellana, lejos del trabajo manual y los negocios, fuera de los ideales ilustrados imperantes, atada a las rentas de la tierra, de la ganadería y de los beneficios extraídos de su molino.

Su posición de privilegio se hará notar en la construcción de su palacio frente al Convento de las Monjas de la Piedad. A imitación del Duque de Béjar y de las obras que se estaban llevando a cabo en esos momentos en la Plaza Mayor, con la edificación de los soportales que aún perviven, los Pizarro, Francisco Pizarro, el abuelo, y Antonio Pizarro, el nieto, costearán la construcción de su palacio con soportales. Ojalá supiéramos cómo era este edificio en aquélla época; por la extensión del solar nos hacemos una idea: grandes salones, caballerizas, patio y oratorio particular. La existencia de esta última dependencia es segura: en la partida del Libro de matrimonios de El Salvador aparece que Antonio Pizarro y Rosalía Vélez fueron desposados en el privado oratorio que tienen Don Antonio en las casas de su habitación por Don Pablo Texado y Barrantes con comisión de Don Joseph Loaissa Maioralgo y Saavedra, Prior de Alcántara. Huelga decir que disponían de un amplio cortejo de servidores, amas y caballerizos, en una pequeña corte paralela a la del ausente Duque de Béjar, por entonces en Madrid.

Los Pizarro vendrían a ser los señores presentes en la floreciente villa de Béjar, una villa en la que la manufactura textil comienza a despuntar como la actividad económica predominante, Sin embargo, esta familia poderosa se hallaba ineludiblemente unida a la Casa Ducal, por lo que cuando ésta decline a principios del siglo XIX con la llegada del liberalismo, los Pizarro desaparecerán, dejando paso en la política a las familias burguesas ligadas al textil.

BIBLIOGRAFÍA:

-Libro de bautizados de El Salvador nº 4 (1654- 1712), nº 5 (1712- 1733) y nº 6
(1735- 1756)
-Libro de difuntos de El Salvador nº 2 (1651- 1692), nº 3 (1712- 1738), nº 4 (1739- 1754) y nº 5 (1755- 1782)
-Libro de casados de El Salvador nº 2 (1693- 1739) y nº 3 (1739- 1775)

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