Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid, nº 4521. Noviembre de 2008
La amiga de Antonia Hernández Ajero, María Peña García, natural de Candelario, había tenido una trayectoria personal parecida a la de Antonia, pues había enviudado al poco de casarse con Francisco Sánchez Barruelo, sin tener tiempo de darle ningún vástago. María tomó el nombre de María de Jesús, a la vez que hizo votos de pobreza, castidad y obediencia, ganando su sustento hilando. Por ambas vías conocería, suponemos, Antonia a María, tanto por su fama de santidad como por la dedicación al textil, aunque en distinta medida. La una pobre y extremadamente beata, la otra rica y con aspiraciones piadosas; la una le dio a la otra lo que le faltaba; las uniría la viudedad, la devoción y la lana.
La Morala, llamada así por su apellidos maternos, García Morales, experimentaría en casa de Antonia las experiencias místicas que todos conocemos por los relatos de don Juan Muñoz, visiones aquellas en las que vio a la Virgen sentada a los pies de la cruz, sosteniendo en los brazos a Su Hijo muerto, en medio de un coro de ángeles que cantaban el himno del Stabat Mater Dolorosa. María relató después que la Virgen le dijo: Vengo para concederte lo que me pides. Coloca en la iglesia del Convento San Francisco una imagen mía en la que yo esté representada tal como aquí me ves. Y diciendo esto, sacó una llave y, por la llaga del costado,abrió el pecho y habló: Aquí está el amor. Pon aquí tu corazón.

