Amigos de Béjar y sus historias

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21 agosto 2026

El acueducto de Béjar y el Arca de la Corredera (1574-1597). Nuevas aportaciones (2ª Parte)

2. Pedro de Marquina y el Arca de la Corredera. 

La atribución del Arca de la Corredera al maestro Pedro de Marquina la expuse en una charla reciente, el sábado 25 de julio de 2026, fundamentada en una serie de argumentos que ahora reitero y amplío: 

 Figs. 1 y 2. Autógrafo de Pedro de Marquina en un recibo de pago por obras realizadas para el duque de Béjar, firmado en 12 de mayo de 1569 (AHN, Nobleza, Osuna, C. 225, D. 15) y tres de las intervenciones de Pedro de Marquina para el duque de Béjar entre 1567 y 1569: corredores del patio, escalera de honor y Fuente de la Venera (foto de José Muñoz Domínguez, mayo de 2026).

 

1. Concordancia temporal. La relación profesional del cacereño Marquina con nuestra ciudad se verifica desde octubre de 1567, con las obras encargadas por el duque de Béjar para su palacio urbano (figs. 1 y 2), y alcanza hasta finales de agosto de 1570, según se documenta en su visita para reunirse con el obispo de Plasencia, que veraneaba en Béjar, y entregarle la tasación de las obras ejecutadas en la iglesia de Logrosán por el maestro Pedro de Ibarra, recién fallecido. Esta cronología podría haber comenzado un año antes, en 1566, y terminado por causa del fallecimiento de Marquina, entre mayo y junio de 1575, si también fue el autor del proyecto de la villa de recreo El Bosque de Béjar y directamente de algunas de sus mejores piezas (la Fuente de los Ocho Caños en particular, fig. 3), como propusimos Enríquez Martín y yo mismo (1). Las obras de renovación de la cañería bejarana se documentan desde mayo de 1574 y las del arca desde junio del mismo año, cuando los ediles encargados de supervisar la ejecución de los caños ya disponían del proyecto general («la obligación y postura que dello ay») y esperaban conocer las nuevas trazas para la Arquilla del Monte o de la Corredera, aunque su prosecución fue encomendada a dos nuevos maestros un año después, antes del 8 de junio de 1575 y, por tanto, justo en el lapso de tiempo en el que se habría producido la muerte del cantero cacereño (2). 

Fig. 3. Fuente de los Ocho Caños en la villa de recreo El Bosque, probable obra de Pedro de Marquina anterior a 1574-1575, aunque no instalada hasta mayo de 1577 (acuarela de José Muñoz Domínguez, 2016).


 

2. Concordancia estilística. El arca muestra una composición clasicista en su fachada principal, con un cuerpo inferior de tratamiento levemente almohadillado, idéntico al utilizado por Marquina en las portadas de los palacios de Perero y de Godoy en Cáceres (figs. 4 y 5), posiblemente también en la portada del Palacio Ducal de Béjar hacia la Plaza Mayor, desaparecida ca. 1876-1880 (fig. 6), y remate en frontón triangular con una molduración recurrente en otras obras del mismo maestro. 

Figs. 4, 5 y 6. Portadas del palacio de Perero en Cáceres, 1561 (foto rectificada desde https://digitalextremadura.com/la-casa-pereros-sera-la-sede-del-nuevo-centro-de-estudios-internacional-presidenta-charo-cordero/) y del palacio de Godoy en Cáceres, 1563 (foto de Elemaki de 2010, Wikimedia Commons, rectificada desde https://outlook.live.com/mail/). A la derecha, hipótesis sobre la portada del Palacio Ducal de Béjar (José Muñoz Domínguez, 2026, en proceso de elaboración).

 

3. Concordancia formal y dimensional con un modelo de prestigio bien conocido por Marquina. Nacido y criado en la localidad cacereña de Alcántara, donde se encontraba el taller de cantería de su familia –los Larrea– y donde trabajó siguiendo trazas de Pedro de Ibarra para la capilla del comendador de Piedrabuena en el convento de San Benito (concertada en julio de 1563), Pedro de Marquina conocía sobradamente el pequeño templo romano situado frente al Puente de Alcántara (figs. 7 y 8), a unos 600 metros de la población y en el camino hacia Cáceres, donde tuvo su propio taller desde mediados del siglo XVI. Los últimos años de vida de Marquina coinciden, precisamente, con un notable interés erudito por las edificaciones romanas de Alcántara y sus inscripciones, incluida la del templo (por entonces ermita de San Julián), desde la visita de Ambrosio de Morales entre 1572 y 1575, un valor anticuario que motivó las obras de restauración promovidas entre 1575 y 1577 por Felipe II (3). 

 

Figs. 7 y 8. Arquilla del Monte o Arca de la Corredera en Béjar casi veinte años antes de su restauración en 2015 (foto de José Muñoz Domínguez, 1996). A la derecha, el templo romano de Alcántara, de principios del siglo II d. C. (foto de Carole Raddato, 2018, Wikimedia Commons).

 

4. Concordancia técnica. Se han podido documentar cuatro obras hidráulicas en el haber de Pedro de Marquina: la cañería de abastecimiento de agua para la localidad cacereña de Aliseda, el pilar situado en la plaza principal de esta misma población (ambas obras datadas en 1566-1567), la Fuente de la Venera en el Palacio Ducal de Béjar (1569) y el aljibe o cisterna bajo el claustro mayor del convento franciscano de Cáceres (1571). A estas cuatro obras se podría añadir otra de mayor complejidad, acometida en las fuentes, estanques y terrazas de la villa El Bosque de Béjar ca. 1566-1575, según atribuciones recientes ya mencionadas. Por tanto, al menos en los últimos ocho o nueve años de su carrera, Marquina estuvo familiarizado con este tipo de obras de captación, transporte, depósito y distribución de agua.

5. Concordancia a través del cañero Diego de la Carrera. La intervención del mismo cañero, dentro del lapso temporal de 1574-1575, en las obras de abastecimiento de agua de Béjar y de Valencia de Alcántara (a menos de 60 km de la localidad natal de Pedro de Marquina, enteramente en su ámbito geográfico y profesional, nota 4), permite relacionar a este maestro de cantería en ambas obras hidráulicas. 

 Fig. 9. Cuatro de los siete atanores hallados en el muro oriental del camino del Arca Madre en mayo de 2001. (fotos de José Muñoz Domínguez, 2001). 

 

A partir de estas premisas, planteo la hipótesis de que el duque de Béjar, consultado preceptivamente por el Concejo sobre su iniciativa de mejorar la cañería pública en 1574, conocedor de las cualidades de Pedro de Marquina para materializarla, hubiera recomendado al maestro cacereño para el encargo de dar las trazas y condiciones y probablemente de ejecutarlas, o al menos para llevar la dirección de obra en periódicas visitas desde Cáceres, aunque tan sólo pudo cumplir con el plan general del sifón, incluido el diseño para los atanores, y con las trazas para realizar el Arca de la Corredera antes de que le sorprendiera la muerte en torno a mayo-junio de 1575, cuando se transfiere su ejecución al mejor cantero local, Diego de Torres, y al maestro cañero Diego de la Carrera, que habría participado en la obra desde el principio (5). 

Fig. 10. Atanores reutilizados como desagües en el Murallón. La última imagen corresponde a la única pieza conservada después del derribo de la mayor parte de la estructura en 2010, como consecuencia de la irrespetuosa construcción de un parking público (imágenes de Google Streetview de 2010 y foto de José Muñoz Domínguez, 17 de agosto de 2026).

   

  Fig. 11. Atanores descontextualizados en el mismo Murallón y reutilizados con su cara hembra hacia la calle en imágenes de 2010, rescatadas gracias al servicio Google Streetview.

 

Las piezas del sifón son bien conocidas por haberse conservado siete de ellas hasta principios de este siglo, reaprovechadas como mampuestos, en la parte baja del muro oriental del camino del Arca Madre, que fue derribado en 2002 con motivo de una promoción de viviendas (cuatro de estas piezas en fig. 9 y comentario en nota 6). Otra pieza suelta fue exhumada en 1998 durante una obra de saneamiento en la calle de Colón (figs. 5 y 6 de la entrega anterior), si bien se encontraba fuera de contexto. Tal sería el caso de otra media docena de piezas que sirven o servían para desagüe en el pretil del Murallón o fueron reutilizadas como mampuestos en el mismo paramento, mostrando su cara macho o hembra (figs. 10 y 11), e incluso las que se dispusieron como coronación del muro con una de sus caras laterales al frente, todas ellas junto al Paseo de Ramón y Cajal y sobre la propia calle Colón, a siete u ocho metros de donde se encontró el atanor descontextualizado de 1998, y desplazadas hasta allí por un reaprovechamiento de los tramos del sifón desde la cercana Calle Mayor de Isabeles, hoy de Reinoso, una vez sustituido el sistema de 1574-1575 por la nueva cañería de hierro instalada a mediados del siglo XIX. Finalmente, en el transcurso de las obras de pavimentación de la Calle Mayor de Sánchez Ocaña, primavera de 2001, aparecieron en torno a diez o doce metros de encañado con dirección este-oeste y los atanores in situa partir del cruce de esta calle con la de San Nicolás, a escasos ochenta metros del Murallón donde ya se habrían reutilizado las piezas del tramo previo, el situado frente al antiguo convento de Santa Isabel o de la Anunciación, que recibía el agua desde su propia cambija (7). 



 Figs. 12, 13 y 14. Parte de los sifones invertidos de los acueductos romanos de Gades (Cádiz, imagen de Paco Vera tomada de https://www.conocetusfuentes.com/datos_elemento_485.html), Castro Urdiales (Cantabria, imagen tomada de.https://angul0scuro.blogspot.com/2007/05/el-singular-acueducto-romano-de-el.htm) y Patara en Turquía (imagen tomada de https://www.facebook.com/IngenieriaRomana.IsaacMorenoGallo/photos/sifón-del-acueducto-de-patara-turquía/509844322393434/).


Todas estas piezas de cantería se asemejan al tipo de atanor romano conservado en los sifones invertidos de la antigua Gades (Cádiz), Castro Urdiales (Cantabria) y Patara (Turquía) que muestro en las figs. 12, 13 y 14, aunque sin remate redondeado en su parte superior y de mayor longitud y regularidad. Cabría pensar en un rediseño propio de Pedro de Marquina a partir de su conocimiento de este tipo de obra en los tratados de arquitectura o de ingeniería, pues no se conocen viajes del cantero más allá del entorno cacereño-alcantarino y bejarano. En tal caso, ese conocimiento le habría llevado a instalar un posible atanor en forma de codo para fortalecer el punto de mayor presión, como se especifica en el tratado atribuido a Pedro Juan de Lastanosa ca. 1570-1576 (nota 8 y figs. 15 y 16). El mismo tipo de atanor sencillo se constata en la acometida de agua potable para la Fuente de los Ocho Caños de la villa El Bosque (documentada en mayo de 1577, pero probablemente proyectada antes de 1575), aquí de menor tamaño que los del sifón de la cañería pública y en paralelo con otra conducción de arcaduces de barro destinada a la misma fuente (fig. 17). 

 Figs. 15 y 16. Ilustraciones de un atanor de cantería en forma de codo incluidas en el manuscrito de Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas, atribuido a Pedro Juan de Lastanosa ca. 1570-1576 (imágenes tomadas de la BNE / BDH, https://bnedigital.bne.es/bd/card?oid=0000099602&site=bdh, Libro VII, fols. 5r y ss.).
 

Fig. 17. La doble cañería de alimentación para la Fuente de los Ocho Caños en la villa de recreo El Bosque, a base de pequeños atanores de piedra y arcaduces cerámicos (foto de José Muñoz Domínguez, 2006).

 

Como epílogo para esta fase constructiva de 1574-1575, aunque en tierras más al sur de Béjar, es importante reseñar la actividad del cañero Diego de la Carrera en la obra del acueducto de Valencia de Alcántara (fig. 18), según documentan Miranda Díaz y Martín Nieto (9). Las condiciones para dicha obra fueron establecidas por el mismo Diego de la Carrera que trabajó en el Arca de la Corredera de Béjar, pero datadas en el año anterior de 1574, lo que sin duda obliga a plantear una relación entre ambas cañerías y, a su vez, con el maestro Pedro de Marquina, activo precisamente en el dominio territorial de la orden de Alcántara en años previos hasta su fallecimiento en mayo-junio de 1575. A partir de las condiciones de Carrera, la ejecución de la obra fue otorgada en 1575 a Luis de Montalbán, el conocido maestro mayor de aguas y fuentes de Sevilla y hermano del ingeniero hidráulico Francisco de Montalbán, al servicio de Felipe II en el mismo oficio (10). 

Fig. 18. Parte del tramo aéreo sobre arcos del acueducto de Valencia de Alcántara a su paso por el valle del arroyo Peje (imagen de 2021 tomada del blog  http://noledigasamimadrequeestoyhaciendofoto.blogspot.com/2021/04/acueducto-de-valencia-de-alcantara.html).

 

El acueducto alcantarino se proyectó y construyó entre 1574 y 1577 y consta de una cañería subterránea de arcaduces cerámicos y de plomo en la mayor parte de su recorrido, de ocho km entre su captación en la Fuente de Malpica y el núcleo urbano, pero en el paso sobre el arroyo Peje incluye un tramo aéreo sobre arcos (el mismo sistema utilizado en Plasencia desde 1566-1574 y en Béjar a partir de 1597) al que se añadió un sifón a finales del siglo XIX como consecuencia de la ruina de parte de los 17 arcos originales. Sin embargo, la pendiente de entrada al pequeño valle (del 27,48 %) es aún mayor que la máxima de la cañería de Béjar (del 22,89 %), con pendientes de salida similares y, por tanto, lo bastante pronunciadas como para requerir un sifón invertido desde el principio (según se propone, igualmente, para el acueducto romano de Toledo sobre su Puente de Alcántara, fig. 19 y nota 11), de modo que la intervención decimonónica habría consistido en reconstruir el mismo sistema de transporte bajo presión, pero sobre una arquería arruinada cuya cota original no llegó a restablecerse. 

Fig. 19. Esquema del sifón invertido sobre el Puente de Alcántar de Toledo (imagen tomada de Aranda Gutiérrez, 2024, p. 17).

 

Si esta argumentación es correcta, tanto la cañería de Valencia de Alcántara como la de Béjar se resolverían en sus tramos más críticos mediante sendos sifones invertidos (en el primer caso, sobre arcos ya desde el origen) que habrían sido proyectados por Pedro de Marquina como maestro de cantería con el concurso técnico del maestro cañero Diego de la Carrera, pero al fallecer Marquina entre mayo y junio de 1575, fue necesario acudir a otros maestros canteros capaces de proseguir con la dirección de las obras: Luis de Montalbán en el caso de Valencia de Alcántara y Diego de Torres en el de Béjar. Esperemos que futuras pesquisas documentales permitan confirmar esta hipótesis.

 

NOTAS

1. Así en la tesis doctoral de Enríquez Martín, Fernando, Pedro de Marquina, maestro de cantería, dirigida por Enrique Rabasa Díaz, Departamento de Ideación Gráfica Arquitectónica, Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid, Madrid, 2023 (principalmente en pp. 258 a 262), y de forma anticipada en Muñoz Domínguez, José, «La fuente del çenador nuevo en la villa El Bosque de Béjar (Fuente de los Ocho Caños)», en Estudios del Patrimonio Cultural, nº 16, SERCAM, SA (disponible en http://sercam.es/estudios-del-patrimonio-cultural/epc-16/, p. 27), así como revisada en mi tesis doctoral sobre La villa suburbana El Bosque de Béjar, entre la casa de campo hispánica y los modelos del Renacimiento, dirigida por Miguel Ángel Aníbarro Rodríguez, Departamento de Composición Arquitectónica, Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid, Madrid, 2024 (principalmente en pp. 1364 a 1366).

2. La misma sucesión se produjo diez días después en la obra de la iglesia de Aliseda, «por quanto Pedro de Marquina cantero vezino de la dicha villa de Caçeres que es ya difunto», y fue encomendada a su colaborador o socio ocasional Francisco Martín Paniagua (vid. Archivo Histórico Provincial de Cáceres, AHPCa, Protocolos Notariales, Leg. 4203, Carta de obligación, condiciones y condiciones añadidas para la obra de la iglesia de Aliseda, Cáceres, 18 de junio de 1575, ante Andrés Pulido, documento transcrito y publicado por Sánchez Lomba, Francisco Manuel, y Martínez Díaz, José María, «La iglesia de la Aliseda (Cáceres): aproximación a su proceso constructivo», en Norba Arte, nº 13, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Extremadura, Cáceres, 1993, pp. 95 a 113, documento en pp. 102-103).

3. Ya se habían realizado obras entre 1543 y 1545, promovidas por Carlos V, y recibido una temprana visita del humanista y anticuario portugués Andrés de Resende hacia 1543-1549.

4. De hecho, Enríquez Martín propone una posible intervención de Marquina en la iglesia de Nuestra Señora de Rocamador en Valencia de Alcántara, bien documentada entre las obras del taller de Pedro de Larrea en el ámbito geográfico de la orden de Alcántara (vid. Enríquez Martín, Fernando, Pedro de Marquina..., pp. 293 y 307).

5. Archivo Municipal de Béjar (AMB), Libros de actas municipales, Sig. 1589, Béjar, Consistorio del 8 de junio de 1575. No obstante, las primeras obras de las que se tiene constancia conciernen al labrado de los atanores del sifón, de acuerdo con lo anotado en AMB, Libros de actas municipales, Sig. 1589, Béjar, Consistorio del 14 de mayo de 1574, que también es la primera de las actas conservadas en el archivo, lo que impide documentar el comienzo del encargo y las obras iniciales. En cuanto a su conclusión, por ahora sin fecha conocida, debió prolongarse como mínimo hasta noviembre de 1577.

6. En mayo de 2001 tuve un encuentro in situ con el aparejador de la obra para explicarle el interés histórico de esas piezas y me aseguró que serían apartadas durante el derribo del muro, con el propósito de cedérselas al Ayuntamiento de Béjar. Doy por hecho que así se hizo y que desde entonces se conservan junto a otras del mismo tipo en algún almacén municipal.

7. Este convento femenino, de la orden Tercera de San Francisco, ocupaba buena parte de la manzana delimitada al norte por la Calle Mayor, al oeste por la calle de San Nicolás, al sur por la cerca amurallada y al este por varias parcelas urbanas próximas a la Puerta de la Corredera. Durante la Desamortización de Mendizábal, el cenobio fue adquirido por Vicente Pérez en 1837 y su parte más occidental transformada después en amplia casa-obrador textil del fabricante Francisco Pérez Pozo, el mismo inmueble que, debidamente reformado bajo proyecto del arquitecto Benito Guitart Trulls, sería la sede del Círculo Obrero de Béjar a partir de 1896, hoy Casino Obrero y Ateneo Cultural.

8. Lastanosa, Pedro Juan de, Los veintiún libros de los ingenios y de las máquinas (principalmente en el Libro VII), manuscrito del siglo XVI anterior a 1576, en copia del siglo XVII, disponible en la BNE / BDH, https://bnedigital.bne.es/bd/card?oid=0000099602&site=bdh. No obstante, y salvo esta pieza angular, Lastanosa opta por canalizaciones de arcaduces de barro o incluso de madera, nunca de atanores pétreos.

9. Vid. Miranda Díaz, Bartolomé, y Martín Nieto, Dionisio Ángel, El patrimonio artístico de Valencia de Alcántara a través de los documentos (siglos XIII-XIX), Ayuntamiento de Valencia de Alcántara, Valencia de Alcántara, 2011 (pp. 173 a 223; el dato sobre Diego de la Carrera en p. 184).

10. Se ha podido documentar buen número de obras hidráulicas y defensivas a cargo de ambos hermanos durante la segunda mitad del siglo XVI, ya sea de forma individual o conjunta y no exentas de problemas judiciales en algunos casos. Francisco de Montalbán se ocupó del diseño de los juegos de agua para el claustro del monasterio jerónimo de Valparaíso (Córdoba) en 1571; del estanque de los jardines y diversos juegos de agua para el Real Sitio de Aranjuez en 1572-1573; del sistema hidráulico del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial entre 1573 y la década de 1580; de la traída de aguas a Jerez de la Frontera a partir de 1575 (en colaboración con su hermano Luis); del proyecto de canal navegable del río Guadalete hasta Jerez de la Frontera en 1581 (como colaborador del ingeniero italiano Fray Ambrosio María Azaro); también intervino en la acequia de Colmenar de Oreja en 1578, como perito hidráulico en la inspección del dique del Mar de Ontígola de Aranjuez en 1583-1584 y en los preparativos para la traída de aguas a Valladolid hacia 1584. Además del acueducto de Valencia de Alcántara en 1575-1577, Luis de Montalbán intervino en la construcción de un aljibe abovedado y la traída de aguas hasta Huelva en 1574; en la traída de aguas a Sevilla a partir de 1575 (junto a su hermano Francisco y con intervenciones diversas hasta 1595); y en 1599, como mejora de una cañería de 1593, asumió la traída de aguas desde la Fuente del Tejar hasta el castillo-palacio de Gibraleón (Huelva) por encargo de Francisco III, V duque de Béjar (agradezco esta información al investigador Antonio Mira Toscano, que en breve verá publicado su estudio sobre «Agua y jardines para el duque de Béjar en el castillo de Gibraleón», presentado como ponencia al coloquio sobre Hidráulica y jardines de la fortificación señorial, Sanlúcar de Barrameda, 22-24 de febrero de 2026, en prensa).

11. Vid. Aranda Gutiérrez, Fernando, "¿Puente-acueducto o sifón? Nota sobre la obra de paso sobre el río Tajo del acueducto romano de Toledo", en Beresit. Revista interdisciplinar científico-humana, nº 24, Cofradía Internacional de Investigadores, Toledo, 2024 (pp. 13 a 29, imagen en p. 17).


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