Amigos de Béjar y sus historias

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2/10/2010

El infante don Luis de Borbón y Arenas de San Pedro (2ª Parte)


 Autora: Carmen Cascón Matas


Ante los escándalos de don Luis, Carlos III facilitó su casamiento aunque cubriéndose las espaldas para que los herederos del infante nunca pudieran plantearle ningún problema sucesorio. En 1776 por medio de la Pragmática Sanción, apartaba de los derechos al trono a todo príncipe de la familia real que matrimoniase desigualmente y a sus descendientes se les privaba de poder llevar el apellido Borbón. Al infante la real orden le tuvo sin cuidado y acabó casándose morganáticamente con Mª Teresa de Vallabriga, una modesta sobrina del marqués de San Leonardo que vivía en La Granja. La joven prometida había nacido en Zaragoza en 1759 y era, por tanto, 32 años más joven que don Luis.

"El infante don Luis de Borbón"
Francisco de Goya


Según las descripciones era “de buena cara, buena índole, sumo recogimiento, mucho entendimiento, mucha inocencia y gran educación”. La boda se llevó a cabo en Olías del Rey y la única cosa digna de reseñar es que el mismísimo Boccherini compuso una serenata para el acontecimiento. A partir de entonces, el infante y su familia se vieron avocados al destierro, primero en Villaviciosa de Odón y luego en Cadalso de los Vidrios, sin disponer de una residencia fija.

2/03/2010

El infante don Luis de Borbón y Arenas de San Pedro (1ª Parte)


Autora: Carmen Cascón Matas

El infante don Luis de Borbón, morador del Palacio de La Mosquera de Arenas de San Pedro, había nacido en el Palacio del Buen Retiro el 25 de julio de 1727, hijo de Felipe V y de su segunda mujer Isabel de Farnesio. Como era usual en las familias nobles de la época, fue educado en la carrera eclesiástica, pues ocupaba el quinto puesto en la línea de sucesión al trono de su padre. Por delante de él, se colocaban con preferencia los futuros reyes de España Luis I, Fernando VI, Carlos III y Felipe, duque de Parma. Su madre, que no pensaba en otra cosa que en el futuro alentador de sus hijos, viendo las escasas posibilidades de su último retoño, solicitó al Pontífice el capelo cardenalicio, por lo que se le nombró a la tierna edad de 5 años Arzobispo de Toledo. Quién sabe si la reina no veía en él a un futuro pontífice… Por de pronto, tal puesto le daba pingües beneficios, además de altas dignidades y privilegios. No contentos con todo ello, en 1741 y con 14 años, sumó el de cardenal de Sevilla.


"La familia de Felipe V" por Van Loo.
Los reyes aparecen sentados,en el centro.
Tras ellos y de rojo, el infante don Luis.


Sin embargo, el pequeño infante nunca recibiría las órdenes religiosas. La atracción que las mujeres ejercían hacia él dejaron bien a las claras que no estaba hecho para, al menos, pronunciar el voto de castidad. A sus 22 fogosos años, decidió renunciar a todas sus dignidades. Su única preocupación era la caza y su carácter era callado e irresponsable. Sus declaraciones fueron:

1/30/2010

La recuperación de los jardines del Palacio de la Mosquera en Arenas de San Pedro (Ávila)

Autor: Roberto Domínguez Blanca
 
Con razón es numerosa la historiografía bejarana dedicada al palacio suburbano de El Bosque y sus jardines, por la singularidad e interés que tiene dentro de su categoría en el ámbito español. De entre la misma, destacan los cuatro volúmenes de actas de los sucesivos congresos dedicados a El Bosque y las villas de recreo en el renacimiento, aunque también los jardines urbanos y otros espacios verdes históricos de Béjar han ocupado a investigadores como José Muñoz Domínguez, Manuel Carlos Jiménez González y Ana Rupidera Giraldo [1].

Además, en la propia comarca bejarana contamos con otro jardín de interés, el conocido como “Coto de Nuestra Señora del Carmen” en el término municipal de Peñacaballera, y no muy lejos de Béjar existen o existieron otros como el de la Abadía, en la provincia de Cáceres, o el desaparecido del palacio de los Alba en Piedrahíta, cuyo solar lo ocupan hoy el parque y la piscina municipales. Está claro que la bonanza de las tierras del Sistema Central, beneficiadas por su suave clima estival y la abundante disponibilidad de acuíferos y los beneficios de éstos sobre la vegetación, determinaba la construcción de estos espacios para el ocio y el recreo. Otro de estos lugares es el palacio de la Mosquera en Arenas de San Pedro, que tras diversos usos se está iniciando su rehabilitación, tras la adquisición municipal, incluida la de sus jardines. Ésta me parece una noticia que debe confortar a todos los interesados en la protección y puesta en valor de nuestros tesoros artísticos, y visto que, como he expresado al principio, el tema de los jardines históricos está íntimamente ligado a la historia bejarana, le propuse a Carmen colgar esta noticia en su blog.

Palacio de Mosquera. Arenas de San Pedro (Ávila)

Pude visitar en agosto el palacio de la Mosquera (fig. 1) al asistir a un curso de verano sobre arte español de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX que se impartió en sus dependencias. Estas clases veraniegas estaban organizadas para el Ayuntamiento de Arenas de San Pedro por Dª. Sophie Domínguez-Fuentes, doctora de la Universidad París IV-Sorbona, encargada de la conferencia inaugural y autora de una monografía del palacio titulada “El palacio de la Mosquera del infante don Luis en Arenas de San Pedro”, que fue editada en 2009 por el consistorio arenense. El curso contó con la participación de reputados profesores y especialista en la materia como D. Antonio Bonet Correa, D. Oliver Meslay, Dª. Camille Faggianelli y Dª. Isadora Rose de Viejo.

1/27/2010

Estado de la cuestión sobre el origen del topónimo Béjar

Autor: Mª del Carmen Cascón Matas
Publicado: Semanario Béjar en Madrid, nº4.574. 13 de noviembre de 2009.

Una de las grandes dudas que asaltan a los investigadores del pasado es el origen del topónimo que da nombre a nuestra ciudad. Sin ser una especialista en el tema ni mucho menos, me ha parecido bien sacar el tema a relucir y, si no resolverlo por mi misma, al menos aclarar y exponer lo que dicen los expertos sobre ello, lo que se puede denominar en la jerga histórica un “estado de la cuestión”. Me parece un tema apasionante, basado en una pregunta que debería asaltar a todo bejarano en algún momento y que debería quedar ahí, fija en el cerebro hasta encontrar una respuesta razonable. Ya que vivimos en un lugar que se llama de determinada forma habrá que cuestionarse el por qué. Las cosas no surgen de la nada y menos aún las denominaciones de los lugares que suelen ser permanentes, perennes en la Historia, con escasos cambios, salvo que grandes caídas de imperios, culturas y lenguas provoquen su olvido.

Vista de Béjar desde La Centena

Escribía mi recordado profesor de la facultad de Historia de la Universidad de Salamanca, el fallecido especialista en Historia Medieval Ángel Barrios, que “etimología y semántica de un topónimo, cualquiera que sea éste, interesan sólo en tanto que proporcionan información a partir de la cual es posible conocer, a veces, el origen del pueblo que ha dado nombre a un lugar y la fecha en que tal acto se ha realizado”. Historia y análisis lingüístico se unen en este caso para procurar respuestas fehacientes a nuestras dudas, siendo el primero el origen del segundo. Es decir, la denominación de un lugar es producto del poblamiento, de las circunstancias de los pobladores, de sus lenguas y costumbres.

Este mismo profesor realizaba una división entre “microtopónimos” o denominaciones de pequeños lugares (parajes, fuentes, huertas) que “cambian con mayor frecuencia, al estar más estrechamente ligados a las transformaciones del paisaje agrario y a los cambios productivos de los grupos humanos que habitan el territorio donde se hallan”, y macrotopónimos o nombres aplicados a ciudades o pueblos que “se transforman fonéticamente menos y de modo más lento, y en ellos el sentido etimológico tiene escaso valor”. De esta forma pueden ser considerados, como él mismo los llama, “fósiles”, pero más fácilmente analizables, pues evolucionan con mayor lentitud y, por lo tanto, se llega a la palabra originaria en un par de variaciones fonéticas.

Una vez aclaradas estas particularidades de la toponimia y su análisis veamos de dónde procede nuestra querida palabra “Béjar”. Para ello me voy a basar en un artículo del año 1971 del bejarano Manuel Antonio Marcos Casquero publicado en este mismo semanario y en un libro editado en 1986 de Antonio Llorente Maldonado, quien en muchos casos se basa en el artículo anterior.

1/17/2010

Breve Historia de la industria textil (3ª Parte y final)


Autor: Javier R. Sánchez Martín

Publicado: Béjar en Madrid, Especial de Navidad 2005

En la primera quincena del siglo XX se producen numerosas huelgas, que sembraron el hambre y la miseria en una población cuyos recursos económicos eran ya de por sí muy escasos. La más dramática fue la de 1913-1914, que puede calificarse como una de las huelgas más largas y tristes de la historia de Béjar, que fue originada por la finalización y consiguiente renegociación del convenio sobre trabajo y jornales que había estado vigente durante 10 años. En esta situación de paro total y con gran cantidad de emigración, en 1914 estallaría la Primera Guerra Mundial lo que haría que Béjar no reaccionara inicialmente y no aprovechara las reiteradas ofertas de los ejércitos en liza, especialmente del francés para que fabricara uniformes para ellos. Cuando la industria textil volvió a ponerse en marcha, ya le fue muy difícil hacerse con buenos contratos por la competencia de otros centros textiles como Cataluña, la zona valenciana e incluso Hervás. A la vecina población de Hervás, que reaccionó más ágilmente, derivaron contratas que inicialmente estaban destinadas a Béjar. En aquella época todas las empresas se encontraron con problemas de desabastecimiento de materias primas, principalmente lanas y colorantes, así como con restricciones en las importaciones, lo que trajo como consecuencia unos aumentos de precios desmesurados, y que afectaron a todos.

Fábrica de García y Cascón

Es noticia reseñable también que, en 1917, la Cámara Oficial de Comercio e Industria de Béjar, presidida por Emilio Muñoz, y de acuerdo con la Escuela Industrial solicita un Acondicionamiento de Materias Textiles, para cuya concesión realizaría eficaces gestiones el entonces diputado a cortes, Filiberto Villalobos. El Acondicionamiento, que sería el cuarto establecido en España después de los de Barcelona, Tarrasa y Sabadell, se inauguraría el 24 de febrero de 1920 aunque parece que ya estaba funcionando desde un mes antes. Sería su primer director Miguel Muñoz Elena, a la sazón también director de la entonces Escuela Industrial.