Amigos de Béjar y sus historias

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11/10/2014

Los Teixidor, embajadores bejaranos, y el médico de Hemingway (2ª parte)



  Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid, 20/06/2014, 4.705, p. 4.

      Juan Teixidor Sánchez, hijo de José Teixidor y Jugo, nació en Béjar en 1893. Siguiendo la tradición de su padre inició la carrera diplomática con veintidós años tras haber ejercido de secretario de segunda clase en Berna (Suiza) como primer destino[1]. En aquel mismo país, en 1920, comenzaría una larga etapa de dieciséis años en la que ejercería puestos de responsabilidad en la Oficina de Naciones de Ginebra como representante de los distintos gobiernos españoles de la época, labor que alternaría con la de cónsul en la ciudad de Tampa en Estados Unidos desde 1929. 


      En el año 1921 Juan Teixidor se había casado con Joaquina Pons i Bofill, joven de la alta burguesía barcelonesa, con la que concebiría tres hijos: Alejandro (muerto y enterrado en Béjar junto con sus abuelos), Juan y Margarita

 Juan Teixidor Sánchez
Fotografía gentileza de los hermanos González de la Huebra


        La diplomacia, en efervescente actividad durante los años treinta, se tendría que enfrentar a los retos de establecer relaciones entre países al filo del enfrentamiento bélico o, como en el caso de España, a punto de confrontación civil. Así, embajadores, cónsules y ministros sopesaban sus intereses para salvaguardar su propio prestigio en un mundo de incierto futuro. En el caso de nuestro protagonista no queda claro si en 1936, tras el levantamiento de Franco, es cesado por el gobierno de la República de su puesto de cónsul en Ginebra, o si más bien presenta su dimisión huyendo a Francia para adherirse al levantamiento. Esta adhesión se haría efectiva de inmediato, pues en plena Guerra Civil ya le vemos aupado a cargos de gran responsabilidad en el bando y gobierno de los nacionales. Así en 1938 formaría parte del tribunal para la supresión de diplomáticos de la República; y aún antes del final del conflicto sería nombrado ministro plenipotenciario[2] y secretario de la Junta de Relaciones Culturales dependiente del ministerio de Asuntos Exteriores para el que, en palabras del propio Teixidor, aconsejó “no desatender el intercambio cultural  preferentemente con los países que vienen prestando una ayuda a España, esto es, Italia y Alemania[3]. Justo a la finalización de la guerra el papel de nuestro diplomático en dicho puesto adquiriría una renovada trascendencia al ser elegido para gestionar el regreso de las obras del Museo del Prado (evacuadas en Valencia y Ginebra) junto con dos de las figuras más importantes de la cultura oficial, el filósofo Eugenio d’Ors y el pintor José María Sert[4]. Este fue uno de los logros, no fáciles, del Real Patronato que regía la pinacoteca madrileña. 

11/03/2014

Los Teixidor, embajadores bejaranos, y el médico de Hemingway (1ª Parte)


Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid,06/06/2014, 4.704, p. 4.


        El concepto de intelectualidad, o mejor dicho la capacidad de los individuos para desarrollar sus inquietudes creativas, artísticas o científicas (también la vocación política) estaban supeditadas, a principios del siglo XX a una procedencia familiar económicamente acomodada. Alguien ha definido al matrimonio formado por Luisa Rodríguez Yagüe y Ruperto Sánchez Gil, junto con su prolífica descendencia, como la familia más intelectual del Béjar de mediados del siglo pasado, y en este caso no sólo por su solvencia económica, que también, sino sobre todo por la brillantez de muchos de sus miembros. El matrimonio formado  por la hermana mimada de los Rodríguez Yagüe y por el juez bejarano simbolizaba a la perfección los valores clásicos de la burguesía de la época en nuestra ciudad: intensa religiosidad, filiación liberal, inversiones industriales, patrimonio agrario y una estética entre trasnochadamente romántica y prudentemente modernista


José Teixidor y Jugo
Fotografía cedida por los hermanos González de la Huebra

10/27/2014

Un día de Todos los Santos de 1755



        Autora: Carmen Cascón Matas
      Publicado: Béjar en Madrid, 01/11/2013, 4.691.

       Levantábase el sol aquel primero de noviembre de 1755, Día de Todos los Santos, y nadie hacía presagiar que pasaría a la historia. Lisboa se desperezaba poco a poco contemplando la entrada y salida de naos de su puerto, cargadas sus bodegas de productos procedentes de las Indias. Los tenderos preparaban sus mercancías para la venta a la puerta de sus negocios y un torrente de personas llegadas desde el campo a tan temprana hora entraba cual hormiguero por las estrechas calles de la capital portuguesa. 

 Grabado de los efectos del terremoto de Lisboa de 1755


     A muchos kilómetros de allí hacían lo propio Cádiz y Ayamonte, y en el interior de la catedral de Coria se preparaban los fastos para la misa mayor que se iba a celebrar a las nueve de la mañana. En un momento dado, mientras a través de los tubos del gran órgano salía el aire en forma de música, mientras los canónigos entonaban su canto, mientras el templo se hallaba a rebosar de fieles, la tierra comenzó a temblar. Los lisboetas lo notaron unas milésimas de segundo antes y la calle fue presa del pánico. Hombres, mujeres y niños corrían de un lado a otro mientras las casas se resquebrajaban y caían cascotes de todas partes. No había refugio posible. Una gran ola de varios metros de altura se abalanzó desde el puerto anegando la ciudad. El fuego siguió los pasos al agua destructora en forma de maremoto y se llevó por delante la mitad del caserío, orgullo de la corona lusa, en un incendio que se alargó durante tres interminables días. Cádiz y Ayamonte sufrieron el mismo destino. En Coria a muchos feligreses no les dio tiempo a salvar sus vidas: las bóvedas de la catedral se vinieron abajo causando veintiún muertos
 

10/20/2014

El mártir de Buda, el "Buen Duque" don Manuel Diego

*Dado que ha habido un gran número de visitas a la entrada anterior, aquella que hacía referencia a la presentación del libro de Emiliano Zarza "La participación del X duque de Béjar, D. Manuel de Zúñiga, en el sitio de Buda (1686)", y que han llegado correos preguntando sobre la vida de este duque valiente, retomamos aquí un texto ya publicado, pero que ahora toma nuevos bríos. Se trata del artículo escrito por Alberto Bravo Martín que se publicó en su momento en su blog, Reinado de Carlos II, al que os invito visitar.

Autor:  Alberto Bravo Martín

Don Manuel Diego López de Zúñiga y Sotomayor, que pasaría a la historia como el “Buen Duque”, nació en el Palacio Ducal de Béjar el 4 de enero de 1657. Además de duque de Béjar, fue también duque de Plasencia, Grande de España, VI duque de Mandas y Villanueva, XI marqués de Gibraleón, VI de Terranova, XIV conde de Belalcázar, XI de Bañares, XIV Vizconde de la Puebla de Alcocer, Justicia Mayor y Alguacil Mayor Hereditario de Castilla, así como Primera Voz de la Nobleza de Castilla, títulos que heredó de su padre, don Juan Manuel de Zúñiga, IX duque de Béjar, tras la muerte de éste el 14 de noviembre de 1660, siendo don Manuel Diego aún un niño.



Su madre, la duquesa viuda doña Teresa Sarmiento de Silva, hija de los Duques de Híjar, fue su tutora y curadora durante su minoría de edad. En 1667, contando don Manuel Diego 10 años de edad, se celebraron los desposorios con su prima doña María Alberta de Castro y Borja, nacida en 1665 e hija de don Pedro Antonio Fernández de Castro y Portugal, X conde de Lemos y virrey del Perú.


 1. Fuente de la Sábana en la villa renacentista de El Bosque (Béjar)

10/14/2014

Presentación del libro de Emiliano Zarza Sánchez "La participación del X duque de Béjar, D. Manuel de Zúñiga, en el sitio de Buda (1686)"


Autora: Carmen Cascón Matas



              No hay mejor noticia, en el mundo cultural en general y de la investigación en particular, que la presentación de un nuevo libro que engrandezca el conocimiento de nuestro pasado. Y el sábado por la tarde en Béjar ocurrió uno de esos momentos maravillosos en los que la grandeza del conocimiento se manifiesta por medio de la unión entre el lector y el investigador, el escuchante y el orador. El Centro de Estudios Bejaranos presentó el trabajo que hizo ganador del Premio Ciudad de Béjar 2013 a Emiliano Zarza Sánchez con su investigación sobre La participación del X Duque de Béjar, Don Manuel de Zúñiga, en el sitio de Buda (1686). Como el propio interesado transmitió, su interés sobre uno de los duques más famosos de la Casa de Zúñiga de Béjar surgió de manera circunstancial: centrado en la figura de su hermano don Baltasar de Zúñiga, marqués de Valero, surgieron de entre el sueño del pasado las hazañas de don Manuel de Zúñiga, el bautizado como Buen Duque por Emilio Muñoz García en 1926. Como bien afirma mi buen amigo José Antonio Sánchez Paso, un biógrafo lleva durante toda vida en la chepa, cargado hasta doblar las espaldas, le guste o no, la figura a quien consagra sus desvelos y ya no puede librarse de él aunque los derroteros investigadores transcurran por otros senderos. A Emiliano Zarza le auguro que tendrá que hacer fuerza para soportar el peso de dos hermanos cuyas vidas transcienden el paso de los días para adentrarse con chirimías y fanfarrias en la historiografía de nuestros días.