Amigos de Béjar y sus historias

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12/14/2014

Vista a vuelo de pájaro de los establecimientos maquinarios de Gerónimo Gómez y Compª. (1ª parte)

Autor: Javier Ramón Sánchez Martín
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de la Cámara de Comercio de Béjar, 2014

LOS GÓMEZ-RODULFO

       La familia desciende de Juan Gómez Muñoz de la Peña, de profesión batanero, el cual contrajo matrimonio en 1785 con Polonia Rodulfo, descendiente de uno de los artesanos flamencos que llegaron a Béjar a finales del siglo XVII [1].

       Juan Gómez se estableció como fabricante de paños en 1787 en un edificio de nueva construcción ubicado en el lugar conocido como "Los Picozos". De esta época es el edificio más antiguo del complejo, que está a la orilla del río y es el número 1 en el plano de Muñoz Amador, del que hablamos más adelante. En ese enclave ha permanecido la empresa hasta su cierre en 1998, más de 200 años después de su fundación.


     A la muerte de Juan Gómez, ocurrida en 1806, continuaron el negocio sus hijos Juan y José Gómez Rodulfo. Juan quedó en Béjar al frente de la fábrica, llegando a ser uno de los más importantes fabricantes de paños de la villa en los primeros años del siglo XIX. Se casó con Teresa Hernández Bueno y tuvieron tres hijos: Jerónimo, Ruperto y Juana. El nacimiento de su primer hijo, Jerónimo Abdón Gómez (Rodulfo) Hernández [2], se produjo el día 30 de Julio de 1.809, en plena Guerra de la Independencia, estando refugiado el matrimonio en la falda de la Sierra (como muchos otros bejaranos), huyendo de los franceses. El parto tuvo lugar en una cueva no muy lejos del nacimiento del Río Cuerpo de Hombre, al sitio de Navamuño.

12/08/2014

El Ford T Speedster del MHAS, ¿el automóvil más antiguo de Béjar conservado en la actualidad? (2ª parte y final)


Autor: Roberto Domínguez Blanca
Fotografías: Sol Cañibano Peláez
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2014, pp. 18-20.

Otros automóviles bejaranos

            Relacionados con nuestra ciudad y su comarca son varios los vehículos expuestos en el MHAS, como un Plymouth Q de 1928, un De Soto Six de 1932 (empleado como taxi en la Sierra de Béjar desde 1945) o un Biscuter “Rubia” de los años 50; pero vamos a detenernos en otro, en el que sería el segundo vehículo bejarano más antiguo del que tenemos noticia: el Amilcar CS de 1925, matrícula M-23076. Es éste un cyclecar, un coche deportivo francés que se comenzó a fabricar en 1920. En su ficha técnica se especifica que alcanzaba una velocidad máxima de 95 km/h. con una cilindrada de 985 cc. y 23 cv. Pesa 450 kg y el consumo a los 100 km es de 7 litros. Con la fabricación de estos coches de competición Amilcar llegó a codearse con los míticos Bugatti, obteniendo 102 victorias en carreras de todo tipo, solamente en 1924.

Amilcar CS del Museo de Salamanca
  
El origen bejarano de esta unidad se especifica en la cartela del museo, en la que se puede leer que había sido hallada en un gallinero de Béjar y, que pese a todo, se pudo adquirir completamente original. Este Amilcar realmente vino a Béjar a pasar sus últimos años de “vida”, puesto que con cerca de 20 años a sus espaldas, en 1940 Manuel Francés Villarán le da de alta. Sólo tres años después es traspasado a Pablo Santos Martín-Hernández, quien en 1947 lo da de baja, hasta que décadas más tarde sea recuperado por Gómez Planche. El Amilcar [1] conserva la placa del agente de la marca en España donde el vehículo fue adquirido, Juan Mauvais, cuyo concesionario se encontraba en el número 3 de la calle Serrano de Madrid. No obstante, el primer Amilcar que hubo en Béjar fue otro, el que dio de alta en Béjar en 1929 José Galiano Muñoz con matrícula M-16826.

12/01/2014

El Ford T Speedster del MHAS, ¿el automóvil más antiguo de Béjar conservado en la actualidad? (1ª Parte)

Autor: Roberto Domínguez Blanca
Fotografías: Sol Cañibano Peláez
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2014, pp. 18-20

            El Museo de la Historia de la Automoción de Salamanca (MHAS) es una de las sorpresas más gratas que a orillas del Tormes espera al visitante, demostrándole que Salamanca es mucho más que Plateresco y Barroco. Y que ranas y astronautas. La soberbia colección permanente de la exposición de automóviles, su centro de documentación o el laboratorio de catalogación, convierten al MHAS en una referencia puntera en su campo tanto en España como fuera de nuestras fronteras. Recomendamos vivamente desde estas páginas la visita al MHAS y la consulta de su página web: www.museoautomocion.com.

 Ford T Speedster del MHAS


            EL MHAS se inauguró en 2002 gracias al tesón del coleccionista salmantino D. Demetrio Gómez Planche, al que pertenece buena parte de los vehículos expuestos, auténticas joyas motorizadas. Durante décadas ha rescatado y restaurado decenas de automóviles, gracias a lo cual podemos disfrutar hoy en día de vehículos como el que encabeza el presente artículo: un precioso Ford T Speedster blanco de 1911 (figs. 1-3). Un coche igual de bello que elemental, reduciéndose la carrocería prácticamente a la caja donde van el motor y el volante, al asiento y al depósito para el combustible. Y poco más. Su aspecto remite aún a las carrozas decimonónicas ¿Y qué tiene este Ford T de especial interés para nosotros? Pues que fue uno de los primeros vehículos a motor, si no el primero, que traqueteó por las empedradas y tortuosas calles de Béjar para asombro de nuestros abuelos. Su matrícula, SA-33, da fe de su antigüedad. Por lo tanto, estamos ante el automóvil de propietario bejarano más antiguo que se conserva.

11/24/2014

Los Teixidor, embajadores bejaranos y el médico de Hemingway (4ª parte y final)


Autor: Óscar Rivadenyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid, 18/07/2014, nº 4.707, p. 4.

Terminábamos el último de nuestros artículos hablando de la relación entre los nietos de Luisa Rodríguez Yagüe (familia, como decíamos, de embajadores, intelectuales, artistas y científicos)  separados necesariamente por el desdoblamiento del país en las “dos Españas”, pero unidos en tales adversidades bélicas y pos-bélicas por los inquebrantables lazos de la sangre. 
 
El hijo díscolo, ideológicamente hablando, de doña Luisa, fue Ruperto Sánchez Rodríguez, bejarano de nacimiento que hizo sus estudios medios en Barcelona y universitarios en Salamanca, trasladándose a Madrid donde logró notoriedad como médico tocólogo. Su carácter izquierdista contrastaba con el resto de la familia, muy conservadora y pía, y sería heredado por sus hijos, los Sánchez Arcas, donde destacaban Manuel (ya mencionado), Ruperto (gran médico y escritor al que también hemos hecho referencia) junto con Asunción y María Luisa

Ruperto Sánchez Rodríguez. Foto sacada de Archivo Fotográfico y Documental de Béjar.

11/17/2014

Los Teixidor, embajadores bejaranos y el médico de Hemingway (3ª parte)




Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid, 04/07/2014, nº 4.706, p. 12.


     Tras el final de la Segunda Guerra Mundial concluye la labor que como embajador encargado de negocios y ministro consejero ocupó a Juan Teixidor en el Vaticano. Con más de cincuenta años el diplomático bejarano continuaba su carrera en puestos de responsabilidad dentro de los gobiernos españoles de la posguerra. La labor de establecer relaciones entre nuestro país y las naciones europeas en tiempos de descrédito, recelos, desengaños y sospechas, no fue fácil para los representantes del régimen de Franco que durante los años cuarenta permanecía sumido en la autarquía y el aislamiento. Teixidor pudo sufrir en sus propias carnes la animadversión que los sectores más radicales sentían hacia la España del momento, como veremos a continuación. Sucedió en Génova en 1949, la ciudad italiana donde había sido destinado como cónsul tres años antes. Según nos relata Antonio Téllez Solá en la revista Polémica los dos años previos habían sido especialmente virulentos en España en lo que respecta a la lucha contra los guerrilleros y el maquis, con un gran número de bajas. Tiroteos, detenciones y consejos de guerra se sucedieron hasta sofocar casi por completo a un movimiento que aún albergaba esperanzas tras la victoria aliada en la guerra mundial. 

 Foto antigua de la Estación de Tren de Génova. 
Imagen extraída de aquí

      La muerte de guerrilleros españoles habría de tener una considerable repercusión en Europa, especialmente entre el ambiente anarquista italiano donde se produjeron numerosas muestras de protesta. Sin duda la más sonora se llevó a cabo en Génova y tuvo como objetivo atentar contra el cónsul español que, como hemos dicho, no era otro que nuestro protagonista Juan Teixidor. Según sigue relatando Téllez Solá, el 8 de noviembre de 1949 los anarquistas italianos De Lucci, Mancuso y Busico se presentaron en el consulado de España, en el número 3 de la Via Brigata Liguria. Los tres iban armados con pistolas y portaban una bomba alemana Sipel. Armas en mano tranquilizaron a los empleados del edificio diciéndoles que sólo les interesaba el cónsul y tras cortar las líneas telefónicas entraron en su despacho. Este estaba vacío. Luego se supo que Juan Teixidor no se encontraba allí porque acababa de desplazarse a una lujosa recepción de la naviera italiana en el bote Cante Biancamano.  Ante esta situación los anarquistas se desahogaron con un retrato del Jefe de Estado español, que hicieron trizas, y sustituyeron la bandera nacional y la falangista por una de la federación anarquista de Génova con el lema “Ni dios(sic) ni amo”. Finalmente prendieron fuego a los documentos del despacho, que acabaría destrozado tras arrojarle una granada. Los anarquistas huyeron entre el desconcierto de la situación; alguno de ellos llegó a pasar la frontera francesa, pero acabarían detenidos y juzgados[1]