15 de mayo de 2021

El largo proceso de construcción del edificio consistorial de Béjar: el Ayuntamiento versus Villafañe (1ª Parte)

 Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid, 2021

A lo largo de la Edad Media y del siglo XVI se desarrolla en Béjar, como en otras villas castellanas, el proceso de consolidación de su Concejo que tuvo que confrontarse con los organigramas de poder de los señoríos jurisdiccionales y de los cabildos eclesiásticos, estos últimos en el orden espiritual. El Concejo equivalía al actual Ayuntamiento, es decir a la administración pública representante del interés vecinal, frente a la defensa parcial que de los privilegios de un solo estamento realizaba la nobleza[1]. Antes de generalizarse el uso del término «Ayuntamiento» se lo conocía indistintamente como concejo o justicia y regimiento, y sus miembros eran llamados regidores[2]. Del mismo modo durante aquellos años, además de las pugnas locales, los concejos competían por obtener su espacio de  representatividad en las Cortes frente al poder del rey.

El edificio consistorial un día de Corpus, al sur de la Plaza Mayor

 

           La muestra física de la competencia que durante la época se entabló entre instituciones concejiles y aristocráticas se puede percibir por la mayor o menor capacidad que cada una de ellas tenía de acaparar espacio urbano e inmuebles. Y esa competencia, en Béjar, se dirimía especialmente en la plaza Mayor. Allí nobleza, Iglesia y concejo pugnarán por conseguir el mejor lugar físico, el más visible, el más grande o el más simbólico. La Iglesia y el cabildo eclesiástico de la villa no solo habían plantado los cimientos de la parroquia del Salvador en el mismo solar de la plaza sino que lograron la propiedad de hasta seis edificios alrededor del templo, en la zona de mayor renta de la villa. Por otra parte la preponderancia de la nobleza de los Señores de Béjar, luego duques, quedaba físicamente mostrada con el magnífico palacio que se eleva ocupando todo el flanco oeste de la plaza Mayor.

Frente a tal patrimonio inmobiliario el concejo aparecía relegado y disminuido, como muestra, sin duda,  de la escasa fuerza administrativa y regidora de la que el Ayuntamiento adolecía en ciertos periodos del Medievo. Esto poco a poco iba a subsanarse pues los términos cambiarían a partir del siglo XVI. La masa poblacional del pueblo llano, espoleada como baluarte frente a los estamentos privilegiados y no dispuesta a perder más terreno, iba a ir ganando poder. 

 

 El castillo-Palacio de los Zúñiga se alza al oeste de la Plaza

 

Antes del mencionado siglo XVI las alusiones a un lugar de reuniones del común o a una casa concejil son muy vagas, hasta tal punto que todavía hoy resulta bastante difícil su localización. Concretar, pues, la situación exacta del edificio del ayuntamiento bejarano antes de construirse el que sigue siendo hoy su sede, no es sencillo. La tradición habla de unas primitivas reuniones bajo un olmo de la plaza o en el «portal de las casas de Alonso Telled», lo que demuestra lo precario de aquellos cónclaves[3]. Más tarde aparecen las referencias a unas casas «detrás San Salvador» sin más concreción sobre su emplazamiento[4]. Entre las  apretadas viviendas del lienzo norte de la plaza, sobre las cuestas del río y casi oculta detrás del templo, debemos, por lo tanto, situar la sede del viejo Ayuntamiento medieval. Tal vez junto a la vieja alhóndiga y el sólido arco de medio punto tras el ábside de la iglesia (en el primer plano de la fotografía); o quizá más hacia el oeste, en la elegante portada con decoración en sogueado donde mucho tiempo después, en el siglo XVIII, estuvo localizada la botica de Manuel Aguado[5]. El interrogante de la ubicación exacta sigue abierto.

Pero en el año 1556 el Concejo ya contaba con una propiedad en el espacio donde hoy se levanta el actual ayuntamiento. Se trataba de una estrecha vivienda que servía de residencia del pregonero de la villa, Andrés García. En esa fecha se adquiría además el inmueble contiguo, que había sido de Francisco Dorantes[6]. El objeto de estas compras era poder contar con varias propiedades limítrofes entre sí. Unidas configurarían suficiente espacio como para erigir sobre ellas un edificio con las dimensiones y la dignidad propias de un ayuntamiento moderno. 

La iglesia de El Salvador ocupa el centro de la Plaza 


Pero completar todo el proceso iba a ocupar veinte largos años no pudiéndose comenzar su construcción hasta 1578. Resultó que la última de las casas deseada por el concejo para su nuevo edificio no pudo ser adquirida con tanta facilidad como las primeras. Su dueño, el abogado Villafañe, hizo valer sus derechos de propiedad entablándose entre él y el Ayuntamiento un costoso y largo pleito expropiador que iba a retrasar considerablemente los planes de nueva edificación.

Continuará

Zona aproximada donde pudo estar el viejo ayuntamiento

 



[1] Rodríguez Bruno, M. Historia del Concejo de Béjar, Centro de Estudios Béjar, CEB y Ayto. de Béjar, 1992 (discurso contestado por Juan Carlos Aguilar Gómez).

[2] El término «concejo» prácticamente está hoy en desuso, pero curiosamente el de «regidor», alusivo a los miembros del Ayuntamiento, se ha sustituido por el de «concejal», que recuerda la vieja denominación de los consistorios.

[3] El convocarse las reuniones a cielo abierto podría también deberse al deseo de abrirlas a toda la población pudiendo intervenir en ellas todos los vecinos de la comunidad con voz y voto. Op. cit. Rodríguez Bruno, p.15.

[4] Herrero Jiménez, M., Ruiz Albi, I. y Ruiz Asencio, J.M. Fuero de Béjar (c.1250), Diputación de Salamanca e Instituto castellano y leonés de la lengua, Salamanca 2019, p. 424.

[5] En el dintel de la entrada puede leerse el nombre de aquel boticario. Una completa descripción de esta portada y otros edificios de la plaza puede leerse en Domínguez Blanca, R. «Curiosidades en las que fijarse durante un paseo entre los soportales de la plaza Mayor de Béjar» en Béjar, sin ferias y fiestas, 2020,  Cámara de Comercio e Industria de Béjar, 2020.

[6] Archivo Histórico Municipal de Béjar, sig. 783.01: Venta de casas de Dorantes al Ayuntamiento, 7 de octubre de 1556.

9 comentarios:

  1. Gracias, Oscar, por estos pormenores y por las bellas imágenes que lo complementa. En los años 70-80' conocí y fueron mis clientes en Madrid varios hermanos de una familia bejarana del gremio de la confección. Nunca imaginé que al pasar de los años fuera a adentrarme tanto en el conocimiento de la ciudad de Béjar sin haberla visitado nunca. Y gracias a Carmen por ser el motor de este blog.
    Abrazos,

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  2. En esta guerra entre poderes e instituciones casi siempre salía ganando la iglesia.
    Saludos.

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  3. El poder del rey era absoluto y había que ponerle ciertos límites y eso trae como consecuencia una guerra de poderes.

    Besos

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  4. La nobleza y el clero les costo dejar un hueco de poder a los estamentos civiles.

    Saludos.

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  5. Hola Carmen:
    Intrigas entre poderes...
    Ya nos contarás

    Besos

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  6. -Como siempre , no importa expropiar : siempre que sea para lucrarse otros estamentos . El abogado fue de momento la china en el zapato ...


    Un abrazo que tengas un buen día y esperando la siguiente continuación...

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  7. Muchas veces, al observar con detenimiento la Plaza Mayor de un lugar con edificios por libre, se me ocurre cómo debieron organizarse esos vecinos para lograr la armonía, además de la pugna soterrada que habría, porque cada uno desearía construir un edificio mejor, con una situación privilegiada o más llamativo que los colindantes. Y eso se agudiza cuando la plaza tiene las dimensiones y el aire monumental de la de Béjar, con su palacio, los soportales y la iglesia.

    Un texto aclaratorio. Sigo leyendo para ver cómo se desenvolvió Villafañe con el Concejo.

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  8. Gracias por compartir este interesante artículo de Oscar, del que he aprendido mucho sobre los inicios de los ayuntamientos.
    Quedo a la espera de esa segunda parte.
    Un abrazo.

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  9. Me quedo asombrada de como adquiero conocimiento sobre Béjar a través de tus entradas Carmen. Gracias.

    Abrazos.

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"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo." Óscar Wilde.