Autor: José Muñoz Domínguez
2. La damatio memoriae de Francisco III contra Brianda Sarmiento de la Cerda
Me he ocupado de este caso de damnatio memoriae desde 2008, si bien entonces desconocía el documento clave para atribuirlo específicamente al duque Francisco III, un aspecto ya corregido en trabajos posteriores (nota 1). El documento fue localizado por Juan Félix Sánchez Sancho y se trata de un inventario de mediados de 1592, relacionado con un pleito por los bienes en herencia, que se realizó meses después del fallecimiento del duque Francisco II, ocurrida en septiembre del año anterior.
Figs. 1 y 2. Localización de los escudos estudiados en la
coronación heráldica de las ventanas del palacete de recreo de El Bosque (fotos
de José Muñoz Domínguez, 2025 y 1996, respectivamente).
Hasta conocer ese inventario, la ausencia de la heráldica de la segunda esposa del duque difunto y la reiterada memoria de la primera –Guiomar de Mendoza y Aragón, fallecida en 1548–, carecían de explicación lógica en edificios tan representativos como el palacete de recreo de El Bosque, renovado en 1566-1567 (figs. 1 y 2), o el Palacio Ducal urbano, con sus reformas sustanciales fechadas en el período 1567-1569 (figs. 3 y 4), un lapso temporal alejado en más de dos décadas del fallecimiento de la primera esposa y coincidente con los tres primeros años de matrimonio con la segunda. Todavía más: ¿cómo era posible que Francisco II ordenara inscribir el nombre de Guiomar en todas las cartelas que coronaban los vanos del palacete –y en origen fueron 28–, precisamente en el primer año de su segundo casamiento? Un acto tan despreciativo y extemporáneo contra la reciente esposa, impropio de la convivencia marital y de la mentalidad aristocrática, sólo podría haber sido realizado tras la muerte del IV duque y por alguien con suficiente autoridad y poder ejecutivo: obviamente su heredero y V duque, hijo de Francisco y Guiomar, que mantuvo un serio enfrentamiento con su madrastra Brianda, motivado por la herencia de su padre y posiblemente por una pésima relación previa.
La gestión de la herencia fue muy controvertida entre las partes, pues estaban en juego los derechos legítimos del heredero del mayorazgo frente a las ambiciosas pretensiones de la viuda, una situación que se patentizó en varios pleitos sobre diversos bienes materiales en disputa, datados entre 1592 y 1597, cuya documentación se conserva en el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid y en el Archivo Histórico de la Nobleza, fondo Osuna. Entre esos papeles resulta muy esclarecedor el inventario de 1592, en el que se registran «Veinte escudos labrados de todas armas de Zuñigas y Sotomayores, y Zerdas y Sarmientos», así como «Veinte y dos piedras por labrar de Sorigüela que en la manera dellas pareçen ser para escudos» (nota 2).
Un detalle significativo de este documento es que se hiciera inventario de piezas arquitectónicas sueltas, como cornisas, guardapolvos, cartelas y escudos, lo que sólo sería posible si no se encontraban incorporadas al edificio, aunque pertenecieran a él (de permanecer en su lugar original, el escribano no haría mención aparte); por tanto, las piezas eran objeto de modificaciones y reinstalaciones justo en esos meses de primavera de 1592 y cabe imaginarlas a los pies del edificio, donde los canteros hacían su trabajo antes de proceder a la definitiva recolocación que hoy conocemos. El documento permite demostrar que en la coronación original de los vanos del palacete nunca figuró la heráldica de Guiomar de Mendoza y que, en cambio, no faltaban las armas de Brianda Sarmiento, de las que no queda rastro alguno en la actualidad. Por otra parte, aquellas piezas que «en la manera dellas pareçen ser para escudos» ofrecen la explicación sobre el destino que aguardaba a las armas de «Zerdas y Sarmientos», los blasones de la duquesa viuda, que serían picados a conciencia para dejar lisa la superficie pétrea antes de labrar en ellos las iniciales F.G. correspondientes a Francisco y Guiomar, padres del nuevo duque.
Otros escudos semejantes tuvieron como destino el palacio urbano, en el que todavía se conservan once piezas: seis en el patio, cuatro en los tambores de las torres de la fachada oriental y otra más en uno de los cubos del jardín del mediodía, aunque se tiene noticia y registro de otras tres piezas situadas en varios elementos ya desaparecidos: la portada principal hacia la Plaza Mayor (hipótesis gráfica en fig. 5), el cubo defensivo de la llamada Puerta del Hierro hacia la Villa Vieja (figs. 6 y 7) y el «Corredor de la Yedra», la galería trífora que se abría hacia la Huerta del Aire, al norte (figs. 8 y 9 y nota 3). Sumadas estas 14 piezas a las 29 documentadas en El Bosque –añadiendo la que figura en el Estrado Blasonado, de mayor tamaño (figs. 10 y 11)–, se llega al número de 43 escudos de iniciales a costa, probablemente, de borrar en otras tantas piezas heráldicas todo recuerdo de la pérfida madrastra.
Figs. 10 y 11. Localización de los escudos estudiados en el estrado blasonado de la villa de recreo El Bosque (fotos de José Muñoz Domínguez, 2025).
Pero el duque Francisco III fue aún más lejos. En las mismas cartelas del palacete de recreo ordenó picar el nombre de Brianda para retallar encima el de su madre Guiomar, ambos con el mismo número de caracteres. La huella de tal sustitución es muy evidente por alterar el plano de talla de las cartelas, convexo, frente al retalle cóncavo del nombre sobre-inscrito, y resulta perfectamente visible con luz rasante en las ocho cartelas conservadas (fig. 12 A). En suma, el aspecto de la coronación de estas ventanas se parecería a la recreación fotográfica que propongo en la fig. 12 B.

La condena memorial dejó un rastro ostensible en los principales edificios ducales de la capital del señorío, pero no alcanzó a otros estados del linaje Zúñiga, según se demuestra en la localidad pacense de Burguillos del Cerro, donde se conservan dos piezas heráldicas no damnificadas. Una de ellas preside una inscripción con la fecha de 1584 y la otra va timbrada por una extraña corona de aspecto condal que quizá no forme parte de su primera disposición; ambos escudos muestran las armas de Zúñiga-Sotomayor y de la Cerda, que trae castillo con león rampante más las tres flores de lis de la Casa de Borgoña (por tanto, sin rastro del linaje Sarmiento: trece roeles de oro en campo de gules), lo que, en todo caso y junto a la fecha, permite identificarlas con el matrimonio de Francisco II y Brianda (figs. 13 y 14 y nota 4).
Tan sólo dos edificios bejaranos pudieron librarse de la condena ducal por quedar asignados al patronazgo o a la propiedad de la duquesa viuda: el convento de la Piedad, fundado en 1590 por Francisco II y Brianda Sarmiento sobre el antiguo Palacio Nuevo de los primeros Estúñiga (ca. 1450-1590), y la segunda villa de recreo del linaje en Béjar, documentada con el nombre de la Heredad de los Picozos (ca. 1579-1585). El primer edificio fue muy alterado tras su desamortización y venta y no parece que se haya conservado ninguno de sus escudos (nota 5). De la segunda propiedad tampoco se conservan restos ciertos, salvo fragmentos de columnas con capiteles heráldicos en el predio conocido como Casa de la Vega (Picozos), del mismo tipo retardatario que un ejemplar mal identificado y exhibido en el claustro del antiguo convento de San Francisco, hoy centro cultural, cuyas armas coinciden con las de la duquesa, representadas únicamente por las del apellido materno, de la Cerda (aunque sin duda por faltar la parte superior de la pieza, donde pudieron figurar los roeles del apellido paterno), exactamente las mismas que figuran en los dos escudos de Burguillos del Cerro (figs. 15 a 18 y nota 6).
3. Conclusiones
La damnatio memoriae ducal de 1592 presenta ciertas diferencias con la práctica antigua o más común. Por regla general, se trataba de un acto público de carácter político contra quien recibía la condena en vez de un agravio familiar o privado, aunque en el caso bejarano tuviera repercusión pública o social para el linaje aborrecido. Además, solía ejecutarse tras la muerte del condenado y no en vida, pero, de hecho, falleció antes el duque (9 de mayo de 1601), que la duquesa madrastra (4 de enero de 1602). Por último, no se saldó con la mera condena memorial sobre la heráldica, sino que el olvido provocado sirvió para recordar, en un acto inverso que se podría calificar de restitutio nominis, la discreta figura de Guiomar de Mendoza, que nunca fue duquesa ni esposa de duque, aunque sí madre de un futuro titular del ducado, pues falleció como marquesa de Ayamonte consorte en 1548, y de tan corta vida matrimonial que apenas pudo dejar otra huella en el linaje que los dos hijos habidos entre 1546 y 1548, Francisco Diego López de Zúñiga Sotomayor y Mendoza (Francisco III desde 1591) y Teresa de Zúñiga y Mendoza (duquesa de Arcos consorte desde 1570). Al margen de la vindicación de la madre por su hijo, cabe preguntarse si esta restitución no representa, también, su recuperación memorial como madre de duque (nota 7).
Lo cierto es que la condena de Francisco III contra su madrastra fue efectiva y duradera, hasta el punto de que ningún estudioso local o foráneo puso en duda el patrocinio conjunto de Francisco y Guiomar en obras cronológicamente imposibles, y hasta fantasearon sobre una idílica coexistencia matrimonial preñada de un romanticismo extemporáneo. Todavía hoy, sabiendo lo que sabemos y con los documentos ya publicados, se siguen atribuyendo estas obras a F y a G, dueños de las repetidas iniciales, tan apócrifas en lo que respecta a ella como póstumas en ambos casos.
NOTAS
1. Vid. Muñoz Domínguez, José, «Haec Erigebant. El Bosque y la memoria», en Estudios Bejaranos, nº 12, Centro de Estudios Bejaranos, Béjar, 2008 (pp. 79 a 97); «El Palacio Ducal de Béjar. Ocho siglos de historia», en AA. VV., Piedra y pedagogía: 50 (primeros) años del Instituto Ramón Olleros, IES “Ramón Olleros Gregorio”, Béjar, 2013 (pp. 42 a 45); «El Palacete de El Bosque. Secuencia crono-constructiva y destructiva», en Estudios Bejaranos, nº 20, Centro de Estudios Bejaranos, Béjar, 2016 (pp. 35 a 41); y en el apartado 7.5 (pp. 1481 a 1484) de mi tesis doctoral sobre La villa suburbana El Bosque de Béjar, entre la casa de campo hispánica y los modelos del Renacimiento, dirigida por Miguel Ángel Aníbarro Rodríguez, Departamento de Composición Arquitectónica, Escuela Técnica Superior de Arquitectura, Universidad Politécnica de Madrid, Madrid, 2025.
2. Entre la abundante documentación sobre este pleito, interesa el referenciado en Archivo Histórico de la Nobleza (AHN), C. 229, D. 2-85, Inventario de los bienes que quedaron por fallecimiento del IV duque de Béjar, Francisco López de Zúñiga Sotomayor, junto a relaciones de cuentas sobre el valor de las rentas y propiedades, Béjar, 1592, así como en AHN, Osuna, C. 230, D. 1-146, Autos y otros documentos referentes al pleito seguido por la IV duquesa de Béjar, Brianda de la Cerda, con su hijastro Francisco, V duque de Béjar, por las pretensiones sobre diferentes bienes que quedaron de Francisco de Zúñiga, IV duque de Béjar, Béjar, 1592.
3. Sobre la portada y el corredor proyectados por Marquina vid. Muñoz Domínguez, «El Corredor de la Yedra (arquitectura abierta al jardín y al paisaje)», en Estudios Bejaranos, nº 17, Centro de Estudios Bejaranos, Béjar, 2013, pp. 133 a 156, también estudiados por Enríquez Martín, Fernando, Pedro de Marquina, maestro de cantería, tesis doctoral dirigida por Enrique Rabasa Díaz, Departamento de Ideación Gráfica Arquitectónica, ETSAM, UPM, Madrid, 2023. En estos momentos trabajo en un estudio con hipótesis gráfica razonada sobre la portada hacia la Plaza Mayor.
4. Ambas fotografías proceden del artículo de Surribas Parra, Antonio, «Escudos de armas de los duques de Béjar en su señorío de Burguillos del Cerro», disponible en el blog Burguillos y su historia, http://burguillosysuhistoria.blogspot.com/2015/12/escudos-de-armas-de-los-duques-de-bejar.html, publicado en 23 de diciembre de 2015.
5. Acerca de este edificio, vid. Rivadeneyra Prieto, Óscar, «El convento de la Piedad de Béjar. De maitines a vísperas», en este mismo blog (https://ccasconm.blogspot.com/2025/10/el-convento-de-la-piedad-de-bejar-de.html, publicado en 10 de octubre de 2025).
6. Agradezco el dato a Gabriel Cusac Sánchez, perspicaz observador de esta clase de tesoros y misterios pétreos.
7. Así lo sugería Majada Neila, José Luis, «La G de Guiomar», en Domínguez Garrido, Urbano, y Muñoz Domínguez, José (coords.), El Bosque de Béjar y las Villas de Recreo en el Renacimiento, actas de las segundas jornadas de estudio, Grupo Cultural San Gil, Béjar, 1997, pp. 123 a 134 (p. 127).









No hay comentarios:
Publicar un comentario
"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo." Óscar Wilde.