Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto.
De Catalina Muñoz de Villaseca a los vizcondes de Huerta
Tras agotarse las ramas de los dos primeros bisnietos del fundador, al mayorazgo de los Muñoz de Aguilar acceden los miembros de la rama femenina, la que había comenzado en Catalina Muñoz de Villaseca. En su relación de descendientes y consortes comprobamos la incorporación de individuos de muy variados orígenes geográficos pero siempre con el componente noble y religioso exigido —aunque fuera de manera tácita— en las escrituras fundacionales. Así, durante cuatro generaciones, todos los varones de esta nueva rama van a ser regidores en Barco de Ávila o en Salamanca, y caballeros de la Orden de Santiago. Incluso una de las consortes, Estefanía del Vado, lucía el hábito santiaguista y se la conocía como la Comendadora del Barco. El patrimonio se vería enriquecido por bienes provenientes de los distintos lugares de origen: Barco de Ávila, Rágama, Salvatierra y la ciudad de Salamanca. Tras el enlace de Catalina con Diego López de Moreta el apellido de él se convertiría en prioritario, incluso cuando el bisnieto de ellos reivindicara y consiguiera el mayorazgo de los Aguilar. Era el año 1671 y él mismo se intitulaba así en una carta dirigida al duque de Béjar:
Capilla de los Aguilar en la iglesia de San Juan Bautista de Béjar
Creo es mi obligación el participar a V.ex. que he sucedido en la casa de los Muñoz de Béjar, y porque hallándome su descendiente me había dado el título honroso de menor criado de V.ex. con más razón de no estimarlo hoy, y así suplico a V.ex. que habiéndolos de esta casa y ella misma recibido tan particularmente honra de V.ex., sea servido continuarlas en mí, y espero merecerlas de V.ex. suplicando a Nuestro Señor guarde a V.ex. largos y felices años.
Salamanca a 2 de septiembre de 1671.
Menor criado de V.ex. que besa sus pies
Don Diego de Moreta Muñoz de Aguilar[1].
Tal y como explicamos en la primera entrega de este trabajo la vizcondesa de Huerta, años después, sería la acreedora de todos los mayorazgos sucesivamente incorporados al primero. Se benefició para ello de la inhabilitación de Enrique Pamo de Contreras, debido a su enfermedad mental, y de la de las hijas de este, por su condición de ilegítimas. En el siglo XIX pierden vigencia jurídica los mayorazgos y los bienes terminan por enajenarse; si bien es cierto que desde el siglo anterior la fórmula del censo enfitéutico había posibilitado una desvinculación de facto.
La capilla de los Aguilar en la iglesia de San Juan
El espacio más simbólico fundado a lo largo de su historia por los Aguilar es, como sabrán muchos de nuestros lectores, la capilla familiar de la iglesia de San Juan. Y hablamos en presente pues se ha conservado de forma impecable hasta hoy, en que tiene uso de sacristía. Fue ordenada hacer por el clérigo Antonio Muñoz de Sotomayor en escritura testamentaria del 24 de octubre del año 1602.
Iten digo y es mi voluntad de fundar una capellanía en la iglesia de San Juan de esta villa, donde yo me mando enterrar o depositar, de mil reales de renta, y que de ella haya de ser capellán un hijo segundo o tercero del que más presto profesare letras, que sea hijo legítimo de legítimo matrimonio del señor licenciado Diego Muñoz de Aguilar, mi hermano; y por cuanto quiero y es mi voluntad […] hacer una capilla con su altar al lado del evangelio rompiendo el arco para por fuera, fortificándole con cantería, hacer la dicha capilla en que puedan estar cuatro o seis losas todo muy bien puesto y aderezado con su pieza de madera dorada[2].
Él pedía, en principio, ser enterrado en la sepultura de su tío Alonso de Oviedo, también en el templo de San Juan, pero solo mientras estuviera en obras la nueva capilla, destino último de su cuerpo:
quiero y es mi voluntad que de todo el dinero que esperare y fuere destinándose se vaya acrecentando por el señor patrón y testamentarios hasta que se haga en dicha capilla un altar con la figura de la Virgen Nuestra Señora y del bendito san José con una cruz en medio y yo sea trasmovido a la dicha capilla y pongan una losa encima de piedra bien labrada con un título que diga: «Aquí yace un pecador sacerdote que hizo esta capilla, orate pro eo [recen por él]»[3].
Lienzo de Bartolomé Román de la capilla de los Aguilar.
San Juan Bautista Béjar
La descripción de la imagen proyectada coincide con el lienzo, obra de Bartolomé Román, que hoy preside el pequeño altar, tal y como ha estudiado Carmen Cascón Matas[4]. Precisamente es el arco carpanel que configura este altar el elemento más interesante, y en el que destaca la fina labra de jambas y dovelas con decoración geométrica de inspiración manierista. El espacio se abre a la luz exterior por tres pequeños vanos con abocinamiento en forma de venera: la ventana que mira al norte tiene decoración exterior de arco conopial, lo que demuestra la permanencia de formas góticas muy tardías o más bien su reutilización posterior; mientras que los dos pequeños óculos orientados al este no encajan correctamente en el arco que sustenta la estructura dentro de la capilla, denotando alguna obra de readaptación. En la pared del poniente, sobre una plancha de pizarra está grabado el epitafio de Antonio Muñoz de Sotomayor, fallecido el año 1602, con el añadido de su sobrino Diego Muñoz de Aguilar en 1631, también transcrito en el citado estudio de Cascón.
En las cuatro paredes de la capilla se repite la heráldica familiar comenzando con la Cruz del apellido Muñoz, el águila de Aguilar, el ajedrezado de Sotomayor, y un último cuartel que no hemos logrado identificar, con trece estrellas en una versión y con un mar y lunas invertidas en otra.
Capilla de los Aguilar en la iglesia de San Juan Bautista de Béjar
Epitafio de Antonio de Sotomayor
Según referencias facilitadas por el investigador Juan Félix Sánchez Sancho la obra no se realizó hasta el año 1620 tras desarrollarse un expediente que incluía el amojonamiento del espacio que iba a ocuparse junto al cementerio de San Juan[5]. Según señala Sánchez Sancho la autoría de la capilla puede atribuirse al maestro cantero Pedro Hernández de Cogollos, autor entre otras obras del campanario de la iglesia del Salvador.
Este lugar sustituyó el espacio de devoción de los Aguilar que hasta ese momento estaba focalizado en la capilla que mandó construir el fundador del mayorazgo en la iglesia del convento de San Francisco (ver el primer artículo de esta serie). Quizá la falta de espacio en esta o su deterioro propiciaron la nueva habilitación en San Juan. Esta renovada fundación parece que alentó las vocaciones religiosas en la familia, que se verían amparadas por los recursos emanados de la capellanía. Así, tanto un hermano como un sobrino del fundador fueron canónigos y tesoreros de la catedral de León (además de detentar el mismo cargo, se llamaban y apellidaban exactamente igual, lo que los hace fácilmente confundibles). En la rama de Juan Muñoz de Aguilar, descrita en el segundo de estos artículos, tendríamos como religioso a Juan Muñoz de Cepeda, canónigo en la catedral de Coria y fundador de su propio mayorazgo (donde recordemos introdujo en los bienes familiares el pozo de nieve de Piornal). Antonio Muñoz de Sotomayor por su parte era al fallecer comisario del Santo Oficio y vicario de Béjar, así como beneficiado de Santo Domingo, una de las parroquias reducidas a la de San Juan en el siglo XVI[6].
Casa del mayorazgo en el Balconcillo de la Médica
Del gran patrimonio inmobiliario que disfrutó este mayorazgo en Béjar, y que se fue engrandeciendo generación a generación, la todavía hoy conocida como «capilla de los Aguilares» es lo único que ha permanecido de manera íntegra. Las tres casas de la calle Mayor fueron sustituidas por otras de nueva planta fruto del avance urbanístico de la ciudad en la segunda mitad del siglo XIX y en distintos periodos del XX. Tan solo pudieran quedar restos de la llamada «casa del Balcón» en la estructura de ménsulas del inmueble que ocupa su lugar, y en el espacio de su jardín, hoy abandonado pero abrazado aún por el ángulo de una de las callejas más evocadoras del Béjar antiguo: el Balconcillo de la Médica.
[1] Archivo Histórico de la Nobleza (AHNOB) C.244,D.34, f. 22.
[2] Archivo Histórico Provincial de Salamanca (AHPSA), P.N. 698, f.505. Testamento del licenciado Sotomayor.
[3] Ibidem.
[4] «Un lienzo del pintor Bartolomé Román de 1639 en una iglesia bejarana» Béjar en Madrid, nº 4958, p.5, y en https://ccasconm.blogspot.com/2022/12/un-lienzo-del-pintor-bartolome-roman-de.html
[5] AHPSA, P.N. 825, ff.131v-187v. Agradezco esta referencia al citado investigador.
[6] Muñoz de Sotomayor fundó con parte de las rentas de su capellanía una memoria para casar huérfanas, un modelo benéfico tradicional en la Iglesia de la Edad Moderna que costeaba las dotes de matrimonio de las jóvenes sin recursos, en este caso bejaranas, que demostraran esa condición de precariedad.






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