Amigos de Béjar y sus historias

PROPIEDAD INTELECTUAL

El contenido de este blog, texto y fotografías, tienen derechos de autor. Si deseas utilizarlos cita siempre la fuente de la que proceden.

7/10/2026

Excursiones a la Sierra de Béjar por Andrés Pérez-Cardenal (3ª parte y final)

Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto


        Hemos recordado en esta serie de artículos las referencias a la Sierra de Béjar realizadas a principios del siglo XX por el periodista salmantino Andrés Pérez-Cardenal, recogidas en su conocida publicación Alpinismo Castellano. Guía y crónicas de excusiones por la Sierra de Gredos, Béjar y Francia. Tal y como ya hemos relatado no se limitó a cumplir con las ascensiones a la montaña sino que buscó en los pueblos y en su paisanaje todo tipo de curiosidades y particularidades dignas de quedar impresas, y así mismo nos dejó una interesante recopilación fotográfica que nos permite conocer la realidad visual de aquellos Béjar y Candelario de hace ya cien años.  El acercamiento a la montaña, como ya hemos advertido, se hace con el romántico apasionamiento de quien se sabe descubridor de un ámbito aún inhóspito. Quizá esa ingenuidad y capacidad de admiración es la que hoy, con nuestras montañas sobradamente conquistadas, se echa de menos. 

Las Agujas. Foto de aquí

 

        Retomemos la compañía de Pérez-Cardenal y sus amigos camino de las cumbres más conocidas de nuestra sierra. Estamos en el 30 de septiembre de 1913 y, como ya anunciábamos en el anterior artículo, la nieve ha hecho su presencia tal y como había advertido desde la capital salmantina nuestro protagonista. Una vez más se hace acompañar por el candelariense José María Vallejera, no solo por su conocimiento exhaustivo del terreno sino también por “su amena y chispeante conversación”. El objetivo es ascender al Torreón, una de las cumbres más emblemáticas de esta montaña. Relata primero cómo realizan la subida por los Llanos y la Susana (espacio por encima del pueblo de Candelario, hoy ocupado por una conocida fábrica de jamones) apreciando un “amarillo que entonaba el paisaje con bella y delicadísima gama otoñal” llegando a los 2.000 metros de altura (sic)[1] por un terreno diáfano hasta toparse, algo más arriba, con la nieve.  

        Sobre esa “blanca mantelería” dieron cuenta del almuerzo[2] para dar paso después a las crestas del Calvitero y de la Ceja desde donde, cuenta, se deleitaron con la contemplación al horizonte de los picos del Tornavacas. Como todos los montañeros saben, desde este lugar hasta el Torreón es necesario sortear primero una peligrosa brecha. Dejemos que sea el propio Cardenal quien nos relate ese paso: “El paso por el Tranco del Diablo[3], fué peligroso; había en sus cortadas mucha y helada nieve, y para pasarlas tuvimos que hacer pateras en las heladas rocas, agarrándonos bien, a fin de no resbalar al abismo. Pero se pasó y sanos y salvos llegamos a las explanadas del Torreón”. Hoy para salvar esta dificultad existe un cable bien anclado a las rocas que hace mucho más cómodo el descenso. 

 Andrés Pérez-Cardenal

 

        Al llegar a la cota del Torreón nuestro protagonista se encarga de desmentir lo que llama “leyenda de Béjar” al respecto del origen de la construcción que remata esa cumbre: ni castillo de los moros ni torre de telégrafo óptico, lo que allí hay edificado, dice, no es más que un vértice de triangulación geodésica idéntico al de otras cotas de similar categoría[4]. Vallejera y Cardenal ponen su altímetro en funcionamiento y el resultado hoy nos resulta sorprendente: estarían a 2.560 metros de altitud, lo que consideran, además, como el punto más elevado de la Sierra de Béjar. En la actualidad, con la precisión tecnológica del momento, sabemos que esta cumbre apenas rebasa los 2.400 metros y que es La Ceja el cenit del macizo con 2.425. Encaramados a aquel lugar, el escritor y el guía, bien ceñidos con cheviot y tocados con sombrero de ala ancha contemplan las distintas vertientes que se descuelgan, en especial la de la laguna del Duque[5], quizá la menos conocida por ellos. Calcula Cardenal a ojo que esta laguna estuviera a altitud equivalente a la del Trampal, pero no atina del todo, pues sabemos que en realidad está unos cuatrocientos metros por debajo. Entre contemplaciones hacia los distintos puntos cardinales se llevan una sorpresa: “descubrimos una hermosa pareja de lobos que al vernos huyeron, pero muy tranquilamente, hacia las lagunas, volviéndose, a cada paso, para contemplarnos[6]. Desde allí, como en tantas rutas montañeras actuales, emprendieron el descenso hacia Hoya Moros pasando primero por Hoya Losa (justo debajo de las paredes del Torreón) y Majada de la Reina, entrando en alguna de las muchas cuevas que en aquel sitio hay formadas por la acumulación de grandes rocas. Y el regreso, lejos de buscar la comodidad, lo hacen en línea recta hacia Candelario, es decir por la loma de la Culebrilla, las Hoyuelas (sobre el renombrado Risco de las Mancebas) llegando al pueblo ya entrada la noche. 

 El Torreón. Foto de Wikiloc

 

       Allí nos da cuenta de una curiosa anécdota final: su caballo dio un traspié haciéndole “salir por los cabezones” con la suerte, y también la agilidad, de soltar los estribos y caer elegantemente de pie. No es, desde luego, el único montañero que después de una dura y complicada travesía da un traspié justo al final, precisamente en el paso más cómodo y postrero.



[1] Nos permitimos corregir al autor en esta expresión que debe cambiarse por la más correcta de “altitud” al referirse a medidas sobre el nivel del mar.

[2] PÉREZ CARDENAL, Andrés. Alpinismo Castellano. Guía y crónicas de las excursiones por las Sierras de Gredos, Béjar y Francia. Bilbao, 1914. (p. 102)

[3] No confundir con el Tranco del Diablo del río Cuerpo de Hombre, aguas abajo de Béjar. El homónimo lugar de la Sierra es más conocido actualmente como Paso del Diablo.

[4] Probablemente fue construida alrededor de 1833 como infraestructura  para la división provincial de la Península Ibérica.

[5] Hoy es más conocida como laguna de Solana. Consideramos que no debe perder el histórico y aristocrático nombre del Duque puesto que, además de aludir a su propiedad ducal, lo vincula históricamente a Béjar.

[6] Ibídem, p. 104. Se considera que los lobos se extinguieron en la Sierra de Béjar a principios de los años 70 del siglo XX.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo." Óscar Wilde.