Amigos de Béjar y sus historias

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12/06/2009

La Guerra de Independencia y su incidencia en Béjar (1ª Parte)

Autores: Mª del Carmen Cascón Matas
Óscar González Hoya

Publicado: Especial Béjar en Madrid, Navidad del 2008.


El propósito de este artículo no es otro que dar a conocer los sucesos que acaecieron en nuestra ciudad hace ahora exactamente 200 años y en gran parte desconocidos para nosotros. Para ello hemos tenido como libro de cabecera Béjar y la Guerra de la Independencia, escrito por Gabriel Eduardo Rodríguez Bruno. El método de trabajo ha consistido en analizar dichos acontecimientos y seleccionar las transcripciones y documentos históricos más ilustrativos del periodo, unos tomados de este libro y otros procedentes de los archivos parroquiales de Béjar que damos a conocer al lector.

No pretendemos revolucionar el panorama historiográfico referente a la Guerra de Independencia en Béjar, sino acercar a los lectores los hechos luctuosos que dieron a luz a la primera de nuestras constituciones y lo que dichos acontecimientos supusieron para Béjar. Nos parece importante además rememorar la única invasión extranjera de nuestro territorio en época contemporánea, que impulsó al pueblo a tomar espontáneamente las riendas de la situación ante el vacío de poder, unidos todos por una causa común y una patria a la que defender.

Fernando VII


11/29/2009

Tomás Rodríguez, arquitecto bejarano


Autor: Javier R. Sánchez Martín
Publicado: Semanario Béjar en Madrid, 7 de Julio de 2006.

Tomás Rodríguez Rodríguez nació un 17 de diciembre de 1907 en esta pequeña y bella ciudad del sur de Salamanca- ya casi extremeña- llamada Béjar. De hondas raíces bejaranas, pues era hijo de Mateo Rodríguez Gómez, prestigioso fabricante textil (ver Béjar en Madrid número especial de diciembre de 2004), y de Justa Rodríguez Olleros. Mateo y Justa tuvieron 4 hijos: Ana, Tomás, María y Mateo Rodríguez Rodríguez.

Estudió la carrera de arquitecto en ese castizo y desenfadado, pero también muy politizado y convulsionado, Madrid de finales de los años veinte y principios de los treinta, sobre el que ya comenzaba a soplar la brisa que más tarde se transformaría en el huracán del trágico enfrentamiento que se avecinaba. Terminó la carrera en 1933, obteniendo después el grado de doctor arquitecto.

Hotel Colón.
Fotografía extraída de Fotos Antiguas de Béjar

Poco después fue nombrado Arquitecto Escolar de la provincia de Badajoz, dependiendo del Ministerio de Instrucción Pública, comandado en aquélla época por ese inolvidable personaje salmantino que fue Filiberto Villalobos, D. Fili, como se le llamaba cariñosamente. Por aquella época vivía a caballo entre Madrid y Badajoz.

La Guerra Civil le coge en Madrid, donde reside con su hermano Mateo en la calle Gran Vía, mientras que el resto de la familia permanecía en Béjar. Como es bien conocido, ambas ciudades estaban en distinta “zona”, por lo que la comunicación entre familiares de una y otra era muy difícil. La familia cree que la falta de noticias de los dos hermanos en un país en cruenta guerra civil precipitó la muerte de su padre, que falleció el 21 de septiembre de 1936. Tomás y Mateo no conocerían la triste noticia hasta enero de 1937, por medio de un prisionero de guerra bejarano al que conocieron en Madrid.

11/25/2009

De cómo un espadachín amancebado se transformó en un chico cabal y juicioso

Autora: Mª del Carmen Cascón Matas
Publicado: Semanario Béjar en Madrid, nº 4.568. 2 de octubre de 2009.



Una noche estrellada en la primavera de 1732. Calles vacías, luz de luna, puertas cerradas, entornadas sólo una, que se abre sigilosamente. Una cabeza se asoma mirando hacia uno y otro lado: nadie. La sombra cierra el portón y se precipita hacia la calle. Dos bultos sentados, camuflados en la oscuridad, observan pasar la silueta del desconocido. Saben quién es, por qué se esconde, pero prefieren no ser vistos. Al pasar bajo la ventana iluminada por las llamas de una chimenea, un fogonazo rápido de luz, deja apreciar por un instante el rostro de la sombra. Un joven de no más de veinte años, luz pendenciera en sus negros ojos, mirada resuelta bajo el sombrero de ala ancha, buen paño el de su envoltorio. Su andar cadencioso permite escuchar el sonido metálico de una espada contra la hebilla del cinturón; la punta asoma bajo su capa, que toma un perfil recto, tenso, cuando apoya la mano en la cazoleta. Las dos personas que le observaban escondidas, se incorporan y le siguen Calle Mayor arriba. Saben que Isidro de Herrera se encamina hacia la Taberna del Gallo, en la parroquia de San Juan para encontrarse con su manceba. Tienen instrucciones para seguirle allá donde vaya.


Sello de Carlos III y la Ilustración. Puerta de Alcalá.
Extraído de aquí

Isidro de Herrera, joven de buena familia, hidalgo, hijo y nieto de dos contadores mayores del Duque de Béjar, pues su padre Manuel de Herrera y Thasis y su abuelo Sebastián de Potestad y Martel ostentaron este cargo se convirtió ¿sin quererlo? en un personaje de folletín en el Béjar del siglo XVIII. ¿Ángel o demonio?. Nunca lo sabremos y menos si la documentación se contradice, si hay dos versiones sobre la personalidad del mismo individuo y se inmiscuyen, como siempre, intereses políticos, económicos, familiares y nobiliarios. El tema debió ser importante, pues cartas enviadas al consistorio sobre el particular se han conservado archivadas junto a las actas municipales del año 1732.

11/16/2009

Un descanso y vuelvo a la carga

Me tomo un descansito corto y vuelvo la semana que viene.

Recuerdos para tod@s

P.D. Os dejo en compañía de unas imágenes otoñales de Béjar

11/12/2009

Una esclava en la corte de los Duques de Béjar (2ª Parte)


Autora: Mª del Carmen Cascón Matas
Publicado: Semanario Béjar en Madrid, 4.474. Diciembre de 2007.


Una vez alcanzada la libertad, no está claro si Cecilia abandonó Béjar y la corte de los duques o siguió ejerciendo de criada palaciega, acompañándoles en sus traslados continuos entre Béjar y Madrid. Es apasionante imaginar lo que vio y vivió esta mujer en su humilde condición de sirvienta, habitando en el Madrid de los Austrias, en la Sevilla mirando a las Indias, o en cualquier lugar de la España fascinante de la Edad Moderna.

Lo que sí es claro es que en 1571, el día 26 de enero, otorga testamento en Béjar “estando como esta mi cuerpo agravado de enfermedad” como ella misma declara. El que otorgue testamento es signo inequívoco de posesión de bienes, pues con este documento se ratificaría el reparto o legado de los mismos a personas o instituciones. El interés radica en que en él se lleva a cabo una enumeración de los bienes de Cecilia, que no son pocos, y de sus mandas pías. Así nos podemos hacer una idea de la situación de benignidad de que disfrutaban los sirvientes de los duques de Béjar en aquella época.


Palacete renacentista de El Bosque.
Palacio de verano de los duques de Béjar.

Dice “que mi cuerpo ssea sepultado en la yglesia de Sennora Sancta Maria deesta villa de bexar en la sepultura que elijiere e señalare Melchor Lopez, clerigo cura de Sr. San Pedro” Es enterrada en Santa María, pues no olvidemos que hasta la apertura del cementerio de San Miguel en el siglo XIX se enterraban los cadáveres en las iglesias o en los pequeños cementerios adyacentes, y es en esta parroquia porque a ella estaba vinculado el palacio ducal.

Además especifica que a su entierro asistan todos los clérigos del Cabildo bejarano, celebrándose 6 misas, y que “me ofrenden el dia de mi enterramiento 18 tortas de a 2 libras e medio cantaro de vino e 6 velas de a cuarteron”. En todos los testamentos de la época, no sólo se deja el dinero estipulado para el pago de los clérigos asistentes a las misas, sino también se deja el pan, vino y velas o su equivalente económico necesario para la celebración.