Amigos de Béjar y sus historias

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5/28/2011

José Lidón: compositor, organista y maestro de la Capilla Real (1748- 1827) (1ª Parte)


Autora: Carmen Cascón Matas

*El pasado viernes la Escuela Municipal de Música y Danza hizo pública la noticia de que a partir de ese momento pasarían a llamarse con el ilustre nombre de no menos importante bejarano: "José Lidón". Se colocó una placa y se interpretaron varias piezas de música para conmemorarlo. Es por ello que he decidido realizar una pequeña biografía sobre este músico que vivió en el siglo XVIII. 

*Al mismo tiempo quiero dedicar estas dos entradas a Josefa Montero, bejarana y especialista en el tema, colaboradora de este blog, por lo que ya sabe. 


        Volviendo a los personajes nacidos en Béjar, no puedo dejar en el tintero la vida de José Lidón Blázquez, que nació en la villa el 2 de junio de 1748 fruto del matrimonio entre Francisco Javier Lidón Moreno (nacido en Plasencia aunque de raíces francesas) y de Manuela Blázquez (natural de Baños de Montemayor). Su padre ostentaba el humilde cargo de sacristán de la iglesia de Santa María la Mayor, parroquia cuya jurisdicción englobaba el Palacio Ducal, aunque los señores de la villa casi ya no visitaban ni siquiera una vez al año sus posesiones pues su residencia estaba asentada ya permanentemente en Madrid, cerca de la corte. Cuando José vino al mundo el ducado se hallaba en manos de Joaquín I, quien aunque matrimoniando en tres ocasiones, nunca logró dar un heredero a sus dominios, al igual que su hermana Josefa de Zúñiga, marquesa de Sarria. 

            De orígenes franceses, el primer Lidón venido a España procedía de Soulac, de la región de Dordonge y es posible que emigrara a nuestro país con motivo del advenimiento al trono de Felipe V tras la Guerra de Sucesión. Jean Lidón, abuelo de José, se asentó en Plasencia y de su matrimonio le nacieron tres hijos: Francisco Javier (padre nuestro personaje), Luis y Juan, quienes ya hacia 1740 residían en Béjar.  

Músicos del Barroco
  

5/22/2011

Costumbres curiosas del Béjar del siglo XVIII



Autora: Mª del Carmen Cascón Matas
 
Publicado: Béjar en Madrid. Nº 4482, Febrero de 2008.


*A petición de  "Retablo de la vida antigua" retomo una entrada perdida en los anales de este blog (concretamente vió la luz como tercera entrada) para que tengais la oportunidad de leerla.  
 


Desde la distancia los bejaranos de hoy solo disponemos de algunos vagos retazos sueltos, lamentablemente escasos, de las experiencias cotidianas de los hombres y mujeres que ocuparon nuestro espacio en el pasado. Ellos vieron la misma sierra que contemplan nuestros ojos, pasearon por algunos edificios que todavía permanecen en pie, pronunciaron nombres de lugares y calles fácilmente reconocibles por nosotros,... pero nos cuesta imaginar, “ponernos en el lugar de”, reconstruir aunque sea una hora de sus existencias. El pasado desdibuja vivencias, recuerdos, nombres... y es labor de todos intentar (aunque sea sólo eso, intentar) que no se pierda para siempre, que el tiempo no borre del todo a otros seres que nos precedieron.

Vamos a intentarlo con los bejaranos del siglo XVIII. En este caso poseemos testimonios curiosos insertos en los libros de fábrica de la iglesia de El Salvador. En ellos cada mayordomo, elegido cada dos años por votación, anotaba los gastos e ingresos bianuales de la parroquia (por ejemplo, cuentas y contratos de obras, ingresos procedentes de las rentas de la tierra, los diezmos y capellanías, ...), pero también las crónicas de las visitas que los obispos placentinos, o en su defecto, sus representantes, solían realizar a cada una de ellas. La función de estas visitas consistía en vigilar el correcto funcionamiento de las parroquias, desde la trasparencia en la gestión de los bienes y en la anotación de las partidas sacramentales, hasta la limpieza de las iglesias, el orden y la decencia en los ornamentos y la correcta administración de los sacramentos. Todo ello se traducía en mandatos, es decir, órdenes de obligado cumplimiento por el Cura Rector, quien debía remediar la falta antes de la siguiente visita.



5/16/2011

Descubriendo Lagunilla: Edad Antigua II (época romana)





Autor: Alberto Bravo Martín
Publicado: Béjar en Madrid, nº 4.638. 04/02/2011


            La presencia romana en el Valle de Hornacinos queda confirmada por los hallazgos arqueológicos, que, sin haber realizado ninguna excavación (lo cual es de lamentar enormemente), han sido descubiertos de manera casual. Se han encontrado restos de vasijas de barro, piedras labradas, ladrillos y hay quien incluso habla de monedas, de procedencia claramente romana.
         
  Al parecer se trataría de dos centros de población independientes, es distintos sitios del Valle, ya que en la distancia que media entre ellos, no se ha encontrado ningún otro resto. Lo que sí es bien conocido es que el paso de Extremadura a la Meseta se hacía por la cercanías del Valle, con la calzada romana tan próximo y que, además, uno de los tres asentamientos de Quinto Cecilio establece es la mansión “Caelionicco” o “Vicus Caecilius”, que lo sitúa entre el llamado Coto, detrás de Casa Adriano, en el Puerto de Béjar, a 132 millas de Mérida. Era lugar de descanso para los ejércitos que subían de Extremadura. 


   Vía de la Plata a su paso por le Puente de la Malena

5/13/2011

Dúo de presentaciones de libros para este fin de semana

 *Vuelvo a repetir la entrada desaparecida en el día de ayer. Blogger está haciendo cosas raras durante este fin de semana. Me temo que vuestros comentarios también han sido borrados.


5/01/2011

Góngora y el duque de Béjar

Con su incomparable modo de escribir versos, Luis de Góngora y Argote dedico sus Soledades al mismo duque de Béjar que mostró tan poca compasión con Migue de Cervantes al dedicarle la primera parte del Ingeniosos Hidalgo: Alonso I. ¿Qué tenía don Luis que no tuviera don Miguel? No lo sabemos, pero los versos que inician su libro vuelven a resaltar el tema del interés que mostraban los literatos de la época por encontrar un mecenas entre los miembros de la nobleza y de éstos hacia aquéllos para que sus obras ensalzaran su nombre y el de sus antepasados.

En estos versos don Luis parece demostrar su conocimiento de Béjar y de su naturaleza. Así se nombra al oso, fiera que habitaba en el paraje llamado "Garganta del Oso" o la famosa nieve de la Sierra, la proximidad de la Vía de la Plata también utilizado como camino de peregrinación hacia Santiago y las peñas de la sierra, así como lo adecuado de los montes bejaranos para cazar. También, cuando ensalza al duque, parecemos verle en su finca de El Bosque, descansando ocioso, mientras en su escudo (el de los Zúñiga) campea la cadena. Incluso nos hace un desglose de los árboles habituales de la zona: pinos, encinas o robles.