Amigos de Béjar y sus historias

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10/24/2011

Historia arquitectónica y artística del Santuario de Nuestra Señora del Castañar (6ª Parte)


Autor: Roberto Domínguez Blanca
Publicado: Béjar en Madrid, nº  4.644. 18/03/2011


*Retomamos la serie de artículo dedicados a la edificación del santuario de la Virgen del Castañar, patrona de Béjar. Os dejo aquí los enlaces de los anteriores capítulos para que nadie se pierda. 



A la par que los esfuerzos y los caudales se concentraban en embellecer el camarín, en la iglesia se continuaban haciendo obras menores. Se embaldosó el suelo de la nave, capilla mayor y sacristía entre 1765 y 1766 con maestros de Ledrada como Miguel García Colorado y Cayetano Álvarez [1], y seguidamente se comenzó a adquirir buena parte del mobiliario. Se compraron bancos y entre 1774 y 1778 el desaparecido cancel y dos confesionarios. El cancel se encargó al maestro carpintero Manuel Álvarez por 800 reales, más otros 32 que costó el traer una piezas de Salamanca. Con seguridad estas piezas eran adornos de talla de gusto rococó cuyo objeto sería dar un toque moderno a la carpintería local de cuarterones. De hecho, el tallista salmantino M. Márquez [2] recibe 4 reales por tres serafines para el cancel, un adorno para colocar sobre la entrada del camarín y otras piezas [3]. Un ejemplo de este tipo de carpintería lo tenemos en el cancel de la portada norte de la iglesia de San Juan. Respecto a los confesionarios, éstos fueron contratados con el maestro tallista Francisco Álvarez por 233 reales, en los que se incluía el precio de la madera [4].

Fotografía antigua del santuario

10/18/2011

Los “secretos celadores” y el problema de la inmigración en el Béjar del siglo XVIII

Autor: Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid, 4.642 (04/III/2011).

La villa de Béjar era a mediados del siglo XVIII un centro de inmigración de relevancia, pues el textil actuaba como polo de atracción (donde hay trabajo hay mano de obra). Las calles se poblaban de arrieros, tenderetes de venta, carretas repletas de lana y piezas de paño, mendigos, frailes y gentes de lo más variopinto. Desde flamencos pasando por franceses, ingleses, alemanes, holandeses, portugueses, además de personajes del más variado pelaje procedentes de todos los lugares de España, predominando comarcanos, gallegos, abulenses, extremeños y de otros dominios ducales. Pongamos algunos ejemplos: Antonio Pizarro, gran terrateniente afincado en Béjar, había nacido precisamente en Gibraleón, al igual que lo había hecho en Belalcázar el corregidor Juan Manuel Fernández Saavedra, los mejores fabricantes de paños poseían raíces flamencas y los canteros que trabajaban remodelando arquitectónicamente la fisonomía de la villa procedían de Galicia, sobre todo de Orense. 

Trasera de una casa enclavada en la Plaza Mayor y chimenea



10/12/2011

“Ilusión charra”, un joven grupo folklórico en nuestra comarca

            
       Autor: Roberto Domínguez Blanca. 
       Publicado: Semanario "Béjar en Madrid". Agosto 2011.


En una comarca como la nuestra con una pirámide poblacional muy envejecida, que de buenas a primeras un numeroso grupo de jóvenes y niños, con la ayuda de sus padres, se mancomunen para formar una agrupación cultural es admirable; mas aún cuando el objetivo de la misma es la recuperación y difusión de costumbres y tradiciones a través del folklore.


“Ilusión charra” (así es como le han denominado sus integrantes), que tiene su sede en Sanchotello, está formado por niños y adolescentes de este pueblo y de Béjar comprometidos en la tarea de que las tradiciones de sus abuelos no se pierdan. Como explican en su folleto de presentación, están dispuestos a que se sigan escuchando y disfrutando los bailes regionales de Salamanca, tanto charros como serranos.



9/22/2011

Un paseo por la Ruta de las Pedanías






Autor: Óscar González Hoya
Publicado: Béjar en Madrid, nº 4.656. 10/06/2011

 
Hoy les propongo el recorrido por la llamada Ruta de las Pedanías, la cual permite el tránsito entre las pedanías de Fuentebuena y Valdesangil. Como sabemos son poblaciones que carecen de ayuntamiento y dependen de nuestro ente local, siendo una especie de barrios de nuestra ciudad, salvando las distancias.



       Al igual que la Ruta de la Umbría, rehabilitada recientemente, no se trata de un camino que haya surgido en la actualidad, sino que ya existía desde hace siglos. En este caso no se ha acondicionado el terreno, ni se han puesto barandillas de madera, simplemente se han colocado paneles explicativos e indicadores de fuentes, caminos o veredas. 

9/17/2011

Sobre el nombre de Cantagallo (4ª Parte y final)




Autor: Manuel Antonio Marcos Casquero.
Publicado: Semanario Béjar en Madrid, Julio de 2011

Acto seguido, no sólo considera que canta- procede del radical cant(h)-, que significa ‘piedra’, sino que también su segundo componente, -gallo, remonta a un radical calta, kal(l)io, que así mismo significa ‘piedra’, con lo que el nombre de Cantagallo sería una nueva tautología (piedra + piedra) comparable a la mencionada forma híbrida de Cantalapiedra. Dice: “Sentados aquellos presupuestos, la primera parte de Gallicant está, sin duda, en relación con la raíz celta kal(l)io ‘piedra’[1], (compárese con el francés caillou), que habría dado callo, call o cal, con la modificación subsiguiente según gallo. Teniendo en cuenta el significado de esta primera parte de nuestro topónimo, la segunda no hace sino intensificar su valor. Efectivamente, el segundo elemento de Gallicant corresponde a la raíz celta kanto (cfr. lat. canthus) ‘piedra’, ‘guijarro’[2] y ‘orilla pedregosa’[3]. Se trata, pues, de una especie de etimología tautológica, lo que no es nada infrecuente en la toponimia”. Exactamente la misma etimología es la que propone para los tres Calicant (en Alcudia, Petra y St. Llorenç des Cardassar) existentes en las Baleares: celta kal(l)io ‘piedra’ + kanto ‘piedra, guijarro, borde pedregoso’. Y, como justificación geográfica, anota que “el topónimo de Alcudia corresponde a un pico montañoso (Puig de Calicant) de la sierra de Ferrutx, formada por grandes pliegues de rocas, violentamente contraídos, lo que justifica obviamente la etimología propuesta. El Calicant de St. Llorenç des Cardassar es también una montaña”. En Calicant, sin embargo, una etimología popular, quizá no muy descaminada, ve el mismo término castellano calicanto, esto es, cal y canto, acuñado sobre cal (del latín calx, ‘cal”, óxido de calcio, substancia blanca que se mezcla con arena para formar la argamasa) y canto (del latín canthus, ‘trozo de piedra’). 

¿Qué decir del origen del otro topónimo similar a Cantagallo, aunque con los dos componentes invertidos: Gallocanta? En primer lugar, hay que tener en cuenta que en uno de los manuscritos (el ms. K) del Fuero de Molina, del año 1142 (o 1154), el nombre de esta localidad es Allucant: “Estos son los términos de Molina: A Tagoenz, a Santa María de Almalaf, a Bestradiel, a Galiel, a Sisemón, a Xarava, a Cemballa, a Cubel, a la laguna de Allucant, al Poyo de Mio Cid, a Penna Palomera, al puerto de Escoriola, a Casadon, a Ademuz, a Cabriel, a la laguna de Bernaldet, a Huelamo, a los Casares de García Ramirez, a los Almallones”. Otro manuscrito de este Fuero (el ms. A, Biblioteca Nacional Ms. 9159, II, fol. 55) ofrece como lectura Gallocanta. En el Poema del Cid, datable por la misma época, el verso 951 dice: “Estonçes se mudó el Cid al puerto de Aluca(n)t”, en alusión quizá al puerto en las montañas al noreste del actual Gallocanta; y en el verso 1087 leemos: “Poblado ha Mio Cid el puerto de Alucant”, que en este caso, a tenor del relato en que se inserta, no cabe identificar con Gallocanta, sino que quizá el poeta (o su copista) confundiera el nombre y estuviera en realidad refiriéndose a Alucad (expresamente mencionada en el verso 1108), la actual Olocau, cerca de Liria, que está a unos 30 kilómetros de las villas que el Cid ataca en los versos 1092-1093. En cualquier caso, si, como se lee en el Fuero de Molina y en el Poema del Cid, el nombre primitivo de Gallocanta fuera Allucant, estaríamos ante un topónimo de cuño árabe y serían los arabistas quienes tendrían que manifestar su opinión. La primera vez que se cita como tal el nombre de Gallocanta es en un documento de 1205, en el que Raimundo de Castrocol, obispo de Zaragoza, asigna a las iglesias de Daroca las rentas y diezmos de gran parte de las aldeas sometidas a su jurisdicción.