Autor: Roberto Domínguez Blanca
Publicado: Béjar en Madrid, noviembre de 2011.
Centrándonos en lo que al final se hizo y en lo más importante, vamos a repasar la labor pictórica figurativa. Lo primero que debió de maravillar a los bejaranos de entonces fue la monumental Coronación de María por la Santísima Trinidad, ejecutada sobre el gran arco triunfal. Solemne, frontal y entronizada, Dios Padre con la esfera del mundo y Dios Hijo con la cruz del martirio sujetan la corona sobre su cabeza. Apartados de la escena principal y en el arranque del arco, un séquito de angelotes blande las palmas del martirio. Toda la escena se desenvuelve en un ámbito celestial brumoso e indefinido. Atribuible a los hermanos Álvarez Dumont, su estilo se encuadra dentro del clasicismo académico que ya estaba siendo rechazado por los artistas más vanguardistas. La técnica es muy depurada, predominando el dibujo sobre el color como vemos en los grupos de ángeles, que recuerdan modelos italianos del siglo XVIII. ¿Qué escena ocupaba el frente del arco antes de la intervención de los Dumont? Para don Juan Muñoz el mismo asunto . Lo único que parece cierto es que en el siglo XVIII, un tema similar, una Asunción de Nuestra Señora, se mandó elaborar a un pintor de Cáceres entre 1774 y 1778 para dicho arco, aunque no era una pintura mural sino un lienzo, pues Lucas Martín recibe 66 reales por hacerle un marco .
De los Dumont son las imitaciones de jaspes de la capilla mayor: rojos en los muros inferiores y verdes en los arcos y base de la cúpula. En ésta, otro fresco, ahora con la Asunción de la Virgen, ocupa la gran semiesfera. Con túnica talar blanca y mano celeste cruzado, María dirige su mirada al cielo. En su derredor, un grupo de juguetones angelotes portan palmas y filacterias. En el campo de la cúpula enfrentado a esta escena, ángeles vestidos con túnicas entonan cánticos o interpretan música con algunos instrumentos (arpa, órgano, chelo, viola, timbal…).