31 de julio de 2018

Una mujer del siglo XIX: Concepción Arenal (3ª Parte y final)

Autora: Mª Teresa López Hernández
Publicado: Revista de Feria sy Fiestas de la Cámara de Comercio de Béjar 2017.

   La preocupación por la clase obrera vino dada por las condiciones laborales y de vida de los trabajadores. Era partidaria del reformismo, pero sin llegar a la revolución y sin recurrir a la fuerza. Entre los años 1912 y 1915 proliferaron los conflictos en la industria textil de Béjar. Desde la prensa se exhortaba a reconducir la situación y solucionarla por vía pacífica, apelando a los fundamentos contenidos en La cuestión social


     “Los que suelen alarmar en las huelgas son los hombres que murmuran o gritan en la calle, lo que a mí me preocupa son las mujeres y los niños que lloran y sufren en la pobre ignorada vivienda, donde nadie los oye ni los consuela”.[1]
      Te engañan, pobre pueblo, te extravían, te pierden. Derraman sobre ti el error, la adulación y la mentira, y cada gota de esta lluvia infernal hace brotar una mala pasión o corroe un sano principio. […] Han acostumbrado tus oídos a palabras falaces y acaso no escuches las verdades que voy a decirte porque te parezcan amargas…. Aunque mis palabras te parezcan duras, espero que dirás en tu corazón: es la voz de un amigo”.[2]

     A través de Cartas a un obrero (1871) y Cartas a un señor (1875) Concepción Arenal intentará que unos y otros recapaciten sobre sus derechos y obligaciones. Una de las cartas dirigidas a los obreros, en concreto la Carta VIII es divulgada por El Bejarano. De gran extensión, sus principios quedan reflejados en el resumen: 


      “Resumamos Juan. El capital es una necesidad imprescindible. La gran mayoría de los hombres son capitalistas. El capitalista, grande o pequeño hace lo mismo: saca de su capital todo el interés que puede. Los capitales pequeños son los que sacan mayor interés. La fraternidad y la abnegación indispensables en el mundo, no pueden exigirse en las especulaciones en las que solo puede exigirse moralidad. Gran número de capitalistas se arruinan en empresas beneficiosas para la sociedad. 

        Aunque el capitalista se arruine el obrero cobra y no se cuida de la suerte del que perdió su fortuna. Yo siempre estoy con mi corazón de parte de los pobres, pero mi razón me demuestra muy claro que pobres y ricos se calumnian cuando se atribuyen mutuamente vicios de clase.
       El capitalista, en lugar del obrero haría como él, y éste se conduciría como el millonario, si en su posición se hallase. Las virtudes y vicios del hombre varían de forma según su posición; en la esencia son las mismas. Tú y yo conocemos millonarios que deberían estar en presidio y pobres, que por falta de justicia, andan sueltos.


       El declarar la guerra al capital es tan absurdo, como sería declarársela al trabajo, al arado, a la sierra, al martillo… En vez de maldecir el capital y el trabajo, lo que hay que hacer es moralizar e ilustrar al capitalista y al trabajador para que no abusen de la fuerza, cuando respectivamente la tengan o crean tenerla; para que comprendan el gravísimo perjuicio que se le sigue, y el peligro en que los pone, el tratarse como enemigos: para que sientan que, sin moralidad, benevolencia y abnegación, son insolubles todos los problemas sociales; y que mientras la fraternidad no sea más que una palabra no se puede llamar un bien a la riqueza”.[3]
       El mismo periódico en su siguiente número se refería a dicha carta y alentaba a los obreros a salir de la ignorancia:
       “La masa obrera debe redimirse a sí misma, que los caudillos sólo son buenos cuando educan no cuando mandan. El obrero tendrá su poder cuando su inteligencia mande, no cuando sus brazos ejecuten”. [4] 

    En una reunión de la Unión Social el conferenciante, notario mayor eclesiástico, se refiere a la regeneración social del obrero:


     “El porvenir no está en la revolución, ni en utópicas exaltaciones de mal entendidos derechos. El porvenir está en vosotros. Formad vuestra inteligencia y vuestro corazón…”, y aludía a la pensadora “llegará un día en que se reconocerá la necesidad de ilustrar al obrero”.[5]
     Concepción Arenal murió en Vigo el 5 de febrero de 1893. Prolífica escritora, es imposible hacer aquí una relación de todas sus obras, sin embargo, hay que resaltar algunas que tuvieron gran repercusión: La instrucción del pueblo (1878) premiada por la Academia de Ciencias Morales y Políticas, Derecho de gentes (1879) su obra más importante en el ámbito jurídico y La educación de la mujer (1892). Cercana la celebración del centenario de su nacimiento, en 1919, se escribía de ella: “tenía pensamiento de hombre y corazón de mujer”.[6]



[1] ARENAL, C. El Noticiero, 7-diciembre-1912, p.2.
[2] ARENAL, C. “Para los obreros”. El Noticiero, 7-febrero-1914, p.2.
[3] ARENAL, C. “El Capital y el Trabajo. Carta VIII de las dirigidas a un obrero”. El Bejarano, 6-marzo, 1915, pp.1-2.
[4] “Escuchad obreros, mudanza que cuesta sangre”. El Bejarano, 13-marzo-1915, p.1.
[5] LÓPEZ, Gabriel R. “En la Unión Social”. La Victoria, 27-abril-1918, p.2.
[6] “El centenario de Concepción Arenal”. El Adelanto, 14-agosto-1919, p.2.

7 comentarios:

  1. Sin duda fue una mujer excepcional, conciliadora, racional, constructiva, positiva...
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. He seguido con interés, toda la historia.

    Besos

    ResponderEliminar
  3. Una gran mujer. Escribía en otro blog, sobre todo lo que las damas han tenido que luchar para que se les reconozca su valía en la sociedad.

    Me acordé de ti ayer Carmen. Pasaban un especial sobre los hombre de musgo en la TV. No recuerdo en qué canal de TV

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, salieron nuestros hombres d emusgo por la primera de televisión y hubo otros amigos y seguidores del blog que se acordaron de mí nada más verlo. Es lo que tiene tratar de un tema tan bejarano, jejej.
      Un barazo

      Eliminar
  4. Una gran mujer que luchó continuamente, saludos.

    ResponderEliminar
  5. Carmen creo por lo visto muchos de sus escritos tienen validez hoy día y deberían ponerse en valor.
    Si a nivel institucional hacen algo que no sea el bla bla de costumbre.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  6. La última frase es un buen resumen de lo que eran sus pensamientos. Y en cuanto a la injusticia de una sociedad que prohibe desarrollarse a la mitad de la población, debería añadirse la ceguera.
    No hay más que ver el atraso y degradación que existe en los países donde la mujer sigue relegada al silencio.

    ResponderEliminar

"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo." Óscar Wilde.