24 de noviembre de 2023

Un corregidor y dos pares de medias (1ª Parte)

Autora: Carmen Cascón Matas

Publicado: Béjar en Madrid, 4886 (07/01/2022), p. 4, y 4887 (21/01/2022), p. 4.

        1701 fue un año convulso. Planeaba en la imaginación de las gentes incontables miedos ante la llegada de un nuevo siglo, hundidos en la incertidumbre de si tal trueque auguraría bonanzas o desastres sin cuento. El temor a las transformaciones, a los aires nuevos, se mezclaba con los rumores y con la falta de información en aquellas mentalidades ancladas en la rutina. Además los hados parecían haberse conjurado en favor del cambio: los Borbones franceses iniciaban su dinastía en el trono de España siguiendo las directrices testamentarias del último rey de la dinastía Habsburgo, Carlos II, fallecido sin hijos. Luis XIV guiaba los destinos de su nieto Felipe V, mientras las restantes cortes europeas se posicionaban a favor o en contra en el nuevo reparto de poderes. Una guerra, la de Sucesión, estalló al poco al no estar dispuesto ningún estado a asumir que el francés acumulara cada vez más territorios, ni en Europa, ni en los restantes dominios del Imperio Español. 

 Escena cotidiana del siglo XVIII

            En Béjar, el señorío se encontraba en manos de un jovencísimo duque don Juan Manuel II, asistido en el gobierno por su tío, don Baltasar de Zúñiga y Guzmán, marqués de Valero. Desde el comienzo del conflicto se mantuvieron leales al nuevo rey, acatando sin rechistar los designios del fallecido Carlos II. Madrid, más que la capital de sus señoríos, se había convertido en su lugar de residencia, allá donde se movían los engranajes del poder. Y mientras la villa seguía su devenir cotidiano aunque quizás con el aleteo de un aire revuelto, propio de una atmósfera prebélica.

            Dominaba el corregimiento de la Villa y Tierra de Béjar desde el 10 de mayo de 1700 don Felipe de Ariño y San Miguel. Su figura era capital si tenemos en cuenta que era el máximo representante del rey a nivel local al tiempo que impartidor de justicia. Combinaba tan altos designios con el mantenimiento de la obra pública, la salubridad de calles y plazas, la gestión de la policía, el establecimiento de los precios, el abastecimiento correcto de la población y la regulación de los buenos usos en el comercio. Tras la figura ducal, qué duda cabe que era el hombre con mayor autoridad en la villa. 

Un ejemplo de alcalde mayor (el corregidor era por designación real y el alcalde mayor por los vecinos del pueblo). 

Francisco Antonio Cagigal y de la Vera, alcalde mayor de Santander. 

Foto de aquí

 

            En diciembre de 1701, el corregidor de Béjar ordena a Francisco de Rojas, alcaide de la Cárcel Real, la recaudación de un repartimiento de dinero por los jornales derivados de diez o doce días de trabajo del enrollado de la calle Mayor y de Las Armas. Según la cuenta de gasto, a cada vecino de esas calles le correspondían seis reales de impuesto extraordinario hasta un total de 240, pues los trabajadores habían amenazado con marcharse dejando la obra a medias si no se les satisfacía.

            A pesar de su afán recaudatorio, el alcaide volvió con las manos casi vacías ante la cerrazón de los vecinos. Clamaban «que no iban a pagar blanca aunque fuesen a cobrarlo diez corregidores». En una tarde «bien terrible de agua», el corregidor don Felipe de Ariño, con su corte de oficiales, alcaide y alguacil, salió a las calles con el fin de que los impagados hicieran buenos los seis reales, más otros tantos de pena por atrasos. Pero ni aún así los vecinos se achicaron y le espetaban «libertades y descomposturas», porfiando en su derecho de abstenerse del pago. 

 

Una mujer poniéndose las medias en Francia. Las de Juana La Nevera no serían tan finas y caras.  Le lever de Fanchon, 1773, óleo sobre lienzo, 74 x 93 cm. Nicolas-Bernard Lépicié (Saint-Omer, Museo del hotel Sandelin).

 

            Sólo dos mujeres, ambas tenderas, fueron el blanco de las iras del corregidor: Juana La Nevera, mujer de Juan Sánchez Cerrudo, y Ana Rodríguez de Ledrada, mujer de Fernando González. A las dos don Felipe de Ariño les abrió un proceso judicial, hoy en el Archivo Histórico Nacional, sección Nobleza[1], por desacato y desafío a la autoridad. Ni más ni menos que se plantaron ante él y le espetaron que, si bien podía ser de ley el pago de seis reales en concepto de repartimiento, los otros seis a mayores no constituían sino una forma de injusticia. Mas si la primera logró salirse de rositas pagando los seis reales y dos pares de medias en prenda del resto, la segunda «desatenta, en tanto grado que llego a irritar a la authoridad dejándola presa con guardas en su casa». 

 

Continuará

 



[1] A.H.N. ES.45168.AHNOB/1//OSUNA,C.3507,D.28-31. Autos seguidos de oficio contra Ana Rodríguez de Ledrada por insultos al corregidor de Béjar (Salamanca).

          

7 comentarios:

  1. Mucho arrojo demostraron esas dos mujeres para enfrentarse a la autoridad. Prometedora historia.
    Saludos cordiales

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  2. No le faltó valentía a esas dos mujeres, para enfrentarse con la autoridad.
    Feliz fin de semana.

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  3. Quedo pendiente de leer en esa segunda parte, si el corregidor se conformó con eso o fue a más.
    Un abrazo, amiga Carmen.

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  4. Me da que de no querer cobrar la obra sus ejecutores en prenda (en esta caso en prendas) el corregidor lo debió poner de su bolsillo y las medias para su mujer de tenerla. Se ve que eran de las de armas tomar.

    Saludos.

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  5. Mujeres con atrevidas y con arrojo. Mucho se cotizarían las medias en aquellos tiempos para pagar con ellas.
    Buena noche.
    Un abrazo.

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  6. -No se publicó mi comentario y me acabo de dar cuenta porqué quería saber más de estas intrépidas.Una al final pagó, pero se desahogo diciendo lo que pensaba.Y la otra pagó su precio en prisión; de verdad que para la época ya eran bastante temerarias...
    Un abrazo y deseando saber más

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"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo." Óscar Wilde.