Autora: Mª del Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid. Nº 4482, Febrero de 2008.
*A petición de "Retablo de la vida antigua" retomo una entrada perdida en los anales de este blog (concretamente vió la luz como tercera entrada) para que tengais la oportunidad de leerla.
Desde la distancia los bejaranos de hoy solo disponemos de algunos vagos retazos sueltos, lamentablemente escasos, de las experiencias cotidianas de los hombres y mujeres que ocuparon nuestro espacio en el pasado. Ellos vieron la misma sierra que contemplan nuestros ojos, pasearon por algunos edificios que todavía permanecen en pie, pronunciaron nombres de lugares y calles fácilmente reconocibles por nosotros,... pero nos cuesta imaginar, “ponernos en el lugar de”, reconstruir aunque sea una hora de sus existencias. El pasado desdibuja vivencias, recuerdos, nombres... y es labor de todos intentar (aunque sea sólo eso, intentar) que no se pierda para siempre, que el tiempo no borre del todo a otros seres que nos precedieron.
Vamos a intentarlo con los bejaranos del siglo XVIII. En este caso poseemos testimonios curiosos insertos en los libros de fábrica de la iglesia de El Salvador. En ellos cada mayordomo, elegido cada dos años por votación, anotaba los gastos e ingresos bianuales de la parroquia (por ejemplo, cuentas y contratos de obras, ingresos procedentes de las rentas de la tierra, los diezmos y capellanías, ...), pero también las crónicas de las visitas que los obispos placentinos, o en su defecto, sus representantes, solían realizar a cada una de ellas. La función de estas visitas consistía en vigilar el correcto funcionamiento de las parroquias, desde la trasparencia en la gestión de los bienes y en la anotación de las partidas sacramentales, hasta la limpieza de las iglesias, el orden y la decencia en los ornamentos y la correcta administración de los sacramentos. Todo ello se traducía en mandatos, es decir, órdenes de obligado cumplimiento por el Cura Rector, quien debía remediar la falta antes de la siguiente visita.





