Amigos de Béjar y sus historias

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2/23/2015

Béjar: de villa a ciudad (1850) (1ª Parte)



Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2013, pp. 65-69.


        Mientras Béjar vive su puesta de sol, mientras el declive se muestra en su apogeo, mientras la industria textil cabecea en el duermevela de la agonía, mientras el comercio echa el cierre, mientras inclinamos la cabeza, no ante Salamanca, tocada y hundida, sino que rendimos pleitesía a Alemania, hubo un tiempo en que Béjar, sin necesidad de calles asfaltadas, autovías, luz eléctrica o altos edificios de ladrillo, solo gracias a su poderoso empuje fabril y por ser cuna de influyentes personajes, fue capaz de conseguir el título de Ciudad, una denominación que le venía grande por entonces pero a la que después se ajustó como un guante. 

 


           

     1850 fue un año marcado por grandes noticias. La villa, aún bajo la opresión señorial, se encontraba inmersa en la vorágine de la industrialización. Contaba con una población de 4.393 almas, se satisfacían impuestos al estado por valor de 170.000 reales[1], el negocio fabril marchaba a buen ritmo, las enhiestas chimeneas se alzaban hacia el cielo desafiantes, boqueando y vomitando el sudor de las máquinas, y el Manchester Castellano no daba abasto para alojar entre sus muros a inmigrantes deseosos de una vida mejor. La burguesía enriquecida, su dueña y señora, ansiaba dar un aire novedoso a la villa desprendiéndola de las características provincianas y rurales dominantes. Los esfuerzos no se debían limitar, empero, al quehacer diario del consistorio al contarse con la presencia perenne de un diputado en el Congreso de los Diputados, bien de carácter progresista, bien conservador, según los vaivenes caóticos de un gobierno que rolaba bien a los caprichos de una Isabel II siempre tendente al moderantismo o al progresismo gracias a presiones y golpes militares. La llave para que las voces de la burguesía bejarana se hiciesen oír se guardaba en el bolsillo de su representante en Madrid, siendo cierto también que otros personajes influyentes manejaban ocultos hilos para que los planes saliesen a pedir de boca.

2/16/2015

Ecos de Béjar en Chile (3ª Parte)



                 Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

            En el palacio que edificó Hernán Cortés en Cuernavaca, México, convertido hoy en museo, se encuentra un escudo del conquistador que lleva en el segundo cuartel el de los duques de Béjar. La razón la explica Xavier López Medellín, de la Universidad Autónoma del Estado de México, en el artículo La Heráldica de Hernán Cortés, en los siguientes términos: Con la constitución del mayorazgo de Hernán Cortés hacia 1535, este modifica su heráldica uniéndola con los blasones de la familia de doña Juana de Zúñiga, su segunda esposa, perteneciente a una de las más altas y limpias estirpes españolas.




Palacio de Cuernavaca y escudo de Hernán Cortés

La historia del enlace la recogió un siglo y medio después el murciano Gaspar de Ávila en la comedia El Valeroso Español y Primero de su Casa, comentada en 1917 por el polígrafo chileno José Toribio Medina en Dos Comedias Famosas y un Auto Sacramental, que resumidamente dice así:

2/09/2015

Ecos de Béjar en Chile (2ª Parte)




 Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

Todos los biógrafos de Alonso de Ercilla y Zúñiga (Madrid 1533-1594) coinciden en destacar su vínculo familiar con los duques de Béjar a través de su madre doña Leonor de Zúñiga, asunto que confirmaba la condición de noble del autor de La Araucana. En la corte de Carlos V, donde se crió como compañero del príncipe Felipe y a la que su madre viuda había ingresado como guardadamas de la reina al intercambiar el cargo por su señorío de Bobadilla, había por lo demás otros Zúñiga del mismo linaje, y el propio emperador contaba en el gobierno, intra y extra peninsular, con la colaboración de varios de ellos, concediéndoles grandes distinciones y privilegios y dispensándoles una estrecha amistad.




Retrato de Alonso de Ercilla y Zúñiga pintado por El Greco, Museo Hermitage



Consciente de la importancia del apellido de su estirpe materna, de las cuatro menciones que hace de sí mismo en La Araucana tres son sólo con el apellido Zúñiga. También lo hacían así sus hermanas, que firmaban María de Zúñiga y Ercilla y María Magdalena de Zúñiga respectivamente, según lo rescata el historiador chileno José Toribio Medina en su Vida de Ercilla, 1917, y no menos otro hermano, Juan de Zúñiga y Ercilla, nombrado capellán de Carlos V en 1535.    

          

 



Firmas de las hermanas de Alonso de Ercilla y Zúñiga


2/02/2015

Ecos de Béjar en Chile (1ª Parte)



       
*Hace ya unas semanas recibí una sorpresa a través del correo de "Pinceladas". Jorge Zúñiga Rodríguez, desde Santiago de Chile, me enviaba una serie de textos con la ilusión de que un día pudieran ver la luz en este espacio por la relación que desvelan entre Chile y Béjar. Esta primera entrada supone el comienzo de una nueva sección que podríamos llamar "Al otro lado del Charco", según mi criterio, pero como sonaba demasiado tópico, he respetado la voluntad de su autor que deseaba que se titulase "Ecos de Béjar en Chile".

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Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez 

Diego de Zúñiga y Leiva era hijo de Diego López de Estúñiga y Orozco, primer señor de Béjar, y tío de Álvaro de Zúñiga y Guzmán, primer duque de Béjar. En 1428 adquirió la villa de Baides, Guadalajara, estableciendo un mayorazgo sobre ella y tierras anexas. En 1621 Francisco López de Zúñiga y de la Cerda logró la elevación del señorío a marquesado, y su hijo, Francisco López de Zúñiga y Meneses, segundo marqués de Baides y conde de Pedrosa, fue nombrado Gobernador de Chile, cargo que ejerció entre 1639 y 1646. Su madre, María de Meneses, era pariente directa de la abuela materna de Diego López de Estúñiga, también de nombre María de Meneses.

  Retrato póstumo de Francisco López de Zúñiga, Gobernador de Chile, de Tristán Mujica, en el Museo Histórico Nacional



Entre los méritos del Gobernador estuvo el haber puesto fin a la Guerra de Arauco, iniciada en 1536, por medio de las Paces de Quilín, acto que se conmemoró en 2009 con la instalación de un monumento a orillas del río Quellén. De regreso a España, López de Zúñiga pereció con su esposa y dos de sus hijos en el asalto a la bahía de Cádiz por los piratas ingleses

1/26/2015

Juan Eduardo Zúñiga, "maestro de la literatura" (2ª Parte y final)



Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid, 15/08/2014, nº 4.710, p. 4.

A juzgar por las alusiones a la infancia que nuestro protagonista, el escritor Juan Eduardo Zúñiga, ha hecho en diversas entrevistas, siempre refiriéndose a ella como un periodo triste y de intensa soledad, la relación que pudo tener con su progenitor (don Toribio Zúñiga) debió quedar marcada por las distancias que entre ellos puso el modo distinto, e ideológico, de entender la vida y, más concretamente, los problemas de España

 El escritor madrileño Juan Eduardo Zúñiga


 Su padre, el bejarano Toribio Zúñiga Sánchez-Cerrudo 


El caballero monárquico, religioso y conservador que fue don Toribio chocó con la disposición más abierta y el punto de vista social de su hijo Juan Eduardo, que en todo caso también se mostró crítico con todo proceder violento e injusto, viniera de donde viniera. Ese carácter quedaría definido a partir de la vivencia determinante de la Guerra Civil y de los primeros años de la posguerra, cuando apenas era un niño de diez o doce años;  no solo en la percepción de las injusticias bélicas, sino también en la configuración del tema central de su obra literaria. Los temas no los eliges sino que te eligen, y a veces de manera traumática.