Autor: Ignacio Coll Tellechea
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2015, pp. 78-80 y en su blog collcenter.es
¿Hay alguien que dude de que los medios de
comunicación son el mejor mecanismo para darse a conocer? Aún hoy, cuando han
perdido el monopolio de los canales por los que circulan las noticias, su poder
es tan grande como para introducir en todos los hogares el nombre de un pueblo
recóndito en el que ha tenido lugar una información relevante, con la misma
facilidad con la que pueden olvidarse de ello en un plazo de horas. Son los que
marcan la agenda de los políticos. Los que hacen posible el estremecimiento o
la alegría de millones de personas. Los que escriben la historia moderna, y los
guardianes de la reciente.
Una localidad como Béjar no es motivo de interés
informativo fuera del ámbito nacional salvo ocasiones muy puntuales,
relacionadas con un suceso o una información curiosa. Y sin embargo, hace un
siglo y medio el nombre de nuestra ciudad apareció impreso en diarios de
Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña e incluso Australia, en algunos casos
siendo objeto de llamativos titulares. ¿Qué fue lo que motivó semejante interés?
En la década de 1860 Béjar vivió los mejores años de
la primera edad de oro de la industria textil. Con una población en alza,
superior a los 10.000 habitantes, numerosas fábricas de tejidos y otras
industrias repartidas por toda la ciudad, la moderna Escuela de Enseñanza
Industrial, un segundo puente sobre el río, el recién estrenado telégrafo y la
promesa del tren y de la electricidad… Era la imagen de una España que se
asomaba a la modernidad y que, por lo tanto, demandaba un marco político y
social que se ajustara a un tiempo nuevo en el que la burguesía había ganado la
partida a la nobleza, y en la que las clases trabajadoras reivindicaban un
papel determinante no solo en los procesos de producción, sino también en el
gobierno del país.






