Amigos de Béjar y sus historias

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3/18/2012

Una constitución, una esperanza: “La Pepa” en Béjar.



Autora: Carmen Cascón Matas


Al año 1812 los españoles lo bautizaron como el “año del hambre”, pues la guerra no acababa, había escasez de mano de obra, los campos estaban arrasados y los productos de primera necesidad brillaban por su ausencia. Patriotas e invasores, en la ciudad y en el campo, sufrían la penuria. De esto ya hace 200 años y la Guerra de Independencia, una guerra civil de las muchas que sufrió España a lo largo de su historia, aunque para la colectividad sólo exista una merecedora de tal denominación, se encontraba en su apogeo. Napoleón había fijado sus ojos en la península y, codicioso, hacía años que había invadido con sus tropas de forma “legal”, con permiso de la monarquía española, el territorio. Aunque el destronado Fernando VII desde  Bayona, y por medio de la Junta de Gobierno, instaba a la calma, el pueblo español nunca aceptó esta situación. Resultábales doloroso observar cómo los franceses campaban a sus anchas con la condescendencia de sus ejércitos y con el rey preso en Francia. La mecha se encendió el 2 de Mayo de 1808, cuando el pueblo de Madrid se levantó en armas en una resistencia que se extendió como un reguero de pólvora por toda la península, surgiendo Juntas Militares a nivel local y provincial con la misión de dirigir la lucha contra el invasor. De entre los integrantes de las Juntas Militares provinciales se nombraron a los de la Junta Central, primer ejemplo éste de representatividad nacional, idea que cuajará en las Cortes de Cádiz y en la Constitución Liberal Española de 1812.

La promulgación de la Constitución de 1812, obra de Salvador Viniegra

3/14/2012

La afilada pluma de don Francés de Zúñiga (2ª parte y final)


         
         Autora: Carmen Cascón Matas

       Con respecto a las descripciones de personajes que pululaban por la corte imperial, no aflojaba la lluvia de críticas por parte de don Francés, por muchas mercedes, privilegios y alta sangre de que presumieran, siendo sus caricaturas tan gráficas y ácidas como las utilizadas con individuos de más baja estofa. A lo largo de su epistolario nos muestra una visión de la corte que no puede ser más desalentadora. “A vuestra señoría hago saber cómo ha tres meses que estoy fuera de la corte, y si el Emperador por mí no enviara, tarde volviera; y la razón es, porque los que aquí andan son pocos y pobres de ánimo y traen los gaznates secos de codicia”.



Jean Fouquet "El bufón Gonella"
   

3/09/2012

La afilada pluma de don Francés de Zúñiga (1ª Parte)



Autora: Carmen Cascón Matas


Tras estas apasionantes entradas sobre un personaje, que conoció en una sola vida tanto las grandezas de la corte como la miseria del desprecio y de la muerte violenta, que con su ingenio logró codearse con la más rancia nobleza, primero sirviendo a las órdenes de su amo, don Álvaro de Zúñiga, duque de Béjar, y después a la vera del emperador Carlos V, nos queda por vislumbrar los trazos de su afilada pluma, fiel reflejo de una lengua acostumbrada a decir verdades. ¿Qué lindezas escribiría y pronunciaría para atraer las inquinas de los nobles de su época? Porque la verdad dicha sin tapujos no agrada a nadie. De ello se daba cuenta el bufón al escribir en una carta al emperador: “Si pensara, señor Emperador, que tan mal me había de suceder, y que tan poco había de medrar, y que mis amigos había de perder, y tantos enemigos cobrar (…); que ni auctor me hiciera ni cronista me llamara. Mas no me maravilla, que negocio es muy usado que quien mucho habla su pago lleva y muy poco medra, digo de riquezas y bienes comunes; porque de palos y pescozones, en su mano es dallos, y mi trabajoso cuerpo recibillos.” La ira nobiliaria la sentía ya por entonces cerca: “el duque de Béjar no me mira, aunque pase por junto a él, y el Condestable me guiña, el marqués de Cenete me amenaza, musiur de Laxao me las jura, y Sancho Bravo me las pega Domine, adjuva me.” ¿Preconizaba la muerte que le esperaba?


La soledad de don Francés

3/04/2012

Don Francés de Zúñiga, un bufón en la corte de Carlos V (3ª Parte y final)




Autor: Jose Antonio Sánchez Paso




La Crónica





            En vida de don Francés, su Crónica nunca llegó a ser impresa. No lo fue hasta mediados del siglo XIX. Circuló hasta entonces, y con inusitada profusión, de forma manuscrita y en distintas versiones, unas más largas que otras. No es de extrañar que no llegara a ser impresa, ya que con seguridad no era esa la intención de su autor: no iba destinada al gran público lector sino a un círculo más cerrado: al emperador en primera instancia, puesto que a él está dedicada y dirigida y a él fue presentada como entretenimiento durante una convalecencia de cuartanas que padeció, pero es el público cortesano en última instancia el receptor de la sátira moral de la que ese mismo público es protagonista. Desde el momento en que se sabe que iba destinada a tan selecto grupo, se comprende que la obra no fuera ni una crónica en sí ni una obra histórica. El grado de corrupción de la verdad al que don Francés somete los aconteceres históricos hace que la obra haya que comprenderla como un ejercicio que se aproxima más a la amenidad y el entretenimiento de quien hubiera de leerla que a la divulgación, el conocimiento o la propaganda de la política carolina. Es más una subversión de la realidad que su reflejo, con continuos viajes de ida y vuelta entre lo serio y lo jocoso, lo formal y lo festivo, lo histórico y lo banal. A medio camino, pues, entre lo histórico y lo periodístico, donde mejor se plasma la burla de don Francés no es en la descripción de los grandes hechos históricos que vivió, sino en la ridiculización de los personajes concretos y la bufa individual. Con la misma tijera corta y cose chascarrillos y bromas de los de arriba y los de abajo, de nobles y villanos, nacionales y extranjeros, obispos, alcaldes, militares y criados; todos ellos son puestos en situación incómoda, para regocijo del lector, y cada cual se lleva su mote colgado del cuello, especialidad ésta en la que don Francés es maestro sin comparación en toda la literatura.

2/27/2012

Don Francés de Zúñiga, un bufón en la corte de Carlos V (2ª Parte)





Autor: Jose Antonio Sánchez Paso


             
              Apenas seis años estará al servicio de la Casa Real, pero serán los más fecundos e interesantes de su vida. La mano todopoderosa del emperador le protegerá y le permitirá lanzar sus más ponzoñosas y ágiles burlas hacia la Corte, que impotente (y no menos ella misma alentadora) se verá ridiculizada en la boca y la pluma del bufón. Esa misma Corte que, años después, no le perdonará las ofensas cometidas.

            En enero de 1523 llega a la Corte el marqués de Pescara, con quien trabará la excelente amistad que se hace patente en el «Epistolario» que nos ha quedado del bufón cronista. Un año después aquél le invitará a pasar a Italia, donde se encontraba el de Pescara, invitación que don Francés declinará con su natural poca belicosidad, ya que el marqués se encontraba por entonces al mando del ejército imperial que combatía la Liga hecha por el Papa y el rey de Francia.



            En agosto de 1523 el bufón acompaña al emperador en lo que habrá de ser su segundo viaje a Navarra: allí continuaba la guerra contra los franceses y allí permanecerá hasta los primeros días del año siguiente, tomando con humor sin par aquel grave conflicto, plasmando en esta Crónica el lado absurdo de los delicados aspectos de la naturaleza humana.

            A comienzos de 1524 tenemos noticia de una ausencia suya de la Corte durante tres meses, por motivos que nos son desconocidos (quizás algún enfado del emperador); al cabo, es el propio monarca quien le llama a su lado, estando en Burgos por el mes de mayo o junio. De allí a Valladolid, y de ésta a Madrid, donde Carlos V yace enfermo durante los últimos meses del año, tiempo que don Francés aprovecha para casar a su hija Mariana.


El marqués de Pescara