Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2011, pp. 81-86.
Introducción
Guardo una cierta predilección por los estudios
históricos relacionados con la historia textil de Béjar y, sobre todo, por las
publicaciones de la historiadora experta en este tema la gerundense Rosa Ros Massana. Recuerdo que, cuando me regalaron el libro La industria textil lanera de Béjar (1680-
1850). La formación de un enclave industrial [1], lo
devoré con ansia, asombrada por la cantidad y calidad de datos inéditos que
ofrecía sobre aquellos primeros pasos de las manufacturas en nuestra villa, los
personajes involucrados en ella y sus quehaceres, más allá de datos concretos
de producción o consumos. Aquellos “maestros flamencos”, en cuyas aventuras me
había zambullido de adolescente gracias al cómic de José Muñoz Domínguez [2] de idéntico título,
se hacían tangibles fuera ya de la tinta y los diálogos enmarcados en globos y
“bocadillos”; se convertían en seres de carne y hueso, fabricantes con
viviendas y obradores reales, con cifras relacionadas con la producción,
extraídos de testamentos y protocolos notariales. Y, sin embargo, los maestros extranjeros no fueron los
únicos protagonistas del desarrollo textil bejarano previo al alumbramiento de la
“Manchester Castellana” o "La Perla de Castilla", tal y como se ha denominado a la Béjar del siglo XIX. Su testigo fue tomado por unos bejaranos
ávidos de aprender, de enriquecerse, de mezclar su sangre con la de aquellos
extranjeros venidos por obra y gracia, primero de las duquesas viudas doña Teresa Sarmiento de la Cerda y doña Mª Alberta de Castro y Portugal, y después del duque don Juan Manuel II. Nombres castellanos y
forasteros se entremezclaron en un proceso imparable de fusión de intereses,
negocios y familias.
"La encajera", Vermeer de Delft





