Amigos de Béjar y sus historias

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2/02/2015

Ecos de Béjar en Chile (1ª Parte)



       
*Hace ya unas semanas recibí una sorpresa a través del correo de "Pinceladas". Jorge Zúñiga Rodríguez, desde Santiago de Chile, me enviaba una serie de textos con la ilusión de que un día pudieran ver la luz en este espacio por la relación que desvelan entre Chile y Béjar. Esta primera entrada supone el comienzo de una nueva sección que podríamos llamar "Al otro lado del Charco", según mi criterio, pero como sonaba demasiado tópico, he respetado la voluntad de su autor que deseaba que se titulase "Ecos de Béjar en Chile".

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Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez 

Diego de Zúñiga y Leiva era hijo de Diego López de Estúñiga y Orozco, primer señor de Béjar, y tío de Álvaro de Zúñiga y Guzmán, primer duque de Béjar. En 1428 adquirió la villa de Baides, Guadalajara, estableciendo un mayorazgo sobre ella y tierras anexas. En 1621 Francisco López de Zúñiga y de la Cerda logró la elevación del señorío a marquesado, y su hijo, Francisco López de Zúñiga y Meneses, segundo marqués de Baides y conde de Pedrosa, fue nombrado Gobernador de Chile, cargo que ejerció entre 1639 y 1646. Su madre, María de Meneses, era pariente directa de la abuela materna de Diego López de Estúñiga, también de nombre María de Meneses.

  Retrato póstumo de Francisco López de Zúñiga, Gobernador de Chile, de Tristán Mujica, en el Museo Histórico Nacional



Entre los méritos del Gobernador estuvo el haber puesto fin a la Guerra de Arauco, iniciada en 1536, por medio de las Paces de Quilín, acto que se conmemoró en 2009 con la instalación de un monumento a orillas del río Quellén. De regreso a España, López de Zúñiga pereció con su esposa y dos de sus hijos en el asalto a la bahía de Cádiz por los piratas ingleses

1/26/2015

Juan Eduardo Zúñiga, "maestro de la literatura" (2ª Parte y final)



Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid, 15/08/2014, nº 4.710, p. 4.

A juzgar por las alusiones a la infancia que nuestro protagonista, el escritor Juan Eduardo Zúñiga, ha hecho en diversas entrevistas, siempre refiriéndose a ella como un periodo triste y de intensa soledad, la relación que pudo tener con su progenitor (don Toribio Zúñiga) debió quedar marcada por las distancias que entre ellos puso el modo distinto, e ideológico, de entender la vida y, más concretamente, los problemas de España

 El escritor madrileño Juan Eduardo Zúñiga


 Su padre, el bejarano Toribio Zúñiga Sánchez-Cerrudo 


El caballero monárquico, religioso y conservador que fue don Toribio chocó con la disposición más abierta y el punto de vista social de su hijo Juan Eduardo, que en todo caso también se mostró crítico con todo proceder violento e injusto, viniera de donde viniera. Ese carácter quedaría definido a partir de la vivencia determinante de la Guerra Civil y de los primeros años de la posguerra, cuando apenas era un niño de diez o doce años;  no solo en la percepción de las injusticias bélicas, sino también en la configuración del tema central de su obra literaria. Los temas no los eliges sino que te eligen, y a veces de manera traumática. 

1/19/2015

Juan Eduardo Zúñiga, "maestro de la literatura" (1ª Parte)



Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid, 1/08/2014, nº 4.709, p. 14.

Permítanme que defina al personaje que nos ocupa con el contundente calificativo con el que lo suele saludar el novelista Antonio Muñoz Molina: el de “maestro”. Y es que la veteranía en las letras y la intensidad literaria, unidas a la honestidad de su obra, hacen a nuestro protagonista acreedor de tan incontestable sobrenombre. ¿Por qué dedicar una  entrada en este blog a la figura enjuta, casi quijotesca, de un octogenario escritor madrileño que redacta sus textos a mano frente a la frondosidad del Retiro, llamado Juan Eduardo Zúñiga? Quizá su apellido, de tantas reminiscencias aristocráticas y tan unido atávicamente a la historia de Béjar, pueda darnos pistas. Incluso a través de él logremos vislumbrar las razones genéticas de una vieja tradición familiar alrededor de la literatura que ha fraguado en Juan Eduardo Zúñiga como su último vástago.

 Toribio Zúñiga Sánchez- Cerrudo, según Antonio Solís Ávila

 Hablemos, antes que nada, de su progenitor. El padre de nuestro protagonista no era otro que Toribio Zúñiga Sánchez-Cerrudo, creador de la moderna farmacología española; y a mi juicio el más ilustre de los bejaranos del siglo XX, sobre todo si tal honor se definiera por méritos académicos[1]. No habría espacio suficiente en estas páginas para relacionar de modo completo los valores profesionales, títulos, honores y condecoraciones que jalonan la biografía de don Toribio. Como doctor en farmacia ayudó  en la fundación de su Real Academia, de la que fue presidente y secretario perpetuo, ejerciendo de farmacéutico del Rey Alfonso XIII desde 1925 hasta la renuncia de este último como Jefe de Estado en 1931. Al mismo tiempo son innumerables los trabajos de corte científico que publicó, destacando su póstuma “Historia de la Real Academia de Farmacia”[2]

1/12/2015

El retablo de Guijo de Ávila, obra del retablista Miguel Martínez de la Quintana


 Autor: Roberto Domínguez Blanca

 Guijo de Ávila es uno de esos pueblos que por azares del destino y por caprichos de la administración decimonónica ha visto cómo el apellido de su toponímico entra en contradicción con su situación administrativa actual, pues permanece dentro de la provincia de Salamanca. Un caso similar pero en sentido contario a los de San Bartolomé de Béjar y La Solana de Béjar, que hoy forman parte de la provincia de Ávila, si bien el último pueblo cambió su “apellido” rompiendo amarras con la historia, pasando a denominarse La Solana de Ávila. El caso es que Guijo pertenece a la actual comarca de Béjar desde 1833, aunque su vinculación secular con Ávila y con otros pueblos salmantinos (Guijuelo, Cespedosa de Tormes, Santibáñez de Béjar…) es más fuerte que con la ciudad textil. Sin embargo, en cuestiones de historia del arte, como vamos a ver, hay mayores afinidades. 

 Retablo mayor de la iglesia de Guijo de Ávila


El pueblo, o parte del mismo, se encuentra en un lugar elevado como corresponde a una población que contó con castillo (desaparecido durante el reinado de los Reyes Católicos, si bien su emplazamiento es recordado en el callejero del pueblo). Las vistas de Guijo son espectacularmente bellas desde Guijuelo y sobretodo en primavera, rodeado de praderas, colinas con el telón de fondo de la sierra nevada. Destacando entre el caserío su iglesia gótica del siglo XVI, de la que emerge poderosa su capilla mayor. Fue para esta capilla para la que se ideó el retablo mayor objeto de este texto, un retablo que Casaseca Casaseca[1] lo calificó como barroco y de mediados del siglo XVIII. Hoy podemos refrendar esa cronología y que además fue construido por uno de los arquitectos de retablos más importantes de la Salamanca barroca, Miguel Martínez de la Quintana, artista prolífico y de notable calidad, necesitado de una monografía que pondere su aportación al arte en Salamanca y otras provincias cercanas.

1/05/2015

Política, filosofía y educación según Nicomedes Martín Mateos




Autor: José Mª Hernández Díaz
Catedrático de Historia de la Educación

  Se cumplen ahora 125 años de la muerte de don Nicomedes Martín Mateos (Béjar, 1806-1890), quien finaliza su ciclo vital el 7 de enero en la ciudad que le vio nacer, y donde desarrolló su actividad profesional, filosófica y ensayística durante la mayor parte de su vida. Su obra y persona es una invitación permanente para pensar, también en el inicio del nuevo ciclo anual.




  El lector debe recordar que don Nicomedes fue para Béjar una personalidad moral e intelectual insustituible en su siglo, y hoy continúa siendo uno de esos iconos de quienes tanto echamos en falta  para encontrar caminos correctos de valores de ciudadanía.  Por citar solamente alguna de sus actuaciones públicas, mencionemos que desempeñó con respeto y éxito reconocido  la alcaldía de la entonces activa e industriosa ciudad serrana, promovió y dirigió la creación en 1852 de la Escuela Industrial (con el tiempo ha evolucionado hasta la actual Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial), organizó mejor que nadie el mapa escolar de Béjar en su momento, impulsó los espacios de sociabilidad y la creación de Ateneos (entre otros el actual Casino Obrero), representó en todas sus actuaciones públicas la honestidad y la eficacia, que le convirtieron en referente de consulta y práctica de vida para sus conciudadanos. Sus opiniones siempre eran merecedoras de respeto, atención y consulta.