Amigos de Béjar y sus historias

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5/04/2015

Ecos de Béjar en Chile (5ª Parte)



 Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez


      Según Diego de Azqueta, vicepresidente de la Sociedad Geográfica Española, "A finales del siglo XVIII más de tres cuartas partes del actual territorio de los actuales Estados Unidos era español" (La Huella de España en los Estados Unidos, 2014). Esta gran extensión comprendía el estado de Texas (Tejas), en medio de la cual se encuentra el Condado de Bexar (Béjar) cuya capital es la ciudad de San Antonio (San Antonio de Valero), nombres los dos últimos que aluden directamente al virrey de Nueva España, México, Baltasar de Zúñiga y Guzmán tratado anteriormente.


Misión San Antonio de Valero, El Álamo, en la ciudad de San Antonio, Texas

       El nombre del condado estadounidense proviene de la expedición que el referido virrey encargó a un grupo de franciscanos liderados por fray Antonio de Olivares, para explorar el territorio de Texas desde el río Colorado hasta más allá del río Grande con el fin de establecer familias de colonos españoles y con base en un fuerte, alrededor del cual se formó la Villa de Bexar, o Béjar, asentamiento civil llamado así en honor del padre del virrey, el IX duque de Béjar. En el fuerte-presidio, hoy reconstruido en el centro histórico de la capital del Condado (ver art. ant.) se guardaría un retrato del virrey y su partida de bautismo. 

4/27/2015

Ecos de Béjar en Chile (4ª Parte)



Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez


Don Baltasar de Zúñiga nació en Béjar en 1658, hijo segundo del noveno duque Juan Manuel Diego López de Zúñiga y Mendoza por lo que no sucedió en el título a su padre (lo hizo su hermano mayor Manuel Diego López de Zúñiga y Sarmiento) y no tuvo necesidad de anteponer el Diego López al apellido Zúñiga, según lo había establecido expresamente la tercera duquesa de Béjar, doña Teresa de Zúñiga y Manrique de Lara, llamándose simplemente Baltasar de Zúñiga y Guzmán (claro que con los agregados de Sotomayor y Mendoza, como no podía ser menos)
 
Retrato de Baltasar de Zúñiga y Guzmán en la Galería Bicentenario de México



Fue duque de Arión y marqués de Valero, de Ayamonte y de Alenquer, y Grande de España y, después de tomar parte en la Guerra contra el Turco en Europa donde le tocó la triste tarea de repatriar el cadáver de su hermano,  el Buen Duque don Manuel, fue nombrado por Carlos II virrey de Navarra, luego de Cerdeña y finalmente de México (1716-1722) o Nueva España como se llamaba en la época. Dos de sus familiares, dos primos pertenecientes a las ramas colindantes de la Casa Zúñiga, habían desempeñado anteriormente el último cargo: Álvaro Manrique de Zúñiga (1585-1590), que se enfrentó a la Inquisición mexicana,  y Gaspar de Zúñiga y Acevedo (1595-1603), a quien se debe el nombre de la ciudad de Monterrey mexicana por su título de conde de Monterrey en Galicia.

4/20/2015

Un pasaporte para salir de Béjar



Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid, nº4.714 (3/10/2014), p. 4.

        Hoy día es fácil identificarnos. Cuando un policía nos pide la documentación mostramos nuestro DNI con su correspondiente fotografía o el carnet de conducir e inmediatamente nos incluyen dentro de los ciudadanos de pleno derecho. En caso de que vayamos al extranjero a un país ajeno a la Unión Europea se nos hace imprescindible el pasaporte o el visado recién expedido y con él dispondremos de la posibilidad de movernos por cualquier lugar. 


Pero imaginémonos que retrocedemos en el tiempo, que somos un bejarano o foráneo en el Béjar de 1839 y que queremos salir de la villa (hasta 1850 no se conseguirá el título de ciudad). No, no es tan fácil como coger el petate y echar a andar por el camino de los arrieros hasta el lugar de destino o cabalgar a lomos de un rocín o un caballo hasta la posada más próxima. Cual si de un país extranjero se tratase había que solicitar en el ayuntamiento, y con tiempo, un pasaporte y declarar ante el escribano municipal el lugar y fecha de nacimiento o naturaleza, el estado civil, la profesión, el lugar de destino, el tiempo de estancia y el motivo de la salida de la población. 

Béjar

La causa y razón de tan alto grado de control se explica si tenemos en cuenta de que no se disponía de documento nacional de identidad ni de otro escrito oficial que certificase la filiación y nombres y apellidos de la persona, y menos de una fotografía que mostrase los rasgos del portador. Los controles eran un quebradero de cabeza para la autoridad competente. Se contaba con la palabra dada de un detenido y con la comprobación de su declaración con la comparecencia de testigos que pudieran corroborarla, tarea compleja si se trataba de un viajero a decenas de leguas de distancia de su lugar de origen. Y a ello hemos de sumar las sacudidas políticas e ideológicas de un país siempre en tensión entre moderados y progresistas, la guerra carlista y los conflictos intestinos. 

4/13/2015

Aquellas bejaranas que se fueron a Alemania en los años sesenta (4ª Parte y final)



Autor: Javier R. Sánchez Martín

La etapa posterior al cierre de la Wülfing


        Desde 1997, a poco de producirse el cierre de la empresa, una Asociación compuesta por antiguos empleados de ésta se puso a trabajar para construir el Museo Wülfing. Uno de sus objetivos fue conservar el edificio principal, de piedra y ladrillo, las chimeneas, el puente de acero, el laboratorio, el gran archivo de muestras de tejidos, algunas de las máquinas textiles y, por supuesto, la magnífica máquina de vapor que fue durante años el corazón energético de la fábrica. Este generador de vapor funcionó desde principios del siglo XX hasta 1946 y se conserva todavía en la ubicación original. Existe también una turbina Francis de 1922 que, modernizada, sigue en funcionamiento. Por ello, con el tiempo se pretende también musealizar la historia de la producción de energía en la fábrica durante el largo período de su funcionamiento. 


       Estas acciones postreras demuestran que la Wülfing no fue para los habitantes de la zona una fábrica más de las que comienzan su andadura, funcionan durante algunos años y finalizan su ciclo vital sin pena ni gloria. Al contrario, la empresa fue todo un símbolo de progreso industrial para los ciudadanos de Remscheid-Lennep-Dahlerau y, por supuesto, también para los españoles, austríacos, italianos y de otras nacionalidades que encontraron su destino laboral en la Wülfing y que convivieron en absoluta armonía con los naturales de la zona durante muchos años.

El Museo lo llevan antiguos empleados de la empresa.

Con nuestro guía, antiguo empleado de la Wülfing, visitando el Museo


      Además, la vetusta fábrica se encuentra en un lugar privilegiado, en el entorno del río y rodeada de verdes laderas arboladas, como si fuera una pequeña isla industrial centrada en la antigua fábrica-villa, todo ello constituyendo un conjunto bien conservado. Hoy día, parte de los antiguos edificios se encuentran ocupados por empresas vivas dedicadas a actividades que no tienen que ver con el textil.  


        Pues bien, a este lugar llegábamos en coche un frío día de enero de 2009. Nos costó un gran esfuerzo localizar la fábrica, pues no está fácil de encontrar y, salvo una señora que nos dio indicaciones en un inglés rudimentario, los demás nos atendían muy amablemente, pero en alemán, con lo que, aunque sabíamos que estábamos muy cerca, no había forma de terminar de encontrarla.

4/06/2015

Aquellas bejaranas que se fueron a Alemania en los años sesenta (3ª Parte)

Autor: Javier R. Sánchez Martín 


La mítica empresa Johann Wülfing & Sohn


La empresa a la que se incorporaron estas bejaranas entre 1960 y 1962 era la “Johann Wülfing & Sohn” y disponía por entonces de tres factorías en un radio de unos 7 km. Una estaba en Dahlhausen y otra en Dahlerau, en la cuenca del río Wüper, afluente del Rhin, en una zona cuya orografía recuerda en cierto modo a la del lugar conocido como Navazo. La tercera estaba en la ciudad de Lennep. Entre todas disponían de hilatura de estambre, de carda y de tejiduría, además de tintes y de acabados. Es decir, era lo que se conoce como una empresa vertical.


Pero la Wülfing no era una empresa cualquiera, sino que se trataba de una de las sociedades textiles más antiguas del mundo. Había sido fundada en 1674 por Gottfried Wülfing (1651-1721) originariamente en la ciudad de Lennep. En 1774 adoptó el nombre de Johann Wülfing & Son, que correspondía al de su propietario y a la vez director, así como a su hijo. 

 Foto actual de una parte de los edificios de la Wülfing.


Aunque inicialmente la empresa fue la clásica spinnerei (hilatura) y estaba ubicada en Remscheid-Lennep, en 1816 instaló una nueva hilatura-tejeduría en la cuenca del río Wupper -en lo que luego fue Dahlerau-, con objeto de aprovechar la energía del agua de este río, afluente del Rhin.


De esta forma, la compañía se convirtió a principios del siglo XIX en una de las mayores fábricas textiles de Alemania y formaba una especie de mundo aparte, un pueblo con todos sus servicios, organizado alrededor de la factoría.