Amigos de Béjar y sus historias

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7/19/2015

La Unión Deportiva Béjar: historia de un club casi olvidado (2ª Parte)

Autor: Óscar González Hoya
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2013, pp. 41-45.


Analizando el primer balance económico de la Unión Deportiva Béjar destacamos unos ingresos de 24.743,15 pts. contra unos gastos de 24.682,20 pts., por lo que se obtiene un saldo positivo de 60,95 pts. No voy a analizar de forma íntegra el capítulo de gastos e ingresos porque de lo contrario nos extenderíamos de forma excesiva. El dinero provenía de las entradas de los partidos, las aportaciones de los socios y de otras fuentes, como el propio ayuntamiento, que donaba 5.000 pts. anuales, y socios de peso, por ejemplo don Emilio Muñoz con la misma cuantía, o anónimos, como las 4.335 pts. que cita el Béjar en Madrid de cuenta de diversos particulares. Los gastos se refieren a los viajes del equipo, la compra de balones, botas, bombas para hinchar los balones y parches ante posibles pinchazosobras para agrandar el campo, etc. 

Escudo de la Unión Deportiva Béjar en un pin de la época

Los resultados fueron favorables al quedar la UDB campeona provincial de fútbol en junio de ese año [1]. Buenas perspectivas se abrían para la siguiente temporada. Además se procedió al cambio de la junta directiva[2]:
Presidente: Lázaro Calzada.
Vicepresidente: José Gómez Rodulfo y Jesús García Téllez.
Tesoreros: Luis Díaz-Trías.
Secretario: Ángel García Sánchez.
Vocales: Higinio Cascón, Felipe Gutiérrez, Enrique García Fernández, Francisco García Cascón, Francisco Cano, Ángel Martín, Clemente Sánchez y Máximo Campos.

7/12/2015

La Unión Deportiva Béjar: historia de un club casi olvidado (1ª Parte)



Autor: Óscar González Hoya
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2013, pp. 41-45.


En 2012 nos llegó al correo del blog una consulta curiosa. Desde la página web La Futbolteca inquirían sobre el club de fútbol desaparecido de la Unión Deportiva Béjar y, sobre todo, por su posible escudo. “Tenemos los de todos los equipos de fútbol que han jugado en Primera, Segunda y Tercera división, pero nos falta el de Béjar”. A partir de ahí se preguntó a distintas personas que hubiesen tenido que ver con este deporte en Béjar y, si escasas eran las noticias sobre este antiguo equipo, menos pistas aún podían darnos del escudo. Hasta que nos encontramos con Paco Tejeda y él, con su simpatía y buen hacer, acabó desentrañando el misterio: un antiguo jugador de fútbol conservaba una pequeña insignia. Se tomó de ella una fotografía y se reenvió a la página web con la suerte de que tuvieron a bien hacernos llegar el diseño que hoy reproducimos en este artículo. La investigación no podía quedarse ahí y decidí continuar rastreando en las páginas del semanario ‘Béjar en Madrid’, del cual se surte el siguiente artículo.

 Pin sobre el que la web Futbolteca pudo diseñar el escudo de la UDB


Las fotografías antiguas que lo ilustran son posteriores, la mayoría de los años 50 y 60, del periodo del Béjar Industrial, y nos las ha prestado el ArchivoFotográfico y Documental de Béjar, a quien damos las gracias por ello.



De la derrota a la victoria


En Béjar si hablamos de fútbol nos referimos siempre al club deportivo Béjar Industrial, obviando la existencia de uno previo denominado Unión Deportiva Béjar o Unión Deportiva Bejarana. En este trabajo les relataré el origen y los avatares surgidos en torno a este equipo de fútbol.


Corría el año 1943 y en el hoy desaparecido Béjar en Madrid, concretamente el 20/02/1943[1], aparecía: 

7/05/2015

Otros miembros de la Casa de Zúñiga, aquí y "al otro lado"



        Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

        Doña Teresa de Zúñiga y Manrique de Lara, III duquesa de Béjar y mujer extraordinaria, dejó establecido que el título y el mayorazgo de Béjar quedaban adscritos en adelante a los sucesores primogénitos del linaje Zúñiga, quienes al asumirlo debían anteponer al apellido el nombre de Diego López de Zúñiga, primer señor de Béjar y fundador del mayorazgo en 1397.






Sección Nobleza AHN, Toledo, donde están los documentos del mayorazgo de Béjar



         Esta disposición se cumplió hasta 1777, en que al fallecer sin descendencia el XII duque de Béjar, Joaquín Diego López de Zúñiga Sotomayor Castro y Portugal, heredó el título su sobrina María Josefa de la Soledad Pimentel y Téllez-Girón, condesa-duquesa de Benavente, casada con el duque de Osuna, tras largo pleito con otra pariente, Catalina de Portugal y Ayala, duquesa de Veragua y condesa de Gelves, que tampoco llevaba ya Zúñiga como primer apellido.


6/28/2015

Iconografía de dos familias emparentadas: los duques de Béjar y los condes de Monterrey



 Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez


        Del mismo Pedro de Zúñiga (Stúñiga/Estúñiga) y Leiva, conde de Plasencia, II señor de Béjar y primogénito del I, Diego López de Estúñiga, descienden los Zúñiga que fueron titulares del condado de Monterrey (6) y del ducado de Béjar (12), siendo los de este último quienes fungieron como Parientes Mayores de la rama gallega y de otras ramas nobles castellanas que conformaron la Casa de Zúñiga.   


 Tía y sobrina, pintadas por Diego Velázquez y
 Juan Carreño de Miranda respectivamente


     Existe una apreciable iconografía del linaje, y en ella figuran los retratos de dos mujeres que llevaron, entre otros, el título de condesa de Monterrey: el de doña Inés de Zúñiga y Velasco, prima hermana y esposa del conde-duque de Olivares, nieto de Pedro Pérez de Guzmán y Zúñiga (Leonor, hermana del conde-duque, se casó con Manuel, hermano de doña Inés), y el de su sobrina Inés Francisca de Zúñiga y Fonseca, Grande de España, igual que su tía, y esposa de su pariente (¡no faltaba más!) Juan Domingo de Haro y Sotomayor, quien para acceder a altos cargos cambió su nombre a Juan Domingo de Zúñiga y Fonseca, con el título de conde de Monterrey.  

6/21/2015

Festejos en Béjar por la boda de la reina Isabel II


Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Béjar en Madrid nº4.722 (6/02/2015), p. 6.

           Por segunda vez, trescientos años después de que la corona de Castilla ciñese las sienes de la gran Isabel, la llamada Católica, otra Isabel regía los destinos de la ya no imperial España. Aquella reina, segunda de su nombre, se hacía querer a nivel popular por su gracejo y humor llano, además de por haber ocupado el trono a tierna edad, tres añitos, tras la muerte de su padre Fernando VII. Depositada la Regencia en su madre, la Reina Gobernadora Mª Cristina de Borbón, la grave situación política le obligó a nadar en las aguas turbulentas de la Primera Guerra Carlista apoyándose por vez primera en los personajes que otrora fueran calificados de traidores, los liberales, para que la niña siguiera aferrando el cetro.

Isabel II niña por Vicente López

     Mimada por la corte, aduladora y falsa, Isabel creció acostumbrada a que sus deseos fueran satisfechos casi antes de ser pronunciados[1]. La que un día debía regir los destinos de España vivía confiada en su infancia dorada, divididas las horas entre las lecciones aprendidas con dificultad y los incesantes bailes y saraos. Inseparables compañeras de juegos, su hermana Luisa Fernanda y ella soñaban con príncipes azules mientras las crisis políticas se sucedían una tras otra y la guerra carlista, protagonizada por su tío Carlos Mª Isidro, deseoso de arrebatarle el trono por aquello de que una mujer no podía ocuparlo, sangraba el país. Es posible que el motín de los sargentos de La Granja, en el que varios militares progresistas entraron en palacio y obligaron a la reina niña y a su augusta madre a punta de pistola a implantar la constitución de 1812, quedara grabado en su mente como advertencia de que más allá de su mundo de juegos y agasajos había una amenaza que ella no llegaba a comprender. Golpe duro fue el hecho de que a las niñas le quitaran a su madre por componendas políticas. En 1830 Mª Cristina fue apartada de las tareas de gobierno debido a su pérdida de popularidad tanto por encastillarse en los liberales moderados como por su matrimonio morganático con su escolta Fernando Muñoz, con quien procreó una larga lista de vástagos. El general Espartero, el vencedor de la Primera Guerra Carlista, tomó las riendas de la regencia, mientras la reina madre hacía las maletas para emprender su exilio en Francia.