Amigos de Béjar y sus historias

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9/07/2011

Revista de Ferias y Fiestas 2011

Como todos los años desde los años 60, la Cámara de Comercio e Industrias de Béjar, en colaboración con el ayuntamiento de Béjar, ha editado la Revista de Ferias y Fiestas. Desde sus inicios esta publicación gratuita ha permitido la colaboración de escritores y poetas bejaranos con el fin de dar a conocer temas inéditos de la Historia y la Literatura de nuestra ciudad, a la vez que anunciar el programa de fiestas y ferias. 

En la propia página de la Cámara he encontrado un resumen de los autores y artículos de este año, ni más ni menos que quince, y una reseña de los temas tratados. 




9/03/2011

Sobre el nombre de Cantagallo (Salamanca) (3ª Parte)



Autor: Manuel Antonio Marcos Casquero
Publicado: Semanario Béjar en Madrid, Julio de 2011

Para el caso de Cantalapiedra Llorente Maldonado recuerda[1] que en un documento de la catedral de Salamanca del año 1267, estudiado por Federico de Onís en su tesis doctoral[2] y registrado luego por el medievalista José Luis Martín[3], el nombre no es Cantalapiedra, sino Cam de la piedra (o Can de la piedra): lo considera una ultracorrección o “quizá un error del escriba”, y añade que “no menos probable parece la opinión de Gerhard Rohlfs[4], que piensa en una composición de verbo y sustantivo, con valor original de apodo”. En consecuencia, sospecha que en Cantalapiedra podríamos tener una tautología (repetición del mismo concepto con dos palabras distintas) del tipo Calle de la Rúa (Rúa, ‘calle’) o Puente de Alcántara (en árabe Alcántara significa ‘puente’). No olvidemos, sin embargo, que para el segoviano Cantimpalos un texto medieval ofrecía la forma Cam de Palos.

Iglesia de Cantagallo


8/28/2011

Sobre el nombre de Cantagallo (Salamanca) (2ª Parte)


Autor: Manuel Antonio Marcos Casquero
Publicado: Semanario Béjar en Madrid, Julio de 2011


Pero al par de esas formas, encontramos otras que podrán ayudarnos en nuestro rastreo etimológico. Ante todo es preciso evocar el nombre de Gallocanta, pueblo y laguna de la provincia de Zaragoza, en la comarca de Daroca. Añádase el de Gallicant (o Gallicanto) que portan localidades pertenecientes a las provincias de Barcelona, Tarragona y Mallorca. Por lo que pueda tener de utilidad, quizá debamos agregar aquí el nombre de Calicant que, también en Mallorca, se aplica al Puig de Calicant, en Alcudia. Ya hemos mencionado el pueblo de Gallicanta, en la provincia de Badajoz. Y, en virtud de su transparencia significativa, cerraremos este nomenclátor con la denominación de la iglesia San Pedro in Galli Cantu, en Jerusalén, así llamada en recuerdo de la predicción hecha por Cristo a Pedro anunciándole que negaría a su maestro antes de que el gallo hubiera cantado tres veces.



  Calles de Cantagallo


Algunos de los nombres registrados en esa lista, teniendo en cuenta la forma que presentan, es indudable que hacen alusión expresa al canto del gallo. Lo que ya no es nada fácil de dilucidar es si se adoptó como topónimo en referencia al relato evangélico alusivo a la negación de Pedro o si alude a algún hecho concreto relacionado con el kikirikí o a quién sabe qué motivos. En otros casos -así los topónimos Cantagallo, Gallocanta, Gallicant o Calicant- el problema surge cuando se compara su acuñación con la de una nutrida lista de denominaciones toponímicas en que el primer elemento es también canta-, pero cuya explicación no parece que apunte al verbo ‘cantar’. Tal sucede, por citar unos mínimos ejemplos, en Cantalapiedra, Cantalpino, Cantimpalos, Cantallops… en los que (salvo como imagen poética, alegórica o humorista) resulta difícil pensar que, respectivamente, esté aludiéndose a que canten la piedra, el pino, el palo[1] o el lobo. En el prólogo (titulado, “La toponimia, ciencia del espacio”) con que Josep María Albaines inicia su Enciclopedia de los topónimos españoles, leemos[2]: “En ocasiones el nombre aparece como un galimatías sin sentido, que habrá que descifrar. En la provincia de Zaragoza existe la laguna de Gallocanta, en Gerona las localidades de Cantallops y Ullastret (en catalán, respectiva y literalmente, ‘canta-lobos’ y ‘ojo-estrecho’), y en Barcelona Palau de Plegamans (‘palacio de plegamanos’). Es posible que un gallo cante, pero más difícil es que lo haga un lobo. Aunque un ojo puede ser estrecho, no parece éste un incidente capaz de dar nombre a un lugar. Y menos aún que los habitantes de algún pueblo sean aficionados a plegar las manos. Las explicaciones pueden venir por variados caminos: Gallocanta y Cantallops pueden relacionarse con cant-, ‘piedra’, Ullastret puede ser un derivado de ‘olivo’, y Palau de Plegamans aludir a algún paraje frecuentado por los plegamans (la mantis religiosa, así llamada popularmente en catalán por su actitud oratoria)”.

8/22/2011

Sobre el nombre de Cantagallo (Salamanca) (1ª Parte)



Autor: Manuel Antonio Marcos Casquero
Publicado: Semanario Béjar en Madrid, Julio de 2011


Para un filólogo resulta siempre apasionante el reto de rastrear hasta sus orígenes el significado de una palabra y, más aún, el intento de desentrañar el motivo último por el que algo recibió el nombre que ostenta, porque la cognición de su origen nos proporciona, al decir de San Isidoro de Sevilla (Etimologías 1,29), no sólo el conocimiento de lo denominado, sino también la aprehensión y dominio de su propia esencia, o sea, de qué es. Resulta muy elocuente la imagen del relato bíblico que, en el Génesis (2,19-20), nos muestra a Adán entregado a la tarea de imponer nombre a cuanto -animal, vegetal o ser inanimado- acaba de ser creado por Yahvé. Desde que el homo sapiens tomó conciencia de su capacidad intelectiva, que lo convertía en rey de la creación, la humanidad no ha cesado ni un momento de verse obligada a acuñar nombres para designar entidades nuevas para él. Mas a la hora de forjar un nombre ¿qué criterios se aplican en su composición? ¿Qué significa realmente? ¿Por qué decantarse precisamente por ése y no por otro? ¿Qué norma rige su empleo?

Zona de Cantagallo (extraída de aquí)

8/16/2011

La iglesia de Montemayor del Río: arquitectura y legado artístico (5ª Parte y final)


Autor: Roberto Domínguez Blanca

Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de la Cámara de Comercio de Béjar, 2009.


Una vez que hemos detallado los pasos constructivos seguidos hasta llegar a la iglesia que hoy admiramos, es obligado detenerse en las obras de arte que la han ido equipando durante siglos. Comenzaremos por la capilla mayor, donde se concentran las piezas más interesantes, y entre las que sobresale su valioso retablo mayor. Conocemos bastante bien sus orígenes gracias a que se conserva su contrato, pero antes es necesario señalar que estamos ante uno de los retablos más antiguos de nuestra comarca, junto con el de la iglesia de San Gil de Béjar y el retablo de San Sebastián de la de Candelario. La pintura del retablo la contrata en 1552 el salmantino Antonio González, encargándose de la parte escultórica Francisco Joli, si bien en el siglo XX llega en muy mal estado y con las pinturas seriamente dañadas. En los años 90 se decide ocultarlas con pinturas modernas y que reproducen célebres cuadros de artistas como Murillo o Velázquez.


 Retablo mayor