Amigos de Béjar y sus historias

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3/09/2013

El "duque fabricante " don Juan Manuel II: breve biografía (1ª Parte)




Autores: Alberto Bravo Martín y Carmen Cascón Matas
        

Don Juan Manuel López de Zúñiga y Sotomayor, Grande de España de primera clase, XI Duque de Béjar, X Marqués de Gibraleón, XII Conde de Belalcázar, XII Conde de Bañares, Vizconde de la Puebla de Alcocer, etc (1680-1747), hijo de don Manuel Diego López de Zúñiga, X Duque de Béjar, conocido como el Buen Duque; y de doña María Alberta de Castro y Portugal, hija de Pedro Antonio Fernández de Castro y Portugal, X Conde de Lemos. Fue bautizado en la iglesia de Santa María la Mayor de Béjar el 25 de febrero de 1680[1]. En la pila bautismal se le impusieron los nombres, entre otros muchos, de “Juan Manuel Mathias Ruigómez Diego del Carmen”, Juan Manuel por su abuelo y Ruigómez por Ruy Gómez de Silva, tío-abuelo del niño, hermano soltero de la duquesa Teresa de Sarmiento, que vivió en Béjar junto con su otro hermano soltero Diego desde el matrimonio de su hermana hasta su muerte. Ejerció de padrino del infante “el Sr. Frey Juan de la Conçepcion, su tio, religioso carmelita descalzo e fueron testigos los señores marqueses de Valero D. Baltasar de Çuñiga, Rui Gomez de Sylva y Don Diego Gomez Sarmiento de la Cerda, tios del dicho Sr. Conde de Belalcaçar con asistencia del Consejo de Su Excellencia. Nazio el dicho señor conde el día 16 deste mes de febrero”[2]. El niño, como primer vástago varón del matrimonio, recibió automáticamente el título de Conde de Belálcazar.



Manufactura textil en el siglo XVIII





Cuando Juan Manuel solamente contaba con un año de edad vino al mundo su hermano don Pedro de Zúñiga, quien sería bautizado el 19 de octubre de 1681 en la misma iglesia de Santa María la Mayor de Béjar[3]. Andando el tiempo acabaría casando con la Duquesa de Nájera, Ana María Sinforosa Manrique de Lara, llegando a ostentar el cargo de Teniente General del Ejército, además de pertenecer al Consejo de Estado y de Guerra durante el reinado de Felipe V[4] y ser Comendador de Santiago de Castilleja de la Cuesta, Huélamo, Mures y Benazuza[5].

3/02/2013

El pintor Darío de Regoyos y su visión pictórica de Béjar y Candelario



Autora: Carmen Cascón Matas
 

       Quizás poco nos suene el nombre del pintor, el mejor impresionista español, Darío de Regoyos y Valdés (Ribadesella, 1857- Barcelona, 1913) y menos que sus pasos le llevaron a conocer Béjar en la fecha mítica de la primavera del año 1900. Asturiano de nacimiento, sus lienzos destacan por la presencia casi obsesiva del paisaje como protagonista tratado a la manera del plen air francés con un gusto noventayochista por la mezcla entre las escenas tradicionales y la modernidad. Así no es extraño encontrar en sus obras negros participantes en una procesión religiosa envueltos en el humo del tren, símbolo del progreso y del avance de la técnica. 

 Regoyos pintando


            Regoyos paseó por las calles de Béjar, sí. Probablemente llegó a la ciudad en tren, admirando el monte del Castañar poblado de árboles y la sierra nevada desde el mismo momento en que dirigió sus ojos al exterior a través del cristal de su vagón. Y pintó varios lienzos todos ellos ahora en colecciones particulares. De esta presencia han tratado autores bejaranos como Ángel Gil u Óscar Rivadenyra[1], pero no está de más recordarla aunque sea de manera resumida. 

2/23/2013

El doctor Ramiro Arroyo y la lucha contra la epidemia de gripe de 1918 (2ª parte y final)



           

Autor: Javier R. Sánchez Martín
Artículo: ¿Quién fue Ramiro Arroyo?
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de la Cámara de Comercio de Béjar, 2011.


             D. Ramiro hablaba bien el francés y se defendía en inglés y alemán, por lo que fue contratado por la Escuela Industrial para dar clases de francés y de otras materias, faceta en la que también destacó, ganándose el aprecio de sus colegas y de sus alumnos.


            En 1918 obtuvo por oposición una plaza de inspector provincial de Sanidad, pero antes de tomar posesión renunció a ella para no tener que abandonar Béjar. 


            Una prueba de fuego importante para él y para todos sus compañeros de la profesión médica habría de llegar en ese mismo año en que, pudiendo hacerlo, había desistido de abandonar Béjar. En efecto, en septiembre de 1918 llegó a Béjar la famosa epidemia de “gripe española” (Spanish flu virus), cuyo nombre se demostró que era completamente inapropiado, pues muy probablemente se originó en Estados Unidos. Para hacerse una idea de la letalidad de la epidemia a nivel mundial, baste decir que, desde su detección en la primavera de 1918, mató a al menos cuarenta millones de personas aunque hay medios que afirman que la mortalidad fue más alta aún. En España pudieron fallecer hasta 300.000 personas, si bien las cifras oficiales redujeron las víctimas a 147.114. 

 Víctimas de la gripe en un hospital cercano a Fort Riley (Kansas) en 1918


            En la provincia de Salamanca la cifra de mortalidad estuvo entre 3.000 y 6.000 personas y en Béjar la epidemia causó también estragos. En efecto, en relación con nuestra ciudad El Adelanto publicó que había habido 4.560 afectados y 225 defunciones. El Béjar en Madrid está de acuerdo con la primera cifra, pero eleva la segunda hasta 365. Si la primera de las cifras es fiable al tener Béjar por entonces unos 9.200 habitantes, querría decir que la epidemia afectó a alrededor de la mitad de la población. Respecto a las defunciones, si tenemos en cuenta que en 1918 hubo 258 nacimientos y 522 de funciones, es decir 225 defunciones más que en 1917, la cifra de decesos por la epidemia pensamos que podría estar más cercana a la que proporciona El Adelanto que a la que da Béjar en Madrid, si bien no la hemos podido asegurar. De cualquier forma, más de doscientos muertos en poco más de dos meses en nuestra localidad supone una cifra muy importante de decesos.

2/17/2013

El doctor Ramiro Arroyo y la lucha contra la gripe de 1918 (1ª Parte)




Autor: Javier R. Sánchez Martín
Artículo: ¿Quién fue Ramiro Arroyo?
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de la Cámara de Comercio de Béjar, 2011.





            A veces te encuentras que una calle lleva el nombre de una persona que seguramente fue muy conocido en la época en que vivió, pero que, andando el tiempo, poca gente recuerda quién fue.


            Eso es lo que pienso que sucede con el personaje que da nombre a la calle Ramiro Arroyo. Por eso y porque creo que debe hacerse justicia a tan eminente y desinteresado médico, me he decidido a escribir sobre él. Si con estas líneas contribuyo a rescatarlo del injusto olvido en que se halla, me daré por bien pagado.

 Foto de Ramiro Arroyo. 
La Victoria, 28/11/1925



            Ramiro Arroyo Samaniego nació en un pueblecito cacereño, llamado Valdehúncar. Su padre, Emilio Arroyo, también médico, estaba destinado en esa localidad, aunque enseguida se trasladaría al cercano Navalmoral de la Mata (Cáceres), donde la familia fijaría su residencia. D. Emilio falleció cuando Ramiro era muy pequeño, por lo que quedó bajo la tutela de su madre, Felipa Samaniego.

2/09/2013

De novicias, dotes y conventos


Autora: Carmen Cascón Matas
 
Publicado: Béjar en Madrid  nº 4.779 (16/06/2017), p. 6.

            En el año 1735 coexistían en la villa de Béjar tres conventos, dos femeninos y uno masculino, dos pertenecientes a la orden de San Francisco y uno a la de Santo Domingo. 

            Constataremos que el convento de San Francisco se emplazaba y emplaza fuera del recinto amurallado de la villa. Fundado en el siglo XIV[1], ostentaba el privilegio de ser uno de los más antiguos de la Provincia de San Miguel (cada Orden monástica dividía el territorio en que se asentaban sus conventos y monasterios en Provincias para facilitar su organización) junto al de Plasencia y Ciudad Rodrigo. A partir del siglo XV los duques y señores de Béjar lo cobijaron bajo su ala de mecenazgo y lo remozaron para que luciera acorde con la Villa Ducal, status al que querían elevar a la capital de sus extensos estados[2]. A pesar de sufrir la desamortización, de resultas de la cual sus edificios fueron adquiridos por la burguesía industrial para instalar talleres fabriles[3], aún podemos disfrutar de su bello claustro renacentista

 Anónimo, Las novicias, primera mitad del s. XVIII


            Por su parte, el convento de monjas terciarias franciscanas de la Virgen de la Anunciación, popularmente denominado de las Isabeles o de Arriba, se alzaba en plena calle Mayor a la altura del Casino Obrero y solares aledaños. Fundado, según la tradición, con el fin de que los caballeros medievales encerraran allí a esposas e hijas mientras regresaban de la guerra, de él no quedan restos visibles al ser desamortizado y reutilizado como obrador textil.