El bejarano Nicomedes Martín Mateos (15 de septiembre de 1806 -7 de enero de 1890), filósofo, alcalde, educador y ciudadano ejemplar, entre un
abultado cupo de méritos y rasgos que bien podríamos ampliar, y no es el caso,
era un pensador reflexivo, y con frecuencia lo hacía en soledad, pero era
también un hombre de acción que creía en la fuerza transformadora del grupo.
Alguien escribió de él, con desacierto, que era huraño
y solitario, confundiendo el necesario aislamiento, y a veces la soledad, que
requiere pensar, escribir y estudiar en profundidad, lo que Martín Mateos hizo
de manera verdaderamente profunda y exitosa. Un ejemplo para nuestro presente,
sin duda, cuando parece que todo ha de ser ruidoso, fácil y superficial. Por el contrario, él apostaba
por la lectura reposada, la reflexión, el estudio y la palabra apropiada, y
desde luego por la pedagogía del esfuerzo, concepto que existe bien definido en
nuestro diccionario de la RAE,
pero que resulta difícil de aplicar en muchos procesos de aprendizaje, dentro y
fuera de la escuela, desde la primaria a la educación superior.





