Amigos de Béjar y sus historias

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3/02/2015

Béjar: de villa a ciudad (1850) (2ª Parte)



Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2013, pp. 65-69.

El expediente


            ¿De quién partió la idea de solicitar el título de ciudad? En la sesión de 4 de enero de 1850[1] se dice que José Sánchez Ocaña ofreció “la probabilidad de conseguir de S.M. la real gracia de que esta noble, leal y antigua Villa reciba el dictado de Ciudad que merece su población y el renombre de su industria fabril de lanas” y la corporación aprueba la puesta en marcha del proyecto. ¿Es entonces casualidad que durante la década anterior se estén haciendo mejoras en la villa? Dadas las pistas que hemos ofrecido anteriormente creo que no. Es posible entonces que el sueño rondase en las cabezas de los hombres más preclaros de la población, sobre todo desde que la villa fabril se destacó en la defensa del trono en los hechos de 1838.

 Isabel II


            ¿Cuál era el procedimiento a seguir? Según los cauces oficiales se debía redactar un expediente al efecto, uno, y no dos como son los que se conservan el archivo municipal. El primero de ellos fue redactado probablemente en Béjar en pocos días, unos 18, por un buen conocedor de la Historia de Béjar que echa mano de un libro sobre nuestra industria textil del que extrae varios párrafos, en una práctica propia de los historiadores. Se envió entonces a Madrid, al despacho de Sánchez Ocaña, quien es posible que lo utilizase para hacer valer su proyecto en la corte mientras los cauces oficiales, sumamente lentos, se ponían en marcha y fue, en suma, el que firmó Isabel II. El segundo fue escrito por la Comisión nombrada al efecto por el ayuntamiento, llegando en abril a la Diputación Provincial de Salamanca –quien suponemos no le haría mucha gracia que Béjar obtuviera el título de ciudad, pues es precisamente en abril de ese año cuando el ayuntamiento pretendió unirse a la provincia de Ávila por la “prevención que existe en la capital de la Provincia contra este pueblo laborioso e industrial, tal vez por innoble emulación[2]- siguiendo el cauce establecido por la administración. Esta institución debía aprobarlo y elevarlo al ministerio, quien lo dio por bueno pero lo marginó con respecto al remitido a Sánchez Ocaña en enero

2/23/2015

Béjar: de villa a ciudad (1850) (1ª Parte)



Autora: Carmen Cascón Matas
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2013, pp. 65-69.


        Mientras Béjar vive su puesta de sol, mientras el declive se muestra en su apogeo, mientras la industria textil cabecea en el duermevela de la agonía, mientras el comercio echa el cierre, mientras inclinamos la cabeza, no ante Salamanca, tocada y hundida, sino que rendimos pleitesía a Alemania, hubo un tiempo en que Béjar, sin necesidad de calles asfaltadas, autovías, luz eléctrica o altos edificios de ladrillo, solo gracias a su poderoso empuje fabril y por ser cuna de influyentes personajes, fue capaz de conseguir el título de Ciudad, una denominación que le venía grande por entonces pero a la que después se ajustó como un guante. 

 


           

     1850 fue un año marcado por grandes noticias. La villa, aún bajo la opresión señorial, se encontraba inmersa en la vorágine de la industrialización. Contaba con una población de 4.393 almas, se satisfacían impuestos al estado por valor de 170.000 reales[1], el negocio fabril marchaba a buen ritmo, las enhiestas chimeneas se alzaban hacia el cielo desafiantes, boqueando y vomitando el sudor de las máquinas, y el Manchester Castellano no daba abasto para alojar entre sus muros a inmigrantes deseosos de una vida mejor. La burguesía enriquecida, su dueña y señora, ansiaba dar un aire novedoso a la villa desprendiéndola de las características provincianas y rurales dominantes. Los esfuerzos no se debían limitar, empero, al quehacer diario del consistorio al contarse con la presencia perenne de un diputado en el Congreso de los Diputados, bien de carácter progresista, bien conservador, según los vaivenes caóticos de un gobierno que rolaba bien a los caprichos de una Isabel II siempre tendente al moderantismo o al progresismo gracias a presiones y golpes militares. La llave para que las voces de la burguesía bejarana se hiciesen oír se guardaba en el bolsillo de su representante en Madrid, siendo cierto también que otros personajes influyentes manejaban ocultos hilos para que los planes saliesen a pedir de boca.

2/16/2015

Ecos de Béjar en Chile (3ª Parte)



                 Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

            En el palacio que edificó Hernán Cortés en Cuernavaca, México, convertido hoy en museo, se encuentra un escudo del conquistador que lleva en el segundo cuartel el de los duques de Béjar. La razón la explica Xavier López Medellín, de la Universidad Autónoma del Estado de México, en el artículo La Heráldica de Hernán Cortés, en los siguientes términos: Con la constitución del mayorazgo de Hernán Cortés hacia 1535, este modifica su heráldica uniéndola con los blasones de la familia de doña Juana de Zúñiga, su segunda esposa, perteneciente a una de las más altas y limpias estirpes españolas.




Palacio de Cuernavaca y escudo de Hernán Cortés

La historia del enlace la recogió un siglo y medio después el murciano Gaspar de Ávila en la comedia El Valeroso Español y Primero de su Casa, comentada en 1917 por el polígrafo chileno José Toribio Medina en Dos Comedias Famosas y un Auto Sacramental, que resumidamente dice así:

2/09/2015

Ecos de Béjar en Chile (2ª Parte)




 Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez

Todos los biógrafos de Alonso de Ercilla y Zúñiga (Madrid 1533-1594) coinciden en destacar su vínculo familiar con los duques de Béjar a través de su madre doña Leonor de Zúñiga, asunto que confirmaba la condición de noble del autor de La Araucana. En la corte de Carlos V, donde se crió como compañero del príncipe Felipe y a la que su madre viuda había ingresado como guardadamas de la reina al intercambiar el cargo por su señorío de Bobadilla, había por lo demás otros Zúñiga del mismo linaje, y el propio emperador contaba en el gobierno, intra y extra peninsular, con la colaboración de varios de ellos, concediéndoles grandes distinciones y privilegios y dispensándoles una estrecha amistad.




Retrato de Alonso de Ercilla y Zúñiga pintado por El Greco, Museo Hermitage



Consciente de la importancia del apellido de su estirpe materna, de las cuatro menciones que hace de sí mismo en La Araucana tres son sólo con el apellido Zúñiga. También lo hacían así sus hermanas, que firmaban María de Zúñiga y Ercilla y María Magdalena de Zúñiga respectivamente, según lo rescata el historiador chileno José Toribio Medina en su Vida de Ercilla, 1917, y no menos otro hermano, Juan de Zúñiga y Ercilla, nombrado capellán de Carlos V en 1535.    

          

 



Firmas de las hermanas de Alonso de Ercilla y Zúñiga


2/02/2015

Ecos de Béjar en Chile (1ª Parte)



       
*Hace ya unas semanas recibí una sorpresa a través del correo de "Pinceladas". Jorge Zúñiga Rodríguez, desde Santiago de Chile, me enviaba una serie de textos con la ilusión de que un día pudieran ver la luz en este espacio por la relación que desvelan entre Chile y Béjar. Esta primera entrada supone el comienzo de una nueva sección que podríamos llamar "Al otro lado del Charco", según mi criterio, pero como sonaba demasiado tópico, he respetado la voluntad de su autor que deseaba que se titulase "Ecos de Béjar en Chile".

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Autor: Jorge Zúñiga Rodríguez 

Diego de Zúñiga y Leiva era hijo de Diego López de Estúñiga y Orozco, primer señor de Béjar, y tío de Álvaro de Zúñiga y Guzmán, primer duque de Béjar. En 1428 adquirió la villa de Baides, Guadalajara, estableciendo un mayorazgo sobre ella y tierras anexas. En 1621 Francisco López de Zúñiga y de la Cerda logró la elevación del señorío a marquesado, y su hijo, Francisco López de Zúñiga y Meneses, segundo marqués de Baides y conde de Pedrosa, fue nombrado Gobernador de Chile, cargo que ejerció entre 1639 y 1646. Su madre, María de Meneses, era pariente directa de la abuela materna de Diego López de Estúñiga, también de nombre María de Meneses.

  Retrato póstumo de Francisco López de Zúñiga, Gobernador de Chile, de Tristán Mujica, en el Museo Histórico Nacional



Entre los méritos del Gobernador estuvo el haber puesto fin a la Guerra de Arauco, iniciada en 1536, por medio de las Paces de Quilín, acto que se conmemoró en 2009 con la instalación de un monumento a orillas del río Quellén. De regreso a España, López de Zúñiga pereció con su esposa y dos de sus hijos en el asalto a la bahía de Cádiz por los piratas ingleses

1/26/2015

Juan Eduardo Zúñiga, "maestro de la literatura" (2ª Parte y final)



Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid, 15/08/2014, nº 4.710, p. 4.

A juzgar por las alusiones a la infancia que nuestro protagonista, el escritor Juan Eduardo Zúñiga, ha hecho en diversas entrevistas, siempre refiriéndose a ella como un periodo triste y de intensa soledad, la relación que pudo tener con su progenitor (don Toribio Zúñiga) debió quedar marcada por las distancias que entre ellos puso el modo distinto, e ideológico, de entender la vida y, más concretamente, los problemas de España

 El escritor madrileño Juan Eduardo Zúñiga


 Su padre, el bejarano Toribio Zúñiga Sánchez-Cerrudo 


El caballero monárquico, religioso y conservador que fue don Toribio chocó con la disposición más abierta y el punto de vista social de su hijo Juan Eduardo, que en todo caso también se mostró crítico con todo proceder violento e injusto, viniera de donde viniera. Ese carácter quedaría definido a partir de la vivencia determinante de la Guerra Civil y de los primeros años de la posguerra, cuando apenas era un niño de diez o doce años;  no solo en la percepción de las injusticias bélicas, sino también en la configuración del tema central de su obra literaria. Los temas no los eliges sino que te eligen, y a veces de manera traumática. 

1/19/2015

Juan Eduardo Zúñiga, "maestro de la literatura" (1ª Parte)



Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid, 1/08/2014, nº 4.709, p. 14.

Permítanme que defina al personaje que nos ocupa con el contundente calificativo con el que lo suele saludar el novelista Antonio Muñoz Molina: el de “maestro”. Y es que la veteranía en las letras y la intensidad literaria, unidas a la honestidad de su obra, hacen a nuestro protagonista acreedor de tan incontestable sobrenombre. ¿Por qué dedicar una  entrada en este blog a la figura enjuta, casi quijotesca, de un octogenario escritor madrileño que redacta sus textos a mano frente a la frondosidad del Retiro, llamado Juan Eduardo Zúñiga? Quizá su apellido, de tantas reminiscencias aristocráticas y tan unido atávicamente a la historia de Béjar, pueda darnos pistas. Incluso a través de él logremos vislumbrar las razones genéticas de una vieja tradición familiar alrededor de la literatura que ha fraguado en Juan Eduardo Zúñiga como su último vástago.

 Toribio Zúñiga Sánchez- Cerrudo, según Antonio Solís Ávila

 Hablemos, antes que nada, de su progenitor. El padre de nuestro protagonista no era otro que Toribio Zúñiga Sánchez-Cerrudo, creador de la moderna farmacología española; y a mi juicio el más ilustre de los bejaranos del siglo XX, sobre todo si tal honor se definiera por méritos académicos[1]. No habría espacio suficiente en estas páginas para relacionar de modo completo los valores profesionales, títulos, honores y condecoraciones que jalonan la biografía de don Toribio. Como doctor en farmacia ayudó  en la fundación de su Real Academia, de la que fue presidente y secretario perpetuo, ejerciendo de farmacéutico del Rey Alfonso XIII desde 1925 hasta la renuncia de este último como Jefe de Estado en 1931. Al mismo tiempo son innumerables los trabajos de corte científico que publicó, destacando su póstuma “Historia de la Real Academia de Farmacia”[2]

1/12/2015

El retablo de Guijo de Ávila, obra del retablista Miguel Martínez de la Quintana


 Autor: Roberto Domínguez Blanca

 Guijo de Ávila es uno de esos pueblos que por azares del destino y por caprichos de la administración decimonónica ha visto cómo el apellido de su toponímico entra en contradicción con su situación administrativa actual, pues permanece dentro de la provincia de Salamanca. Un caso similar pero en sentido contario a los de San Bartolomé de Béjar y La Solana de Béjar, que hoy forman parte de la provincia de Ávila, si bien el último pueblo cambió su “apellido” rompiendo amarras con la historia, pasando a denominarse La Solana de Ávila. El caso es que Guijo pertenece a la actual comarca de Béjar desde 1833, aunque su vinculación secular con Ávila y con otros pueblos salmantinos (Guijuelo, Cespedosa de Tormes, Santibáñez de Béjar…) es más fuerte que con la ciudad textil. Sin embargo, en cuestiones de historia del arte, como vamos a ver, hay mayores afinidades. 

 Retablo mayor de la iglesia de Guijo de Ávila


El pueblo, o parte del mismo, se encuentra en un lugar elevado como corresponde a una población que contó con castillo (desaparecido durante el reinado de los Reyes Católicos, si bien su emplazamiento es recordado en el callejero del pueblo). Las vistas de Guijo son espectacularmente bellas desde Guijuelo y sobretodo en primavera, rodeado de praderas, colinas con el telón de fondo de la sierra nevada. Destacando entre el caserío su iglesia gótica del siglo XVI, de la que emerge poderosa su capilla mayor. Fue para esta capilla para la que se ideó el retablo mayor objeto de este texto, un retablo que Casaseca Casaseca[1] lo calificó como barroco y de mediados del siglo XVIII. Hoy podemos refrendar esa cronología y que además fue construido por uno de los arquitectos de retablos más importantes de la Salamanca barroca, Miguel Martínez de la Quintana, artista prolífico y de notable calidad, necesitado de una monografía que pondere su aportación al arte en Salamanca y otras provincias cercanas.

1/05/2015

Política, filosofía y educación según Nicomedes Martín Mateos




Autor: José Mª Hernández Díaz
Catedrático de Historia de la Educación

  Se cumplen ahora 125 años de la muerte de don Nicomedes Martín Mateos (Béjar, 1806-1890), quien finaliza su ciclo vital el 7 de enero en la ciudad que le vio nacer, y donde desarrolló su actividad profesional, filosófica y ensayística durante la mayor parte de su vida. Su obra y persona es una invitación permanente para pensar, también en el inicio del nuevo ciclo anual.




  El lector debe recordar que don Nicomedes fue para Béjar una personalidad moral e intelectual insustituible en su siglo, y hoy continúa siendo uno de esos iconos de quienes tanto echamos en falta  para encontrar caminos correctos de valores de ciudadanía.  Por citar solamente alguna de sus actuaciones públicas, mencionemos que desempeñó con respeto y éxito reconocido  la alcaldía de la entonces activa e industriosa ciudad serrana, promovió y dirigió la creación en 1852 de la Escuela Industrial (con el tiempo ha evolucionado hasta la actual Escuela Técnica Superior de Ingeniería Industrial), organizó mejor que nadie el mapa escolar de Béjar en su momento, impulsó los espacios de sociabilidad y la creación de Ateneos (entre otros el actual Casino Obrero), representó en todas sus actuaciones públicas la honestidad y la eficacia, que le convirtieron en referente de consulta y práctica de vida para sus conciudadanos. Sus opiniones siempre eran merecedoras de respeto, atención y consulta.

12/29/2014

Sobre los subterráneos secretos de Béjar

Autor: Gabriel Cusac Sánchez
Publicado en su web aquí
 
      El término bosquero, como cuidador de la villa ducal de El Bosque, ya aparece documentado en el  XVI. Algunos siglos más tarde, yo también tuve la obligación y el privilegio de ocupar este puesto, y pude comprobar entonces el profundo arraigo, en el imaginario popular bejarano, de dos ficciones undergrounds. Porque fueron muchos paisanos quienes, sin asomo de duda, me certificaban la existencia de sendos subterráneos con punto de partida en la misma pieza arquitectónica: el Cubo del Desaguadero. Uno conduciría a la isla central, la pequeña Citera del estanque, y, a modo de estribillo, siempre escuchaba el mismo argumento: los músicos que tocaban en el templete de la isla entraban y salían por aquí. El otro subterráneo, de más envergadura, comunicaría con la residencia urbana, el Palacio Ducal cuyos muros acogen hoy el Instituto Ramón Olleros y  la Cámara Oscura.
 
 Plano de El Bosque en un folleto informativo del Grupo Cultural San Gil
 
    Preciosas invenciones -pero invenciones, al fin y al cabo- superadas por aquélla que pretende un túnel secreto entre el propio Palacio Ducal y el Castillo de San Vicente, en Montemayor del Río, a 16 kilómetros de Béjar. Un castillo que, por meros intereses de explotación comercial, fue rebautizado como del Paraíso -nombre bastardo, artificial patraña de marketing que en ningún caso debemos aceptar- y un túnel quimérico que, como ya escribí en otro lugar, fue gótico soporte literario  de “El castillo de Montemayor”, folletín que Fernando Aguilar y Álvarez publicó capítulo a capítulo en su periódico La locomotora entre los años 1881 y 82, y que recientemente ha sido reeditado a cargo de Miguel Sánchez González. Es posible, también, que muchos lectores bejaranos hayan oído hablar de otra abracadabrante galería con salida en las proximidades de la ermita de Santa Ana. Ya vemos con qué ligereza, por los atajos de la fantasía, se sortean las vaguadas, la distancia, los cursos fluviales y la morfología granítica de estas tierras. No obstante, el río suena demasiado para que todo sea incierto. Porque tanto florilegio legendario debe tener su origen en un poso de verdad.

12/22/2014

Vista a vuelo de pájaro de los establecimientos maquinarios de Geronimo Gomez y Compª. (2ª parte y final)



Autor: Javier Ramón Sánchez Martín
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de la Cámara de Comercio de Béjar 2014.


La parte de arriba de la finca

     La Heredad de Picozos fue propiedad de los duques de Béjar y, posiblemente, además de cazadero pudo haber algún tipo de jardines, si bien más sencillos que los de El Bosque.

 
      El actual predio de Gómez Rodulfo, hoy día de distintos propietarios, ocupa una superficie de 20.000 m2. Como puede verse en el plano, lo que hoy es la finca de la fábrica ocupaba en 1870 una superficie muy inferior y, sin embargo, disponía más abajo de una finca muy grande, la que después acogió al conocido como “Molino de Chencho”. De hecho, en el solar donde hoy está la fábrica sólo existía la antigua nave de planta rectangular y tejado a dos aguas que está ubicada en la orilla izquierda del río y en línea con él, la marcada como nº 1 en el plano, y que entonces “llevaban en arrendamiento los señores Lozano”. A pesar de que este edificio existía desde finales del siglo XVIII, cuando se elaboró el plano aún no se había subido una planta más, que es como puede verse en la actualidad. Un poco más arriba, marcado con el nº 5 estaba y está el puente llamado “Puente Seca”, sobre el río Cuerpo de Hombre.

12/14/2014

Vista a vuelo de pájaro de los establecimientos maquinarios de Gerónimo Gómez y Compª. (1ª parte)

Autor: Javier Ramón Sánchez Martín
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de la Cámara de Comercio de Béjar, 2014

LOS GÓMEZ-RODULFO

       La familia desciende de Juan Gómez Muñoz de la Peña, de profesión batanero, el cual contrajo matrimonio en 1785 con Polonia Rodulfo, descendiente de uno de los artesanos flamencos que llegaron a Béjar a finales del siglo XVII [1].

       Juan Gómez se estableció como fabricante de paños en 1787 en un edificio de nueva construcción ubicado en el lugar conocido como "Los Picozos". De esta época es el edificio más antiguo del complejo, que está a la orilla del río y es el número 1 en el plano de Muñoz Amador, del que hablamos más adelante. En ese enclave ha permanecido la empresa hasta su cierre en 1998, más de 200 años después de su fundación.


     A la muerte de Juan Gómez, ocurrida en 1806, continuaron el negocio sus hijos Juan y José Gómez Rodulfo. Juan quedó en Béjar al frente de la fábrica, llegando a ser uno de los más importantes fabricantes de paños de la villa en los primeros años del siglo XIX. Se casó con Teresa Hernández Bueno y tuvieron tres hijos: Jerónimo, Ruperto y Juana. El nacimiento de su primer hijo, Jerónimo Abdón Gómez (Rodulfo) Hernández [2], se produjo el día 30 de Julio de 1.809, en plena Guerra de la Independencia, estando refugiado el matrimonio en la falda de la Sierra (como muchos otros bejaranos), huyendo de los franceses. El parto tuvo lugar en una cueva no muy lejos del nacimiento del Río Cuerpo de Hombre, al sitio de Navamuño.

12/08/2014

El Ford T Speedster del MHAS, ¿el automóvil más antiguo de Béjar conservado en la actualidad? (2ª parte y final)


Autor: Roberto Domínguez Blanca
Fotografías: Sol Cañibano Peláez
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2014, pp. 18-20.

Otros automóviles bejaranos

            Relacionados con nuestra ciudad y su comarca son varios los vehículos expuestos en el MHAS, como un Plymouth Q de 1928, un De Soto Six de 1932 (empleado como taxi en la Sierra de Béjar desde 1945) o un Biscuter “Rubia” de los años 50; pero vamos a detenernos en otro, en el que sería el segundo vehículo bejarano más antiguo del que tenemos noticia: el Amilcar CS de 1925, matrícula M-23076. Es éste un cyclecar, un coche deportivo francés que se comenzó a fabricar en 1920. En su ficha técnica se especifica que alcanzaba una velocidad máxima de 95 km/h. con una cilindrada de 985 cc. y 23 cv. Pesa 450 kg y el consumo a los 100 km es de 7 litros. Con la fabricación de estos coches de competición Amilcar llegó a codearse con los míticos Bugatti, obteniendo 102 victorias en carreras de todo tipo, solamente en 1924.

Amilcar CS del Museo de Salamanca
  
El origen bejarano de esta unidad se especifica en la cartela del museo, en la que se puede leer que había sido hallada en un gallinero de Béjar y, que pese a todo, se pudo adquirir completamente original. Este Amilcar realmente vino a Béjar a pasar sus últimos años de “vida”, puesto que con cerca de 20 años a sus espaldas, en 1940 Manuel Francés Villarán le da de alta. Sólo tres años después es traspasado a Pablo Santos Martín-Hernández, quien en 1947 lo da de baja, hasta que décadas más tarde sea recuperado por Gómez Planche. El Amilcar [1] conserva la placa del agente de la marca en España donde el vehículo fue adquirido, Juan Mauvais, cuyo concesionario se encontraba en el número 3 de la calle Serrano de Madrid. No obstante, el primer Amilcar que hubo en Béjar fue otro, el que dio de alta en Béjar en 1929 José Galiano Muñoz con matrícula M-16826.

12/01/2014

El Ford T Speedster del MHAS, ¿el automóvil más antiguo de Béjar conservado en la actualidad? (1ª Parte)

Autor: Roberto Domínguez Blanca
Fotografías: Sol Cañibano Peláez
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, 2014, pp. 18-20

            El Museo de la Historia de la Automoción de Salamanca (MHAS) es una de las sorpresas más gratas que a orillas del Tormes espera al visitante, demostrándole que Salamanca es mucho más que Plateresco y Barroco. Y que ranas y astronautas. La soberbia colección permanente de la exposición de automóviles, su centro de documentación o el laboratorio de catalogación, convierten al MHAS en una referencia puntera en su campo tanto en España como fuera de nuestras fronteras. Recomendamos vivamente desde estas páginas la visita al MHAS y la consulta de su página web: www.museoautomocion.com.

 Ford T Speedster del MHAS


            EL MHAS se inauguró en 2002 gracias al tesón del coleccionista salmantino D. Demetrio Gómez Planche, al que pertenece buena parte de los vehículos expuestos, auténticas joyas motorizadas. Durante décadas ha rescatado y restaurado decenas de automóviles, gracias a lo cual podemos disfrutar hoy en día de vehículos como el que encabeza el presente artículo: un precioso Ford T Speedster blanco de 1911 (figs. 1-3). Un coche igual de bello que elemental, reduciéndose la carrocería prácticamente a la caja donde van el motor y el volante, al asiento y al depósito para el combustible. Y poco más. Su aspecto remite aún a las carrozas decimonónicas ¿Y qué tiene este Ford T de especial interés para nosotros? Pues que fue uno de los primeros vehículos a motor, si no el primero, que traqueteó por las empedradas y tortuosas calles de Béjar para asombro de nuestros abuelos. Su matrícula, SA-33, da fe de su antigüedad. Por lo tanto, estamos ante el automóvil de propietario bejarano más antiguo que se conserva.

11/24/2014

Los Teixidor, embajadores bejaranos y el médico de Hemingway (4ª parte y final)


Autor: Óscar Rivadenyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid, 18/07/2014, nº 4.707, p. 4.

Terminábamos el último de nuestros artículos hablando de la relación entre los nietos de Luisa Rodríguez Yagüe (familia, como decíamos, de embajadores, intelectuales, artistas y científicos)  separados necesariamente por el desdoblamiento del país en las “dos Españas”, pero unidos en tales adversidades bélicas y pos-bélicas por los inquebrantables lazos de la sangre. 
 
El hijo díscolo, ideológicamente hablando, de doña Luisa, fue Ruperto Sánchez Rodríguez, bejarano de nacimiento que hizo sus estudios medios en Barcelona y universitarios en Salamanca, trasladándose a Madrid donde logró notoriedad como médico tocólogo. Su carácter izquierdista contrastaba con el resto de la familia, muy conservadora y pía, y sería heredado por sus hijos, los Sánchez Arcas, donde destacaban Manuel (ya mencionado), Ruperto (gran médico y escritor al que también hemos hecho referencia) junto con Asunción y María Luisa

Ruperto Sánchez Rodríguez. Foto sacada de Archivo Fotográfico y Documental de Béjar.

11/17/2014

Los Teixidor, embajadores bejaranos y el médico de Hemingway (3ª parte)




Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid, 04/07/2014, nº 4.706, p. 12.


     Tras el final de la Segunda Guerra Mundial concluye la labor que como embajador encargado de negocios y ministro consejero ocupó a Juan Teixidor en el Vaticano. Con más de cincuenta años el diplomático bejarano continuaba su carrera en puestos de responsabilidad dentro de los gobiernos españoles de la posguerra. La labor de establecer relaciones entre nuestro país y las naciones europeas en tiempos de descrédito, recelos, desengaños y sospechas, no fue fácil para los representantes del régimen de Franco que durante los años cuarenta permanecía sumido en la autarquía y el aislamiento. Teixidor pudo sufrir en sus propias carnes la animadversión que los sectores más radicales sentían hacia la España del momento, como veremos a continuación. Sucedió en Génova en 1949, la ciudad italiana donde había sido destinado como cónsul tres años antes. Según nos relata Antonio Téllez Solá en la revista Polémica los dos años previos habían sido especialmente virulentos en España en lo que respecta a la lucha contra los guerrilleros y el maquis, con un gran número de bajas. Tiroteos, detenciones y consejos de guerra se sucedieron hasta sofocar casi por completo a un movimiento que aún albergaba esperanzas tras la victoria aliada en la guerra mundial. 

 Foto antigua de la Estación de Tren de Génova. 
Imagen extraída de aquí

      La muerte de guerrilleros españoles habría de tener una considerable repercusión en Europa, especialmente entre el ambiente anarquista italiano donde se produjeron numerosas muestras de protesta. Sin duda la más sonora se llevó a cabo en Génova y tuvo como objetivo atentar contra el cónsul español que, como hemos dicho, no era otro que nuestro protagonista Juan Teixidor. Según sigue relatando Téllez Solá, el 8 de noviembre de 1949 los anarquistas italianos De Lucci, Mancuso y Busico se presentaron en el consulado de España, en el número 3 de la Via Brigata Liguria. Los tres iban armados con pistolas y portaban una bomba alemana Sipel. Armas en mano tranquilizaron a los empleados del edificio diciéndoles que sólo les interesaba el cónsul y tras cortar las líneas telefónicas entraron en su despacho. Este estaba vacío. Luego se supo que Juan Teixidor no se encontraba allí porque acababa de desplazarse a una lujosa recepción de la naviera italiana en el bote Cante Biancamano.  Ante esta situación los anarquistas se desahogaron con un retrato del Jefe de Estado español, que hicieron trizas, y sustituyeron la bandera nacional y la falangista por una de la federación anarquista de Génova con el lema “Ni dios(sic) ni amo”. Finalmente prendieron fuego a los documentos del despacho, que acabaría destrozado tras arrojarle una granada. Los anarquistas huyeron entre el desconcierto de la situación; alguno de ellos llegó a pasar la frontera francesa, pero acabarían detenidos y juzgados[1]

11/10/2014

Los Teixidor, embajadores bejaranos, y el médico de Hemingway (2ª parte)



  Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid, 20/06/2014, 4.705, p. 4.

      Juan Teixidor Sánchez, hijo de José Teixidor y Jugo, nació en Béjar en 1893. Siguiendo la tradición de su padre inició la carrera diplomática con veintidós años tras haber ejercido de secretario de segunda clase en Berna (Suiza) como primer destino[1]. En aquel mismo país, en 1920, comenzaría una larga etapa de dieciséis años en la que ejercería puestos de responsabilidad en la Oficina de Naciones de Ginebra como representante de los distintos gobiernos españoles de la época, labor que alternaría con la de cónsul en la ciudad de Tampa en Estados Unidos desde 1929. 


      En el año 1921 Juan Teixidor se había casado con Joaquina Pons i Bofill, joven de la alta burguesía barcelonesa, con la que concebiría tres hijos: Alejandro (muerto y enterrado en Béjar junto con sus abuelos), Juan y Margarita

 Juan Teixidor Sánchez
Fotografía gentileza de los hermanos González de la Huebra


        La diplomacia, en efervescente actividad durante los años treinta, se tendría que enfrentar a los retos de establecer relaciones entre países al filo del enfrentamiento bélico o, como en el caso de España, a punto de confrontación civil. Así, embajadores, cónsules y ministros sopesaban sus intereses para salvaguardar su propio prestigio en un mundo de incierto futuro. En el caso de nuestro protagonista no queda claro si en 1936, tras el levantamiento de Franco, es cesado por el gobierno de la República de su puesto de cónsul en Ginebra, o si más bien presenta su dimisión huyendo a Francia para adherirse al levantamiento. Esta adhesión se haría efectiva de inmediato, pues en plena Guerra Civil ya le vemos aupado a cargos de gran responsabilidad en el bando y gobierno de los nacionales. Así en 1938 formaría parte del tribunal para la supresión de diplomáticos de la República; y aún antes del final del conflicto sería nombrado ministro plenipotenciario[2] y secretario de la Junta de Relaciones Culturales dependiente del ministerio de Asuntos Exteriores para el que, en palabras del propio Teixidor, aconsejó “no desatender el intercambio cultural  preferentemente con los países que vienen prestando una ayuda a España, esto es, Italia y Alemania[3]. Justo a la finalización de la guerra el papel de nuestro diplomático en dicho puesto adquiriría una renovada trascendencia al ser elegido para gestionar el regreso de las obras del Museo del Prado (evacuadas en Valencia y Ginebra) junto con dos de las figuras más importantes de la cultura oficial, el filósofo Eugenio d’Ors y el pintor José María Sert[4]. Este fue uno de los logros, no fáciles, del Real Patronato que regía la pinacoteca madrileña. 

11/03/2014

Los Teixidor, embajadores bejaranos, y el médico de Hemingway (1ª Parte)


Autor: Óscar Rivadeneyra Prieto
Publicado: Béjar en Madrid,06/06/2014, 4.704, p. 4.


        El concepto de intelectualidad, o mejor dicho la capacidad de los individuos para desarrollar sus inquietudes creativas, artísticas o científicas (también la vocación política) estaban supeditadas, a principios del siglo XX a una procedencia familiar económicamente acomodada. Alguien ha definido al matrimonio formado por Luisa Rodríguez Yagüe y Ruperto Sánchez Gil, junto con su prolífica descendencia, como la familia más intelectual del Béjar de mediados del siglo pasado, y en este caso no sólo por su solvencia económica, que también, sino sobre todo por la brillantez de muchos de sus miembros. El matrimonio formado  por la hermana mimada de los Rodríguez Yagüe y por el juez bejarano simbolizaba a la perfección los valores clásicos de la burguesía de la época en nuestra ciudad: intensa religiosidad, filiación liberal, inversiones industriales, patrimonio agrario y una estética entre trasnochadamente romántica y prudentemente modernista


José Teixidor y Jugo
Fotografía cedida por los hermanos González de la Huebra

10/27/2014

Un día de Todos los Santos de 1755



        Autora: Carmen Cascón Matas
      Publicado: Béjar en Madrid, 01/11/2013, 4.691.

       Levantábase el sol aquel primero de noviembre de 1755, Día de Todos los Santos, y nadie hacía presagiar que pasaría a la historia. Lisboa se desperezaba poco a poco contemplando la entrada y salida de naos de su puerto, cargadas sus bodegas de productos procedentes de las Indias. Los tenderos preparaban sus mercancías para la venta a la puerta de sus negocios y un torrente de personas llegadas desde el campo a tan temprana hora entraba cual hormiguero por las estrechas calles de la capital portuguesa. 

 Grabado de los efectos del terremoto de Lisboa de 1755


     A muchos kilómetros de allí hacían lo propio Cádiz y Ayamonte, y en el interior de la catedral de Coria se preparaban los fastos para la misa mayor que se iba a celebrar a las nueve de la mañana. En un momento dado, mientras a través de los tubos del gran órgano salía el aire en forma de música, mientras los canónigos entonaban su canto, mientras el templo se hallaba a rebosar de fieles, la tierra comenzó a temblar. Los lisboetas lo notaron unas milésimas de segundo antes y la calle fue presa del pánico. Hombres, mujeres y niños corrían de un lado a otro mientras las casas se resquebrajaban y caían cascotes de todas partes. No había refugio posible. Una gran ola de varios metros de altura se abalanzó desde el puerto anegando la ciudad. El fuego siguió los pasos al agua destructora en forma de maremoto y se llevó por delante la mitad del caserío, orgullo de la corona lusa, en un incendio que se alargó durante tres interminables días. Cádiz y Ayamonte sufrieron el mismo destino. En Coria a muchos feligreses no les dio tiempo a salvar sus vidas: las bóvedas de la catedral se vinieron abajo causando veintiún muertos
 

10/20/2014

El mártir de Buda, el "Buen Duque" don Manuel Diego

*Dado que ha habido un gran número de visitas a la entrada anterior, aquella que hacía referencia a la presentación del libro de Emiliano Zarza "La participación del X duque de Béjar, D. Manuel de Zúñiga, en el sitio de Buda (1686)", y que han llegado correos preguntando sobre la vida de este duque valiente, retomamos aquí un texto ya publicado, pero que ahora toma nuevos bríos. Se trata del artículo escrito por Alberto Bravo Martín que se publicó en su momento en su blog, Reinado de Carlos II, al que os invito visitar.

Autor:  Alberto Bravo Martín

Don Manuel Diego López de Zúñiga y Sotomayor, que pasaría a la historia como el “Buen Duque”, nació en el Palacio Ducal de Béjar el 4 de enero de 1657. Además de duque de Béjar, fue también duque de Plasencia, Grande de España, VI duque de Mandas y Villanueva, XI marqués de Gibraleón, VI de Terranova, XIV conde de Belalcázar, XI de Bañares, XIV Vizconde de la Puebla de Alcocer, Justicia Mayor y Alguacil Mayor Hereditario de Castilla, así como Primera Voz de la Nobleza de Castilla, títulos que heredó de su padre, don Juan Manuel de Zúñiga, IX duque de Béjar, tras la muerte de éste el 14 de noviembre de 1660, siendo don Manuel Diego aún un niño.



Su madre, la duquesa viuda doña Teresa Sarmiento de Silva, hija de los Duques de Híjar, fue su tutora y curadora durante su minoría de edad. En 1667, contando don Manuel Diego 10 años de edad, se celebraron los desposorios con su prima doña María Alberta de Castro y Borja, nacida en 1665 e hija de don Pedro Antonio Fernández de Castro y Portugal, X conde de Lemos y virrey del Perú.


 1. Fuente de la Sábana en la villa renacentista de El Bosque (Béjar)

10/14/2014

Presentación del libro de Emiliano Zarza Sánchez "La participación del X duque de Béjar, D. Manuel de Zúñiga, en el sitio de Buda (1686)"


Autora: Carmen Cascón Matas



              No hay mejor noticia, en el mundo cultural en general y de la investigación en particular, que la presentación de un nuevo libro que engrandezca el conocimiento de nuestro pasado. Y el sábado por la tarde en Béjar ocurrió uno de esos momentos maravillosos en los que la grandeza del conocimiento se manifiesta por medio de la unión entre el lector y el investigador, el escuchante y el orador. El Centro de Estudios Bejaranos presentó el trabajo que hizo ganador del Premio Ciudad de Béjar 2013 a Emiliano Zarza Sánchez con su investigación sobre La participación del X Duque de Béjar, Don Manuel de Zúñiga, en el sitio de Buda (1686). Como el propio interesado transmitió, su interés sobre uno de los duques más famosos de la Casa de Zúñiga de Béjar surgió de manera circunstancial: centrado en la figura de su hermano don Baltasar de Zúñiga, marqués de Valero, surgieron de entre el sueño del pasado las hazañas de don Manuel de Zúñiga, el bautizado como Buen Duque por Emilio Muñoz García en 1926. Como bien afirma mi buen amigo José Antonio Sánchez Paso, un biógrafo lleva durante toda vida en la chepa, cargado hasta doblar las espaldas, le guste o no, la figura a quien consagra sus desvelos y ya no puede librarse de él aunque los derroteros investigadores transcurran por otros senderos. A Emiliano Zarza le auguro que tendrá que hacer fuerza para soportar el peso de dos hermanos cuyas vidas transcienden el paso de los días para adentrarse con chirimías y fanfarrias en la historiografía de nuestros días. 


10/11/2014

Por fin, luz para nuestros queridos réprobos

Nada más venir de esta semana de asueto me encuentro con una magnífica noticia en relación a nuestros queridos réprobos del pueblo de Talaván (Cáceres). Recordaré que en su día Gabriel Cusac nos advirtió del mal estado de conservación de una ermita que presentaba unos esgrafiados realmente inquietantes que estaban a punto de desaparecer por el mal estado de conservación de la estructura que les servía de cobijo. A partir de ese moemento, y teniendo como alma del movimiento a Gabriel, diversas asociaciones tales como el Centro de Estudios Bejaranos decidieron apoyar su campaña ante las administraciones para que su deterioro no fuera a más. Y éste es el feliz resultado que podeis leer en su blog http://gabrielcusac.blogspot.com.es/

Réprobo (foto de Jesús López)
José Muñoz González (no confundir con José Muñoz Domínguez, otro colaborador en la cadena en favor de la ermita del Santo Cristo), secretario del ayuntamiento de Talaván, me comunicó ayer una preciosa noticia. Copio literalmente: 
 
Quería informarte que esta mañana el alcalde ha recibido una llamada de la directora de patrimonio del gobierno extremeño anunciando, por un lado, que a petición nuestra van a incluir la capilla del cementerio viejo en el Catálogo de Bienes de Interés Cultural de Extremadura, cosa que el pleno acordó solicitar hace algunos meses. Por otro lado, nos ha pedido que le presentemos una memoria valorada con las actuaciones que consideramos urgentes para preservar de modo urgente la integridad del santuario, memoria que ya hemos encargado a los técnicos de nuestra mancomunidad.

9/29/2014

Gabriel y Galán y el Castañar

Un poeta engrandeció con sus versos el monte del Castañar de Béjar. Ya otros escritores habían puesto su acento en nuestra ciudad en épocas pretéritas, atraídos por el mecenazgo de sus duques como Lope de Vega o Góngora. Sin embargo, José María Gabriel y Galán sacaba de su alma el sentir y el amor por las tierras que le vieron nacer y otras próximas.


Nacido en Frades de la Sierra (Salamanca) en 1870, estudia magisterio en la universidad de Salamanca y en 1888 saca la oposición de maestro de primeras letras en la escuela de Guijuelo (Salamanca). Tras un corto periplo en Madrid para obtener el grado de maestro nacional, consigue su traslado a Piedrahíta (Ávila) donde ejerce durante seis años poniendo en práctica lo aprendido en la Escuela Normal. Por las cartas que escribía a sus amigos sabemos que era un joven introvertido, melancólico y sensible. De hecho solía firmar como "El Solitario". También que era extremadamante religioso. Por ejemplo, escribió estas líneas en ocasión del ajusticiamiento de un reo en Piedrahíta: 

9/23/2014

El homenaje de la Junta Revolucionaria de La Latina a los esforzados ciudadanos de Béjar (4 de octubre de 1868)




 Autora: Carmen Cascón Matas


            Después de los graves sucesos que tuvieron lugar en Béjar el 28 de septiembre de 1868, la ciudad parecía despertar de una pesadilla envuelta en gloria. Los bejaranos comenzaban a salir de sus casas para recuperar sus vidas, bruscamente interrumpidas por una mezcla de patriotismo y fulgor revolucionario. Con el triunfo en la batalla de Alcolea, el alzamiento de las principales plazas militares de las ciudades del Mediterráneo y la marcha hacia el exilio de la depuesta Isabel II la revolución en favor de la democracia y la libertad daba a luz un nuevo régimen a nivel nacional y Béjar había puesto su peculiar granito de arena. Contadas fueron las ciudades en las que sus habitantes, los civiles y no los militares, habían demostrado su lealtad a ese nuevo proyecto y una de ellas fue Béjar. 

 Grabado de la época que muestra la barricada de Campopardo. 
A caballo Fronsky, el Polaco. 
Grabado publicado en "El Museo Universal".
  
De manera organizada las barricadas se alzaron en los principales puntos de acceso y plazas, se formó una Junta Revolucionaria, se fundieron cañones bajo la atenta mirada del herrero Víctor Gorzo y se formalizaron los pertrechos militares con la experiencia en el ejército austro-húngaro Fronsky, el Polaco. Nada se dejó al azar aunque bien pudiera parecerlo. Personajes como Vicente Valle, Domingo Guijo, Juan Muñoz Peña o Aniano Gómez habían soñado que aquel momento ocurriría, que la lucha por la libertad y la democracia no estaba perdida, que el oscurantismo en España podía ser alguna vez atajado y cortado de raíz gracias al empuje imparable del pueblo. Las pequeñas disensiones por su disparidad de opiniones entre aquellos decididos 300 hombres se disiparon para unir voluntades. Una revolución no podía triunfar sin que el huracán del progresismo hiciera tambalear los muros de un sistema caduco, corrupto e inmovilista. Progresistas, demócratas, unionistas, republicanos, federalistas, cantonalistas marcharon tras el proyecto de los generales Prim, Serrano y Topete, y políticos como Ruiz Zorrilla, Castelar y Sagasta. Prim lo había proclamado: “Ha llegado la hora de pelear y de concluir con los que os viene oprimiendo. La dignidad de la patria lo exige, el triunfo de la libertad lo reclama. Sólo el deseo de asegurar el éxito ha podido evitar que no hayamos dado antes la batalla. […] A las armas, pues compatriotas. Un pequeño esfuerzo de parte de cada uno y habrá concluido el caciquismo de los pueblos[1]”.