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18 septiembre 2026

Apuntes sobre la actividad pública de la familia Sanchez de Castro a través de la prensa (2ª Parte)

             Autor: Anselmo Rosales Montero

            Lesmes Sánchez de Castro

Nació en 1850, probablemente en Valverde de Valdelacasa, y murió en Madrid el 26 de julio de 1900. Su trayectoria profesional fue notable: fue director del Hospital de San Antonio Abad de León, miembro de la Academia Médico-Filosófica de Bolonia, doctor en Medicina y Cirugía, y decano del Hospital de San Francisco de la Venerable Orden Tercera de Madrid. Además, fue redactor, director y fundador de la revista teórico-clínica La Aspiración Médica, colaborador de El Correo Español —diario conservador— y de La Ilustración Católica, así como vicepresidente de la Asociación de la Juventud Católica. Médico, divulgador de prácticas higiénicas, conferenciante, polemista, carlista y poeta, encarnó el perfil del intelectual católico conservador de finales del siglo XIX.

 Manuel Sánchez de Castro. Foto de ABC.

 

Entre sus obras encaminadas a la pedagogía y la higiene destacan:

-El cólera y su tratamiento. Cartas a un médico. Instrucciones profilácticas populares (1884), donde sostiene que la mejora de las condiciones higiénicas constituye un factor decisivo para el progreso material y moral de un país.

-Higiene doméstica (1882), dedicada a la alimentación, las bebidas, el aseo, la limpieza, la religión y la moral, la crianza y educación de los hijos, los accidentes domésticos y la higiene escolar.

-Higiene y moral, auténtico tratado ideológico dirigido a los niños mediante un sistema de preguntas y respuestas. En esta última obra defiende una estricta diferenciación de funciones entre hombres y mujeres. Atribuye a la mujer el pudor, la virtud, la práctica religiosa y el alejamiento de lecturas y espectáculos considerados provocativos. Considera asimismo que su mayor debilidad física, la maternidad y su especial sensibilidad exigen prudencia y limitan determinadas actividades. Por el contrario, atribuye al hombre la fuerza, la energía muscular y el predominio de la inteligencia, mientras que la mujer «subyuga por el corazón y la dulzura». De ello deduce la conveniencia de una educación diferenciada y de que cada sexo desempeñe las tareas que, según su interpretación religiosa, le ha señalado el Creador[1]. La obra incluye también un apartado relativamente novedoso sobre higiene escolar, centrado sobre todo en la postura corporal y en diversas normas de salud aplicadas a la enseñanza.

La higiene y la moral, de Lesmes Sánchez de Castro. Foto de Todocolección

 

Lesmes mantuvo una conocida controversia con Concepción Arenal acerca de la asistencia a los necesitados. En La beneficencia, la filantropía y la caridad (1861), Arenal criticaba las prácticas de algunos hospitales por considerarlas ofensivas para la dignidad de los pobres. La respuesta de Lesmes apareció en una monografía titulada La hospitalidad (1880). En ella negaba que en su hospital se produjeran los abusos denunciados por Arenal y defendía el respeto dispensado tanto a los enfermos y moribundos como a los fallecidos. Destacaba especialmente la labor de las Hermanas de la Caridad. La discrepancia era también ideológica: para Lesmes, la ayuda al necesitado debía fundamentarse en la caridad cristiana, mientras que para Arenal correspondía principalmente al Estado a través de la beneficencia pública.

Además Lesmes Sánchez de Castro mantuvo polémicas con la prensa liberal. En unas conferencias dirigidas a las Juventudes Católicas afirmó que «solo el catolicismo puede hacer al hombre honrado y laborioso, infiltrando en él la nobleza de sentimientos y el amor a la virtud». El periódico republicano e independiente El Porvenir de León respondió cuestionando esa afirmación y señalando el contraste entre la próspera Escocia y la pobre e inestable Irlanda, así como entre distintas regiones del continente americano.

Falleció de un acceso apoplético el 26 de julio de 1900 en una estación de ferrocarril, cuando se dirigía con su familia a Santander.


Manuel Sánchez de Castro 

Nació en Béjar el 4 de agosto de 1859 y falleció en Madrid el 29 de septiembre de 1929. Cursó el Bachillerato en el Instituto de León en 1873 y obtuvo la licenciatura en Derecho Civil y Canónico por la Universidad Central entre 1876 y 1881. Alcanzó el grado de doctor el 17 de abril de 1885. En 1888 ganó por oposición la cátedra de Derecho Natural de la Universidad de Sevilla. La obtención de la plaza estuvo rodeada de cierta polémica debido a la retirada del tribunal de Francisco Giner de los Ríos y de Joaquín Costa, representantes del krausismo, lo que dejó una mayoría favorable a los sectores católicos.

 

 

 Manuel Sánchez de Castro. Foto sacada de aquí

 

Fue director de la revista católica La Cruz y colaborador del entonces diario católico El Correo de Andalucía. Su actividad intelectual se desarrolló en estrecha relación con el tradicionalismo católico. Perteneció al Partido Tradicionalista y participó activamente en círculos católicos y carlistas. Como miembro de la Juventud Católica de Madrid intervino en conferencias, seminarios y encuentros religiosos y culturales, y en mayo de 1901 fue cofundador de la Liga Católica de Sevilla. La prensa afín destacó con frecuencia sus intervenciones públicas y sus composiciones poéticas, caracterizadas por un tono musical y una inspiración delicada.

Su salud fue siempre frágil. Tras solicitar reiteradas licencias por enfermedad, pidió la jubilación voluntaria por incapacidad física a los cincuenta y ocho años. Alegaba padecer «una lesión, tal vez cardíaca, que le produce enorme fatiga, le priva de libertad de movimientos, le incapacita para trabajos intelectuales de importancia y que, además, parece incurable, impidiéndole cumplir debidamente sus obligaciones profesionales». Este testimonio revela el deterioro físico que marcó sus últimos años. 

Manuel Sánchez de Castro combatió el historicismo y el positivismo jurídico, al que denominaba «ciencismo legalista». Sostenía que el origen del derecho no podía explicarse únicamente por factores humanos o históricos, sino que remitía a un fundamento trascendente de procedencia divina. Su doctrina se inscribe en el neotomismo, aunque con una marcada orientación tradicionalista. Rechazó las interpretaciones biologicistas y los métodos empiristas aplicados a las ciencias ético-jurídicas, por considerar que ignoraban la dimensión moral y trascendente del fenómeno jurídico. Para él, la «génesis del derecho» se hallaba más allá del hombre, en el orden natural establecido por Dios.

En el terreno estético y social defendió que el ateísmo y el materialismo del siglo XIX conducían a la decadencia moral de la sociedad. La regeneración nacional, a su juicio, exigía un retorno a las esencias cristianas y a los principios religiosos. Consideraba que España era una nación esencialmente católica y vinculaba estrechamente la idea de patria con la religión. Propugnó asimismo una amplia tarea de evangelización y de defensa cultural frente a las corrientes anticristianas contemporáneas. Desarrolló esta labor tanto en el ámbito de la filosofía estética como en el de la actividad científica y divulgadora.

Su producción investigadora fue escasa. La obra más relevante en el ámbito jurídico fue el discurso inaugural del curso académico de 1903, titulado De la génesis del Derecho. El resto de su producción se compone sobre todo de discursos, escritos religiosos y composiciones literarias, entre las que destacan La Virgen de la Esperanza, Sobre María Inmaculada, Concepto de la Patria ante la Religión, Religión y Patriotismo, Don Bosco y la Enseñanza, Lucha masónica contra la Eucaristía y Los fundamentos de la propiedad de la tierra y el socialismo agrario. Publicó además La Gracia. Apuntes para una Filosofía del arte (Sevilla, 1903) y Recuerdo de los Juegos Florales de Béjar (Salamanca, 1904).

La prensa informó de su muerte el 30 de diciembre de 1929, señalando que había fallecido a consecuencia de las lesiones sufridas días antes al quedar atrapado entre dos vagones. No aparecieron necrológicas relevantes ni noticias posteriores sobre su fallecimiento, lo que sugiere que llevaba tiempo alejado de la vida pública.

 

    Continuará  



[1] “Que cada cual arregle sus actos al peculiar destino que el Criador les ha señalado: no ocupándose el hombre en oficios propios de la mujer, porque se afeminaría y degeneraría; ni la mujer en los rudos y penosos del hombre, que su organización delicada no consiente”, p. 85.

1 comentario:

  1. Por todo lo que nos expones esta familia llevaba a todas facetas de su vida el lema carlista de "Dios, Patria y Rey". Y eso de que las mujeres sois el sexo débil no lo veo yo muy claro, en especial en engendrar durante nueve meses una persona en el interior y el momento de dar a luz que no se cuantos lo podríamos soportar.

    Saludos.

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