Autor: Ignacio Coll Tellechea
Discurso prounciado el 28 de septiembre de 2012
La tarde del 28
de septiembre tiene lugar en Béjar un recuerdo ciudadano de los hechos que aquí
sucedieron, hace casi un siglo y medio. Se conmemora un combate militar, pero
es mucho más que eso. Se celebra la heroicidad de quienes ganaron, y se evoca a
los que murieron. Estamos rememorando un hecho histórico, que no es lo mismo
que una historia, aunque en ambos casos los protagonistas son personas a quienes
sus actos convierten en personajes.
Voy a dedicar
los próximos minutos a hablarles de uno de esos personajes. Un tipo con nombre
propio, uno de quienes protagonizaron el acto heroico que nos reúne y cuyo
mérito va mucho más allá que organizar la defensa de esta ciudad. Alguien lo
suficientemente valiente y generoso como para olvidarse de sí mismo y poner su
vida al servicio de la de los demás. Su nombre aparece en cuarto lugar en la
placa mármol que recuerda a la Junta Revolucionaria que durante unos días hizo
de Béjar una ciudad libre, en un país y en un tiempo en que la libertad era un
sueño por el que se vivía y se moría.
Que me perdonen
Domingo Guijo, Vicente Valle y el resto de revolucionarios, pero yo vengo esta
tarde a hablarles del único héroe del que conozco su vida. Casi un siglo y
medio después de que comandara las tropas bejaranas que vencieron al Ejército
de Isabel II, tengo el honor de contarles la historia de Fronsky, el polaco.
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| José Fronsky |




