Amigos de Béjar y sus historias

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1/24/2013

Una petición de ayuda, un anuncio y un vídeo



*Ayer mi buen amigo Gabriel Cusac me enviaba a mi correo electrónico una petición de S.O.S. en relación a una capilla de cementerio situada en Talaván (Cáceres) que está en riesgo de desaparecer y, aunque este pueblo no pertenece a Salamanca, creo que no está de más hacer un llamamiento a quien corresponda y  desde cualquier plataforma, por ejemplo ésta,  sin atender a divisiones administrativas sobre el papel.Os recomiendo entrar a su blog que se llama excatamente igual que su autor, Gabriel Cusac Sánchez.

Esta carta es una petición de auxilio.

No sé si conocerás Talaván, un pueblo cacereño a hora y media de Béjar por la A-66. Pues bien, en Talaván existe un cementerio abandonado, el llamado Cementerio Viejo, uno de los lugares más siniestros que puedas imaginar. El principal ingrediente que hace especial, muy especial, este cementerio son las pinturas murales de la ya ruinosa capilla, construida a base de mortero y pizarra. Porque allí, desfilando por la bóveda, hay una veintena de condenados. Contempla las fotos. Alucinante. Estas almas extrañas no tienes referente. Que yo sepa, al menos. Aladas (las alas nos dicen que son almas), con sus dientes vampíricos, su expresión horripilante sus gorritos enigmáticos, forman un desfile grotesco de difícil, quizá imposible, parangón iconográfico. Esto, y no su factura técnica, es lo que les da valor. Son rarísimos, incomparables, únicos. Bajo sus alas, la leyenda del friso, recordando (aunque creo que no literalmente) Isaías o Levítico, les reprocha: "Fue ofrecido porque Él lo quiso. Y Él cargó con nuestros pecados". También en el friso figura la data, ni más ni menos que marzo de 1624. Van camino de los cuatro siglos. Unos longevos, encantadores y peripatéticos condenados que en internet, a raíz del epígrafe de un programa de Cuarto Milenio, han sido mediatizados como "los ángeles malos de Talaván". No son la única sorpresa del cementerio; bastante más posteriores, posiblemente del s. XX, hay un hombre y una mujer "gatos", de rasgos felinos e incógnita identidad. También hay sorpresas macabras que ahora no importan. En realidad, el Cementerio Viejo de Talaván es una veta virgen que precisa de su explotación historiográfica. Me gustaría que a Roberto Domínguez Blanca, por ejemplo, se le afilasen los dientes como a los propios condenados, y le entrase la urgencia de emprender un trabajo de investigación sobre estos peculiares viajeros al infierno.


1/21/2013

Pintura flamenca del siglo XVII en el Museo Valeriano Salas (3ª parte)



Autor: Roberto Domínguez Blanca
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de la Cámara de Comercio de Béjar, 2011.


Neptuno y Anfítrite (fig. 7) (60 x 98 cms.) es un cuadro de temática mitológica. Anfítrite es una nereida, divinidad del mar que protegía la vida de los marinos y que tenía en vez de piernas cola de pez. Anfítrite no quería ser desposada por Neptuno, pero Delfino le advirtió que si no accedía a la petición del dios, éste levantaría tales tempestades que acabaría con la vida de los mortales, razón que le llevó a cambiar de opinión.

 "Neptuno y Anfítrite" de Endrick Van Valen
Museo Valeriano Salas de Béjar

El centro de la equilibrada composición lo ocupan el dios marino y Anfítrite, aquí representada con piernas. Aquél es un vigoroso anciano aferrado a su símbolo, el tridente. Junto a la joven, de delicada y estilizada figura, es portado sobre un trono en forma de venera y arrastrado por hipocampos. Un amorcillo toma la mano de Anfítrite. Una de las pocas notas de color, un manto encarnado sirve para enmarcar a los personajes y realzarlos. El relato transcurre junto a la orilla del mar, donde la comitiva que rodea el trono se afana en tareas pesqueras, y cerca de una gruta en segundo plano en la que se celebra un festín. Las figuras masculinas, tritones, portan grandes peces sobre sus espaldas y otros más pequeños en las puntas de unas cañas, mientras otro tritón hace sonar una caracola. Las figuras femeninas, nereidas y sirenas, expresan una actitud más distendida conversando, descansando, acicalándose o recogiendo conchas y corales.

1/14/2013

Pintura flamenca del siglo XVII en el Museo Valeriano Salas (2ª parte)




 Autor: Roberto Domínguez Blanca
 Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de la Cámara de Comercio de Béjar (2011)

        En “Fiesta de aldeanos” (29 x 26 cms.) la composición del lienzo vertical se divide en dos partes: la inferior con la reunión de los aldeanos y la superior dominada por un árbol, la fachada de una taberna y las nubes en las que se refleja el sol de la tarde. Los personajes se distribuyen en dos planos: sentados los primeros y de pie los del fondo. Del grupo destaca el joven con gorro rojo que tañe un laúd. Mira a su derecha, donde junto una granjera que se lleva la mano al pecho, un anciano sentado tras una mesa con una jarra y un vaso de vino parece entonar una melodía. Una atmósfera de cierta solemnidad envuelve al grupo que escucha atentamente a los músicos. Un hombre sujeta una jarra, otro fuma en pipa pensativo, un anciano levanta una copa por la base (signo de distinción)… nada que ver con las reuniones bulliciosas y populares de alguna de las pinturas de Jordaens o Adrien Brouwer.



"Fiesta de aldeanos", de Gillis van Tilborgh
Museo Valeriano Salas (Béjar)



            Técnicamente, el autor da mucha importancia al dibujo, usando el color para ordenar la composición. Los campesinos sentados a la derecha del cuadro llevan indumentarias claras que atraen la vista del espectador, mientras que para cerrar la composición visten de colores oscuros (negro fundamentalmente) los sentados a la izquierda y los que permanecen de pie en el segundo plano, que parecen fundirse con el fondo.

1/07/2013

Nicomedes Martín Mateos o la honestidad política



   
 Autor: José María Hernández Díaz, catedrático de la Universidad de Salamanca


          El 7 de enero recordamos el aniversario de la muerte de Nicomedes Martín Mateos (Béjar, 1806-1890), el intelectual más señero de la historia contemporánea de Béjar, el filósofo espiritualista capaz de sostener debates de gran altura con los mejores filósofos españoles y europeos del siglo XIX, defensor de la industria textil, fundador de la Escuela Industrial de Béjar (1852), alcalde reconocido por todos, impulsor de excelentes escuelas primarias, escritor concienzudo, pensador original, jurista  de peso, promotor del Casino Obrero,  ciudadano ejemplar por encima de todos sus méritos.

      Nuestro filósofo escribió y polemizó en las mejores revistas de la época, difundió temas y nuevos problemas y soluciones para los ciudadanos de su tiempo en periódicos de orientación liberal, y ejerció en definitiva un magisterio incuestionable sobre todos sus conciudadanos, desde la humildad, la tolerancia, el diálogo, el trabajo concienzudo. Puede y debe ser considerado por todo ello como uno de los grandes educadores de la sociedad bejarana del siglo XIX, pero también ejemplo vivo para las generaciones posteriores.


Fotografía de don Nicomedes conservada en el Casino Obrero

      Antes de recluirse en lo que él llama "su cantón bejarano" (allá por los años 1840), Nicomedes había sufrido en carne propia las dentelladas de la política madrileña, en el seno del partido liberal progresista. Quedó muy decepcionado de aquella etapa, por lo que renunció para siempre a la política de altos vuelos que se masticaba en Madrid. Vió seguramente muchas conductas inadecuadas que chocaban con sus sólidos fundamentos éticos. Y al no callarse resultó víctima del proceso cainita que se vive en los partidos políticos en las instancias centrales del Estado. Por ello regresó a su Béjar natal, y desde allí ejerció su magisterio y su forma particular de hacer política, la del día a día, y la de resolver los problemas públicos de forma dialogada, tolerante y eficaz.

1/02/2013

Pintura flamenca del siglo XVII en el Museo Valeriano Salas (1ª parte)




Autor: Roberto Domínguez Blanca
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas de Béjar, Cámara de Comercio e Industrias (2011)

            De la rica y variopinta colección de arte que el bejarano Valeriano Salas[1] fue recopilando con el tiempo, destaca el apartado pictórico, compuesto en su mayoría por cuadros barrocos flamencos y holandeses, además de españoles de los siglos XIX y XX. Los primeros salieron del pincel de maestros de segundo y tercer orden sin que por ello se deprecie el interés de las obras; todo lo contrario, suponen una buena muestra del clima artístico y del caldo de cultivo en el que surgieron virtuosos de la talla de Rubens, Rembrandt, Vermeer, Hals, Jordaens, Frans Snyders o Van Dyck.


 Museo Valeriano Salas (Béjar)