Amigos de Béjar y sus historias

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6/15/2013

El castillo- palacio de los Zúñiga en Béjar (2ª Parte)




Autores: Roberto Domínguez Blanca y Carmen Cascón Matas

Publicado: Revista Cultural de Gibraleón nº 10 (dic. 2010)



       En 1396 don Diego López de Stúñiga (1396- 1417) trueca la villa de Frías por la de Béjar al rey Enrique III de Trastámara. Béjar deja de ser de realengo y se convierte en dominio señorial. A partir de ese momento, la villa sufre un proceso de conversión lento pero progresivo hasta alzarse en capital inexcusable de los variados y extensos estados de la Casa, aunque para ello tengan que pasar varias décadas, entre otras cosas porque sus dos primeros señores, don Diego y su hijo don Pedro (1417- 1453), apenas residieron en ella [1] prefiriendo Plasencia o Arévalo (también dentro de sus vastos dominios). Este protagonismo de Béjar como imagen de prestigio como linaje [2] se adquirirá a partir de su definitiva conversión en ducado en 1485, siendo ostentado este título por vez primera por Álvaro de Zúñiga (a la vez que los Zúñiga pierden Plasencia), hasta la muerte del duque don Joaquín en 1777. Así se comprende que el antiguo castillo- fortaleza sufra importantes y decisivas modificaciones destinadas tanto a hacer más habitable el edificio como a elevarle a la condición de Palacio a la vez que imagen capital del prestigio ducal. 


          De todas formas, la antigua alcazaba no era el único espacio utilizado como residencia ducal, pues en la actual Plaza de la Piedad se alzaba el Palacio Nuevo, propiedad de la Casa Ducal desde los tiempos del duque Álvaro de Zúñiga y Guzmán (1488- 1531), comunicado con la Plaza de Armas o Plaza Mayor a través de la estrecha calle de Las Armas, lugar de residencia de los hidalgos y caballeros. Tras distintos avatares, el Palacio Nuevo pasó a convertirse en cenobio destinado a monjas dominicas después de la reforma del edificio en 1582. 

6/07/2013

El castillo- palacio de los Zúñiga en Béjar (1ª Parte)



Autores: Roberto Domínguez Blanca y Carmen Cascón Matas

Publicado: Revista Cultural de Gibraleón nº 10 (dic. 2010)

*Este año 2013 se celebra el Cincuentenario del Instituto "Ramón Olleros Gregorio", enclavado en el antiguo palacio de los duques de Béjar, en el corazón de la ciudad. Es por ello por lo que queremos compartir con todos vosotros dos artículos que publicamos hace un par de años en dos revistas consecutivas editadas por nuestros buenos amigos, y en otro tiempo vasallos de la misma Casa de los Zúñiga, de Gibraleón (Huelva).  




            Emplazado en la parte más elevada, el castillo-palacio de los Zúñiga o palacio ducal de Béjar, como mejor se le conoce, nos recibe enseñoreándose sobre la amplia Plaza Mayor de dicha ciudad[1], mostrándose arrogante y altanero, despejando dudas acerca del dominio de la Casa de Zúñiga sobre la villa. Cuando desembocamos en este espacio abierto desde la estrecha calle Mayor, despejado ex profeso como lugar comercial, festivo y simbólico, nos parece llegar, sin lugar a dudas, a ese espacio emblemático, lugar decisorio y representativo, del que ninguna ciudad carece. Los tres poderes de la Edad Moderna manifiestan en ella su poder, alzando edificios poderosos, llenos de significado. Al sur de la primitiva plaza de armas, el Consistorio convoca al pueblo en la toma de decisiones civiles, tanto en tiempos pretéritos como en la actualidad[2]. En el centro, la iglesia de El Salvador congrega a los fieles para alabar al Señor[3]. Al oeste, el Palacio Ducal, residencia de los duques y señores de la villa y su tierra, contenía ese poso militar y a la vez de posesión que no escapaba a ninguno de sus vasallos. En un pulso constante a lo largo de la Historia, los poderes civil, religioso y señorial dejan sentir su eco en el espacio vasto del casco antiguo de la villa

 Vista aérea del Palacio Ducal y Plaza Mayor

6/01/2013

Preparativos para una procesión del Corpus Christi en el Béjar del siglo XVIII




Autora: Carmen Cascón Matas 

            Aunque bien es cierto que el patronato de la procesión del Corpus Christi recaía sobre la Casa Ducal -como bien explicó en su libro “Ideología, control social y conflicto en el Antiguo Régimen” Alejandro López Álvarez-, el consistorio se encargaba de la organización de la misma. En nuestras pesquisas sobre el pasado de Béjar a través de las actas municipales, es frecuente que nuestros ojos se posen en las anotaciones que cada año hacía el secretario de las disposiciones tomadas por sus regidores en relación con esta procesión que tantos vuelos ha ido adquiriendo a lo largo de los años, sobre todo por la presencia curiosa de los hombres de musgo. Sin embargo, esta muestra de religiosidad a la vez que de la sociedad existente dista mucho de parecerse a la que se ofrecía a los ojos de nuestros antepasados del siglo XVIII. 



            En 1751 el consistorio instó, como todos los años, a los vecinos “que se limpien las puertas y las calles y cuelguen sus ventanas y echen en el suelo tomillos, espadañas y otras flores pena de 4 ducados”[1]. Como vemos su incumplimiento se penaba con una multa cuantiosa para la época. 

5/26/2013

Romería de la Virgen de la Vega, patrona del valle del Corneja (Ávila)




 Autora: Vega Gómez González

Son muchas las romerías que se celebran en torno a la Pascua de Pentecostés (la Hiniesta de Zamora, Valdejimena o los Paporros del Castañar, entre otras). La más importante para los habitantes del valle del Corneja (Ávila) es la de la Virgen de la Vega, que congrega a gentes de todo el contorno en su santuario el lunes de Pentecostés. Muchos de ellos han asistido el día anterior a Valdejimena, que cae a unos 25 kilómetros. La cercanía y la fuerte devoción de que gozan las dos Vírgenes propicia coplas como esta de la Charrada de Piedrahíta:




Virgen Santa de la Vega

¿Dónde tienes tus hermanas?

la una está en Valdejimena

y la otra en la Peña Francia

5/21/2013

La romería de la Peña de la Cruz

Autora: Carmen Cascón Matas



        Desde la Edad Media, y a pesar de que en Béjar no existía catedral alguna sino que dependía del obispado placentino, sus curas rectores y beneficiados de sangre hidalga se organizaban en un Cabildo Eclesiástico que siempre estuvo en pugna con sus colegas de Plasencia a pesar de los intentos del obispo por suprimir una institución que, con el paso del tiempo, fue quedando obsoleta y vacía. En la Edad Moderna para poder entrar en tan selecta institución se exigían documentos de limpieza de sangre que eximiesen a los sacerdotes entrantes de cualquier tara judía o musulmana. Un abad nombrado cada dos años presidía el Cabildo y su organización estaba minuciosamente establecida a través de una regla en la que se especificaban las procesiones, misas y festividades a las cuales sus miembros debían asistir, incluso el pago por la asistencia a ellas y las penas impuestas a aquellos que no obedecían las órdenes de su abad, entre otras muchas disposiciones.

 Fotografía antigua de la romería.
 Foto extraída de Documentos Béjar